YORGOS KENTROTÍS – TRADUCIENDO A BRECHT

Traducción de Mario Domínguez Parra

Traduciendo a Brecht

In memoriam Franco Fortini

Mientras me vas traduciendo (me dijo Brecht en sueños)
veo que te atascas intransigente en mis vocablos.
Si motu proprio aportases vocablos-pensamientos,
darías valor al de mis versos. Ve mi elemento

como el compás y la aguja. Y no con los efectos
de la ley y el rendimiento mínimo. Aún profesé
la confusión por doquier, siempre a través bombeé
de urbana dialéctica plusvalías de conceptos.

Por ello, te digo: la traición del texto me gusta;
que me has entendido hasta la médula me demuestra.
¡Ponéis mis obras en solfa con objeto de que
enchufes mi lengua en la tuya para que platique!
No ve perjuicio en ello quien de poética entiende.
La mejor resolución para mí la conoces.
Lo que yo digo lo entiende aquel que me cuestionare;
importa a nuestros iguales no ser siervos, mas libres.

*

Μεταφράζοντας Μπρεχτ

Στη μνήμη του Φράνκο Φορτίνι

Eνώ με μεταφράζεις (μου ’πε ο Μπρεχτ μες στ’ όνειρό μου),
σε βλέπω που κολλάς στις λέξεις μου με αδιαλλαξία.
Αν λέξεις-σκέψεις πρόσθετες δικές σου, στην αξία
των στίχων μου θα πρόσθετες αξία. Το υλικό μου

για μπούσουλα και δείχτη δες το. Και όχι με του νόμου
τη νόρμα ή τις συνέπειες. Κι εγώ την αταξία
εξ άλλου επρέσβευα παντού, και πάντα υπεραξία
ιδεών αντλούσα μεσ’ απ’ τη διαλεκτική του δρόμου.

Γι’ αυτό σου λέω: μ’ αρέσει η προδοσία του κειμένου·
μου αποδεικνύει πως σε βάθος μ’ έχεις καταλάβει.
Εν αμφιβόλω θέτε τα γραπτά μου, προκειμένου
τη γλώσσα μου να βάλεις στη δικιά σου να μιλήσει!
Σ’ αυτό όσοι από ποιητική νογάν δεν βλέπουν βλάβη.
Εσύ γνωρίζεις την καλύτερη για μένα λύση.
Τι λέω εγώ το πιάνει αυτός που θα με αμφισβητήσει·
τους όμοιους μας τους νοιάζει να ’ν’ ελεύθεροι, όχι σκλάβοι.

*

Yorgos Kentrotís (1958), poeta y traductor griego, aparte de haber publicado el libro Teoría y práctica de la traducción, ha vertido al griego obras de Bertolt Brecht, Pablo Neruda, Vladimir Mayakovski, Hermann Broch (La muerte de Virgilio), Charles Baudelaire (Las flores del mal, primera edición completa en griego), Robert Musil (Tres mujeres), Paul Klee (Diarios, 1898-1918), entre otras muchas.

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YANNIS ANTIOJU – ADAGIO

Traducción de Mario Domínguez Parra

ADAGIO

Existen unas casas donde me desvisto
— todo vísceras;
En su interior está oculta
la simiente de la palabra
— Dios

Empero,
Nunca nadie Lo halla
Nunca nadie Lo alcanza

Con rostro profanado
— con cansancio me
espero;

y esta
es la simiente de un Otro
que brota
dentro

(de mí)

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SAVAS MIJAÍL: EL HORROR DE UNA PARODIA. TRES DISCURSOS SOBRE AMANECER DORADO

Este libro es un opúsculo de urgencia. Savas Mijaíl, su autor, es un ensayista, formado como médico, y traductor judío griego, activista político durante cincuenta años. Gracias a los desvelos de La Moderna Editora, los lectores hispanófonos tienen la oportunidad de leer un libro escrito con la lucidez y la urgencia de los acontecimientos de 2012, las elecciones de mayo y junio que posibilitaron, gracias a unos 300.000 votos, que Amanecer Dorado se convirtiese en la tercera fuerza (iba a decir política, pero creo que una organización nazi no merece tal caracterización) en el parlamento griego. El libro fue escrito entre finales de 2012 y comienzos de 2013.

Savas Mijaíl fue denunciado por Amanecer Dorado en 2012, el mismo año en que los nazis griegos entraron en el parlamento, por un texto de 2009 en el que incluía la consigna «El pueblo no olvida, ahorca a los fascistas». Mijaíl, después de admitirse a trámite la querella, fue absuelto junto con el rector de una universidad griega en cuyo servidor se publicó dicho texto (la foto de la solapa, de Marios Lolos, periodista que ha sufrido agresiones por parte de AD, recoge el momento de la salida de los juzgados tras la absolución). Pero esto muestra hasta qué punto Amanecer Dorado ha ganado adeptos en las instituciones del estado griego (con especial apoyo en la policía), utilizándola para destruirla desde dentro. Continúa el juicio contra Amanecer Dorado, considerada organización criminal y responsable de agresiones y asesinatos, como el del rapero Pavlos Fyssas (Killah P) en 2013 a manos de un miembro de la organización nazi que sigue libre. La madre de Fyssas tiene que verlo cada vez que hay una sesión del juicio. A ella está dedicado un libro de Dimitris Psarás del que luego entresacaré unos cuantos datos para poner el libro de Mijaíl en contexto.

El libro es una llamada a la acción, a la autodefensa. Piensen que estamos ante una organización nazi (no neonazi), idea que defiende Psarás. Estamos hablando de una organización que tiene pelotones de asalto, que se dedican a apalear a inmigrantes, anarquistas, luchadores de la izquierda en general. Me contaba una amiga el caso de un conocido que se fue de Erasmus a Atenas y que vio cómo los nazis griegos entraban en un colegio mayor para apalear estudiantes. Mijaíl titula uno de las partes de uno de los discursos «¿Qué le vamos a hacer?». «Τι να κάνουμε;», la expresión original, denota tanto resignación como una búsqueda de resolución, de soluciones, y es precisamente en esa parte del discurso donde propone una acción común. La ironía con la que creo que utiliza esta expresión y que he hecho que se refleje en la traducción denota esa dualidad, nos quedamos quietos o reaccionamos.

