MARÍA IORDANIDU: LOXANDRA (TRADUCCIÓN DE SELMA ANCIRA)

Uno de los aspectos más interesantes, más ricos, a mi parecer, de la literatura neogriega (hablamos de literatura escrita durante los últimos cien años, sobre todo) es la presencia de autores que no nacieron en Grecia e incluso que apenas la pisaron. La lengua griega moderna tiene algunos de sus representantes literarios más importantes en estos escritores.

Primero que nada, Kavafis. Nacido y muerto en Alejandría, 1863-1933, Egipto, donde hasta hace cinco o seis décadas vivía una comunidad griega numerosa. Kavafis apenas viajó a Grecia. Vivió en Inglaterra y en Estambul o Constantinopla (aquí hay un problema de traducción del que podemos hablar). La profesora Ioanna Viskitsí me habló un día de escritores αγράματοι, es decir, de los que aprendieron el griego en países donde la lengua griega no era ni mucho menos la mayoritaria y desarrollaron una aproximación artística al idioma muy particular. Es el caso del poeta alejandrino o de Nikos Kazantzakis. El primero utiliza varias variedades de la lengua griega: norma purista, griego normativo, así como también citas del griego clásico y helenístico. De ahí que sea tan complejo traducir a Kavafis, aunque el resultado pueda no parecerlo. La poeta griega Myrtiótisa (que nació en Estambul) escribió un testimonio de una visita que le hizo al poeta alejandrino. Una de las cosas que dejó escritas en dicho testimonio es que Kavafis hablaba griego con acento extranjero y, cito literalmente: «Que Dios te proteja si se lo dices». Creo que esa frase resume muy bien la situación de estos escritores: sentirse griegos en un ámbito lingüístico distinto.

En el caso de Kazantzakis, y Selma Ancira conoce muy bien este caso, puesto que ha traducido Zorba el griego y Cristo de nuevo crucificado para Acantilado (la primera traducción directa del griego, en ambos casos), nos encontramos ante un escritor cretense, nacido en dicha isla cuanto estaba, en 1883, bajo dominación turca. Kazantzakis se caracterizó por renovar la lengua griega, por crear una cantidad ingente de neologismos, por inventar el modo en que se escribían algunas palabras según un criterio personalísimo, en una época en que los debates entre los partidarios de la norma purista (el griego más afín al griego bizantino y al clásico, sin turquismos, utilizado incluso por Andreas Embirikos, el introductor del surrealismo y del psicoanálisis en Grecia) y el griego normativo (la lengua popular, con numerosas palabras de origen turco, la que eligió Kazantzakis para desarrollar su obra literaria) llegaban incluso a las manos, en manifestaciones en las que se reclamaba que la Biblia o las obras de Sófocles se tradujesen (porque se traduce del griego antiguo, clásico o neotestamentario al griego moderno) a una u otra variedad.

Yorgos Seferis (1900-1971) y Ioanna Tsatsu (1908-2000) nacieron en Esmirna, entonces una floreciente ciudad donde vivía una comunidad griega que fue casi en su totalidad aniquilada durante los acontecimientos de 1922, la conocida como Catástrofe de Esmirna o Catástrofe de Asia Menor, tras la invasión del ejército griego, que quería reconquistar los territorios que habían sido griegos, bizantinos, hacía más de cuatrocientos años (la conocida como Jonia). Esmirna era conocida por los turcos como Izmir Giaour, «Esmirna la infiel». Seferis, Tsatsu y toda su familia tuvieron que emigrar a Grecia.

