KONSTANTINOS P. KAVAFIS – LOS TRAGALUCES

Traducción: Mario Domínguez Parra

En estas oscuras habitaciones, do

días paso arduos, voy de un lado

a otro a por tragaluces. Cuando un tragaluz

se abra, un consuelo supondrá.

Pero los tragaluces no se hallan o no puedo

hallarlos. Y mejor que no los haya hallado.

Quizá una nueva tiranía sea la luz.

Quién sabe qué nuevas cosas mostrará.

[1897, 1903*]

Τα παράθυρα

Σ’ αυτές τες σκοτεινές κάμαρες, που περνώ
μέρες βαριές, επάνω κάτω τριγυρνώ
για νά βρω τα παράθυρα. — Όταν ανοίξει
ένα παράθυρο θα ’ναι παρηγορία.
—Μα τα παράθυρα δεν βρίσκονται, ή δεν μπορώ
να τά βρω. Και καλύτερα ίσως να μην τα βρω.
Ίσως το φως θα ’ναι μια νέα τυραννία.
Ποιός ξέρει τί καινούρια πράγματα θα δείξει.

[1897, 1903*]

DIMITRIS V. TRIANDAFILIDIS – LA EJECUCIÓN DE UN GENIO SENCILLO

Texto original:

https://www.liberal.gr/apopsi/i-ektelesi-mias-aplis-megalofu%CE%90as/331881

Traducción: Mario Domínguez Parra

Sus contemporáneos lo respetaban y consideraban que era un físico, un científico al nivel de Lev Landau, pero lo ejecutaron a los treinta y dos años solo por haber cometido el pecado de escribir un libro infantil sobre el descubrimiento del radiotelégrafo.

El físico Matvéi Bronstéin se negó, simplemente, a escribir que el italiano Marconi había robado al ruso Popov su invención. Con justicia, los historiadores de las ciencias –y no solo– consideran que su pérdida fue catastrófica para la ciencia mundial.

Matvéi Petrovich Bronstéin (1906-1938) nació en Vinitza, Ucrania. Era hijo de una familia judía de provincias, que vivía en las regiones especiales para los judíos. Su padre era médico; a pesar de sus orígenes humildes, consiguió estudiar Medicina en Kiev. Su madre era ama de casa, dedicada a los cuidados de una familia con tres niños.

Con el estallido de la I Guerra Mundial, en 1914, su padre fue llamado a filas y regresó después de 4 años, durante los cuales su familia sufrió mucho, en vistas de lo cual, en 1915, la madre llevó a sus tres hijos a Kiev, a casa de su padre, que era administrador en la casa de un comerciante rico.

Matvéi, amante del conocimiento y de los libros desde pequeño, no fue al colegio. En Vinitsa era demasiado pequeño para ir al instituto, en Kiev no consiguió que lo aceptasen porque había una cuota en el número de judíos que podían estudiar, su familia era pobre y él mismo no tenía la edad adecuada. Continuó con su educación obligatoria y solo hizo los exámenes del instituto. Pero Kiev, después de la revolución, era el epicentro de los disturbios, donde los jefes cambiaban continuamente: primero la ocuparon los alemanes y, a continuación, sucesivamente, cayó en manos de las tropas de Skoporanski, del Directorio, del general Denikin y de los polacos blancos. Al final, Kiev pasó a manos de los bolcheviques, durante el verano de 1920. Hasta entonces, sin embargo, Matvéi y sus hermanos habían aprendido a adquirir ellos solos los conocimientos, leyendo a diario, durante horas, en la biblioteca.

Durante el verano de 1924 Matvéi se enteró de que en la universidad había un círculo de amantes de la física y se convirtió en miembro. Este ciclo se denominaba «Departamento de física del círculo estudiantil universitario de investigadores de la naturaleza». Su director y fundador era el joven físico Piotr Sávits Tartakofski. Si quisiéramos establecer una analogía con la situación actual, diríamos que este círculo era como los «Seminarios para alumnos adelantados» que preparaban a los alumnos para su actividad científica, aunque la elección de los miembros se llevaba a cabo teniendo en consideración criterios especialmente exigentes.

