KONSTANTINOS P. KAVAFIS – VOCES

Traducción de Mario Domínguez Parra

ΦΩΝΕΣ

Ιδανικές φωνές κι αγαπημένες

εκείνων που πεθάναν, ή εκείνων που είναι

για μας χαμένοι σαν τους πεθαμένους.

Κάποτε μες στα όνειρά μας ομιλούνε•
κάποτε μες στην σκέψι τες ακούει το μυαλό.

Και με τον ήχο των για μια στιγμή επιστρέφουν
ήχοι από την πρώτη ποίησι της ζωής μας —
σα μουσική, την νύχτα, μακρυνή, που σβύνει.

[1904]

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – EN EL PUERTO

«La isla de Tinos honra a Kavafis».

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

EN EL PUERTO

 

Joven, veintiocho años, de Tinos su barco,

llegó a este puerto siríaco

Emis, con vistas a llegar a ser perfumista.

Pero enfermó en el barco.  Y tras

desembarcar, murió. Su entierro, paupérrimo,

tuvo aquí lugar. Algo, pocas horas antes del óbito,

murmuró sobre «parientes», «padres muy ancianos».

Pero nadie sabía quiénes eran ellos,

ni cuál su patria en el gran panhelenismo.

Mejor. Porque así, mientras muerto

yace en este puerto,

sus padres siempre anhelarán que esté vivo.

 

[1918]

 

ΕΙΣ ΤΟ ΕΠΙΝΕΙΟΝ

 

Νέος, είκοσι οκτώ ετών, με πλοίον τήνιον
έφθασε εις τούτο το συριακόν επίνειον
ο Εμης, με την πρόθεσι να μάθει μυροπώλης.
Ομως αρρώστησε εις τον πλούν. Και μόλις
απεβιβάσθη, πέθανε. Η ταφή του, πτωχοτάτη,
έγιν’ εδώ. Ολίγες ώρες πριν πεθάνει κάτι
ψιθύρισε για «οικίαν», για «πολύ γέροντας γονείς».
Μα ποιοί ήσαν τούτοι δεν εγνώριζε κανείς,
μήτε ποιά η πατρίς του μες στο μέγα πανελλήνιον.
Καλλίτερα. Γιατί έτσι ενώ
κείται νεκρός σ’ αυτό το επίνειον,
θα τον ελπίζουν πάντα οι γονείς του ζωντανό.

 

[1918]

EFTIJÍA PANAYOTU – LA ESPINA DORSAL DE LA LUZ

Cubierta de su libro Bailarines.

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

Tensamos la memoria del cielo

con nuestros albos, albos huesos.

Este trabajo duele.

Asimos con firmeza la talla de los mitos.

Ilotas o niños, pese a todo con algo de ser

—en posesión de carne, mas aun de cruz—,

nos consumimos en la fiebre de un avance

que quizá tiempo ha nos atañese.

 

Η ΡΑΧΟΚΟΚΑΛΙΑ ΤΟΥ ΦΩΤΟΣ

 

Τεντώνουμε τη μνήμη τ’ ουρανού

με τα λευκά μας, τα λευκά μας κόκαλα.

Η δουλειά αυτή πονάει.

Κρατάμε όρθιο τ’ ανάστημα των μύθων.

Είλωτες ή παιδιά, με κάποιον πάντως εαυτό

—και σάρκα έχοντας, μα και σταυρό—

στεγνώνουμε στον πυρετό μιας προόδου

που ίσως κάποτε μας αφορούσε. 

 

 

JOSÉ ANÍBAL CAMPOS – PAUL CELAN: ¿UN SURREALISMO UTILITARIO? DOS DOCUMENTOS

 

Si bien son abundantes, en la poesía de Paul Celan, los elementos que indican una influencia juvenil del surrealismo —muy especialmente en los poemas de su primera etapa—, su irrupción y acogida en Viena como «poeta surrealista» tiene todas las trazas de ser una estrategia práctica de integración, un epíteto aceptado como tarjeta de visita ante la escena literaria y artística vienesa entre finales de 1947 y mediados de 1948.

Esos primeros años de la postguerra estuvieron impregnados por los intentos de Edgar Jené —un pintor franco-alemán establecido en Viena desde 1935—, de crear una sólida célula surrealista en la capital austriaca. Pero esos impulsos vanguardistas llegaban a la ciudad danubiana, al decir de Milo Dor, con retraso, cuando ya estaban «desfasados». Pero no sólo sus planteamientos estaban obsoletos. La estudiosa Christine Ivanović señala otro aspecto muy relevante:

Con la proclamación de un surrealismo vienés se ofrecía la posibilidad de encontrar una reorientación artística en relación con una Modernidad desaprovechada. Pero precisamente el hecho de que en Viena se renunciara explícitamente a las implicaciones políticas y a la fuerza explosiva social del surrealismo, ese movimiento no pasó de ser allí algo episódico, tan epigonal como efímero, cuyos protagonistas habrían abandonado la ciudad, casi todos rumbo a París, a la altura de 1950.

