GEORGE LE NONCE – POETA DOCTUS

Detalle de la cubierta de su libro Ὁ Ἐμονίδης

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

Poeta doctus

Era de los poetas que leían poemas.

Antaño, en su biblioteca todo estaba clasificado
con un cuidado exasperante:
alineados los libros de poesía
antes que nada, según corriente o escuela
y en cada corriente, según el período histórico
y en cada período, en orden alfabético
y en cada letra, según el sexo;
si alguien pudiera leerle la mente
si alguien consiguiese descifrar
los laberínticos criterios del poeta
podría en pocos segundos ubicar
en los anaqueles de madera de su biblioteca
cualquier poema
de cualquier época.

Pero cuando escribía sus poemas
este primoroso orden le abandonaba,
el método se iba a paseo:
unas veces los versos se borraban de su mente
de repente cuando iba a registrar
las frases que creía que se habían
modelado claramente ante sus ojos
y otras poemas enteros eran escritos
sin su intervención y se preguntaba
si los escribió él o algún espectro
se encarnó imperceptible y completó
su escasa producción poética.

La mente no aguantó
mucho, además, no requiere mucho para errar.

Los libros de poesía se hallaban en el suelo
en caóticos montones, en pilas,
con páginas rasgadas y arrugadas
revolcándose, ensuciándose
entre deshechos
y él igualmente mugriento
leía una página acá un poema acullá
gritaba, ronroneaba
ni siquiera sabía de quién era cada verso,
escribía poemas sobre la enfermedad
austeramente, con rimas,
con metro estricto,
con versos isosilábicos
y con citas
de todos los poetas locos de la historia
malditos, exiliados y atroces.

Más tarde los ojos se le enturbiaban,
le ardía la cabeza
no por la fiebre
sino por los efectos secundarios de un obsoleto electrochoque,
sus miembros se quedaban congelados
como por largas duchas de agua fría supuestamente terapéuticas

Frío insoportable
y el mundo no tenía ritmo.

A pesar de todo esto, escribía.
Incluso con sofocación, escribía.
Con los ojos desorbitados
(como los de un perro que se retira
para evitar el golpe
en cuanto vas a acariciarlo)
escribía. Escribía algunos poemas
inconstantes, de obcecado ritmo.

En cualquier caso, las terapias
y los psicofármacos habían alterado
la química de su cerebro.
Por eso sus poemas ya eran
otros.

Porque se altera y la poesía
no es, por mucho que digan,
un exceso del corazón y del alma,
un bosquejo de la mente es la poesía
y de otro modo son los poemas
de la mente trastocada,
es otro
el poeta.

*

Poeta doctus

Ἦταν ἀπὸ τοὺς ποιητὲς ποὺ διάβαζαν ποιήματα.

Παληὰ στὴ βιβλιοθήκη του ἦσαν ὅλα ταξινομημένα
μὲ προσοχὴ ἐκνευριστική:
παραταγμένες οἱ ποιητικὲς συλλογὲς
πρῶτα πρῶτα κατὰ ρεῦμα ἢ σχολὴ
καὶ μέσα σὲ κάθε ρεῦμα, κατὰ ἱστορικὴ περίοδο
καὶ μέσα σὲ κάθε περίοδο, κατ᾽ ἀλφαβητικὴ σειρὰ
καὶ μέσα σὲ κάθε γράμμα, κατὰ φύλο˙
ἂν μποροῦσε κανεὶς νὰ διαβάσει τὸ μυαλό του,
ἂν κατάφερνε κανεὶς νὰ ἀποκρυπτογραφήσει
τὰ δαιδαλώδη κριτήρια τοῦ ποιητῆ
θὰ μποροῦσε σὲ λίγα δευτερόλεπτα νὰ ἐντοπίσει
στὰ ξύλινα ράφια τῆς βιβλιοθήκης του
ὁποιοδήποτε ποίημα
ὁποιασδήποτε ἐποχῆς.

Ἀλλὰ ὅταν ἔγραφε τὰ ποιήματά του
ἡ περίτεχνη αὐτὴ τάξη τὸν ἐγκατέλειπε,
ἡ μέθοδος πήγαινε περίπατο:
ἄλλοτε σβήνονταν οἱ στίχοι ἀπὸ τὸ νοῦ του
ξαφνικὰ μόλις πήγαινε νὰ καταγράψει
τὶς φράσεις ποὺ ξεκάθαρα νόμιζε
πὼς εἶχαν σχηματισθεῖ μπροστὰ στὰ μάτια του
κι ἄλλοτε γράφονταν ποιήματα ὁλόκληρα
χωρὶς τὴ συμμμετοχή του κι ἀναρωτιόταν
ἂν τἄγραψε αὐτὸς ἢ ἂν κάποιο φάντασμα
ὑλοποιήθηκε ἀνεπαισθήτως καὶ συμπλήρωσε
τὴν πενιχρή του ποιητικὴ παραγωγή.

Δὲν κράτησε πολὺ
δὲν θέλει πολὺ ἄλλωστε γιὰ νὰ γυρίσει ὁ νοῦς.

Οἱ ποιητικὲς συλλογὲς βρέθηκαν στὸ πάτωμα
σὲ ἄτακτες στοῖβες, σὲ σωρούς,
μὲ σελίδες σκισμένες καὶ τσαλακωμένες
μέσα σὲ ἀκαθαρσίες νὰ κυλιοῦνται
νὰ βρωμίζονται
κι αὐτὸς ἐξίσου ρυπαρὸς
διάβαζε μιὰ σελίδα ἀπὸ δῶ ἕνα ποίημα ἀπὸ κεῖ
κραύγαζε, γουργούριζε
δὲν ἤξερε κἂν τίνος ἦταν ὁ κάθε στίχος,
ἔγραφε ποιήματα τῆς ἀρρώστιας
αὐστηρά, μὲ ὁμοιοκαταληξίες,
μὲ μέτρο ἀπαρέγκλιτο,
μὲ στίχους ἰσοσύλλαβους
καὶ μὲ παραθέματα
ὅλων τῶν τρελλῶν ποιητῶν τῶν αἰώνων
τῶν καταραμένων, τῶν ἐξόριστων καὶ ἀποτρόπαιων.

Ὕστερα θόλωσαν τὰ μάτια του,
τὸ κεφάλι του ἔκαιγε
ὄχι ἀπὸ πυρετὸ
ἀλλὰ σὰν ἀπὸ παρενέργειες παρωχημένης ἠλεκτροσπασμοθεραπείας,
τὰ μέλη του ἔμεναν παγωμένα
σὰν ἀπὸ παρατεταμένες θεραπευτικὲς τάχα ψυχρολουσίες.

Ψῦχος ἀφόρητο
καὶ ὁ κόσμος δὲν εἶχε ρυθμό.

Παρ᾽ὅλα αὐτά, ἔγραφε.
Ἀκόμη καὶ σὲ καταστολή, ἔγραφε.
Μὲ τὰ μάτια διάπλατα
(σὰν σκύλου ποὺ ὀπισθοχωρεῖ
γιὰ ν᾽ ἀποφύγει τὸ χτύπημα
μόλις πᾶς νὰ τὸν χαϊδέψεις)
ἔγραφε. Κάτι ποιήματα ἀνερμάτιστα
μὲ ἐπίμονο ρυθμὸ ἔγραφε.