Bronstéin, sin estar en posesión del típico título de educación media, aunque con un potente reservorio de conocimientos, entró a formar parte de este círculo junto con los estudiantes de la universidad.

Entre otros objetos de interés del círculo de estudiantes estaban las cuestiones contemporáneas, las de aquella época, de la física. Pocos meses después, en enero de 1925, en la revista de la Compañía Físico-Química Rusa, se publicó el primer artículo de Bronstéin, intitulado «Sobre uno de los efectos de la hipótesis de los cuantos de los fotones». En aquella época, casi todos los físicos rechazaban esta hipótesis, Niels Bohr entre ellos.

El mismo año, la revista alemana «Zeitschrift für Physik» publicó otros dos artículos del joven Bronstéin y al año siguiente, en 1926, otros tres. Obtiene una enorme fama, el reconocimiento en los círculos de físicos y astrónomos de Kiev y se convierte en miembro del departamento de investigadores en la Unión de Trabajadores de la Educación de Kiev. Entre los que lo apreciaban especialmente estaban el director del Observatorio de Kiev, S. D. Tsiorni, el responsable de los seminarios de Física, L.I. Kordís, y G. G. De Mets, cuyas cartas de recomendación resultaron especialmente útiles para su ingreso en la universidad.

En 1926, Bronstéin se trasladó a Leningrado, que en aquella época era la capital científica de la U.R.S.S., ciudad a la que se había trasladado la Academia de Ciencias y sus institutos más importantes. Comenzó sus estudios en la facultad de Física de la universidad local y pronto adquirió fama de estudiante excelente, con el que incluso los profesores contaban, a causa de sus publicaciones en revistas científicas europeas.

Matvéi Bronstéin compartía su tiempo entre sus dos grandes amores: la física y la astronomía, asistiendo a clase simultáneamente en las dos facultades. Víctor Abartsumián (que más adelante se convertiría en miembro de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S. y que sería el primero en poner los cimientos de la astrofísica teórica en su país) fue, durante aquella época, un amigo íntimo.

En 1929, Bronstéin publicó ciertos trabajos científicos sobre astrofísica, uno de los cuales tenía relación con la temperatura en la superficie de las estrellas y que hoy en día se conoce como «Relación Hopf-Bronstéin».

En 1930, Bronstéin se licenció en la facultad de Física de la universidad de Leningrado e inmediatamente comenzó a trabajar en el Departamento de Teoría del Instituto de Física Teórica de dicha ciudad. A la vez, participó activamente en los seminarios de G. I. Frankel, miembro de la Academia de Ciencias, que apreciaba especialmente las capacidades analíticas del joven científico.

En 1931, Bronstéin conoció a Lidía Chukóvskaia, la mujer a la que Rusia, pero también la humanidad, debe tanto, porque ella fue la que salvó de la catástrofe (por medio de la memorización) muchas obras de literatos rusos.

Lidia estaba casada con el historiador de la literatura César Volpé y tenían una hija. En 1934 se separó de él y tras un tiempo se casó con Bronstéin. En 1935, el joven físico defendió su tesis doctoral, con el tema de la cuantificación de las ondas gravitatorias, que era la primera en este ámbito científico.

A finales de junio de 1938, Bronstéin fue al Cáucaso para recibir un tratamiento y al regresar pasó por Kiev para visitar a sus padres. La noche del 5 al 6 de agosto lo detuvieron en casa de sus padres.

Fragmento de su primer interrogatorio:

  • Ha sido detenido como miembro de una organización antisoviética. Haga una declaración honesta sobre la esencia de la acusación que pesa sobre usted.
  • No soy miembro de organización antisoviética alguna.
  • No está diciendo la verdad. La instrucción dispone de numerosos datos que le involucran a usted como miembro de una organización antisoviética. ¿Dirá usted la verdad?
  • Una vez más, le digo que no soy miembro de una organización antisoviética. No tengo nada más que decir, el sumario registró correctamente mis palabras y se leyó en mi presencia.