Savas Mijaíl es un ensayista, filósofo y activista político judío griego. Enfatizo su judaísmo por lo que este representa en la trágica historia de Grecia, relacionada sobre todo con la década de los cuarenta del siglo XX.

Hace un año la revista Mozaika publicó mi traducción de una carta de Roby Varsano, un judío griego superviviente de la Shoah, tesalonicense. Importante este topónimo, por cuanto que en Tesalónica se concentraba la mayor población de judíos griegos. Insisto en esta denominación, porque en Grecia hay mucha gente que piensa que griegos son solo los cristianos ortodoxos, el extremo de cuyo pensamiento es la declaración de Amanecer Dorado sobre el judío dentro de cada cual que, según ellos, hay que exterminar. Hace unos años, el humorista Yimis Panusis cambió la cruz de la bandera griega por la hoz y el martillo. Imagínense las reacciones.

El 90% de los judíos tesalonicenses, de origen sefardita, fue asesinado por los nazis en sus campos de exterminio. Varsano y algunos otros, como los padres del escritor Albertos Nar, pudieron sobrevivir para contarlo y también para ver cómo muchos de sus conciudadanos tesalonicenses, griegos cristianos, habían colaborado con los nazis y se habían enriquecido con ello, llegando incluso a quedarse con sus propiedades y objetos personales, tal y como declaraba, en un histórico discurso de comienzos de 2018, Yannis Butaris, alcalde de Tesalónica; para ver también cómo Max Merten, el oficial nazi encargado de la detención y envío de los judíos de la ciudad a los campos de exterminio, era reconocido durante una impune estancia en la ciudad, después de haber terminado la II Guerra Mundial, detenido, juzgado, condenado y liberado al poco tiempo (Alemania nunca pagó indemnizaciones a Grecia por los sangrientos tres años de invasión nazi y chantajeó al país heleno con retirar inversiones de millones de marcos si seguía adelante con el proceso a Merten). Regresó a Alemania sin que pagara por sus crímenes. Butaris también menciona lo que ocurrió con el gran cementerio judío de la ciudad y la construcción de la Universidad Aristotelio, la más importante de la ciudad:

Se pregunta Butaris, un poco más adelante, cómo se tuvo que haber sentido Buena Serfatí cuando comprobó que el tendero que un día le vendió unos frutos secos utilizó como recipiente una página del ejemplar de la Torá perteneciente a su familia; cuando bien pudo haberse enterado de que el patio de la iglesia de Ayios Dimitrios se construyó con lápidas del cementerio judío de Tesalónica («material sin valor», según el arqueólogo Stilianós Pelekanidis, supervisor de dicha reconstrucción), destruido por los nazis y por griegos cristianos, funcionarios del ayuntamiento; cuando supo que el Hospital Ajepas y la Universidad Aristotelios se construyeron sobre una de las mayores necrópolis de Europa, el antiguo cementerio judío; cuando se enteró de que las lápidas que se dispusieron frente al cuartel general y en las inmediaciones del Teatro Real fueron utilizadas por el ayuntamiento de Tesalónica, en noviembre de 1948, para la construcción de calles y aceras, a pesar de las intensas protestas de la comunidad israelita, lápidas que se habían dispuesto públicamente frente a la Torre Blanca y en el recinto de la Exposición Internacional, incluso hasta diciembre de 1948; cuando vio a una joven griega cristiana, amiga de su familia, llevar con estilo un bolso de plata que era una reliquia familiar; cuando se enteró de que otra joven judía vio una alfombra de su familia en casa de una familia de cristianos; cuando supo que un libro judío, más adelante devuelto al Museo Hebreo, se hallaba en la biblioteca de la Hermandad Benéfica de Hombres de Tesalónica.

Los colaboracionistas griegos durante la invasión nazi del país son la referencia intelectual y política de Amanecer Dorado. Para eso he tenido que escribir una serie de prolijas notas al respecto. Mijaíl escribe para un público lector que conoce todo esto. Aquí apenas hay gente que conozca a Grivas, Tsaús, Papadópulos, a los llamados jites, que son aquellos que conforman el referente ideológico de la organización nazi Amanecer Dorado, aquellos que 18 años después del final de la guerra civil griega (1949) establecieron la Dictadura de los Coroneles.

Me refiero a una organización nazi, no neonazi, tal y como afirma Dimitris Psarás, periodista griego que ha escrito varios libros sobre Amanecer Dorado y sobre su líder, cuyo culto unitario es la razón de ser de todos los miembros de la organización. Desde 1980 el núcleo duro se identifica directamente con el nazismo. El mencionado libro de Psarás, publicado a finales de 2018, se titula El líder: el enigma de Nikos Mijaloliakos. Querría traducir y comentar brevemente algunos fragmentos de este libro, para que se puedan hacer una composición de lugar:

  • Uno de los documentos considerados fundacionales de la organización nazi ostentaba un sello rojo con el emblema que llevaba durante la década de los ochenta, el símbolo rúnico Wolfsangel (gancho de lobo), que llevaba a su vez la cuarta división acorazada de las SS, responsable de las matanzas perpetradas en Klisura y Dístomo, en Grecia, durante la invasión nazi del país heleno (1941-1944). Vid. p. 21.
  • Un poco más adelante, Psarás cita un texto de Mijaloliakos en el que se autodenomina, él por metonimia con respecto a toda la organización, «Εμείς, οι Έλληνες εθνικοσοσιαλιστές της Χρυσής Αυγής» («Nosotros, los griegos nacionalsocialistas de Amanecer Dorado); «Ο εθνικοσοσιαλισής Αρχιγός δεν είναι ο εκλεκτός της ολιγαρχίας του πλούτου ή του κόμματος», («El líder nacionalsocialista no es el elegido de la oligarquía de la riqueza o del partido», algo que entra en contraposición con la cita de Horkheimer: «Pero quien no quiera hablar de capitalismo debería callar también sobre el fascismo», tr. Eduardo Maura) y las afirmaciones de Mijaíl al respecto, que vincula nazismo con la solución final de la crisis, expresión que vincula su ideología con el exterminio del diferente, de los judíos, de los judíos del siglo XXI: inmigrantes, mujeres, grupos étnicos no griegos, religiones no cristianas, etc. Vid. p. 23.
  • Mijaloliakos: «El nacionalsocialismo alemán y la Nueva Europa de los Waffen SS era un mensaje luminoso que, en mi opinión, los griegos tendrían que haber recibido», p. 35. Mijaíl, en la página 23 de su libro, hace referencia a esta adoración de AD por el nazismo.
  • La traducción del alemán al griego juega, según prueba Psarás, un papel fundamental en la absoluta identificación de Amanecer Dorado con el nazismo. Psarás analiza un acta constitutiva de la organización, que muestra a las claras la ideología nazi de Mijaloliakos-Amanecer Dorado (algo que están intentando negar en el juicio que ya dura cinco años, acusando a Psarás de haberse inventado dicho documento). Da varios ejemplos de nomenclaturas utilizadas en la organización nazi griega que emanan directamente, por medio de la traducción, de términos nazis. Verbigracia: Αρχή του Αρχηγού / Führerprinzip; p. 31. Después de salir de la oficina del fiscal, donde negó toda relación con el nazismo, saludó a sus escasos partidarios con la consigna «Ζήτω η νίκη», en alemán «Sieg Heil». p. 35; Λαικός σύνδεσμος-Χρυσή Αυγή, el nombre que desde 1983 adquirió Amanecer Dorado, cuya primera parte es una traducción directa del alemán, Völkischer Bund, p. 37. ALIANZA POPULAR; Αγχιβασίην, Heidegger, p. 37. Vid. Heráclito, b122.
  • En las páginas 44-46, Psarás desgrana cómo Mijaloliakos, como líder supremo, es capaz, según le convenga, de negar toda relación tanto con la página web como con los periódicos de la organización nazi que dirige.
  • En la página 48, Psarás hace notar a los lectores la coincidencia entre el partido nazi (Max Amann) y Amanecer Dorado (Dimitrios Voyatsís) con respecto a la misma persona ostentando dos cargos distintos: responsable económico y encargado de las publicaciones del partido. Prueba, según el periodista griego, de que Amanecer Dorado, una vez más, sigue al pie de la letra la estructura del partido nazi de Hitler.
  • En la página 49, Psarás cita fragmentos de Mi lucha, de Hitler, y los compara con escritos de Mijaloliakos. Coincide el nazi griego con las críticas a las decisiones de la mayoría democrática en contraposición con el individuo que en solitario es capaz de llegar a las más altas cotas de poder (un dictador, en román paladino). Mijaloliakos sitúa también esta crítica a la mayoría en el emblemático año 1821. En la página 50, Mijaloliakos, copia de su disco duro, copia a Hitler en la afirmación de un único líder.
  • En la página 54, Psarás cita un fragmento de un texto encontrado en el disco duro de un ordenador de Uranía Mijaloliaku, hija del líder nazi griego, en el que escribe sobre una Tercera Civilización Griega que impediría la muerte del Helenismo (siendo la primera la Clásica y la segunda la Bizantina), clara referencia al Tercer Reich. Se refiere a su padre, en la página 55, como «Άνδρας Ερχόμενος» («Hombre del Futuro»), que librará a la Nación Griega de todo lo que la atormenta.
  • En las páginas 65-66, hay un texto de Mijaloliakos en el que pretende identificar a Amanecer Dorado con los lobos y Psarás lo relaciona directamente con la querencia de Hitler por dicho animal y por tres de los cuarteles (en Francia, Prusia oriental y Ucrania) que lo incluyen en su nombre.
  • En las páginas 69-70, citado por Psarás, Mijaloliakos habla, en un discurso que dio en 2010 ante una reducida representación de la organización nazi, de «los otros», en Tesalónica, que cogieron trenecitos (risas de los asistentes) para realizar un bello y encantador viaje a un hermoso lugar en el que pasarían sus vacaciones invernales, donde al final disfrutaron de sus experiencias metafísicas. Habla luego de que son luchadores, no bibliotecarios ni ratones de biblioteca, que van en contra de lo que llaman sionismo internacional y que le cortarán la mano a David antes de que pueda tirar la piedra a Goliat.
  • En la página 73, Psarás cita a Mijaloliakos hablando de lo feliz que sería si viviera en el 33 y fuera miembro del partido nazi. Luego declara que son nazis, sí, pero por Grecia, con Grecia por encima de todo.
  • En la página 80, Psarás utiliza un término, «υπάνθρωπος», que Mijaíl cita al principio de su libro y que es el que utilizan los nazis de Amanecer Dorado para referirse a los que no son como ellos: infrahumanas. Se refieren a los judíos (el antisemitismo es, como ya hemos visto anteriormente, un cimiento esencial en su organización), a los extranjeros y a los «grieguitos» («Η λέξη είναι μετάφραση από το λατινικό Graeculus που σημαίνει μικρός Έλληνας και η επινόηση του όρου αποδίδεται στον Κικέρωνα. Κατά τον Κικέρωνα οι Γραικύλοι ήταν μυθομανείς, έπλαθαν ιστορίες που δεν έχουν συμβεί, ανόητοι, ράθυμοι, πολυλογάδες που όλα τα ήξεραν και κόλακες»), con ese término Psarás refiere que se refieren a su vez a los griegos de izquierdas. Mijaíl cita a Trotski: «El antisemitismo es el arte de gobernar» (p. 39). Mijaíl titula uno de los discursos «Los infrahumanos de los inhumanos». En las páginas 32-35 desarrolla la explicación de este desprecio de AD por los que no son como ellos y hace alusión a una declaración de la organización nazi sobre el exterminio de los judíos y del judío dentro de cada cual, es decir, del diferente.
  • Páginas 83-84: dos ejemplos de la absoluta normalización de los símbolos de odio a la que se ha llegado en algunos medios en Grecia. 1) Ilías Kasidiaris, candidato a la alcaldía de Atenas, luce una cruz gamada tatuada en uno de sus brazos, sale en revistas del corazón en las que se habla, comentando dicha foto, de un estilo de vida interesante, y que se comenta al mismo nivel de interés que el cabello de una señora que acompañaba a Kasidiaris en una playa griega. Kasidiaris habla de un símbolo no nazi, sino relacionado con la Grecia antigua, queriendo parecer que ignora el hecho de que el propio Hitler diseñó ese símbolo que lleva tatuado en el brazo. La revista de las juventudes de Amanecer Dorado Αντεπίθεση publicó en 2007 fotografías de este tatuaje junto con las de otros similares, presuntamente griegos antiguos, bajo el epígrafe Tatoo 88. Ese número, en el argot neonazi, significa Heil Hitler (88=HH, siendo la h la octava letra del alfabeto alemán). 2) Una caricatura en la cubierta de una obra pseudocientífica de Ceódoros Kudunas (Liberalismo, el taimado enemigo de los pueblos), una imagen antisemita de un libro nazi para niños, Der Giftpilz (El champiñón venenoso), que servía de adoctrinamiento. El pie de foto reza así: «el Dios del judío es el dinero y en vistas a ganar dinero comete los peores crímenes». El criminal de guerra Julius Streicher, el más fanático propagandista del régimen nazi, fue el editor de dicho libro.
  • Páginas 93-95: la aceptación de la violencia ultraderechista por parte de un sector de la población e incluso por parte de un sector del arco constitucional hace que sean más atrevidos, puesto que tienen ese apoyo, aprovechándose de la existente xenofobia y del febril nacionalismo, mientras que grupos de izquierdas entran en directo conflicto con el estado. Los pelotones de asalto que menciona Mijaíl en la página 40, la cita de Arthur Rosenberg traducida por Jorge Seca.
  • En la página 102, Psarás escribe sobre el terrorismo de ultraderecha después del horario laboral, señalando la absoluta normalidad legal en la que se mueven este grupo nazi en contraposición con grupos terroristas y/o revolucionarios de izquierdas, anarquistas, que suelen vivir en la clandestinidad. Psarás utiliza la expresión “ocupación a tiempo parcial” en el segundo párrafo de la página.