Οἱ θεραπεῖες καὶ τὰ ψυχοφάρμακα
εἶχαν ὁπωσδήποτε διαταράξει
τὴ χημεία τοῦ ἐγκεφάλου του.
Γι᾽αὐτὸ τὰ ποιήματά του ἦσαν πλέον
ἄλλα.

Διότι διαταράσσεται καὶ ἡ ποίηση
δὲν εἶναι, κι ἂς λένε,
τῆς καρδιᾶς καὶ τῆς ψυχῆς περίσσευμα,
τοῦ νοῦ εἶναι ἡ ποίηση σχεδίασμα
κι ἀλλιῶς εἶναι τὰ ποιήματα
τοῦ ἔκρυθμου νοῦ,
ἄλλος εἶναι
ὁ ποιητής.

 

ΝΟΤΑ BIBLIOGRÁFICA

El poeta griego George Le Nonce (Atenas, 1967) es autor de dos libros de poemas: Emonidis (Ὁ Ἐμονίδης, Μικρή Άρκτος, 2013, del que proviene este poema) y Naturaleza muerta (Νεκρή φύση, Bibliotheque, 2016). Este poema forma parte del primer libro, cuyo título, como el autor aclara en una nota, proviene del nombre de un personaje del poema «Témezos, antioqueño, 400 d.C.», de Kavafis.

Su blog, «las jetas de George Le Nonce»: https://georgelenonce.com/

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YANNIS ANTIOJU – SUPLICANTE

SUPLICANTE

Como en un espejo veo la Idea de mí mismo
y me pregunto si es esto un espejo o un sueño profundo

Takis Papatsonis, Lourdes

suplicante del tiempo te extenuaste poeta:
atrayendo el leve gancho plúmbeo de la muerte
contando augurios de centurias que presagian juicios finales
disolviendo la oscuridad con tus lágrimas
alanceando el sol que amanece en el ceño fruncido de Dios

esperas ser liberado poeta
abriendo tus alas hacia los cielos
para asustarte en las constelaciones neblinosas
brillando muerte chillona y destituida
un enjambre de aves tus palabras en las cuencas de Sus ojos

*

ΙΚΕΤΗΣ

Ως εν εσόπτρω βλέπω Ιδέα του εαυτού μου
και διερωτώμαι, είναι έσοπτρο τούτο ή όνειρος βαθύς.

Τ. Κ. Παπατσώνης, Lourdes

ικέτης του χρόνου εξαντλήθηκες ποιητή:

έλκοντας του θανάτου τ’ αβαρή μολύβδινα αγκίστρια
αριθμώντας οιωνούς αιώνων που προμηνύουν συντέλειες
διαλύοντας το γνόφο με τα δάκρυα σου
λογχίζοντας τον ήλιο που ανατέλλει στα σμιχτά φρύδια του Θεού

να λευτερωθείς περιμένεις ποιητή

και τα φτερά σου ανοίγοντας στους ουρανούς
ν’ αλαφιαστείς στους νεφελοειδείς αστερισμούς
λάμποντας θάνατο φανταχτερό κι αποταγμένο
ένα σμάρι πουλιών οι λέξεις σου στις κόγχες των ματιών Του.

 

NOTA BIBLIOGRÁFICA

El poeta y traductor griego Yannis Antioju (Atenas, 1969) es autor de los siguientes poemarios: Piel de vela usada de una noche menor de edad (“Ανήλικης νυκτός παρίστιον δέρμα”, Γαβριηλίδης, 2003), Romeo and Juliet (Δέλεαρ, 2004), En la lengua de él (“Στη γλώσσα του”, Γαβριηλίδης, 2005), Curriculum Vitae (“Μελάνι”, 2006), Inhalaciones (“Εισπνοές”, Ίκαρος, 2009), Exhalaciones (“Εκπνοές”, Ίκαρος, 2014, al que pertenece este poema) y Disolución (“Διάλυσις”, Ίκαρος, 2017).

Sus traducciones son las siguientes: “Γράμματα γενεθλίων” (“Μελάνι”, 2005), traducción de Birthday Letters, de Ted Hughes; poemas de Anna Ajmátova; una antología de poetas estadounidenses suicidas, La musa atroz (“Η θηριώδης μούσα”, Μικρή Άρκτος, 2008), que incluye poemas de Vachel Lindsay, Hart Crane, Sara Teasdale, Sylvia Plath, Randall Jarrell, John Berryman y Ann Sexton; y una biografía de Anna Ajmátova escrita por Wolfgang Hässner.

En otoño de 2017 se publicará su traducción de The Waste Land, de T.S. Eliot.

Su página web se llama “Exploring Poetry” (http://yiannisantiochou.wixsite.com/poetry).

 

 

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KAZANTZAKIS MALACITANO

Las visitas a Málaga, aunque hayan tenido lugar durante un cortísimo espacio de tiempo (menos de veinticuatro horas en las dos ocasiones en las que he ido desde 2014), se están convirtiendo en una magnífica costumbre que espero no se pierda. En esta ocasión me trasladé allí para la tercera presentación de mi traducción de la primera novela de Nikos Kazantzakis, Σπασμένες ψυχές (Almas rotas, Ginger Ape Books&Films, 2016).

La singladura comenzó en la isla de La Palma, donde he estado trabajando desde septiembre del año pasado. Una vez en Tenerife, desde el aeropuerto con nombre de reina greco-española partió el vuelo con destino a Málaga. Hacía un par de años que no viajaba a la península. Durante el trayecto, cosa que se repitió una vez llegado a Málaga, esas demostraciones de masculinidades incomprensibles: un muchacho vestido de pollo y otros alrededor de él, con las expectativas de fiestas y conquistas venideras.

La repetición de esa congregación para la doctrina de las masculinidades no aprehensibles por mi mente tuvo lugar en el autobús (ya no me hallaba en un territorio donde la palabra «guagua» se da por supuesta). Un grupo de muchachos franceses que rodeaban a otro vestido con una mezcla de soldado ruso y surfero con neopreno (la memoria algo me falla en este punto, comprensible también por cuanto que el autobús estaba a reventar y sólo podía ver torsos).

Llegué a la parada de autobuses que está al pie de las murallas antiguas. Tras unos minutos de desconcierto, un señor muy amable, atildado, con un paquete de dulces en la mano, me indicó elegantemente el camino hacia la Plaza de la Merced, cerca de la cual estaban tanto la sede del Centro Andaluz de las Letras, donde iba a tener lugar la presentación como el hotel donde me iba a alojar durante apenas unas horas. En el trayecto hacia el hotel, antes de atravesar el túnel que atraviesa la elevación de terreno donde se encuentran las murallas, me crucé con Josema Yuste, de Martes y Trece (buen augurio).

Una vez en la habitación, me puse en contacto con Vicente Fernández González. Para los que no lo conozcáis, Vicente es director del Máster de Traducción de la Universidad de Málaga, traductor del griego moderno. Ha ganado dos veces el Premio Nacional de Traducción (por sus traducciones Seis noches en la Acrópolis, de Yorgos Seferis, y Verbos para la rosa, de Zanasis Jatsópulos).