M. Bronstéin.

Una semana más tardes, al no soportar las inhumanas torturas, declaró cosas totalmente distintas.

  • Durante el primer interrogatorio, usted negó su participación en una organización antirrevolucionaria. ¿Dirá ahora usted la verdad?
  • En el anterior interrogatorio, negué falsamente la acusación que pesaba sobre mí. Yo, Matvéi Bronstéin, en realidad soy miembro de una organización antirrevolucionaria de la intelectualidad, activa en Leningrado.
  • ¿Qué organización es esa? ¿Quiénes eran sus objetivos?
  • La organización a la que pertenecí hasta mi detención tenía como objetivo la unión de la intelectualidad antirrevolucionaria, así como también la organización de la lucha para derrocar el poder soviético y el establecimiento de un sistema político en el que la intelectualidad participaría en la gestión del estado, junto con otros estratos de la población, como ocurre en los países de Occidente.
  • Tenían ustedes como objetivo el establecimiento de un régimen fascista en la U.R.S.S.
  • Esencialmente, de eso se trata…

Según la sentencia condenatoria del 24 de enero de 1938, como parte de «su trabajo antisoviético diario», el científico «preparó acciones terroristas» y organizó «nidos de espías».

El juicio tuvo lugar el 13 de febrero de 1938 y solo duró 20 minutos, desde las 8:40 hasta las 9:00. Los jueces condenaron a Bronstéin «por su activa participación en una organización antirrevolucionaria, en base a los artículos 58-8 y 58-11 del código penal, a la pena capital». La pena se ejecutó el mismo día.

Lidia Chukóvskaia había conseguido vivir con él un total de dos años y medio. Pero dedicó toda su vida, primero, a su liberación y, después, a saber todo lo posible sobre su suerte y su tumba. Mucho más tarde, consiguió limpiar su nombre. Lo único que quedó como recuerdo en sus manos fue un trozo de papel que rezaba: «La decisión del tribunal militar, perteneciente al Alto Tribunal de la U.R.S.S., del 18 de febrero de 1938, en relación con Mijaíl Petrovich Bronstéin, en base a los nuevos datos que salieron a la luz, se deroga y su detención deja de estar vigente».

Esto ocurrió 29 años después de la ejecución de su marido.

Hasta hoy en día, lo único que sabemos es que el cuerpo sin vida del talentoso físico fue arrojado, junto con los de otras víctimas inocentes, a una fosa común, anónima.

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – VOCES

Traducción de Mario Domínguez Parra

ΦΩΝΕΣ

Ιδανικές φωνές κι αγαπημένες

εκείνων που πεθάναν, ή εκείνων που είναι

για μας χαμένοι σαν τους πεθαμένους.

Κάποτε μες στα όνειρά μας ομιλούνε•
κάποτε μες στην σκέψι τες ακούει το μυαλό.

Και με τον ήχο των για μια στιγμή επιστρέφουν
ήχοι από την πρώτη ποίησι της ζωής μας —
σα μουσική, την νύχτα, μακρυνή, που σβύνει.

[1904]

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – EN EL PUERTO

«La isla de Tinos honra a Kavafis».

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

EN EL PUERTO

 

Joven, veintiocho años, de Tinos su barco,

llegó a este puerto siríaco

Emis, con vistas a llegar a ser perfumista.

Pero enfermó en el barco.  Y tras

desembarcar, murió. Su entierro, paupérrimo,

tuvo aquí lugar. Algo, pocas horas antes del óbito,

murmuró sobre «parientes», «padres muy ancianos».

Pero nadie sabía quiénes eran ellos,

ni cuál su patria en el gran panhelenismo.

Mejor. Porque así, mientras muerto

yace en este puerto,

sus padres siempre anhelarán que esté vivo.