Estos son datos que he traducido tras la lectura de un tercio del libro de Psarás. Es una mina de información que nos lleva, por ejemplo, a las relaciones de Amanecer Dorado con grupos neonazis españoles, italianos y portugueses desde la década de los setenta o la participación de Mijaloliakos y algunos de sus colegas en la matanza de la Escuela Politécnica en 1973, durante unas manifestaciones estudiantiles que supusieron el comienzo del fin de la Dictadura de los Coroneles.

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MARÍA IORDANIDU: LOXANDRA (TRADUCCIÓN DE SELMA ANCIRA)

Uno de los aspectos más interesantes, más ricos, a mi parecer, de la literatura neogriega (hablamos de literatura escrita durante los últimos cien años, sobre todo) es la presencia de autores que no nacieron en Grecia e incluso que apenas la pisaron. La lengua griega moderna tiene algunos de sus representantes literarios más importantes en estos escritores.

Primero que nada, Kavafis. Nacido y muerto en Alejandría, 1863-1933, Egipto, donde hasta hace cinco o seis décadas vivía una comunidad griega numerosa. Kavafis apenas viajó a Grecia. Vivió en Inglaterra y en Estambul o Constantinopla (aquí hay un problema de traducción del que podemos hablar). La profesora Ioanna Viskitsí me habló un día de escritores αγράματοι, es decir, de los que aprendieron el griego en países donde la lengua griega no era ni mucho menos la mayoritaria y desarrollaron una aproximación artística al idioma muy particular. Es el caso del poeta alejandrino o de Nikos Kazantzakis. El primero utiliza varias variedades de la lengua griega: norma purista, griego normativo, así como también citas del griego clásico y helenístico. De ahí que sea tan complejo traducir a Kavafis, aunque el resultado pueda no parecerlo. La poeta griega Myrtiótisa (que nació en Estambul) escribió un testimonio de una visita que le hizo al poeta alejandrino. Una de las cosas que dejó escritas en dicho testimonio es que Kavafis hablaba griego con acento extranjero y, cito literalmente: «Que Dios te proteja si se lo dices». Creo que esa frase resume muy bien la situación de estos escritores: sentirse griegos en un ámbito lingüístico distinto.

En el caso de Kazantzakis, y Selma Ancira conoce muy bien este caso, puesto que ha traducido Zorba el griego y Cristo de nuevo crucificado para Acantilado (la primera traducción directa del griego, en ambos casos), nos encontramos ante un escritor cretense, nacido en dicha isla cuanto estaba, en 1883, bajo dominación turca. Kazantzakis se caracterizó por renovar la lengua griega, por crear una cantidad ingente de neologismos, por inventar el modo en que se escribían algunas palabras según un criterio personalísimo, en una época en que los debates entre los partidarios de la norma purista (el griego más afín al griego bizantino y al clásico, sin turquismos, utilizado incluso por Andreas Embirikos, el introductor del surrealismo y del psicoanálisis en Grecia) y el griego normativo (la lengua popular, con numerosas palabras de origen turco, la que eligió Kazantzakis para desarrollar su obra literaria) llegaban incluso a las manos, en manifestaciones en las que se reclamaba que la Biblia o las obras de Sófocles se tradujesen (porque se traduce del griego antiguo, clásico o neotestamentario al griego moderno) a una u otra variedad.

Yorgos Seferis (1900-1971) y Ioanna Tsatsu (1908-2000) nacieron en Esmirna, entonces una floreciente ciudad donde vivía una comunidad griega que fue casi en su totalidad aniquilada durante los acontecimientos de 1922, la conocida como Catástrofe de Esmirna o Catástrofe de Asia Menor, tras la invasión del ejército griego, que quería reconquistar los territorios que habían sido griegos, bizantinos, hacía más de cuatrocientos años (la conocida como Jonia). Esmirna era conocida por los turcos como Izmir Giaour, «Esmirna la infiel». Seferis, Tsatsu y toda su familia tuvieron que emigrar a Grecia.

Stratís Tsircas (1911-1980) es otro de los grandes escritores griegos nacidos en Alejandría, donde vivió buena parte de su vida hasta que por problemas políticos en Egipto tuvo que emigrar a Grecia durante la década de los cincuenta. Su gran trilogía novelística Ciudades a la deriva (el título proviene de un poema de Yorgos Seferis; edición de Ioanna Nicolaidou, traducida por Vicente Fernández González, Ioanna Nicolaidou, María López Villalba y Leandro García Ramírez, publicada por Cátedra Universal en 2011, para celebrar los cien años del nacimiento de su autor) tiene como protagonista a un grupo de griegos de Alejandría que lucharon en el bando de los aliados en el norte de África durante la II Guerra Mundial y que luego se vieron involucrados en la resistencia griega. Pero Tsircas no quiso escribir sobre la guerra civil griega que transcurrió después porque no la vivió, estaba en Alejandría, aunque sí aparece in absentia.