La comida, la comida: no se puede venir a Málaga y no hablar de comida. Todavía me acuerdo del restaurante libanés al que fuimos en 2014 Selma Ancira, Juan Manuel Macías, Juan José Tejero, Vicente y yo, cuando nos reunimos para un encuentro de traductores de poesía griega, «Buenos tiempos para la lírica». Me informó Vicente que el restaurante, que estaba en la Plaza de la Merced, había cerrado sus puertas. Una pena, la comida era una delicia.

Vicente me llevó a un lugar de «pescaíto frito». Yo, que soy carnívoro irredento, decidí aceptar porque hay que probar sitios distintos, hay que salir de la zona de confort cárneo de vez en cuando. Fuimos a una tasca que se encontraba en la entrada a una de esas calles estrechísimas del centro de Málaga, de esas en las que puedes casi tocar las paredes de los edificios que la conforman. Siempre que me meto por una de estas calles me acuerdo de la calle Las Palmas, al pie del castillo, en Jaén, donde nació mi madre.

Comimos opíparamente: bolos (parecidos a las ostras u ostiones), pescadillas (cuya presentación en círculo confirmaba el dicho), ensalada de pimientos fritos, sardinas asadas, langostinos también asados (con cristales de sal gorda por lo alto). La conversación con Vicente, como siempre, chispeante. Me habló de un barrio de Atenas, ciudad en la que viví desde 1999 hasta 2001, del que yo no había siquiera escuchado hablar, llamado Mets (ni siquiera el nombre me sonaba). También hablamos de Kostas E. Tsirópulos (1930-2017), poeta, traductor, ensayista, editor, hispanista. Espero que en poco tiempo pueda hablar de un proyecto relacionado con su obra.

Una vez concluida la comida, nos dirigimos al CAL para asistir a la primera de las tres actividades programadas del VIII Encuentro Profesional de Edición y Traducción (organizado por ACE Traductores, la Universidad de Málaga y el Centro Andaluz de las Letras) del que el Máster de Traducción de la Universidad de Málaga es organizador. Un nutrido grupo de estudiantes del máster se dio cita como público.

La primera actividad fue una charla de los dos traductores de la novela La constelación del perro (Blackie Books, 2014), de Peter Heller, que optó a un importante premio de traducción, el Esther Benítez (fue una de las cinco finalistas). Blanca Rodríguez y Marc Jiménez Buzzi dieron una charla de lo más interesante sobre diversos aspectos de su traducción, con ejemplos textuales que otorgaban una dimensión poco común a una charla relacionada con un libro, por cuanto que no se suele hablar de estos aspectos en las presentaciones. Los asistentes pudimos enterarnos de las diversas dificultades a las que se tuvieron que enfrentar (explicadas amena y detalladamente), que no fueron pocas, y cotejar fragmentos del original y de la traducción. Tuvimos además la oportunidad de escuchar a Heller leer fragmentos de su libro en el original inglés.

El siguiente acto fue una mesa redonda que aunaba en la tarima a tres editores: Jacobo Gómez (Miguel Gómez Ediciones), Daniel Álvarez Prendes (Hoja de Lata Editorial) y Antonio Ruiz (Ginger Ape Books&Films), moderada por la traductora Silvia Moreno Parrado. Poco antes de comenzar, tuve el placer de conocer por fin al editor de mi Kazantzakis, Antonio Ruiz, al que por fin pude tutear después de estar tratándole de usted durante varios años por correo electrónico. Es curioso, no sé si se trata de un reflejo de mi trato con escritores griegos (a quienes trato de usted incluso siendo de mi edad o más jóvenes), pero soy incapaz, la mayoría de las veces, de tutear a alguien por correo electrónico si no me da permiso para hacerlo. Los editores hablaron de las dificultades de su oficio, de los comienzos y de sus diversos proyectos. Luego hubo unos animados corrillos con las estudiantes del máster, que pudieron informarse del modo en que se puede hacer llegar proyectos de traducción a los editores.

Y por fin llegamos a la presentación de mi Kazantzakis. Sí, mío, la intimidad entre el cretense y yo llegó a unos límites insospechados, físicos. Los neologismos tienen la culpa, consumieron una cantidad de energía indecente. Pero llegaremos a eso en un ratito. Antes, Vicente me dio una sorpresa agradabilísima. El 25 de abril había publicado un texto en mi blog intitulado «Por qué traduje a James Joyce», que había escrito unos días antes. Vicente, al comienzo de su intervención, leyó algunos fragmentos del texto, recuerdos de mi adolescencia estival en Dublín y cómo dicho período de mi vida condujo, o no, quién sabe, a mi traducción Escritos breves (Ediciones Escalera, 2012), tres textos en prosa del escritor irlandés. Tras pasar treinta años en el recuerdo, la escucha de un poema de Stephen James Smith, «My Ireland» (que conocí gracias al poeta griego Yannis Dukas), durante una tarde en el instituto donde trabajaba (durante mucho rato al borde de las lágrimas mientras iba desgranando todos esos recuerdos que me condujeron, o no, a Joyce), desencadenó ese texto; al comienzo de mi presentación, comenté que quizá pasen otros quince años (hace quince que no voy a Grecia) antes de que sea capaz de escribir algo parecido sobre mi relación con la literatura griega moderna. Pero esa es otra historia.

Siempre que hablo de Kazantzakis y la fortuna de su obra en nuestro idioma me gusta mencionar el hecho de que hace muy poco tiempo que su obra se está traduciendo directamente del griego moderno. Y también me gusta mencionar a los colegas traductores que se han ocupado de ello. Hasta hace diez años, la obra de Kazantzakis había sido traducida, en España, a partir de traducciones francesas (con contadas excepciones). En Latinoamérica está el predecesor de todos nosotros, el helenista chileno Miguel Castillo Didier, que tradujo (entre otras muchas) una de las obras más importantes del cretense, La Odisea (su continuación del poema homérico, estructurada en 33.333 versos de diecisiete sílabas).

Afortunadamente, eso ha cambiado y ya disponemos de rigurosas traducciones directas del griego (Zorba el griego: vida y andanzas de Alexis Zorba, de Selma Ancira; Lirio y serpiente, de Pedro Olalla; El capitán Mijalis, La última tentación e Informe al Greco, de Carmen Vilela Gallego). La predecesora en nuestro país de todas estas traducciones es España y ¡Viva la Muerte!, de la escritora mexicana Guadalupe Flores Liera. Se trata de uno de sus libros de viajes, en esta ocasión a España durante la Guerra Civil. En Argentina se publicó en 2014 una traducción directa del griego, hecha por Marta Silvia Dios Sanz, de una de sus novelas, El pobre de Asís.