 

[1918]

 

ΕΙΣ ΤΟ ΕΠΙΝΕΙΟΝ

 

Νέος, είκοσι οκτώ ετών, με πλοίον τήνιον
έφθασε εις τούτο το συριακόν επίνειον
ο Εμης, με την πρόθεσι να μάθει μυροπώλης.
Ομως αρρώστησε εις τον πλούν. Και μόλις
απεβιβάσθη, πέθανε. Η ταφή του, πτωχοτάτη,
έγιν’ εδώ. Ολίγες ώρες πριν πεθάνει κάτι
ψιθύρισε για «οικίαν», για «πολύ γέροντας γονείς».
Μα ποιοί ήσαν τούτοι δεν εγνώριζε κανείς,
μήτε ποιά η πατρίς του μες στο μέγα πανελλήνιον.
Καλλίτερα. Γιατί έτσι ενώ
κείται νεκρός σ’ αυτό το επίνειον,
θα τον ελπίζουν πάντα οι γονείς του ζωντανό.

 

[1918]

EFTIJÍA PANAYOTU – LA ESPINA DORSAL DE LA LUZ

Cubierta de su libro Bailarines.

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

Tensamos la memoria del cielo

con nuestros albos, albos huesos.

Este trabajo duele.

Asimos con firmeza la talla de los mitos.

Ilotas o niños, pese a todo con algo de ser

—en posesión de carne, mas aun de cruz—,

nos consumimos en la fiebre de un avance

que quizá tiempo ha nos atañese.

 

Η ΡΑΧΟΚΟΚΑΛΙΑ ΤΟΥ ΦΩΤΟΣ

 

Τεντώνουμε τη μνήμη τ’ ουρανού

με τα λευκά μας, τα λευκά μας κόκαλα.

Η δουλειά αυτή πονάει.

Κρατάμε όρθιο τ’ ανάστημα των μύθων.

Είλωτες ή παιδιά, με κάποιον πάντως εαυτό

—και σάρκα έχοντας, μα και σταυρό—

στεγνώνουμε στον πυρετό μιας προόδου

που ίσως κάποτε μας αφορούσε. 

 

 

JOSÉ ANÍBAL CAMPOS – PAUL CELAN: ¿UN SURREALISMO UTILITARIO? DOS DOCUMENTOS

 

Si bien son abundantes, en la poesía de Paul Celan, los elementos que indican una influencia juvenil del surrealismo —muy especialmente en los poemas de su primera etapa—, su irrupción y acogida en Viena como «poeta surrealista» tiene todas las trazas de ser una estrategia práctica de integración, un epíteto aceptado como tarjeta de visita ante la escena literaria y artística vienesa entre finales de 1947 y mediados de 1948.

Esos primeros años de la postguerra estuvieron impregnados por los intentos de Edgar Jené —un pintor franco-alemán establecido en Viena desde 1935—, de crear una sólida célula surrealista en la capital austriaca. Pero esos impulsos vanguardistas llegaban a la ciudad danubiana, al decir de Milo Dor, con retraso, cuando ya estaban «desfasados». Pero no sólo sus planteamientos estaban obsoletos. La estudiosa Christine Ivanović señala otro aspecto muy relevante:

Con la proclamación de un surrealismo vienés se ofrecía la posibilidad de encontrar una reorientación artística en relación con una Modernidad desaprovechada. Pero precisamente el hecho de que en Viena se renunciara explícitamente a las implicaciones políticas y a la fuerza explosiva social del surrealismo, ese movimiento no pasó de ser allí algo episódico, tan epigonal como efímero, cuyos protagonistas habrían abandonado la ciudad, casi todos rumbo a París, a la altura de 1950.

Otro de los motivos para que ese capítulo de la historia cultural vienesa fuera tan breve lo encontramos en la resistencia con que se vieron confrontados los artistas en torno a Edgar Jené no sólo por parte de los sectores más conservadores de la cultura austriaca de la época, sino también por un ambiente colectivo que tenía demasiada prisa en restituir el mito de la Viena de la belle époque, su Modernidad utilitaria y decorativa à la Klimt, la «patria perdida» por la «invasión» nazi. Una estrategia colectiva que buscaba con denuedo reconstruir la nación devastada tras la derrota sin verse esta vez sometida a las humillantes condiciones de los Aliados en la Primera Guerra Mundial. Austria —se decretó— era también víctima, no cómplice.