Stratís Tsircas (1911-1980) es otro de los grandes escritores griegos nacidos en Alejandría, donde vivió buena parte de su vida hasta que por problemas políticos en Egipto tuvo que emigrar a Grecia durante la década de los cincuenta. Su gran trilogía novelística Ciudades a la deriva (el título proviene de un poema de Yorgos Seferis; edición de Ioanna Nicolaidou, traducida por Vicente Fernández González, Ioanna Nicolaidou, María López Villalba y Leandro García Ramírez, publicada por Cátedra Universal en 2011, para celebrar los cien años del nacimiento de su autor) tiene como protagonista a un grupo de griegos de Alejandría que lucharon en el bando de los aliados en el norte de África durante la II Guerra Mundial y que luego se vieron involucrados en la resistencia griega. Pero Tsircas no quiso escribir sobre la guerra civil griega que transcurrió después porque no la vivió, estaba en Alejandría, aunque sí aparece in absentia.

Y así llegamos a la traducción de Selma Ancira, Loxandra (Acantilado), una novela de María Iordanidu (Constantinopla, 1897 – Atenas, 1989), una escritora constantinopolitana. Importante el gentilicio: griega de Constantinopla, como ha traducido Ancira. No estambulita, aunque la palabra Estambul es de origen griego: στην πόλη, «en/a la ciudad». Los griegos también se refieren a Constantinopla como «La Ciudad», en mayúscula. Y digo que es importante porque nos encontramos con escritores, con personas que se han habituado a vivir en un ambiente plurilingüe, que son bilingües, que se relacionaban (aunque griegos y turcos viviesen en barrios distintos) porque ambos hablaban las dos lenguas (el caso de la hanum de Creta, en el momento en que se encuentran en el barco los turcos acababan de perder su dominio de la isla). Hace unos meses hice de intérprete de Petros Márkaris, el conocidísimo y leidísimo escritor griego de novela griega. Márkaris nació en Estambul, en Constantinopla (él utilizaba la palabra que utilizan los griegos). Me contaba que él se crió en un ambiente bilingüe al que se fueron incorporando otras lenguas: francés, alemán. De hecho, esa expresión que Selma Ancira reproduce tan fielmente en la novela, «Ah papapapá», la utilizó Márkaris un par de veces durante el tiempo en que estuvimos conversando.

La novela de María Iordanidu narra las peripecias vitales de una mujer griega en Constantinopla, Loxandra, y toda su familia, griegos de la Ciudad que se relacionan con armenios, turcos, kurdos, judíos, albaneses, franceses, gente de todas partes que comparten el ambiente de una ciudad cosmopolita, plurilingüe, donde, aun dividiéndose poblaciones por barrios, al final, por cuestiones económicas, alimenticias, se relacionan. Loxandra es bilingüe, se encuentra en su camino vital con guerras, invasiones, con la sempiterna Gran Idea que sueña con que la leyenda de Konstantinos Paleologos (el último emperador bizantino, que una vez resucitado o reaparecido hará que Estambul vuelva a ser Constantinopla) se cumpla. Pero a la vez, lo importante para ella no es la política, el dinero, sino la buena relación con las personas, provengan de donde provengan y crean en el dios que crean. Diversos episodios de la novela dan fe de esto: las hanums en el barco que lleva a Loxandra a Tatavla, donde ayuda a una madre turca a cuidar de su hijo; Tarnanás, el ayudante que tiene en su casa, armenio, al que protegen cuando comienzan las matanzas de armenios en la Ciudad, unos años antes del genocidio de 2015. Su viaje a Atenas, junto con su hija Klío y su nieta Ana, resulta una pequeña decepción: las diferencias culturales, la mala educación (esa fanfarronería de la que habla Myrtiótisa en el testimonio escrito sobre su visita a Kavafis en Alejandría, cuando escribe que el poeta alejandrino jamás podría vivir en Atenas), el recurso de hablar turco para que no los entiendan los de alrededor.