La cronología que escribió el traductor Peter Bien (que ha vertido al inglés libros del cretense) me sirvió para dar a conocer aspectos de la azarosa vida de Kazantzakis: su complicada infancia en Creta (cuando nació, en 1883, los turcos todavía dominaban la isla), sus estudios, su compleja relación con la lengua griega, sus estudios en París (fuente de Almas rotas), su pasión por la poesía y el teatro, sus bandazos políticos e ideológicos, sus viajes, sus penalidades durante varias guerras, sus comienzos tardíos en la narrativa (pasaron 38 años entre su primera novela, Almas rotas, y la segunda, Zorba), sus problemas con las autoridades políticas y religiosas griegas, el ingreso de varios de sus libros en el ínclito Index, las peripecias del Nobel no obtenido, el exilio final (once años) y la última peripecia, el entierro clandestino (un sacerdote del ejército griego, aprovechando un toque de queda, lo enterró de manera clandestina, lo cual le supuso unos meses de arresto).

Los neologismos: como he comentado en otras ocasiones, tanto Antonio Ruiz, el editor, como yo llegamos a la conclusión (creo recordar que él, antes que yo, lo verbalizó, aunque se me había pasado por la cabeza) de que era esencial que presentara como anexo un catálogo de neologismos. La necesidad resultó en once páginas de neologismos con las dos palabras que conforman cada uno de ellos, en orden alfabético. El catálogo viene precedido de un breve texto introductorio en el que explico de dónde proviene dicha necesidad: un ensayo del poeta y traductor Bel Atreides en el que mencionaba los neologismos de Agustín García Calvo que reprodujeron los epítetos homéricos en su traducción de la Ilíada, un trujamán que escribí sobre el tratamiento que da Kimon Friar a los neologismos en su traducción al inglés del poema épico kazantzakiano Η Οδύσσεια.

Como no hubo espacio para incluir la referencia en uno de los anexos del libro, me pareció esencial mencionar en mi presentación la génesis del neologismo «Sinsajo», obra de la traductora Pilar Ramírez Tello, como paradigma de la habilidad para introducir en lo inconsciente colectivo una palabra sobre cuyo origen casi ningún lector de Los juegos del hambre, me temo, habrá pensado (ojalá me equivoque, porque el proceso de creación del neologismo es bellísimo y sería una pena que se lo perdiesen).

Hablando de anexos, el otro de mi cosecha fue un fragmento de la Historia de la literatura rusa de Kazantzakis, obra que publicó en 1930, en dos tomos. El motivo de la inclusión fue, más que la evidente conexión entre el título de la novela de Kazantzakis, Almas rotas, y Las almas muertas (la traducción más reciente es de Marta Rebón), de Nikolái Gógol, la similitud entre algunos aspectos de la vida de Gógol y uno de los personajes de la novela de Kazantzakis. El fragmento traducido trata de los últimos años de la vida del escritor ruso.

Otro aspecto que mencioné en la presentación fue el de las conversaciones con Ioanna Viskitsí-Vent (profesora de la Universidad de Atenas, que ha escrito extensiva y exhaustivamente sobre la obra del cretense), Yannis Livadás (poeta, ensayista, traductor) y Yannis Yfantís (poeta) sobre el vocabulario cretense que utilizó Kazantzakis en su novela. Conversaciones en griego, por Facebook, de lo más fructíferas.

Acabé la presentación casi sin voz, debido a un «pasmazo» importante. Una de las personas a la que siempre me alegro mucho de ver cuando voy a Málaga es Ioanna Nicolaidou, traductora y profesora de la Universidad de Málaga. Editó, por mencionar uno de sus trabajos, la trilogía novelística Ciudades a la deriva (Cátedra Universal), del escritor griego Stratís Tsircas (1911-1980). Nicolaidou (que además escribió la introducción), Vicente Fernández González, María López Villalba y Leandro García Ramírez la tradujeron a ocho manos. Además, es editora del volumen Traducir al otro, traducir a Grecia (Miguel Gómez Editores, 2000). Pues bien, Ioanna hizo varios comentarios sobre la presentación, sobre su experiencia como lectora de Kazantzakis y me hizo una pregunta muy pertinente: «¿Crees que tu experiencia como traductor de poesía te pudo venir bien para esta primera traducción novelística tuya, teniendo en cuenta el contenido lírico de la novela de Kazantzakis?». Creo que ese contenido lírico fue un regalo para mí como traductor, como lo es toda la prosa de Kazantzakis que, como he expresado en otras ocasiones, me otorga una felicidad suprema. Puede que esta experiencia con la traducción de poesía me haya preparado para esta primera novela traducida, aunque la casualidad ha querido que este contenido lírico esté en esta primera traducción novelística.

Acabada la presentación, otra vez la comida hizo su irrupción. Nos fuimos de tapas a un restaurante italiano (dos conceptos que hasta ahora no había asociado). Allí, comida y conversaciones deliciosas. Especialmente recuerdo el interés con el que escuché a Marc Jiménez Buzzi hablándome de literatura catalana, de Galdós y de Umbral y las conversaciones con algunos de los compañeros traductores (Silvia Moreno, Juan Pascual) y de los estudiantes del máster.

Me retiré temprano, porque tenía que coger el vuelo de las seis de la mañana del día siguiente, sábado 6 de mayo, día de mi cuadragésimo quinto cumpleaños, sin haber pasado, como en la otra ocasión, siquiera veinte horas en la ciudad de Málaga.

 

 

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POR QUÉ TRADUJE A JAMES JOYCE