Otro de los motivos para que ese capítulo de la historia cultural vienesa fuera tan breve lo encontramos en la resistencia con que se vieron confrontados los artistas en torno a Edgar Jené no sólo por parte de los sectores más conservadores de la cultura austriaca de la época, sino también por un ambiente colectivo que tenía demasiada prisa en restituir el mito de la Viena de la belle époque, su Modernidad utilitaria y decorativa à la Klimt, la «patria perdida» por la «invasión» nazi. Una estrategia colectiva que buscaba con denuedo reconstruir la nación devastada tras la derrota sin verse esta vez sometida a las humillantes condiciones de los Aliados en la Primera Guerra Mundial. Austria —se decretó— era también víctima, no cómplice.

De ahí que todo impulso cuestionador de esa complicidad colectiva fuera visto con recelo. El pasado más reciente quedó entonces envuelto, como ha dicho Evelyne Polt-Heinzl, en el manto del «sufrimiento colectivo»: todos habían padecido la guerra, todos. Cualquier intento de diferenciación sobre el tipo de sufrimiento —si padecido en las trincheras de la Wehrmacht o en los campos de exterminio— era automáticamente rechazado.

En medio de todo ello está Paul Celan, el judío sobreviviente del Holocausto llegado a Viena tras huir de una sociedad rumana cada vez más permeada de estalinismo. El epíteto de «surrealista» aparece por todas partes asociado a su obra y a su persona. Ingeborg Bachmann escribe a sus padres, desbordante de entusiasmo, diciéndoles que el poeta (surrealista) Paul Celan se ha enamorado gloriosamente de ella. Poco antes les había dicho que, en una reunión en casa de Edgar Jené, había podido «ver al poeta surrealista Celan». Su nombre aparece en la prensa en tres ocasiones, siempre asociado a ese movimiento de vanguardia (y, curiosamente, puesto en relación con tres artes distintas: la poesía, la música y las artes plásticas: la primera crítica a una selección de sus poemas; una breve mención a una Lied o chanson «de estilo surrealista» compuesta por un músico de Graz y basada en un poema suyo; y una nota sarcástica en relación con el antifaz que expuso en la muestra surrealista organizada por Jené y Arnulf Neuwirth a finales de marzo de 1948).

La efímera integración en ese grupo de artistas y escritores le proporcionó a Celan una notoriedad inusitada en los pocos meses que pasó en la capital austriaca, pero también lo convirtió en blanco de los ataques de que eran objeto los demás miembros del grupo en torno a Jené, que, en protesta por un supuesto control cada vez marcado de agentes conservadores en el llamado Art-Club, decidió separarse de esa institución en una asonada que llenó las páginas de la prensa durante la primavera de 1948.

Los dos documentos que damos a conocer por primera vez en español en este magnífico blog de Mario Domínguez Parra dan fe de esa resistencia de los círculos culturales vieneses a los intentos por consolidar una rama austriaca del surrealismo siguiendo el modelo bretoniano.

El primero es la nota de prensa sobre la ruptura del grupo de artistas vinculados a Jené con el Art-Club. El segundo, una reseña sarcástica a la llamada «Primera Exposición Surrealista», en la que Celan participó con una lectura de poemas y una obra propia.

Como verá el lector, el sarcasmo con que el segundo artículo comenta la exposición surrealista, es bien sintomático de la época y de algo muy típico vienés: el Wiener Schmäh (que podría traducirse como «retranca» o como «choteo cubano»), una disposición colectiva burlarse de todo lo serio, pero, sobre todo, una estrategia vital para eludir toda responsabilidad individual y diluirla en jolgorio de la masa. 

 

Escisión en el Art-Club vienés

 

Como hemos conocido por medio de una fuente bien informada, en el transcurso de una reunión de la sección vienesa del Art-Club, institución concebida originalmente como asociación internacional —una reunión que tuvo lugar hace poco bajo signos de tormenta—, se ha producido un intento de poner a todo el grupo austriaco bajo la dirección de algunos conocidos profesores academicistas. A continuación, los pintores Edgar Jené, Arnulf Neuwirth y Rudolf Pointer, y también el escritor y editor de PLAN, Otto Basil, han declarado su retirada del Art-Club austriaco, arguyendo que éste, según lo planteó un profesor de la Academia, representaba ahora, más bien, una empresa en competencia con la Sezession y con la Künstlerhaus [Casa de los Artistas], con lo cual había perdido notoriamente su carácter cosmopolita. Los artistas cercanos al grupo de la revista PLAN organizarán muy pronto una exposición propia en una prestigiosa galería vienesa bajo la divisa de: «El color del hombre es la libertad».