Y así llegamos a la traducción de Selma Ancira, Loxandra (Acantilado), una novela de María Iordanidu (Constantinopla, 1897 – Atenas, 1989), una escritora constantinopolitana. Importante el gentilicio: griega de Constantinopla, como ha traducido Ancira. No estambulita, aunque la palabra Estambul es de origen griego: στην πόλη, «en/a la ciudad». Los griegos también se refieren a Constantinopla como «La Ciudad», en mayúscula. Y digo que es importante porque nos encontramos con escritores, con personas que se han habituado a vivir en un ambiente plurilingüe, que son bilingües, que se relacionaban (aunque griegos y turcos viviesen en barrios distintos) porque ambos hablaban las dos lenguas (el caso de la hanum de Creta, en el momento en que se encuentran en el barco los turcos acababan de perder su dominio de la isla). Hace unos meses hice de intérprete de Petros Márkaris, el conocidísimo y leidísimo escritor griego de novela griega. Márkaris nació en Estambul, en Constantinopla (él utilizaba la palabra que utilizan los griegos). Me contaba que él se crió en un ambiente bilingüe al que se fueron incorporando otras lenguas: francés, alemán. De hecho, esa expresión que Selma Ancira reproduce tan fielmente en la novela, «Ah papapapá», la utilizó Márkaris un par de veces durante el tiempo en que estuvimos conversando.

La novela de María Iordanidu narra las peripecias vitales de una mujer griega en Constantinopla, Loxandra, y toda su familia, griegos de la Ciudad que se relacionan con armenios, turcos, kurdos, judíos, albaneses, franceses, gente de todas partes que comparten el ambiente de una ciudad cosmopolita, plurilingüe, donde, aun dividiéndose poblaciones por barrios, al final, por cuestiones económicas, alimenticias, se relacionan. Loxandra es bilingüe, se encuentra en su camino vital con guerras, invasiones, con la sempiterna Gran Idea que sueña con que la leyenda de Konstantinos Paleologos (el último emperador bizantino, que una vez resucitado o reaparecido hará que Estambul vuelva a ser Constantinopla) se cumpla. Pero a la vez, lo importante para ella no es la política, el dinero, sino la buena relación con las personas, provengan de donde provengan y crean en el dios que crean. Diversos episodios de la novela dan fe de esto: las hanums en el barco que lleva a Loxandra a Tatavla, donde ayuda a una madre turca a cuidar de su hijo; Tarnanás, el ayudante que tiene en su casa, armenio, al que protegen cuando comienzan las matanzas de armenios en la Ciudad, unos años antes del genocidio de 2015. Su viaje a Atenas, junto con su hija Klío y su nieta Ana, resulta una pequeña decepción: las diferencias culturales, la mala educación (esa fanfarronería de la que habla Myrtiótisa en el testimonio escrito sobre su visita a Kavafis en Alejandría, cuando escribe que el poeta alejandrino jamás podría vivir en Atenas), el recurso de hablar turco para que no los entiendan los de alrededor.

En la página 172 aparece una de las pequeñas historias sobre las andanzas de Nasredín Hodja, un sabio popular de la Capadocia del siglo XIII, turco, cuyas peripecias vitales pertenecen al acervo popular turco, griego, hebreo y armenio. Faruk Tuncay las tradujo al griego y María Skiadaresi les dio forma literaria (se trata de un libro que me envió la traductora E.I. Sakalí y que guardo como un tesoro). Que unos griegos citen a Hodja (aunque en el ámbito hispano es conocido como Nasredín o Nasrudín, en la compilación de Tuncay y Skiadaresi solo una vez aparece nombrado como Nasrudín; todo el mundo lo llamaba, en esas historias traducidas al griego, Hodja: «Χότζα μου») da cuenta de esa convivencia (con algunos momentos más felices que otros, claro está) que llegó a darse entre griegos, turcos, armenios y judíos.

La novela concluye en 1914, ocho años antes de los terribles acontecimientos que relatan dos obras maestras de la literatura griega contemporánea, Tierras de sangre, de Didó Sotiríu (traducción de César Montoliu, Acantilado, 2002) y El número 31328, de Ilías Venezis (traducción de Manuel Gómez Rincón, Universidad de Sevilla, 2006). Quien haya leído estos dos libros desoladores y extraordinarios sentirá el mismo vértigo que sintió quien escribe al concluir la lectura de Loxandra. La invasión de una parte de Turquía por parte del ejército griego, en 1919, en busca de la completitud de lo que los griegos (durante el siglo XIX, justo después de la revolución de 1821) denominaron La Gran Idea (la recuperación de todos los territorios de Asia Menor conquistados por los Otomanos), resultó en una reacción del nuevo estado turco, nacido de las cenizas del Imperio Otomano: la destrucción de Esmirna, donde habían vivido una numerosa comunidad griega durante siglos, y otros enclaves griegos en la península de Anatolia (como Ayvali, donde nació Venezis, y Aydín, donde nació Sotiríu). Tanto Sotiríu (1909-2004) como Venezis (1904-1973) vivieron la Catástrofe de Asia Menor en primera persona. Sotiríu escribió una novela donde relata la tragedia, narrada en primera persona (una primera persona con un cambio extraordinario y fluido en su conformación) y Venezis un testimonio sobre su paso por los campos de concentración turcos tras la Catástrofe, a la que sobrevivió (el primer libro que publicó). Da qué pensar, en el caso del libro de Venezis, que el trayecto que realizaron los griegos que sobrevivieron a la Catástrofe es, en buena parte, el mismo que están realizando ahora mismo los refugiados de la guerra de Siria. La isla de Lesbos significó y significa la salvación.

Iordanidu publicó esta novela en 1962 a la edad de 65 años. Fue su primera incursión en el género.