De ahí que todo impulso cuestionador de esa complicidad colectiva fuera visto con recelo. El pasado más reciente quedó entonces envuelto, como ha dicho Evelyne Polt-Heinzl, en el manto del «sufrimiento colectivo»: todos habían padecido la guerra, todos. Cualquier intento de diferenciación sobre el tipo de sufrimiento —si padecido en las trincheras de la Wehrmacht o en los campos de exterminio— era automáticamente rechazado.

En medio de todo ello está Paul Celan, el judío sobreviviente del Holocausto llegado a Viena tras huir de una sociedad rumana cada vez más permeada de estalinismo. El epíteto de «surrealista» aparece por todas partes asociado a su obra y a su persona. Ingeborg Bachmann escribe a sus padres, desbordante de entusiasmo, diciéndoles que el poeta (surrealista) Paul Celan se ha enamorado gloriosamente de ella. Poco antes les había dicho que, en una reunión en casa de Edgar Jené, había podido «ver al poeta surrealista Celan». Su nombre aparece en la prensa en tres ocasiones, siempre asociado a ese movimiento de vanguardia (y, curiosamente, puesto en relación con tres artes distintas: la poesía, la música y las artes plásticas: la primera crítica a una selección de sus poemas; una breve mención a una Lied o chanson «de estilo surrealista» compuesta por un músico de Graz y basada en un poema suyo; y una nota sarcástica en relación con el antifaz que expuso en la muestra surrealista organizada por Jené y Arnulf Neuwirth a finales de marzo de 1948).

La efímera integración en ese grupo de artistas y escritores le proporcionó a Celan una notoriedad inusitada en los pocos meses que pasó en la capital austriaca, pero también lo convirtió en blanco de los ataques de que eran objeto los demás miembros del grupo en torno a Jené, que, en protesta por un supuesto control cada vez marcado de agentes conservadores en el llamado Art-Club, decidió separarse de esa institución en una asonada que llenó las páginas de la prensa durante la primavera de 1948.

Los dos documentos que damos a conocer por primera vez en español en este magnífico blog de Mario Domínguez Parra dan fe de esa resistencia de los círculos culturales vieneses a los intentos por consolidar una rama austriaca del surrealismo siguiendo el modelo bretoniano.

El primero es la nota de prensa sobre la ruptura del grupo de artistas vinculados a Jené con el Art-Club. El segundo, una reseña sarcástica a la llamada «Primera Exposición Surrealista», en la que Celan participó con una lectura de poemas y una obra propia.

Como verá el lector, el sarcasmo con que el segundo artículo comenta la exposición surrealista, es bien sintomático de la época y de algo muy típico vienés: el Wiener Schmäh (que podría traducirse como «retranca» o como «choteo cubano»), una disposición colectiva burlarse de todo lo serio, pero, sobre todo, una estrategia vital para eludir toda responsabilidad individual y diluirla en jolgorio de la masa. 

 

Escisión en el Art-Club vienés

 

Como hemos conocido por medio de una fuente bien informada, en el transcurso de una reunión de la sección vienesa del Art-Club, institución concebida originalmente como asociación internacional —una reunión que tuvo lugar hace poco bajo signos de tormenta—, se ha producido un intento de poner a todo el grupo austriaco bajo la dirección de algunos conocidos profesores academicistas. A continuación, los pintores Edgar Jené, Arnulf Neuwirth y Rudolf Pointer, y también el escritor y editor de PLAN, Otto Basil, han declarado su retirada del Art-Club austriaco, arguyendo que éste, según lo planteó un profesor de la Academia, representaba ahora, más bien, una empresa en competencia con la Sezession y con la Künstlerhaus [Casa de los Artistas], con lo cual había perdido notoriamente su carácter cosmopolita. Los artistas cercanos al grupo de la revista PLAN organizarán muy pronto una exposición propia en una prestigiosa galería vienesa bajo la divisa de: «El color del hombre es la libertad».