 

[Aunque el nombre de Paul Celan no se menciona en esta nota, publicada por el diario Welt am Abend el día 28 de febrero de 1948, el poeta rumano se hallaba estrechamente vinculado a todo este asunto. De hecho, la tarjeta mimeografiada que sirvió a la exposición aquí anunciada e inaugurada un mes después, el 24 de marzo de ese año, no sólo llevaba como titular la divisa aquí presentada, sino también, en su reverso, un texto programático de Celan, escrito al alimón con Edgar Jené, titulado Eine Lanze (Una lanza), un anagrama a partir de los apellidos de los dos artistas: «Ejné Lance». La mencionada Künstlerhaus es un edificio destinado a grandes exposiciones, construido entre 1865 y 1868, perteneciente a la Sociedad de Artistas Plásticos de Austria, fundada en 1861. A lo largo del tiempo, ha sido la protagonista de varios escándalos similares, como la del 3 de abril de 1897, cuando varios artistas, entre los cuales se hallaban Gustav Klimt, Koloman Moser, Josef Hoffmann, Joseph Maria Olbrich, Max Kurzweil, Josef Engelhart, Ernst Stöhr, Wilhelm List y Adolf Hölzel, declararon su salida de la Künstlerhaus y de su asociación para fundar la Wiener Secession, cuya suntuosa sede de cúpula dorada se halla situada a escasos metros de la institución academicista. Por su parte, el Art-Club, fundado en 1946, fue concebido en un inicio como una plataforma para artistas, escritores y músicos de vanguardia y, en cierto modo, significó también una escisión de las asociaciones anteriores, aunque mantuvo cierta buena convivencia con la Secesión. Tras la separación del Art-Club, la incipiente célula surrealista en torno a Jené firmó también su sentencia de muerte. Se supone que el Art-Club, con un despliegue mayor de actividades y con una presencia más asidua en la prensa de la época, recibía fondos secretos de la CIA.]        

 

Cuadros de una exposición

 

Y de una exposición surrealista. Sí, sí, ya sé: ¡usted no asiste a esas cosas! Pero yo estuve allí. Y lo digo de antemano: ¡no tengo absolutamente nada en contra del surrealismo! Pero oiga usted esto:

[I]

—Mira eso, Jorgi: «Desplazamiento espacial de montañas de color no macizas». Muy interesante. ¡Mira, es muy interesante!

—Venga ya… Déjame en paz con esa…

—¡Bueno, no van a estar pintando chicas desnudas sólo para ti, que eres un crápula! Es muy interesante… Oye, Jorgi, ¿qué es eso de «abstracción»?

—Abst… Abstrac… Venga, vámonos.

[II]

—Papá, ¿por qué se ve ahí a un macho cabrío sentado junto a una cama y tocando el violín? Debajo dice: «Los enamorados». ¿Por qué, papá?

—¡Esas cosas no las entiendes todavía! Eso es… Espera, ahí dice que se trata del grito de la época clamando por su expresión.

—Ahhh, papá…

[III]

—A ver, vamos a adivinar qué es esto. Yo digo que se trata de una mesa lista para la merienda, con una mancha de café.

—Y yo digo que son los ojos de una tortuga.

—¡Vamos, no te burles! Esto es un estanque con algas cuando arrojas una piedra dentro. ¡Mira bien, fíjate que coincide!

—Un momento…. Página 14, número…  ¡Ajá! En fin, aquí dice: «Melancolía de un bárbaro en otoño».

[IV]

—Mira, Carli. ¡Tampoco te serviría de mucho! ¡Aunque colgaras un cuadro al revés, éste no parecería que lo está!

 

Y así sucesivamente.

 

Sólo en la escalera, a la entrada, había un jovencito de ojos fervientes y rizada melena de artista. Lo había oído todo y se había llevado las dos manos a la frente.

—Viena es y seguirá siendo reaccionaria.

Entonces me marché. Al otro lado de la calle había uno que, al parecer, ya tenía su buena cogorza a esa hora de la tarde. No paraba de lanzar su cantinela, en tono desafiante, hacia el portal del edificio de enfrente:

—Bueno, lo que nos tocó, nos tocó. Pero tal vez: estúpidos no seamos. ¡Tal vez estúpidos no seamos!

Entonces sí que me marché definitivamente.

C.W.

 

[Esta «crítica de arte con retranca vienesa» (como he decidido titularla) fue publicada el día 5 de mayo de 1948 en el periódico Welt am Abend y es bien sintomática del ambiente que generó la escisión de los surrealistas en torno a Jené del Art-Club. La prensa de esos días está repleta de artículos críticos más serios, pero también de lo que hoy llamaríamos shitstorming. Una de esas notas burlonas afectaba directamente a Paul Celan, que en la exposición organizada en la galería Agathon presentó una obra plástica propia: «un antifaz fijado a un pliego de papel con unas chinchetas», de la que, según el periodista anónimo, era mejor ni hablar, al tiempo que se preguntaba si era posible calificarla como «obra de arte».]