En la página 172 aparece una de las pequeñas historias sobre las andanzas de Nasredín Hodja, un sabio popular de la Capadocia del siglo XIII, turco, cuyas peripecias vitales pertenecen al acervo popular turco, griego, hebreo y armenio. Faruk Tuncay las tradujo al griego y María Skiadaresi les dio forma literaria (se trata de un libro que me envió la traductora E.I. Sakalí y que guardo como un tesoro). Que unos griegos citen a Hodja (aunque en el ámbito hispano es conocido como Nasredín o Nasrudín, en la compilación de Tuncay y Skiadaresi solo una vez aparece nombrado como Nasrudín; todo el mundo lo llamaba, en esas historias traducidas al griego, Hodja: «Χότζα μου») da cuenta de esa convivencia (con algunos momentos más felices que otros, claro está) que llegó a darse entre griegos, turcos, armenios y judíos.

La novela concluye en 1914, ocho años antes de los terribles acontecimientos que relatan dos obras maestras de la literatura griega contemporánea, Tierras de sangre, de Didó Sotiríu (traducción de César Montoliu, Acantilado, 2002) y El número 31328, de Ilías Venezis (traducción de Manuel Gómez Rincón, Universidad de Sevilla, 2006). Quien haya leído estos dos libros desoladores y extraordinarios sentirá el mismo vértigo que sintió quien escribe al concluir la lectura de Loxandra. La invasión de una parte de Turquía por parte del ejército griego, en 1919, en busca de la completitud de lo que los griegos (durante el siglo XIX, justo después de la revolución de 1821) denominaron La Gran Idea (la recuperación de todos los territorios de Asia Menor conquistados por los Otomanos), resultó en una reacción del nuevo estado turco, nacido de las cenizas del Imperio Otomano: la destrucción de Esmirna, donde habían vivido una numerosa comunidad griega durante siglos, y otros enclaves griegos en la península de Anatolia (como Ayvali, donde nació Venezis, y Aydín, donde nació Sotiríu). Tanto Sotiríu (1909-2004) como Venezis (1904-1973) vivieron la Catástrofe de Asia Menor en primera persona. Sotiríu escribió una novela donde relata la tragedia, narrada en primera persona (una primera persona con un cambio extraordinario y fluido en su conformación) y Venezis un testimonio sobre su paso por los campos de concentración turcos tras la Catástrofe, a la que sobrevivió (el primer libro que publicó). Da qué pensar, en el caso del libro de Venezis, que el trayecto que realizaron los griegos que sobrevivieron a la Catástrofe es, en buena parte, el mismo que están realizando ahora mismo los refugiados de la guerra de Siria. La isla de Lesbos significó y significa la salvación.

Iordanidu publicó esta novela en 1962 a la edad de 65 años. Fue su primera incursión en el género.

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ELENI KATSULAKI – EL ENTIERRO DE NIKOS KAZANTZAKIS

ELENI KATSULAKI, FRAGMENTO DE UN ARTÍCULO QUE ESCRIBIÓ PARA LA REVISTA DE LA UNIVERSIDAD PANTEION, ATENAS (2003).
Traducción y nota: Mario Domínguez Parra

CÓMO TUVO LUGAR EL FUNERAL DE KAZANTZAKIS
SEGÚN EL SACERDOTE QUE LO OFICIÓ:

En noviembre de 1957, yo era soldado y sacerdote. Estaba haciendo el servicio militar en Heraclion. Un día antes del funeral de Kazantzakis, el gobernador llamó a todos los militares y dio orden de que nadie saliera del campamento durante el 5 de noviembre. Las autoridades y el ejército temían grandes revueltas, porque había llegado una orden eclesiástica de que no se enterrase a Kazantzakis. Una vez se hubiesen enterado los cretenses, habrían montado un gran revuelo.

Yo, como sacerdote, me sentía muy mal. Sentía una gran culpabilidad. Yo era sacerdote. No soportaba tener semejante injusticia sobre mi conciencia. No podía negar los misterios sagrados a un cristiano bautizado que nunca hizo nada éticamente reprobable ni cometió crimen alguno. Con respecto a sus libros, no soy quién para juzgarlos.