 

[Aunque el nombre de Paul Celan no se menciona en esta nota, publicada por el diario Welt am Abend el día 28 de febrero de 1948, el poeta rumano se hallaba estrechamente vinculado a todo este asunto. De hecho, la tarjeta mimeografiada que sirvió a la exposición aquí anunciada e inaugurada un mes después, el 24 de marzo de ese año, no sólo llevaba como titular la divisa aquí presentada, sino también, en su reverso, un texto programático de Celan, escrito al alimón con Edgar Jené, titulado Eine Lanze (Una lanza), un anagrama a partir de los apellidos de los dos artistas: «Ejné Lance». La mencionada Künstlerhaus es un edificio destinado a grandes exposiciones, construido entre 1865 y 1868, perteneciente a la Sociedad de Artistas Plásticos de Austria, fundada en 1861. A lo largo del tiempo, ha sido la protagonista de varios escándalos similares, como la del 3 de abril de 1897, cuando varios artistas, entre los cuales se hallaban Gustav Klimt, Koloman Moser, Josef Hoffmann, Joseph Maria Olbrich, Max Kurzweil, Josef Engelhart, Ernst Stöhr, Wilhelm List y Adolf Hölzel, declararon su salida de la Künstlerhaus y de su asociación para fundar la Wiener Secession, cuya suntuosa sede de cúpula dorada se halla situada a escasos metros de la institución academicista. Por su parte, el Art-Club, fundado en 1946, fue concebido en un inicio como una plataforma para artistas, escritores y músicos de vanguardia y, en cierto modo, significó también una escisión de las asociaciones anteriores, aunque mantuvo cierta buena convivencia con la Secesión. Tras la separación del Art-Club, la incipiente célula surrealista en torno a Jené firmó también su sentencia de muerte. Se supone que el Art-Club, con un despliegue mayor de actividades y con una presencia más asidua en la prensa de la época, recibía fondos secretos de la CIA.]        

 

Cuadros de una exposición

 

Y de una exposición surrealista. Sí, sí, ya sé: ¡usted no asiste a esas cosas! Pero yo estuve allí. Y lo digo de antemano: ¡no tengo absolutamente nada en contra del surrealismo! Pero oiga usted esto:

[I]

—Mira eso, Jorgi: «Desplazamiento espacial de montañas de color no macizas». Muy interesante. ¡Mira, es muy interesante!

—Venga ya… Déjame en paz con esa…

—¡Bueno, no van a estar pintando chicas desnudas sólo para ti, que eres un crápula! Es muy interesante… Oye, Jorgi, ¿qué es eso de «abstracción»?

—Abst… Abstrac… Venga, vámonos.

[II]

—Papá, ¿por qué se ve ahí a un macho cabrío sentado junto a una cama y tocando el violín? Debajo dice: «Los enamorados». ¿Por qué, papá?

—¡Esas cosas no las entiendes todavía! Eso es… Espera, ahí dice que se trata del grito de la época clamando por su expresión.

—Ahhh, papá…

[III]

—A ver, vamos a adivinar qué es esto. Yo digo que se trata de una mesa lista para la merienda, con una mancha de café.

—Y yo digo que son los ojos de una tortuga.

—¡Vamos, no te burles! Esto es un estanque con algas cuando arrojas una piedra dentro. ¡Mira bien, fíjate que coincide!

—Un momento…. Página 14, número…  ¡Ajá! En fin, aquí dice: «Melancolía de un bárbaro en otoño».

[IV]

—Mira, Carli. ¡Tampoco te serviría de mucho! ¡Aunque colgaras un cuadro al revés, éste no parecería que lo está!

 

Y así sucesivamente.