 

 

© José Aníbal Campos.

 

 

 

DIMOS JLOPTSIUDIS – DOS POEMAS

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

(para Roberto García de Mesa, que quería leer a este poeta)

TUMBA HÚMEDA

 

Llueven clavos

que crucifican sueños

ruido que ahoga chapas

en un roto bote hinchable.

 

Un menor refugiado

sin chubasquero

ni justicia.

 

 

PAN

 

El pan del olvido

el regreso a lo mismo

y la muerta consigna

vacía orden

conmemorativa.

Pan amasan las ideas

en la roja

alfombra húmeda

féretro

en las trincheras del olvido.

 

Extranjero, no olvides

llevar pan

cuando regreses.

No lo desprecies

y cuando te repatríen

rompe las cadenas.

 

 

NASOS VAYENÁS – YORGOS SEFERIS ENTRE LAS ESTATUAS

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

(poema incluido en su libro En la isla de los bienaventurados)

 

Medías tu vida con la cucharilla del café

mirando los ríos turbios de las ciudades

tras los cristales de grises consulados,

mientras la noche caía cual ave sobre la hierba

con un ala rota.

 

Hablabas de los húmedos agapantos,

pero el ruido del tiempo te despertaba

en oscuros prados, do personas desnudas,

de hinojos, temblando en la densa niebla

palpaban asfódelos.

 

En tu época nada ocultaba

la nada. El negro goteaba luz.

Pero las noches ahora están llenas de agujeros

que traen un olor a basura.

Fría ceniza

cae invisible del tejado.

Cubre los muebles. Las puertas crujen

abiertas, mientras estuosos, saciados, de pelo

brillante, en los balcones,

 

los constantes de bellos bucles te ven conservador,

confundiendo la Historia con el sentido de la Historia.

Sudando luchan por curvar tu verso

cual arco de Odiseo.

 

Ahora recorres tu muerte bajo una palmera

aspirando la negra calma de los muertos.

Piensas en aquellos que llegan bogando

con los remos reventados.

 

Ο ΓΙΩΡΓΟΣ ΣΕΦΕΡΗΣ ΑΝΑΜΕΣΑ ΣΤΑ ΑΓΑΛΜΑΤΑ

 

Μέτρησες τη ζωή σου με το κουταλάκι του καφέ

κοιτάζοντας τα θολά ποτάμια των πόλεων

πίσω από τζάμια γκρίζων προξενείων,

καθώς το βράδυ έπεφτε στο χορτάρι σαν πουλί

με σπασμένη φτερούγα.

 

Μιλούσες για τους δροσερούς αγάπανθους,

μα ο θόρυβος του χρόνου σε ξυπνούσε

σε σκοτεινά λιβάδια, όπου άνθρωποι γυμνοί,

γονατισμένοι, τρέμοντας στην πυκνή ομίχλη

ψηλαφούσαν ασφοδίλια.

 

Στις μέρες σου τίποτε δεν έκρυβε

το τίποτε. Το μαύρο έσταζε φως.

Όμως οι νύχτες τώρα είναι γεμάτες τρύπες

που φέρνουν μυρωδιά από σκουπίδια.

Κρύα στάχτη

πέφτει αόρατη απ’ την οροφή.

Σκεπάζει τα έπιπλα. Οι πόρτες τρίζουν

ξεκλείδωτες, ενώ ζεστοί, χορτάτοι, με γυαλιστερά

μαλλιά στα μπαλκόνια

 

οι ευπλόκαμοι νυχθήμεροι σε βρίσκουν συντηρητικό

μπερδεύοντας την Ιστορία με το νόημα της Ιστορίας.

Ιδρωμένοι πασχίζουν να λυγίσουν τον στίχο σου

σαν τόξο του Οδυσσέα.

 

Τώρα περνάς τον θάνατό σου κάτω από μια φοινικιά

ανασαίνοντας τη μαύρη γαλήνη των πεθαμένων.

Συλλογίζεσαι εκείνους που έρχονται λάμνοντας

με κουπιά τσακισμένα.  

 

(Από τη συλλογή «Στη νήσο των Μακάρων», εκδ. Κέδρος, 2010 –συγκεντρωτική έκδοση «Βιογραφία – Ποιήματα 1974-2014», εκδ. Κέδρος, 2015)  

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – LEJOS

Traducción: Mario Domínguez Parra.
Lectura del poema: Eli Lambeti.

Querría contar este recuerdo…

Pero sin más ya se borró… como si en nada quedase –

porque lejos, en mi primera mocedad, yace.

 

Tez como de jazmín hecha…

De aquella noche de agosto -¿era agosto?-

Solo recuerdo ya los ojos; eran malva, supongo…

Ah, sí, malva; un zafirino malva.

 

[1914]

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – DE LOS JUDÍOS (50 D.C.)