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ELENI KATSULAKI – EL ENTIERRO DE NIKOS KAZANTZAKIS

ELENI KATSULAKI, FRAGMENTO DE UN ARTÍCULO QUE ESCRIBIÓ PARA LA REVISTA DE LA UNIVERSIDAD PANTEION, ATENAS (2003).
Traducción y nota: Mario Domínguez Parra

CÓMO TUVO LUGAR EL FUNERAL DE KAZANTZAKIS
SEGÚN EL SACERDOTE QUE LO OFICIÓ:

En noviembre de 1957, yo era soldado y sacerdote. Estaba haciendo el servicio militar en Heraclion. Un día antes del funeral de Kazantzakis, el gobernador llamó a todos los militares y dio orden de que nadie saliera del campamento durante el 5 de noviembre. Las autoridades y el ejército temían grandes revueltas, porque había llegado una orden eclesiástica de que no se enterrase a Kazantzakis. Una vez se hubiesen enterado los cretenses, habrían montado un gran revuelo.

Yo, como sacerdote, me sentía muy mal. Sentía una gran culpabilidad. Yo era sacerdote. No soportaba tener semejante injusticia sobre mi conciencia. No podía negar los misterios sagrados a un cristiano bautizado que nunca hizo nada éticamente reprobable ni cometió crimen alguno. Con respecto a sus libros, no soy quién para juzgarlos.

–¿Cómo lo consiguió?
–Me largué a escondidas del campamento el día del funeral. Cogí sin hacer ruido mis hábitos, corrí hacia Martinengo y oficié su entierro.
–¿Sabía la gente que estaba esperando en Martinengo lo que estaba pasando?
–No. Todos creían que la iglesia me había enviado para que oficiara su funeral. Habían visto al obispo Evyenios en San Minas. ¡Nadie sabía lo que estaba ocurriendo entre bastidores!
–¿Fue usted castigado?
–Sí. Fui juzgado por un tribunal militar y pasé seis meses encarcelado.

(Miré fijamente a los ojos, con infinita devoción, a este gran hombre. Le tomé las manos con ternura y las besé con toda sinceridad. ¡Fue la primera y última vez que besé las manos de un clérigo!)

*

Eleni Katsulaki es una periodista, escritora y guionista griega de la diáspora. Nació y creció en el barrio Apokoronu de la Unidad Periférica de la Canea (Janiá, Creta). A una edad muy temprana escribió las novelas Las plantas no florecen en la nieve y Tañedor de lira. Estudió Periodismo en Atenas y colaboró con diversas revistas y periódicos. Cursó estudios de escritura de guiones en Londres; estancia de cuatro años en Irán (donde reunió el material de su novela El comediante ciego) y colaboración con medios escritos de Australia y Estados Unidos. Actualmente vive en Carolina del Norte, EE.UU., donde trabaja como periodista y conferenciante sobre temas de literatura griega –especialmente sobre Nikos Kazantzakis– en universidades y asociaciones del extranjero.

ΠΩΣ ΕΓΙΝΕ Η ΚΗΔΕΙΑ ΤΟΥ ΚΑΖΑΝΤΖΑΚΗ
ΑΠΟ ΤΟΝ ΠΑΠΑ ΠΟΥ ΤΗΝ ΕΚΑΝΕ:

«Τον Νοέμβριο του 1957 ήμουνα στρατιώτης και παπάς και υπηρετούσα τη θητεία μου στο Ηράκλειο. Μια μέρα πριν την κηδεία του Καζαντζάκη, ο διοικητής κάλεσε όλους τους στρατιωτικούς και έδωσε διαταγή να μην βγει κανείς έξω από το στρατόπεδο στις 5 Νοεμβρίου. Οι αρχές και ο στρατός φοβόνταν μεγάλες φασαρίες, γιατί είχε έρθει εκκλησιαστική διαταγή να μην ταφεί ο Καζαντζάκης. Όταν θα το ‘παιρναν χαμπάρι οι Κρητικοί θα έκαναν μεγάλες φασαρίες.
Εγώ σαν παπάς ένιωσα πολύ άσχημα. Η συνείδησή μου με πείραζε πολύ. Ήμουν παπάς. Δεν άντεχα να πάρω στο λαιμό μου τέτοιο άδικο. Δεν μπορούσα να αρνηθώ τα ιερά μυστήρια σ’ ένα βαφτισμένο χριστιανό που δεν έκανε ποτέ κάτι ανήθικο ή εγκληματικό. Όσο αφορά τα βιβλία του δεν είμαι εγώ άξιος να τα κρίνω.
-Πώς τα καταφέρατε;
-Το ‘σκασα κρυφά από το στρατό τη μέρα της κηδείας. Πήρα αθόρυβα τα ράσα μου και έτρεξα στον Μαρτινέγκο και τον έθαψα.
-Ο κόσμος που περίμενε στον Μαρτινέγκο ήξερε τι έγινε;
-Όχι. Όλοι νόμισαν ότι με έστειλε η εκκλησία να τον κηδέψω. Είχαν δει και τον Μητροπολίτη Ευγένιο στον Άγιο Μηνά. Δεν ήξερε κανείς τι γινόταν στα παρασκήνια!
-Τιμωρηθήκατε;
-Ναι. Πέρασα από στρατιωτικό δικαστήριο και μπήκα φυλακή για έξι μήνες.
(Κοίταξα κατάματα τον ανώτατο τούτο άνθρωπο, με απέραντη ευλάβεια. Του ‘πιασα τα χέρια με τρυφεράδα και τα φίλησα με όλη μου την ειλικρίνεια. Ήταν η πρώτη και η τελευταία φορά που φίλησα τα χέρια ενός κληρικού!)»

ΕΛΕΝΗ ΚΑΤΣΟΥΛΑΚΗ από άρθρο της στο περιοδικό του Παντείου (2003)

[Η Ελένη Κατσουλάκη είναι ελληνίδα δημοσιογράφος, συγγραφέας και σεναριογράφος της διασποράς. Γεννήθηκε και μεγάλωσε στην επαρχία Αποκορώνου του Ν. Χανίων. Σε νεαρή ηλικία έγραψε τα μυθιστορήματα: “Τα λουλούδια δεν ανθίζουν στο χιόνι” και “Λυροπαίχτης”. Σπούδασε δημοσιογραφία στην Αθήνα και συνεργάστηκε με ξένα λογοτεχνικά περιοδικά και εφημερίδες. Ακολούθησαν σπουδές σεναρίου στο Λονδίνο, παραμονή της για τέσσερα χρόνια στο Ιράν (όπου συγκέντρωσε το υλικό του μυθιστορήματος “Ο τυφλός θεατρίνος”), και συνεργασία με έντυπα της Αυστραλίας και της Αμερικής. Σήμερα ζει στη Βόρειο Καρολίνα των Η.Π.Α. και εργάζεται ως δημοσιογράφος και ως ομιλήτρια για θέματα ελληνικής λογοτεχνίας -με ειδίκευση στον Νίκο Καζαντζάκη- σε πανεπιστήμια και συλλόγους του εξωτερικού.]