En el fondo, creo que traduje a Joyce porque estuve cinco veces, durante mi adolescencia (en julio), en Dublín, en el barrio de Rathfarnham, con la familia Brennan (sí, los propietarios de la fábrica de pan, que no me quisieron al año siguiente porque les rompí un televisor con el agua que se filtró desde el piso superior) y la familia Fitzgerald, Mary y sus cinco hijos (mi madre irlandesa, amabilísima, siempre pendiente de sus hijos, yo incluido; su hija mayor se llamaba Monita, sus hermanos sabían el significado del nombre en español y se reían de ella, pero siempre me pareció un nombre precioso), con el padre siempre ausente; porque anduvimos buscando la casa de los componentes de U2 y al final encontramos la del grandísimo ciclista Stephen Roche; porque allí vi cómo ganaron Pedro Delgado y Miguel Indurain sus primeros Tours de Francia; porque fuimos a un festival donde se rumoreaba que aparecería U2 o Sinéad O’Connor y al final cantaron los grandes, grandísimos, más grandes que los anteriores, The Dubliners; porque allí descubrí a los Hothouse Flowers (y los preciosos nombres irlandeses de algunos de sus componentes: Liam Ó Maonlaí y Fiachna Ó Braonáin); porque fuimos al RDS a ver a The Cure con todos los punkies de Irlanda metidos allí dentro (o esa fue la impresión de un adolescente tinerfeño de diecisiete años), pero con espacio suficiente para ver hasta los pelos de la nariz de Robert Smith (la gloriosa gira del disco “Disintegration”, que todavía conservo); porque íbamos a Dundrum a jugar a los bolos y a comprar discos (todavía conservo el “1987”, de Whitesnake); porque a todos los chicos nos pedían nuestros progenitores que les llevásemos salmón ahumado, porque en Tenerife no había; porque fuimos a Glendalough y hasta los mosquitos eran maravillosos y ahora me doy cuenta de que “lough”, o “loch”, es irlandés y que íbamos a un lago sin saberlo; porque lo único que aprendí a decir en irlandés fue “tá grá agam duit”; porque recuerdo el sándwich del “lunch” y las pequeñas pizzas congeladas (que adoraba) y el hambre que pasaba hasta que llegaba la cena de las 18.00 horas; porque en la tienda Virgin, algo extraterrestre para un adolescente de Tenerife en 1987, compré dos vídeos de Iron Maiden (“Live after Death”) y de AC/DC (“Let there be rock”), mis dos primeros amores musicales; porque recorrimos el Phoenix Park sin rumbo; porque descubrí el McDonald’s y el Kentucky Fried Chicken (y me siguen gustando, soy un hereje gastronómico); porque fuimos a un jardín japonés y me senté sobre una roca que junto a otras formaban un pequeño sendero sobre un arroyo, en la posición de loto (con mi pelo largo y mis ojos alucinados, seguramente por algún efecto fotográfico involuntario); porque todavía odio “Lady in Red”, de Chris de Burgh, bailes lentos de frustración adolescente; porque bebí pintas de cerveza negra con manises dentro (creo que la costumbre era meter uno, pero yo los metía a puñados, me encantan); porque pasé por el Trinity College y nunca entré (sí, qué pasa, en vez del Book of Kells me interesaba el baloncesto, qué le voy a hacer); porque me compraba cada año una dormilona negra como la que llevaba Bono en el disco The Joshua Tree, porque me empecé a dejar el pelo largo por Bono; porque quería comprarme una mandolina y aprender a tocarla; porque recuerdo la parada de guaguas de St Stephen’s Green; porque recuerdo que a un amigo le compraron una entrada para un concierto de U2, de la gira de The Joshua Tree, y los demás nos preguntábamos por qué a nosotros no; porque nos citábamos para el seis de julio del año siguiente con un amigo de Valencia en una cancha de baloncesto en la que pasábamos horas; porque jugábamos a baloncesto contra otros colegios españoles en Dublín como si nos fuera la vida en ello; porque un amigo, Gonzalo, me dijo una vez: “eres muy buena persona, pero cuando juegas a baloncesto te conviertes en un cabrón”; porque en las fiestas de los miércoles bailábamos hasta que, cuando cortaban la música, nos reuníamos los canarios en corro para cantar: “Me gusta la bandera, me gusta la bandera, oh, mamá, bandera tricolor, con siete estrellas verdes, con siete estrellas verdes, oh, mamá bandera tricolor”, y yo me ponía a bailar en medio de todos; porque hicimos amigos irlandeses, James, Eamon, Connor, con los que conocimos aspectos de la Irlanda real; porque nuestro amigo James tuvo que hacerse el borracho en un campo de hierba, cuando estaba con nosotros, porque vinieron a hablarnos unos muchachos que estaban buscándole para pegarle; porque nuestros amigos irlandeses bebían y fumaban como cosacos y luego tenían un fondo físico envidiable cuando jugaban al fútbol con nosotros; porque tuvimos una profesora adorable que tocaba el arpa para nosotros y con la que no siempre fuimos buenos; porque uno de los profesores, jugador de hurling, nos pidió elegir una canción para que nos aprendiéramos la letra en clase y yo elegí “The Sweetest Thing”, de U2, y me dijo que era una canción afeminada (que sigo adorando); porque había hierba por todas partes, porque cada vez que voy a la Biblioteca de Guajara de la ULL me huele a Irlanda, y en esa biblioteca descubrí “Poems and Shorter Writings”, de James Joyce (“Shorter Writings” se convirtió en “Escritos breves”, sin un segundo término de comparación, ya me habría gustado traducir también los poemas); porque unos amigos se fueron a las Aran Islands y me dejaron tirado; porque cogíamos la guagua 48A, porque un cobrador iba sitio por sitio para que pagáramos; porque años más tarde le pedí a mis padres que me compraran “Ulises”, de James Joyce, traducido por José Salas Subirats y porque, después de ochenta páginas de absoluta incomprensión, tuve que dejar de leerla y buscar una cura de comprensión en Rabindranath Tagore (no recuerdo el traductor); porque en 2005 leí, durante muchos meses (con una interrupción de tres días para leer “El código Da Vinci”, porque no se puede hablar de un libro sin leerlo, tras los cuales pude decir que era y es una bazofia), “Ulysses”, libro cuya lectura terminé en 2005, el día que concluyó una enorme tormenta que pasó por Tenerife. Y es por eso, creo yo, entre otras cosas y sin dar más importancia a unas que a otras (y sobre todas ellas el sacrificio que hicieron mis padres para que pudiese ir), por lo que traduje “Escritos breves”, de James Joyce.

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STAVROS STAVRÓPULOS – CUATRO POEMAS

“Acto de desaparición”, libro del que provienen estos poemas

Traducción y nota: Mario Domínguez Parra

AMARILLO ENCENDIDO

Algunas veces
invoco el agua
para que las palabras puedan proseguir

Me esperas
Si bien recuerdo
Pero yo he venido

Nadie va a venir
Más que yo

ΑΝΟΙΧΤΟ ΚΙΤΡΙΝΟ

Καμιά φορά
Επικαλούμαι το νερό
Για να μπορέσουν να συνεχίζουν οι λέξεις

Με περιμένεις
Αν θυμάμαι καλά
Αλλά εγώ έχω έρθει

Κανείς δεν γίνεται να έρθει
Περισσότερο από μένα

VELAS

Ni una gota pascual
llovió el cielo hoy
Faltaron otra vez los murciélagos

Y las velas de tus ojos

se habían apagado

ΚΕΡΙΑ

Ούτε μια αναστάσιμη σταγόνα
Δεν έβρεξε ο ουρανός σήμερα
Έλειπαν πάλι οι νυχτερίδες

Και τα κεριά απ’ τα μάτια σου

Είχαν σβήσει

ALGUNAS VECES CREO QUE EN TI CONFÍO

Escribo entre mis páginas
Hace frío
Tu lago se ha congelado

Soy un lento malentendido
Soy celeste fósil
Soy monasterio primavera

No recuerdo cómo soy

Pero en ti confío

ΜΕΡΙΚΕΣ ΦΟΡΕΣ ΝΟΜΙΖΩ ΠΩΣ ΣΕ ΕΛΠΙΖΩ

Γράφω ανάμεσα στις σελίδες μου
Κάνει κρύο
Η λίμνη σου έχει παγώσει

Είμαι μια αργή παρεξήγηση
Είμαι γαλάζιο ορυκτό
Είμαι μονή άνοιξη

Δεν θυμάμαι πώς είμαι

Αλλά σε ελπίζω

DESEO FICHADO

Todos los poemas que escribía sobre tu cuerpo
Los borró la lluvia una noche

Llórame para desprenderme
No aguanto más aquí
Dentro del dolor
De este mar insaciable
Que tiene sed de piel

Se supone
Que no deberías morir nunca

Se supone
Que me quedé para recordar

ΣΕΣΗΜΑΣΜΕΝΟΣ ΠΟΘΟΣ

Όλα τα ποιήματα που έγραφα στο σώμα σου
Τα έσβησε μια νύχτα η βροχή

Δάκρυσέ με να βγω
Δεν αντέχω άλλο εδώ
Μέσα στην οδύνη
Αυτής ης αχόρταγης θάλασσας
Που διψάει για δέρμα

Υποτίθεται
Ότι δεν έπρεπε να πεθάνεις ποτέ

Υποτίθεται
Ότι έμεινα να θυμάμαι

 

Nota bibliográfica

El poeta y narrador griego Stavros Stavrópulos es autor de los siguientes libros:

Me descuartizo (ΔΙΑΜΕΛΙΖΟΜΑΙ, Εκδόσεις Βασδέκης, 1983).