Sinagoga Eliyahu Hanavi. Alejandría, construida en 1354

Pintor y poeta, corredor y discóbolo,

cual Endimión bello, Iancis Antoníu.

De familia amante de la Sinagoga.

 

«Mis más honrosos días son aquellos

en que dejo a un lado la búsqueda estética,

en que abandono el bello y duro helenismo,

con la soberana entrega

a miembros blancos cabalmente hechos y efímeros.

Y en los que me convierto en lo que querría

siempre ser: hijo de judíos, de sacros judíos».

 

Muy ferviente su declaración: «Siempre

ser de los judíos, de los sacros judíos…».

 

Pero en modo alguno fue siempre así.

El Hedonismo y el Arte de Alejandría

lo poseían, devoto vástago.

 

Των Εβραίων (50 μ.Χ.)

Ζωγράφος και ποιητής, δρομεύς και δισκοβόλος,
σαν Ενδυμίων έμορφος, ο Ιάνθης Αντωνίου.
Από οικογένειαν φίλην της Συναγωγής.

«Η τιμιότερές μου μέρες είν’ εκείνες
που την αισθητική αναζήτησιν αφίνω,
που εγκαταλείπω τον ωραίο και σκληρόν ελληνισμό,
με την κυρίαρχη προσήλωσι
σε τέλεια καμωμένα και φθαρτά άσπρα μέλη.
Και γένομαι αυτός που θα ήθελα
πάντα να μένω· των Εβραίων, των ιερών Εβραίων, ο υιός.»

Ένθερμη λίαν η δήλωσις του. «Πάντα
να μένω των Εβραίων, των ιερών Εβραίων -»

Όμως δεν έμενε τοιούτος διόλου.
Ο Ηδονισμός κ’ η Τέχνη της Αλεξανδρείας
αφοσιωμένο τους παιδί τον είχαν.

MYRTIÓTISA – ELEGÍA

ELEGÍA

Imposible imaginarme a Kavafis
fuera de Alejandría, y de nuevo,
sin Kavafis, ¿qué es Alejandría?
Esto pensé muchos años después,
cuando estuve otra vez en este país.
Aun muerto tiempo ha, empero,
no fui al cementerio en su busca,
sino que partí una tarde sola
hacia su casa tal y como hice entonces.
¿Qué estaba pensando? Que algo quedaría,
algo de él, alguna huella suya,
algo de la mano que abrió la puerta…
Y una tarde partí sola
con rosas escarlata en la mano.
La puerta que antaño fue suya
(¡miradla!), cerrada para mí, él no abrirá,
sellada está con siete sellos
y al lado una placa empotrada
con su nombre: «Aquí moraba
el poeta Kavafis…» ¡Cómo! ¿En esta tumba?
Oh, poeta de enormes ojos
misteriosos, bizantinos, todo fuego,
¿do está tu cálido hogar y tus velas,
que con su débil luz nos fascinaban?
¿Do están las valiosas alfombras paternas
y los muebles antiguos de la Ciudad ?
¿Y do está el tesoro de tus libros
con pergaminos en anaqueles de ébano,
los perfumes del sándalo y Ahmed,
que en silencio y sin cesar nos convidaba
mientras en vela nos mantenías con la palabra
y el licor, con una célica ebriedad
espiritual que no volvió a alzarse?

.. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. ..

Y ahora eres una ausencia, como muestran
esta puerta cerrada y con telarañas,
y la placa glacial con tu nombre.
Ahora solo existe el Poeta.
No obstante, yo he traído mis rosas
para ti, que vives en mi corazón,
y ahora las esparzo una a una
con lágrimas sobre esta piedra desierta,
en otro tiempo umbral de tu casa…

29-04-53

 