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YORGOS JIMONÁS – EL ENTIERRO DE YORGOS SEFERIS

Traducción y prólogo: Mario Domínguez Parra

El pasado 26 de agosto de 2018, el periódico griego Το Βήμα publicó un artículo de Evripidis Garantudis que incluía un inédito del narrador y traductor griego Yorgos Jimonás (1938-2000). El vídeo que encabeza esta publicación es la declaración (solo el audio) de Yorgos Seferis en contra de la Dictadura de los Coroneles, que el poeta griego hizo en 1969, dos años antes de su muerte. En 1970 se publicó el libro 18 textos (Δεκαωκτό Κείμενα), libro en el que 18 escritores griegos protestaban, utilizando diferentes géneros literarios, contra la mencionada dictadura. Seferis era el mayor de todos, Jimonás el más joven. Traduzco el párrafo que introduce el texto, hasta hace dos días inédito, de Jimonás:

«En 1986, quince años después de la muerte de Yorgos Seferis (1971), Yorgos Jimonás publicó un escrito intitulado “Los tres encuentros”. En él describe sus encuentros con el poeta: a) cuando se conocieron en 1969 y la primera vez que lo visitó en su casa y conversó con él; b) la visita de Seferis con su esposa, Maró, a casa de Jimonás para conocer al hijo recién nacido de éste; y, por último, el momento en que Jimonás entró en la sala de cuidados intensivos donde estaba hospitalizado el poeta, unos pocos días antes de morir. Se conserva un cuarto texto-“encuentro” que Jimonás no publicó nunca y que describe el entierro de Seferis. Lo publico aquí, como una de las muy importantes muestras del archivo, con el permiso de su hijo, Zanasis Jimonás»

***

4.
(Hubo un cuarto [encuentro], al cual no se lo puede llamar encuentro. Fui al entierro cuatro horas antes para encontrar sitio en la iglesia. Vino todo el mundo. La misa terminó y unα violenta aglomeración agitó a la multitud. En una puerta adyacente del templo, vi a Soí Násiutsik (1) inclinarse, venirse abajo. «La van a pisotear», pensé con indiferencia. La multitud llenaba las calles, fluía despacio hacia el cementerio, en silencio. Consignas dispersas (¡Libertad!) estallaban como sollozos. La poesía de Yorgos Seferis, su vida, su muerte, todo lo había recogido aquella multitud innumerable que se movía por medio de oleadas anchas, agitadas, que todo lo enterraban. Nos esparcimos entre las tumbas arrogantes. Como desde dentro de la tierra llegaba el salmo del sacerdote. De repente, un hombre de baja estatura, de mediana edad, pegó un brinco y gritó con fuerza: «¡Democracia! ¡Democracia!». Su rostro, ajado, hinchado, se tambaleaba y gritaba. Sin embargo, nadie recogió su voz, se perdió. La sentí ridícula, me enfadé, me enfurecí. Qué voz, qué detonación, qué murmullo puede alguna vez cubrir, cómo interrumpirá, el incesante murmullo de los muertos, para competir con su interminable silencio).

4
(Υπήρξε και μία τέταρτη [συνάντηση], που δεν μπορείς να την πεις συνάντηση. Πήγα στην κηδεία τέσσερις ώρες νωρίτερα για να βρω θέση μέσα στην εκκλησία. Ηρθε όλος ο κόσμος. Η λειτουργία τελείωσε κι ένας βίαιος συνωστισμός τάραξε το πλήθος. Σε μια πλαϊνή θύρα του ναού είδα την Ζωή Νάσιουτζικ να γέρνει, να καταποντίζεται. «Θα την ποδοπατήσουν» σκέφθηκα αδιάφορα. Το πλήθος γέμισε τους δρόμους, αργά έρρεε προς το νεκροταφείο, με σιωπή. Αραιά συνθήματα Ελευθερία! ξεσπούσαν σαν λυγμοί. Η ποίηση του Γιώργου Σεφέρη, η ζωή του, ο θάνατός του, όλα τα είχε παραλάβει εκείνο το αναρίθμητο πλήθος και πήγαινε με πλατειούς ταραγμένους κυματισμούς όλα να τα παραχώσει. Στο νεκροταφείο φθάσαμε λίγοι, επειδή οι χωροφύλακες έκοψαν την πορεία. Σκορπίσαμε ανάμεσα στους αλαζονικούς τάφους. Σαν μέσα από τη γη ερχόταν ο ψαλμός του ιερέα. Ξαφνικά πετάχθηκε ένας κοντός άνθρωπος, μεσόκοπος, και φώναξε δυνατά Δημοκρατία! Δημοκρατία! Το πρόσωπό του αλλοιωμένο, πρησμένο, παραπατούσε και φώναζε. Ομως κανείς δεν πήρε τη φωνή του, πήγε χαμένη. Την αισθάνθηκα γελοία, θύμωσα, αγρίεψα. Ποια φωνή, ποιος κρότος, ποια βοή μπορεί ποτέ να σκεπάσει, πώς να διακόψει τον ακατάπαυστο ψίθυρο των νεκρών, να παραβγεί με την ατέλειωτη σιωπή τους.)

Nota
(1) Escritora griega. También, traductora del ruso.