El rock que interpretan tus ojos: una historia a todo volumen (ΤΟ ΡΟΚ ΠΟΥ ΠΑΙΖΟΥΝ ΤΑ ΜΑΤΙΑ ΣΟΥ, Μια ιστορία στη διαπασών, Απόπειρα, 2002).

Luz de mujer, libro coescrito con Manolis Tsantakis (ΦΩΣ ΓΥΝΑΙΚΑΣ, Εκδόσεις Αστάρτη [μαζί με τον Μανόλη Τσαντάκη], 2004)

Para todo el rock que aguantes todavía: un cuento musical para adultos (ΓΙΑ ΟΣΟ ΡΟΚ ΑΝΤΕΧΕΙΣ ΑΚΟΜΑ, Ένα μουσικό παραμύθι για μεγάλους, Απόπειρα, 2005).

Los otros que soy (ΟΙ ΑΛΛΟΙ ΠΟΥ ΕΙΜΑΙ, Εκδόσεις Μεταίχμιο, 2007).

En qué se convierten las palabras cuando crecen: historias del pasado y del futuro (ΤΙ ΓΙΝΟΝΤΑΙ ΟΙ ΛΕΞΕΙΣ ΟΤΑΝ ΜΕΓΑΛΩΝΟΥΝ, Ιστορίες από το παρελθόν και το μέλλον, Εκδόσεις Ελληνικά Γράμματα, 2008)

Unplugged, 5 entrevistas + 1 + 1, edición no venal (UNPLUGGED, 5 Συνεντεύξεις + 1 + 1, Εκδόσεις Ελληνικά Γράμματα [εκτός εμπορίου], 2009).

Dos lugares silencio, un lugar palabras (ΔΥΟ ΜΕΡΗ ΣΙΩΠΗ, ΕΝΑ ΜΕΡΟΣ ΛΕΞΕΙΣ, Εκδόσεις Μεταίχμιο, 2009).

El amor nos hará pedazos, 112 esbozos de una novela (Ο ΕΡΩΤΑΣ ΘΑ ΜΑΣ ΚΑΝΕΙ ΚΟΜΜΑΤΙΑ, 112 σχέδια για ένα μυθιστόρημα, Απόπειρα, 2010).

Más de noche no puede ser (ΠΙΟ ΝΥΧΤΑ ΔΕΝ ΓΙΝΕΤΑΙ, Σημειώσεις για το τέλος του ανθρώπινου μύθου, Εκδόσεις Οξύ, 2011).

Después (ΜΕΤΑ, Απόπειρα, 2012).

Rojo ahumado: un rela-mi-to* sobre lugares (ΚΑΠΝΙΣΜΕΝΟ ΚΟΚΚΙΝΟ, Ένα μυθ-ιστόρημα σημείων, Εκδόσεις Σμίλη, 2013).

Totalmente solos y juntos: cartas a un mundo oculto (ΟΛΟΜΟΝΑΧΟΙ ΜΑΖΙ, Γράμματα σε έναν αφανέρωτο κόσμο, Εκδόσεις Σμίλη, 2014).

Negro resistente, díptico, edición no venal (ΑΝΘΕΚΤΙΚΟ ΜΑΥΡΟ, Εκδόσεις Σμίλη [δίπτυχο, εκτός εμπορίου], 2014)

El hombre se rompió (Ο ΑΝΘΡΩΠΟΣ ΕΣΠΑΣΕ, Εκδόσεις Γαβριηλίδης, 2015).

Según mi conciencia (ΚΑΤΑ ΤΟΝ ΔΑΙΜΟΝΑ ΕΑΥΤΟΥ, Εκδόσεις Σμίλη, 2015).

Ejercicios de estilo, coescrito con María Jroniari (ΑΣΚΗΣΕΙΣ ΥΦΟΥΣ, Εκδόσεις Βιβλιόραμα [μαζί με τη Μαρία Χρονιάρη], 2015).

Epílogo, díptico, edición no venal (ΕΠΙΛΟΓΟΣ, Εκδόσεις Σμίλη [δίπτυχο, εκτός εμπορίου], 2015).

Buenas noches, pequeño príncipe, plaqueta, edición no venal (ΚΑΛΗΝΥΧΤΑ, ΜΙΚΡΕ ΠΡΙΓΚΙΠΑ, Εκδόσεις Σμίλη [πλακέτα, εκτός εμπορίου], 2016)

Acto de desaparición: 4 estaciones de un otoño (ΠΡΑΞΗ ΕΞΑΦΑΝΙΣΗΣ, 4 εποχές ενός φθινοπώρου, Εκδόσεις Σμίλη, 2016), al que pertenecen estos poemas.

 

*En otra parte me referí al título de un libro de Yorgos Seferis, Μυθιστόρημα, complicadísimo de traducir al castellano. Significa «novela», pero aloja en su interior las palabras «mito», «historia» y «narración». En castellano se suele dejar la transliteración en caracteres latinos, Mithistórima (en traducción de Ramón Irigoyen). Preferí en su momento intentar una traducción, aceptando de antemano la derrota.

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ALÓI SIDERI – POEMA

Su libro "Hasta la muerte", del que proviene este poema. Fotografía de George Le Nonce.

Su libro “Hasta la muerte”, del que proviene este poema. Fotografía de George Le Nonce.

somos los caídos
en el periplo – en planchazos
en planetas deshabitados sin memoria
del paraíso
los primeros hombres los ancestrales los últimos los inmaculados
traigo su sollozo, su lamento, su congoja
nuestra irrevocable separación – mi segura
muerte

είμαστε έκπτωτοι
σε περιπλάνηση – σε πλάνη
σε πλανήτες ακατοίκητους χωρίς ανάμνηση
του παραδείσου
οι πρωτόπλαστοι οι προπατορικοί οι τελευταίοι οι αναμάρτητοι
φέρω το λυγμό σου, τον οδυρμό σου, το σπαραγμό σου
τον αμετάκλητο χωρισμό μας – το βέβαιο
θανατό μου

La poeta, traductora y ensayista griega Alói Sideri (1929-2004) nació en Lixuri (isla de Cefalonia, Grecia). Tradujo al griego obras de Jonathan Swift, Walter Scott y Casanova, entre muchos otros. Se ocupó de la traducción al griego moderno de autores bizantinos, como Ana Comneno, Procopio y Mijalis Pselos; también tradujo al griego moderno a clásicos como Homero, Heródoto, Aristóteles, Jenofonte, Hipócrates, Luciano, Heliodoro…

Es autora además de cinco libros de poemas, de un libro de relatos, de estudios filológicos, de un tratado de historia en dos tomos y de diversas crónicas.