*

ΕΛΕΓΕΙΟ

Ἀδύνατο νὰ φανταστῶ Καϐάφη
ἔξω ἀπ’ τὴν Ἀλεξάντρεια, καὶ πάλι,
χωρὶς Καϐάφη τ’ εἶν’ ἡ Ἀλεξάντρεια;
Αὐτὰ σκεφτόμουν ὕστερ’ ἀπὸ χρόνια
σὰν βρέθηκα ξανὰ σ’ αὐτὴ τὴ χώρα.
Ἄν κι’ εἶχε ἀπὸ καιρὸ πεθάνει, ὡστόσο
δὲν πῆγα νὰ τὸν βρῶ στὸ κοιμητῆρι,
μὰ κίνησα ἕνα δεῖλι μοναχήμου
στὸ σπίτι του νὰ πάω ὡσὰν καὶ τότες
τί ἐλόγιαζα πὼς κάτι θ’ἀπομένει
κάτι ἀπ’ αὐτόν, κάποιο δικό του ἀχνάρι,
κάτι ἀπ’ τὸ χέρι ποὺ ἄνοιγε τὴν πόρτα…
Καὶ κίνησα ἕνα δεῖλι μοναχή μου
μ᾿ἄλυκα τριαντάφυλλα στὸ χέρι.
Ἡ θύρα ποὺ ἦταν ἄλλοτε δικιά του
νάτην! κλειστὴ γιὰ μένα, δὲ θ’ ἀνοίξη,
μ’ ἑφτὰ σφραγίδες εἶναι σφραγισμένη,
καὶ δίπλα της μιὰ πλάκα ἐντοιχισμένη
μὲ τ’ ὄνομά του: «Ὁ ποιητὴς Καϐάφης
ἐδῶ καθόταν…» πῶς! σ’ αὐτὸ τὸν τάφο;
Ὤ! ποιητὴ μὲ τὰ πελώρια μάτια
μυστηριακά, Βυζαντινά, ὅλο φλόγα,
ποὖν τὸ ζεστό σου σπιτικό, καὶ τὰ κεριά σου
ποὺ μὲ τὸ φῶς τους τ’ ἀμυδρὸ μᾶς γοητεύαν;
Ποὖν τ ’ἀνεχτίμητα χαλιὰ τὰ πατρικά σου
καὶ τὰ παληὰ τὰ μόμπιλα τῆς Πόλης;
Καὶ τῶν βιϐλίων σου ποὖ ναι ὁ θησαυρὸς
μὲ τὶ ςπεργαμινὲς στὰ ἐϐένινα ράφια;
Τ’ ἀρώματα ἀπ’ τὸ σάνταλο κι’ ὁ Ἄχμετ
ποὺ σιωπηλὰ μᾶς κέρναγε ὁλοένα
κι’ ὁλονυχτὶς μᾶς κράταες μὲ τὸ λόγο
καὶ τὸ πιοτό, σὲ μιὰν οὐράνια μέθη
πνευματική, ποὺ δὲν ἐματαστάθη;

…………………………………………

Καὶ τώρα εἶσαι ἕνα τίποτα ὄπως δείχνει
Τούτη ἡ κλειστὴ κι’ άραχνιασμένη θύρα
κι’ ἡ πλάκα ἡ παγερὴ μὲ τ’ ὄνομάσου.
Μονάχα ὁ Ποιητὴς ὑπάρχει τώρα.
Μὰ ὡσ τόσο ἐγὼ τὰ ρόδα μου ἔχω φέρει
γιὰ σένανε, ποὺ ζῆς μὲς στὴν καρδιά μου,
κι’ ἕνα πρὸς ἕνα τώρα τὰ σκορπίζω
μὲ δάκρυα ἐδῶ στὴν ἔρμη ἐτούτη πέτρα
ποὺ ἄλλοτες τοῦ σπιτιοῦ σου ἦταν κατῶφλι…

29.4.53

 

*

EPÍLOGO

Myrtiótisa (pseudónimo literario de Ceoni Drakopulu) nació en 1885 en Estambul (en el barrio de Bebek) y falleció en 1968 en Atenas. Su padre era diplomático. Seis años después del nacimiento de la poeta, fue nombrado cónsul general de Grecia en Creta, entonces ocupada por los turcos, adonde se trasladó con su familia. Tras dos años de estancia en la isla, se instalaron en Atenas, donde la poeta fue escolarizada (en el colegio Hill del barrio de Plaka). Desde muy joven tuvo inclinación por la poesía y el teatro. Tomó parte en representaciones de teatro antiguo, en compañías de aficionados, y colaboró con la Nueva Escena de Konstantinos Jristomanos. Después de un breve descanso de su ocupación teatral, a causa de la oposición familiar, continuó sus estudios de teatro en París (Escuela Dramática Estatal), donde se instaló tras contraer matrimonio con Spyros Papás, con el que tuvo un hijo, Yorgos, que hizo carrera en el teatro griego. Regresó a Grecia después de algunos años, tras el fin de su fugaz matrimonio, y trabajó como profesora de dicción en el conservatorio de Atenas. Fue definitivo para su expresión poética conocer y enamorarse del poeta Lorentsos Mavilis. Después de la trágica muerte de este en la batalla de Drisku, en 1912 , Myrtiótisa regresó a su antiguo amor para expresar su dolor. En 1919 se publicó su primer libro, con el título de Canciones. Fue también importante en su vida la profunda amistad que le unió a Kostís Palamás, el cual se convirtió en su guía. Se alzó con varios premios nacionales de poesía (en 1932 por su libro Obsequios de amor y en 1939 por otro de sus libros, Gritos). Después de la prematura pérdida de su hijo, publicó el libro Yorgos Papás: su infancia (1962). La poesía de Myrtiótisa se caracteriza por un intenso lirismo. Algunos de los temas importantes de su poesía son la naturaleza y la dicotomía pasión/muerte .