–¿Cómo lo consiguió?
–Me largué a escondidas del campamento el día del funeral. Cogí sin hacer ruido mis hábitos, corrí hacia Martinengo y oficié su entierro.
–¿Sabía la gente que estaba esperando en Martinengo lo que estaba pasando?
–No. Todos creían que la iglesia me había enviado para que oficiara su funeral. Habían visto al obispo Evyenios en San Minas. ¡Nadie sabía lo que estaba ocurriendo entre bastidores!
–¿Fue usted castigado?
–Sí. Fui juzgado por un tribunal militar y pasé seis meses encarcelado.

(Miré fijamente a los ojos, con infinita devoción, a este gran hombre. Le tomé las manos con ternura y las besé con toda sinceridad. ¡Fue la primera y última vez que besé las manos de un clérigo!)

*

Eleni Katsulaki es una periodista, escritora y guionista griega de la diáspora. Nació y creció en el barrio Apokoronu de la Unidad Periférica de la Canea (Janiá, Creta). A una edad muy temprana escribió las novelas Las plantas no florecen en la nieve y Tañedor de lira. Estudió Periodismo en Atenas y colaboró con diversas revistas y periódicos. Cursó estudios de escritura de guiones en Londres; estancia de cuatro años en Irán (donde reunió el material de su novela El comediante ciego) y colaboración con medios escritos de Australia y Estados Unidos. Actualmente vive en Carolina del Norte, EE.UU., donde trabaja como periodista y conferenciante sobre temas de literatura griega –especialmente sobre Nikos Kazantzakis– en universidades y asociaciones del extranjero.

ΠΩΣ ΕΓΙΝΕ Η ΚΗΔΕΙΑ ΤΟΥ ΚΑΖΑΝΤΖΑΚΗ
ΑΠΟ ΤΟΝ ΠΑΠΑ ΠΟΥ ΤΗΝ ΕΚΑΝΕ:

«Τον Νοέμβριο του 1957 ήμουνα στρατιώτης και παπάς και υπηρετούσα τη θητεία μου στο Ηράκλειο. Μια μέρα πριν την κηδεία του Καζαντζάκη, ο διοικητής κάλεσε όλους τους στρατιωτικούς και έδωσε διαταγή να μην βγει κανείς έξω από το στρατόπεδο στις 5 Νοεμβρίου. Οι αρχές και ο στρατός φοβόνταν μεγάλες φασαρίες, γιατί είχε έρθει εκκλησιαστική διαταγή να μην ταφεί ο Καζαντζάκης. Όταν θα το ‘παιρναν χαμπάρι οι Κρητικοί θα έκαναν μεγάλες φασαρίες.
Εγώ σαν παπάς ένιωσα πολύ άσχημα. Η συνείδησή μου με πείραζε πολύ. Ήμουν παπάς. Δεν άντεχα να πάρω στο λαιμό μου τέτοιο άδικο. Δεν μπορούσα να αρνηθώ τα ιερά μυστήρια σ’ ένα βαφτισμένο χριστιανό που δεν έκανε ποτέ κάτι ανήθικο ή εγκληματικό. Όσο αφορά τα βιβλία του δεν είμαι εγώ άξιος να τα κρίνω.
-Πώς τα καταφέρατε;
-Το ‘σκασα κρυφά από το στρατό τη μέρα της κηδείας. Πήρα αθόρυβα τα ράσα μου και έτρεξα στον Μαρτινέγκο και τον έθαψα.
-Ο κόσμος που περίμενε στον Μαρτινέγκο ήξερε τι έγινε;
-Όχι. Όλοι νόμισαν ότι με έστειλε η εκκλησία να τον κηδέψω. Είχαν δει και τον Μητροπολίτη Ευγένιο στον Άγιο Μηνά. Δεν ήξερε κανείς τι γινόταν στα παρασκήνια!
-Τιμωρηθήκατε;
-Ναι. Πέρασα από στρατιωτικό δικαστήριο και μπήκα φυλακή για έξι μήνες.
(Κοίταξα κατάματα τον ανώτατο τούτο άνθρωπο, με απέραντη ευλάβεια. Του ‘πιασα τα χέρια με τρυφεράδα και τα φίλησα με όλη μου την ειλικρίνεια. Ήταν η πρώτη και η τελευταία φορά που φίλησα τα χέρια ενός κληρικού!)»