Muy agradecido al poeta George Le Nonce (por colgar en Facebook el poema manuscrito, que se publicó de esa manera, según me informó) y a Dimitrios Fakinos (que transcribió el poema, porque me costaba mucho entender la letra de la poeta).

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ENTREVISTA A FRITZ SENN (DIRECTOR DE LA ZÜRICH JAMES JOYCE FOUNDATION)

“Tiendo a llamar a Joyce ‘sinfórico’”

El traductor y ensayista José Aníbal Campos se encontraba en Zürich, en junio de 2012, cuando me escribió sobre la presentación de una nueva traducción al alemán de la novela de James Joyce A Portrait of the Artist as a Young Man, en la Zürich James Joyce Foundation. Me pidió que le enviara un ejemplar de mi traducción/edición crítica bilingüe Escritos breves, de Joyce (Madrid, Ediciones Escalera, 2012), para entregárselo personalmente, aprovechando la ocasión, a Fritz Senn (Basilea, 1928), director de dicha fundación y prestigioso investigador suizo de la obra del escritor irlandés. Algunos de sus libros: Joyce’s Dislocutions: Essays on Reading as Translation (ed. John Paul Riquelme, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1984), Inductive Scrutinies: Focus on Joyce (ed. Christine O’Neill, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1995) y el libro de entrevistas Joycean Murmoirs: Fritz Senn on James Joyce (ed. Christine O’Neill, Dublin, The Lilliput Press, 2007). Campos sugirió que le escribiera y que le entrevistara. Lo que leerán a continuación es mi traducción de la entrevista original en inglés. Querría expresar aquí mi profundo agradecimiento tanto a Campos como a Senn.

Mario Domínguez Parra

Señor Senn, usted es un distinguido investigador de la obra de Joyce y miembro del comité que dirige (durante algún tiempo fue usted su presidente también) la Joyce Foundation (http://www.joycefoundation.ch/), situada en Zürich, la ciudad en la que el escritor irlandés vivió un tiempo y donde falleció. ¿Podría usted ofrecernos algunos comentarios generales sobre las actividades de esta fundación?

Es una buena oportunidad para dar cuenta de una posible confusión: tenemos la Zürich James Joyce Foundation, a cargo de la cual estoy yo, y que sólo suena de manera similar a la International James Joyce Foundation (que tiene un presidente y de la cual lo fui yo hace muchos años, pero esto no conllevaba responsabilidad alguna). La Fundación Internacional organiza nuestros “James Joyce Symposia” (“Simposios James Joyce”) bienales, el último (el vigesimotercero) en Dublín, este año. La de Zürich, como su propio nombre indica, es local y tiene una sede y una biblioteca.

Antes de concederme esta entrevista, usted me escribió sobre un “Annual Workshop” (“Taller Anual”) que tendría lugar entre el 5 y el 11 de agosto de 2012. ¿Estos “Talleres Anuales” tienen algo que ver con discusiones sobre ciertos aspectos de la obra de Joyce a través de actividades prácticas (debates, escritura de ensayos u otro tipo de textos)? ¿Y quiénes pueden formar parte de ellos?

Considero que nuestros talleres son un antídoto contra los congresos de mayor envergadura, que consisten en una serie de conferencias o paneles y que tienen lugar a gran escala. Cada año nos concentramos en un tema concreto (siempre a principios de agosto) y lo abordamos teniendo en cuenta muchos aspectos diferentes. Así que hemos tratado temas como la Música, Joyce Performativo, la Puntuación, el Kitsch, el Error, además de ciertos capítulos de Ulises y de Finnegans Wake, y mucho más. Sobre todo, favorecemos las presentaciones libres y abiertas –no “ponencias” sensu stricto, sino intensas discusiones– y también permitimos sesiones ad hoc. Al mismo tiempo, los participantes tendrán que ingeniar algo nuevo. El tema del año que viene bien podría ser “Los periódicos” (la imprenta, los medios, la publicidad,…). Básicamente, cualquiera con una contribución digna es bienvenido, pero sólo hay sitio para veinte personas, y no hay espacio para un público.

Una de las numerosas actividades que considero muy interesantes es la de los grupos de lectura de la obra de Joyce. Tienen ustedes un día y una hora concretos para ellos. ¿Cómo y quiénes eligen los fragmentos de una obra de Joyce que van a leer y sobre los que van a discutir?

Nuestros grupos de lectura (en este momento, dos se ocupan de Ulises y uno de Finnegans Wake) han evolucionado gradualmente. Tales encuentros deben tener lugar con un horario regular, en nuestro caso los martes y los jueves. Ahora leemos estas obras de principio a fin, es decir, muy lentamente. Para finalizar Ulises son necesarios unos tres años, para Finnegans Wake algo más de diez. Avanzamos palabra por palabra, con comentario y discusión. Normalmente yo me sitúo como moderador. Es, básicamente, una forma antigua, medieval, de lectura en común. En Finnegans Wake con frecuencia lleva a la adivinación erudita (y a veces tonta), pero saca el aspecto “Vacilón”.

Me gustaría preguntarle sobre diversos aspectos relacionados con algunos libros de Joyce. Por ejemplo: muchos lectores se sienten algo abrumados por la fama que acarrea Ulises de libro difícil. ¿Cómo les animaría usted a empezar y disfrutar su lectura?

No tiene sentido, por supuesto, decir “No tengan miedo”. Puede que sea mejor animar a la gente a que sólo lo lea. En grupos, podemos compartir percepciones y conocimientos, y los grupos tienden a adquirir también una función social. Mi consejo global es: si no entienden algo (una experiencia común, también en la vida) simplemente no detengan todo el proceso, continúen. Es divertido (y un instinto elemental) explorar, aventurarse en lo Desconocido. Por supuesto, utilicen primero el cerebro y la memoria antes de recurrir a ayudas o anotaciones. Intenten avanzar desde lo que consideren que dominan hacia lo que todavía parece oscuro. La mejor herramienta: un diccionario exhaustivo. Se necesita concentración; ojos y oídos para lo trivial, los detalles, las menudencias. Los textos entonces comienzan a abrirse y a hacerse dinámicos—y cada vez más divertidos. No estoy a favor de imponer visiones o requisitos particulares, más bien es un asunto de estrategia individual. Lo mejor sería grupos mezclados de diferente origen, con algunos nativos irlandeses, si es posible.

Estoy muy interesado en la relación de Joyce con la cultura judía. Henry Roth utiliza en su novela From Bondage (London, Phoenix, 1994) el término “Hybrew” (“hybrid” y “Hebrew”, es decir, “híbrido” y “hebreo”: “híbreo”) referido a Leopold Bloom (en la página 70). En su ensayo sobre el episodio de Ulises “Nausicaa” (que tituló de la misma manera), usted escribió esto: “En su carta, Joyce entonces aduce el simbolismo que es fundamental en la mayoría de sus escritos, y en particular en ‘Nausicaa’ y en ‘Bueyes del sol’: ‘Jesus Christ a pris son corps humain: dans le ventre d’une femme juive’ (‘Jesucristo tomó su forma humana: en el vientre de una mujer judía’). Al menos, Molly se convertirá en medio-judía’ (vid. James Joyce’s Ulysses: Critical Essays, ed. Clive Hart and David Hayman, Berkeley and Los Angeles, University of California Press, 1977, p. 288). Citaba usted un fragmento de una carta que Joyce escribió a Martha Fleischmann. ¿Podría hablarnos un poco más de este simbolismo sobre el que usted escribió?