Artículo original: http://www.tovima.gr/books-ideas/article/?aid=1017431

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JOSÉ ANÍBAL CAMPOS – LA CASA DE ESCRITORES Y TRADUCTORES DE VENTSPILS

En una casa del siglo XVIII construida en el sobrio y elegante estilo de estas latitudes, en el número 13 de la calle Anna (Annas iela), se encuentra la Casa de Escritores y Traductores de Ventspils, que en 2016 celebró sus diez años de existencia.
Aunque su prioridad, obviamente, es la divulgación de la emergente y –por lo visto— pujante literatura letona, la casa está abierta a colegas de otras latitudes y con otras combinaciones de lenguas, y, en ese sentido, sus organizadoras se esfuerzan por hallar un equilibrio entre los residentes que acuden a Ventspils cada mes para estancias máximas de cuatro semanas.
Resulta, a primera vista, bastante extraño estar en un país cuyo idioma no entiendes ni a retazos. La experiencia de viajar desde el aeropuerto de Riga hasta Ventspils, a unos 185 kilómetros de la capital, es casi el retorno a un estado de ignorancia (o quizá de inocencia, que suena más bonito) que es difícil percibir cuando pasas años moviéndote cómodamente en entornos lingüísticos conocidos. Cada día me convenzo más, sin embargo, de que el encuentro con la verdadera vitalidad de las palabras, la búsqueda de ese sentido más hondo que nos hermana, ha de empezar por el balbuceo, por las formas difusas, y ello requiere un esfuerzo de des-aprendizaje, o si se quiere, un empeño por olvidar y volver a aprender.
En ese sentido, no se puede venir a Ventspils con los conceptos prefabricados que hemos ido adhiriendo a nuestro discurso cotidiano como si fuesen parte integrante de un repertorio de ideas propias y que, en el fondo, son solo las hilachas de un inevitable depósito de idées reçues (para decirlo al modo de Flaubert). No es posible iniciar el trato con un nuevo entorno a partir de «flosqueladas» retóricas que hemos picoteado en la sucia escudilla de pienso con el que nos ceban a diario los criadores de aves de corral de una political correctness inventada para hacernos piar a coro y, de inmediato, enmudecer.
«Nacionalismo», por ejemplo, no es aquí un término peyorativo, como bien pude notar el día 4 de julio, día de mi llegada, en el que todos los edificios públicos y las casas privadas mostraban en sus portales la enseña nacional a media asta. (Ese día Letonia rememora uno de sus tantos holocaustos.) Y es que quien, como escritor, ha de contribuir con su literatura a afianzar una lengua tantas veces vapuleada, reprimida, relegada y hasta prohibida, no ve en una postura nacional una amenaza o un acto ignominioso.
Dos de las cuatro escritoras letonas que comparten esta estancia con nosotros están involucradas en un proyecto literario de eminente carácter «nacional» y por el que cada una muestra un gran entusiasmo: junto a otros de sus colegas, abordarán en novelas individuales una década concreta de la historia de Letonia en sus intermitentes periodos como país independiente. Y yo aprovecho ahora este foro para animar a los colegas que conozcan la lengua letona a interesarse por los resultados de esta colectiva (pero personalísima) work in progress sobre un país del que poco conocemos en España.
Valga decir, además, que, según nos relata Andra Konste (la amable directora de la Casa), existe un pequeño programa del ministerio de Cultura (también principal financista de esta magnífica residencia) destinado a promover el aprendizaje del letón entre traductores y escritores extranjeros.
La Casa cuenta con capacidad para que convivan simultáneamente siete escritores y/o traductores, y la composición multicolor de esa convivencia la garantiza una cuidada planificación por parte de la dirección. Esta estancia la hemos compartido tres colegas de Letonia (todas mujeres), una joven traductora y escritora polaca, una compañera belga, una traductora y periodista italiana, un escritor letón de lengua rusa y un poeta ruso que tiene una vasta obra como traductor de poesía alemana. El centro tiene una particularidad que la distingue de otras casas: el colega invitado puede traer a un acompañante, el cual ha de pagar tarifas de estadía muy moderadas, variables según los días de estancia. (Para planificar bien una estancia compartida, lo mejor será siempre consultarlo antes con la dirección del centro a través del correo indicado en la página web: ventspilshouse@ventspilshouse.lv).
Una pequeña biblioteca en permanente construcción garantiza en cierto modo el acceso a la bibliografía de consulta necesaria. En mi caso, he encontrado un Duden Universalwörterbuch, el diccionario monolingüe de la lengua alemana, que me basta por ahora en la fase de trabajo en la que me encuentro con los dos libros que estoy traduciendo. Abundan los diccionarios del ruso y el letón en diferentes combinaciones idiomáticas, así como los libros de autores y traductores que han pasado por la Casa en estos diez años. La biblioteca en español es exigua, pero eso podría cambiar si, tras la lectura de este artículo, algunos de mis colegas se animan a solicitar una estancia en Ventspils. Buscando en la algo más amplia sección «alemana», encuentro dos joyas bibliográficas sobre traducción: una compilación de las conferencias dictadas en la Gastprofessur für Poetik der Übersetzung de la FU de Berlín hasta el año 2013 y un magnífico libro sobre la evolución de la lengua alemana desde una perspectiva traductoral.
Por razones de espacio, la Casa ha de limitar el número de libros que recibe en donación, pero una de sus actuales prioridades infraestructurales es incorporar al centro el «verticalísimo» edificio neoclasicista colindante con el jardín de la residencia. Según me dicen, fue antes una torre de vigilancia contra incendios (la actual casa de escritores, en su larga historia, ha sido en otras épocas consistorio, biblioteca municipal y cuartel de bomberos), pero su estructura de tres pisos es perfecta para albergar una amplísima biblioteca. De conseguirse tal propósito, la de Ventspils podría empezar a competir con la biblioteca del Colegio de Traductores en Straelen (Alemania), quizá la biblioteca para traductores más completa que haya existido jamás.
Pero aparte de las magníficas condiciones de trabajo, lo más importante de estas residencias sigue siendo el tipo de vínculos que se van estableciendo entre colegas de varias latitudes. Redes que –como bien me dice Andra, la directora—, se tejen en direcciones diversas, con hilos que van enlazándose para formar una red circulatoria que mantiene vivo el organismo de la cultura universal.
En ese sentido, lo mejor de estas casas llega cuando personas de varios credos, naciones, lenguas y posturas vitales se sientan a charlar en torno a una mesa. A veces la timidez de los traductores genera al principio cierta viscosidad en esos fluidos intercambios. Cuando esto ocurre, Andra le conceden un par de días a la timidez de cada cual. Eso sí: pasados dos o tres días se arremanga la blusa, prepara una deliciosa especialidad letona en la cocina común e invita a todos a degustarla. Y es entonces cuando un espíritu de entendimiento pre-babélico supera cualquier barrera de tara personal.

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