 

Sólo en la escalera, a la entrada, había un jovencito de ojos fervientes y rizada melena de artista. Lo había oído todo y se había llevado las dos manos a la frente.

—Viena es y seguirá siendo reaccionaria.

Entonces me marché. Al otro lado de la calle había uno que, al parecer, ya tenía su buena cogorza a esa hora de la tarde. No paraba de lanzar su cantinela, en tono desafiante, hacia el portal del edificio de enfrente:

—Bueno, lo que nos tocó, nos tocó. Pero tal vez: estúpidos no seamos. ¡Tal vez estúpidos no seamos!

Entonces sí que me marché definitivamente.

C.W.

 

[Esta «crítica de arte con retranca vienesa» (como he decidido titularla) fue publicada el día 5 de mayo de 1948 en el periódico Welt am Abend y es bien sintomática del ambiente que generó la escisión de los surrealistas en torno a Jené del Art-Club. La prensa de esos días está repleta de artículos críticos más serios, pero también de lo que hoy llamaríamos shitstorming. Una de esas notas burlonas afectaba directamente a Paul Celan, que en la exposición organizada en la galería Agathon presentó una obra plástica propia: «un antifaz fijado a un pliego de papel con unas chinchetas», de la que, según el periodista anónimo, era mejor ni hablar, al tiempo que se preguntaba si era posible calificarla como «obra de arte».]

 

 

© José Aníbal Campos.

 

 

 

DIMOS JLOPTSIUDIS – DOS POEMAS

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

(para Roberto García de Mesa, que quería leer a este poeta)

TUMBA HÚMEDA

 

Llueven clavos

que crucifican sueños

ruido que ahoga chapas

en un roto bote hinchable.

 

Un menor refugiado

sin chubasquero

ni justicia.

 

 

PAN

 

El pan del olvido

el regreso a lo mismo

y la muerta consigna

vacía orden

conmemorativa.

Pan amasan las ideas

en la roja

alfombra húmeda

féretro

en las trincheras del olvido.

 

Extranjero, no olvides

llevar pan

cuando regreses.

No lo desprecies

y cuando te repatríen

rompe las cadenas.

 

 

NASOS VAYENÁS – YORGOS SEFERIS ENTRE LAS ESTATUAS

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

(poema incluido en su libro En la isla de los bienaventurados)

 

Medías tu vida con la cucharilla del café

mirando los ríos turbios de las ciudades

tras los cristales de grises consulados,

mientras la noche caía cual ave sobre la hierba

con un ala rota.

 

Hablabas de los húmedos agapantos,

pero el ruido del tiempo te despertaba

en oscuros prados, do personas desnudas,

de hinojos, temblando en la densa niebla

palpaban asfódelos.

 

En tu época nada ocultaba

la nada. El negro goteaba luz.

Pero las noches ahora están llenas de agujeros

que traen un olor a basura.

Fría ceniza

cae invisible del tejado.

Cubre los muebles. Las puertas crujen

abiertas, mientras estuosos, saciados, de pelo

brillante, en los balcones,

 

los constantes de bellos bucles te ven conservador,

confundiendo la Historia con el sentido de la Historia.

Sudando luchan por curvar tu verso

cual arco de Odiseo.

 

Ahora recorres tu muerte bajo una palmera

aspirando la negra calma de los muertos.

Piensas en aquellos que llegan bogando

con los remos reventados.

 

Ο ΓΙΩΡΓΟΣ ΣΕΦΕΡΗΣ ΑΝΑΜΕΣΑ ΣΤΑ ΑΓΑΛΜΑΤΑ

 

Μέτρησες τη ζωή σου με το κουταλάκι του καφέ

κοιτάζοντας τα θολά ποτάμια των πόλεων

πίσω από τζάμια γκρίζων προξενείων,

καθώς το βράδυ έπεφτε στο χορτάρι σαν πουλί

με σπασμένη φτερούγα.