*

En una entrada de su blog (http://annagelopoulou.blogspot.com/2012/03/blog-post_31.html), Anna Anguelopulu escribió sobre una visita que Myrtiótisa le hizo a Kavafis en 1926. He traducido algunas partes, así como también fragmentos de un texto que ilustra esta visita Fruto de una mirada penetrante y profunda es el texto que Myrtiótisa le dedicó, K.P. Kavafis: una impresión. En él, la poeta narra su encuentro con el autor de «Ítaca» y se dedica a describir y comentar los rasgos característicos que le llamaron la atención. Describe y enjuicia, directa o indirectamente, la ciudad de Alejandría; el modo de vida y el comportamiento de Kavafis; y algunos rasgos característicos propios:

Me encontraba por casualidad en Egipto para pasar en Alejandría unos pocos días. Alejandría es una ciudad que ora te aburre desde el segundo día, ora te acostumbras a ella y ya no quieres abandonarla. Yo no me pude acostumbrar a ella. Así como es, ruidosísima y prosaica, me dio la sensación de que era como una mujer que habla a voces y lleva puestos vestidos lujosos y llamativos.

El tedio ya se había apoderado de mí cuando recordé las palabras de mi amigo Porfyras: «Cuando vayas allá abajo ve a ver al poeta Kavafis. Estoy seguro de que merece la pena que alguien haga ese viaje solo para conocerlo». Pedí que me lo presentasen. Kavafis no acepta con facilidad a los extraños, me habían dicho, y por eso fui con algo de miedo. Sin embargo, me recibió con bastante cordialidad.

Con su amabilísima voz, en la que se distingue claramente un tono extranjero —que Dios te proteja si se lo dices—, me pidió que me sentara en un asiento bajo que se encontraba frente a mí, en el salón en penumbra. Puesto que soy esquiva por naturaleza cuando estoy con personas que acabo de conocer, me senté y hablé poco con él. Esto pareció agradarle, porque comenzó a hablar más él y poco después ordenó a su árabe, Ahmed, que trajera whisky y unos entremeses.

Al poco tiempo, mis ojos se acostumbraron a la escasa luz de la habitación y pude mirarlo con más atención mientras hablaba y bebía. Es delgado, pálido, tiene el pelo gris y espeso, muy espeso. Pero lo que llama la atención al completo es sus ojos, sus dos ojos supremos, extraños, enigmáticos. Nadie, entre nosotros, puede ver en otra persona dos ojos semejantes. Simplemente porque no son los ojos de una persona contemporánea. Son ojos que provienen de muy lejos, de la profundidad de los siglos, y conservan en ellos el misterio de otra vida, ignota para nosotros.

Mientras escuchaba su voz, me parecía que venía de lejos y él mismo, puesto que se había apartado en ese momento en una esquina oscura mientras hablaba de arte —¿con nosotros o consigo mismo?—,parecía una criatura exótica que vivía en una atmósfera distinta a la nuestra, a la que tenías que escuchar y ver de lejos, y no te extrañabas si de repente la veías entera frente a ti mientras enmudecía. Su conversación es encantadora.

Sabe presentar las cosas más conocidas como algo nuevo, así como también investirlas de la belleza de su arte. Pone su sello en todo: las habitaciones, los muebles, las estatuas antiguas, los jarrones raros. Cada cosa que lo rodea está armonizada con la fisionomía de su Arte. Como su arte poética es tan suya, tan kavafiana, es imposible que nadie la imite, aunque sea desde la lejanía, sin hacer el ridículo. Porque para escribir como Kavafis tienes que ser Kavafis. De otra manera, no puede ser. ¿Es esto fácil? Claro que no. Por supuesto, en mi opinión es imposible y todo esfuerzo sería inútil y afectado.

Al saber que vivo en Atenas, el poeta me habló de casi todos nuestros poetas. Mostró respeto ante la obra de Palamás, aprecio por la de Xenópulos (al que conoció en otro tiempo), interés por la de Porfyras. Cuida y pondera muy bien sus palabras, sin saber qué opina el extraño que tiene enfrente, quiénes le resultan simpáticos y quiénes no. Tiene miedo de ofenderte por lo más mínimo. Es el griego más cultivado que conozco. La ironía, la ironía neogriega, a veces sutil, a veces dura y con frecuencia soez y brusca, es para Kavafis totalmente ignota. Kavafis no podría establecerse en la Grecia de hoy en día y, por eso, hace muy bien en permanecer lejos de ella. «Sé que este lugar donde vivo no es bello», me dijo, «por eso vivo encerrado en esta casa, solo con mis libros. Sin embargo, no soy todavía un eremita absoluto. Cuando anochece me gusta escuchar a alguien llamar a la puerta. Es una debilidad que tengo que superar».