Es extraño, nunca me he involucrado en lecturas simbólicas. Desde luego, todo se ve sobrepasado, todo representa también algo más. Tiendo a llamar a Joyce “sinfórico”: junta cosas, Bloom también es Odiseo, hay revestimientos semánticos, ambigüedades, varios pájaros de un tiro, etcétera. Los ecos están por todas partes y omitimos la mayoría de ellos en la naturaleza de las cosas. Para mí, siempre queda alguna incertidumbre, algo todavía no descubierto. Esto nos hace continuar avanzando. El judaísmo de Bloom es intrincado y también un problema de definición. Con respecto a la carta que cita usted: Joyce, en su encaprichamiento (serio o fingido) quería convertir a Martha en judía, pero yo no descifro la psicología de todo ello.

Hay, corríjame si me equivoco, cuatro diferentes textos de Ulises: la primera edición de 1922, que editó Sylvia Beach para Shakespeare and Company; la edición de 1960 de Random House/Bodley Head; la edición de 1984 de Penguin, a cargo de Hans-Walter Gabler; y la edición de 1993 de Oxford University Press, a cargo de Jeri Johnson que, según un investigador de la obra de Joyce como Anthony Burgess, es la más cercana a la original de 1922. ¿Qué versión de Ulises considera usted la más cercana al libro que Joyce concibió, si hoy en día es posible afirmar tal cosa?

Ahora mismo, con los derechos de autor ya fuera de circulación, hay incluso más ediciones, incluyendo una “Remasterizada” (que facilita la lectura al poder desguazar el texto en pedazos manejables). Nunca estableceremos un texto que sea absolutamente fidedigno. Para los investigadores serios, la edición de Gabler del Ulises es de la que se cita normalmente, con su propio sistema de referencias. Si lees Ulises por ti mismo, la edición particular no es decisiva. Una vez que te conviertas en un experto o en un adicto, todavía puedes pasarte a la de Gabler.

William Empson, en su ensayo “The Ultimate Novel” (incluido en su libro Using Biography, London, Chatto & Windus, 1984), escribió sobre el desarrollo narrativo del triángulo Molly/Leopold/Stephen (lo que Empson denominó “La Oferta de Bloom”) que Joyce no pudo llegar a completar a causa de las acciones legales contra Ulises (para evitar las cuales tuvo que reescribir algunos capítulos en 1920), porque estaba cansado de resultar escandaloso y debido también al trabajo de escritura de Work in Progress (Finnegans Wake). ¿Cree usted que éste es en parte el problema para conseguir la versión definitiva, el hecho de que Joyce tuviera tantas dificultades para escribir, reescribir (a veces no recuperaba los originales que enviaba a revistas y amigos) y finalmente publicar el libro como él quería?

No creo que Ulises no esté terminado—lo que no quiere decir que el cuarenta cumpleaños de Joyce (cuando Ulises fue publicado en París, en 1922) no pusiera un punto y final a lo que bien pudo haberse convertido en un proceso en marcha (en pequeños aspectos). (Finnegans Wake fue comenzado después de Ulises). Las cosas se torcieron en un proceso extendido y complejo y, con frecuencia, chapucero; pero creo que ambas obras mayores están terminadas, a pesar de errores y defectos de transmisión. Danis Rose publicó recientemente una edición de Finnegans Wake que trata de rectificar lo que, en su opinión, fue mal.

Sobre Finnegans Wake: he llegado a la página 232 de la edición original y, aunque he comprendido poquísimo, hay algo extremadamente poderoso en él que me anima a seguir leyendo. ¿Cómo se podría describir la dificultad de Finnegans Wake?

Sigue siendo difícil y parcialmente oscuro. A este respecto, tengo que admitir que me he retirado de él, a causa de lo que llamo desesperación semántica. Le dediqué mucho tiempo de documentación durante los primeros años, pero no el suficiente para que me otorgase la clase de control que yo, filólogo de formación, necesitaría para mi comodidad. Disfruto leyéndolo, con sus experiencias únicas (aunque también con sus incisivas frustraciones), está lleno de animación, de vitalidad y, por supuesto, de humor. Pero ya no me planteo como investigador cuestiones sobre algo que, simplemente, no entiendo como siento que debería.

Celia y Louis Zukofsky tradujeron al inglés los poemas de Catulo. En algunos casos, “tradujeron” el sonido de las palabras originales latinas, reproducido con palabras inglesas, dejando el significado a un lado (vid. Guy Davenport: “Zukofsky’s English Catullus”, en Louis Zukofsky: Man and Poet, ed. Carroll F. Terrell, Maine, National Poetry Foundation, 1979). ¿Cómo alguien puede traducir la lengua “joycesa” de Finnegans Wake, con sólo un hablante en el mundo? ¿Es sólo cuestión de dar más importancia al sonido que al significado correcto?

Las traducciones—siempre fascinantes. En Joyce, todo, los viejos problemas, las cuestiones, se magnifican, así que siempre se hacen obvios. Naturalmente, traducir Literatura siempre limita con lo imposible, y sin embargo tiene que hacerse. La paradoja es que son, deben ser, poco fidedignas, pero las necesitamos. Ulises es bastante difícil y cualquier traducción que haya de él será menos dinámica, menos imbricada, con muchos menos efectos sonoros y vibraciones, también inevitablemente aplanados. Esto es tan palpable en el Wake que no se necesita más elaboración. Por otra parte, esto es lo que hace que traducir sea más sencillo, sólo en un aspecto: debes hacer algo que, a su modo, sea centelleante, con revestimientos de significado, de ambigüedades. Pero los criterios normales ya no pueden aplicarse. Así que por necesidad hay más libertad creativa. Las traducciones pueden utilizarse para ver lo que el original hace; hacia dónde continúan “de forma errónea”, en una dirección distinta: esto muestra algo en el original. Agudizan la observación.

¿Cree que habrá más sorpresas relacionadas con el catálogo de Joyce como, por ejemplo, el reciente descubrimiento de su cuento para niños The Cats from Copenhagen (Dublin, Ithys Press, 2012)?

No creo que surja mucho más aún, pero nunca se sabe. Los llamados “Cats from Copenhagen” no son nada nuevo. Hemos tenido la carta en la Fundación durante muchos años hasta que alguien lo copió y lo publicó sin autorización o incluso sin nuestro conocimiento. La carta NO es un cuento para niños, es una carta posterior a la que se convirtió en The Cat & the Devil, y éste es de hecho un relato plenamente desarrollado. Lo peor de este triste asunto es que ataca la base de toda nuestra colaboración intelectual, es decir, la confianza. La situación de los derechos de autor con respecto al material inédito de Joyce está legalmente en una zona gris, así que no tenemos directrices sólidas.

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