 

Μιλούσες για τους δροσερούς αγάπανθους,

μα ο θόρυβος του χρόνου σε ξυπνούσε

σε σκοτεινά λιβάδια, όπου άνθρωποι γυμνοί,

γονατισμένοι, τρέμοντας στην πυκνή ομίχλη

ψηλαφούσαν ασφοδίλια.

 

Στις μέρες σου τίποτε δεν έκρυβε

το τίποτε. Το μαύρο έσταζε φως.

Όμως οι νύχτες τώρα είναι γεμάτες τρύπες

που φέρνουν μυρωδιά από σκουπίδια.

Κρύα στάχτη

πέφτει αόρατη απ’ την οροφή.

Σκεπάζει τα έπιπλα. Οι πόρτες τρίζουν

ξεκλείδωτες, ενώ ζεστοί, χορτάτοι, με γυαλιστερά

μαλλιά στα μπαλκόνια

 

οι ευπλόκαμοι νυχθήμεροι σε βρίσκουν συντηρητικό

μπερδεύοντας την Ιστορία με το νόημα της Ιστορίας.

Ιδρωμένοι πασχίζουν να λυγίσουν τον στίχο σου

σαν τόξο του Οδυσσέα.

 

Τώρα περνάς τον θάνατό σου κάτω από μια φοινικιά

ανασαίνοντας τη μαύρη γαλήνη των πεθαμένων.

Συλλογίζεσαι εκείνους που έρχονται λάμνοντας

με κουπιά τσακισμένα.  

 

(Από τη συλλογή «Στη νήσο των Μακάρων», εκδ. Κέδρος, 2010 –συγκεντρωτική έκδοση «Βιογραφία – Ποιήματα 1974-2014», εκδ. Κέδρος, 2015)  

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – LEJOS

Traducción: Mario Domínguez Parra.
Lectura del poema: Eli Lambeti.

Querría contar este recuerdo…

Pero sin más ya se borró… como si en nada quedase –

porque lejos, en mi primera mocedad, yace.

 

Tez como de jazmín hecha…

De aquella noche de agosto -¿era agosto?-

Solo recuerdo ya los ojos; eran malva, supongo…

Ah, sí, malva; un zafirino malva.

 

[1914]

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – DE LOS JUDÍOS (50 D.C.)

Sinagoga Eliyahu Hanavi. Alejandría, construida en 1354

Pintor y poeta, corredor y discóbolo,

cual Endimión bello, Iancis Antoníu.

De familia amante de la Sinagoga.

 

«Mis más honrosos días son aquellos

en que dejo a un lado la búsqueda estética,

en que abandono el bello y duro helenismo,

con la soberana entrega

a miembros blancos cabalmente hechos y efímeros.

Y en los que me convierto en lo que querría

siempre ser: hijo de judíos, de sacros judíos».

 

Muy ferviente su declaración: «Siempre

ser de los judíos, de los sacros judíos…».

 

Pero en modo alguno fue siempre así.

El Hedonismo y el Arte de Alejandría

lo poseían, devoto vástago.

 

Των Εβραίων (50 μ.Χ.)

Ζωγράφος και ποιητής, δρομεύς και δισκοβόλος,
σαν Ενδυμίων έμορφος, ο Ιάνθης Αντωνίου.
Από οικογένειαν φίλην της Συναγωγής.

«Η τιμιότερές μου μέρες είν’ εκείνες
που την αισθητική αναζήτησιν αφίνω,
που εγκαταλείπω τον ωραίο και σκληρόν ελληνισμό,
με την κυρίαρχη προσήλωσι
σε τέλεια καμωμένα και φθαρτά άσπρα μέλη.
Και γένομαι αυτός που θα ήθελα
πάντα να μένω· των Εβραίων, των ιερών Εβραίων, ο υιός.»

Ένθερμη λίαν η δήλωσις του. «Πάντα
να μένω των Εβραίων, των ιερών Εβραίων -»

Όμως δεν έμενε τοιούτος διόλου.
Ο Ηδονισμός κ’ η Τέχνη της Αλεξανδρείας
αφοσιωμένο τους παιδί τον είχαν.