Salimos a la calle. El ruido de la ciudad todavía me parecía más insoportable y los gritos de los árabes, abominables. Una vez sola, pensé: «Claro, casi todos lo vemos, sabemos que la vida es fea y, sin embargo, la vivimos y cada día nos alimentamos de su fealdad. Él consiguió huir de su rutina. Oportunamente clavó sus ojos inquisidores alrededor de ella y alrededor de la Pasión y tuvo mucho miedo cuando se dio cuenta de que todo era tan feo. Orgulloso, no aceptó suicidarse. Se armó de una enorme voluntad, se encerró en su casa y, vigía insomne de su propio ser, convirtió su Arte en vida».

Todos estos fragmentos provienen, tal y como escribe Anguelopulu, de esta edición de la obra completa de Myrtiótisa: Μυρτιώτισσας Άπαντα (πρόλογος Τ. Αθανασιάδη-εισαγωγή Ανδρέα Καραντώνη), εκδ. Alvin Redman Hellas, Αθήνα, 1965, σ. 313-315.

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Minos Markakis colgó el día 1 de noviembre de 2017, en su muro de Facebook, tres fotos: la cubierta de un libro, Αλεξανδρινή λογοτεχνία, 1953, y dos páginas que contienen el poema de Myrtiótisa. ¿Qué me hizo traducirlo? Una pregunta que le hice a Markakis, en primer lugar: «¿Queda literatura griega en la Alejandría contemporánea?», cuya respuesta se pueden imaginar: «No». En segundo lugar, el título de la antología en la que se publicó el poema: Literatura alejandrina, 1953. En tercer lugar, mi interés creciente por la obra de Myrtiótisa, apenas traducida al castellano y cuya obra merece mayor difusión. En cuarto lugar, Kavafis, por supuesto, de cuyos 154 canónicos desearía hacer una traducción algún día.

ZOMÁS TYPALDOS – SIN TÍTULO

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

En la bruma del tiempo, de un tiempo que señala el día de hoy, un vestido blanco levita. El reloj de pared está parado, pero corren las horas. El vestido se acerca a mí. La tiniebla me priva de la posibilidad de distinguir el cuerpo que lo lleva. No hay cuerpo dentro de él, no hay más materia que la de la silueta tejida, cuyo cuerpo blanco exhuma todo lo que no fue inhumado nunca. El reloj de pared está parado, pero corren las horas. En el día que acaba de comenzar, un pasado que nunca olvidé me visita. Ocultos en el presente, un deseo, un suspiro, una pasión impetuosa, una vida dentro de mi vida. De repente, el reloj comienza a funcionar. Las manecillas ahora corren raudas: intentan ganar el tiempo perdido. Yo, sin embargo, permanezco inmóvil, no respiro, no hablo. Me abandono al abrazo del vestido blanco. Me abandono a la inmersión en su abrazo, me ahogo, pero no hago ningún movimiento por salvarme… Me hundo… Me hundo cada vez más profundamente en su seda… ¿Quién dejó abierta la ventana de mi mente para que ella se alejara de mí?

Th. D. Typaldos
Patras, 25/04/2020

Imagen: collage del surrealista chileno Ludwig Zeller, publicado con el permiso de su hija.

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Μέσα στην αχλή του χρόνου, ενός χρόνου που σηματοδοτεί το σήμερα, ένα λευκό φόρεμα αιωρείται. Το ρολόι στον τοίχο είναι σταματημένο μα οι ώρες κυλούν. Το φόρεμα με πλησιάζει. Το ημίφως μού στερεί τη δυνατότητα να διακρίνω το σώμα που το φορά.. Δεν υπάρχει σώμα μέσα του, δεν υπάρχει ύλη παραμόνο αυτή της υφασμάτινης σιλουέτας που το άσπρο της χρώμα ξεθάβει όλα όσα δεν θάφτηκαν ποτέ. Το ρολόι στον τοίχο είναι σταματημένο μα οι ώρες κυλούν. Στην μέρα που μόλις άρχισε, ένα παρελθόν που δεν ξέχασα ποτέ, με επισκέπτεται. Κρυμμένη στο παρόν, μία επιθυμία, ένας στεναγμός, ένας έρωτας παράφορος, μία ζωή μέσα στη ζωή μου. Το ρολόι ξαφνικά αρχίζει να λειτουργεί. Οι δείκτες του τώρα τρέχουν με βιάση – προσπαθούν να κερδίσουν τον χαμένο χρόνο. Εγώ όμως, στέκω ασάλευτος, δεν αναπνέω, δεν μιλώ. Αφήνομαι να με αγκαλιάσει το λευκό φόρεμα. Αφήνομαι να βυθιστώ μες την αγκαλιά του, πνίγομαι μα δεν κάνω καμία κίνηση να σωθώ… Βουλιάζω… Βουλιάζω ολοένα και πιο βαθιά μέσα στο μετάξι του…
Ποιος άφησε ανοιχτό το παράθυρο τού μυαλού μου κι έφυγε μακριά μου εκείνη;

Θ.Δ.Τυπάλδος
Πάτρα 25/04/2020