ΕΛΕΝΗ ΚΑΤΣΟΥΛΑΚΗ από άρθρο της στο περιοδικό του Παντείου (2003)

[Η Ελένη Κατσουλάκη είναι ελληνίδα δημοσιογράφος, συγγραφέας και σεναριογράφος της διασποράς. Γεννήθηκε και μεγάλωσε στην επαρχία Αποκορώνου του Ν. Χανίων. Σε νεαρή ηλικία έγραψε τα μυθιστορήματα: “Τα λουλούδια δεν ανθίζουν στο χιόνι” και “Λυροπαίχτης”. Σπούδασε δημοσιογραφία στην Αθήνα και συνεργάστηκε με ξένα λογοτεχνικά περιοδικά και εφημερίδες. Ακολούθησαν σπουδές σεναρίου στο Λονδίνο, παραμονή της για τέσσερα χρόνια στο Ιράν (όπου συγκέντρωσε το υλικό του μυθιστορήματος “Ο τυφλός θεατρίνος”), και συνεργασία με έντυπα της Αυστραλίας και της Αμερικής. Σήμερα ζει στη Βόρειο Καρολίνα των Η.Π.Α. και εργάζεται ως δημοσιογράφος και ως ομιλήτρια για θέματα ελληνικής λογοτεχνίας -με ειδίκευση στον Νίκο Καζαντζάκη- σε πανεπιστήμια και συλλόγους του εξωτερικού.]

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YORGOS JIMONÁS – EL ENTIERRO DE YORGOS SEFERIS

Traducción y prólogo: Mario Domínguez Parra

El pasado 26 de agosto de 2018, el periódico griego Το Βήμα publicó un artículo de Evripidis Garantudis que incluía un inédito del narrador y traductor griego Yorgos Jimonás (1938-2000). El vídeo que encabeza esta publicación es la declaración (solo el audio) de Yorgos Seferis en contra de la Dictadura de los Coroneles, que el poeta griego hizo en 1969, dos años antes de su muerte. En 1970 se publicó el libro 18 textos (Δεκαωκτό Κείμενα), libro en el que 18 escritores griegos protestaban, utilizando diferentes géneros literarios, contra la mencionada dictadura. Seferis era el mayor de todos, Jimonás el más joven. Traduzco el párrafo que introduce el texto, hasta hace dos días inédito, de Jimonás:

«En 1986, quince años después de la muerte de Yorgos Seferis (1971), Yorgos Jimonás publicó un escrito intitulado “Los tres encuentros”. En él describe sus encuentros con el poeta: a) cuando se conocieron en 1969 y la primera vez que lo visitó en su casa y conversó con él; b) la visita de Seferis con su esposa, Maró, a casa de Jimonás para conocer al hijo recién nacido de éste; y, por último, el momento en que Jimonás entró en la sala de cuidados intensivos donde estaba hospitalizado el poeta, unos pocos días antes de morir. Se conserva un cuarto texto-“encuentro” que Jimonás no publicó nunca y que describe el entierro de Seferis. Lo publico aquí, como una de las muy importantes muestras del archivo, con el permiso de su hijo, Zanasis Jimonás»

***

4.
(Hubo un cuarto [encuentro], al cual no se lo puede llamar encuentro. Fui al entierro cuatro horas antes para encontrar sitio en la iglesia. Vino todo el mundo. La misa terminó y unα violenta aglomeración agitó a la multitud. En una puerta adyacente del templo, vi a Soí Násiutsik (1) inclinarse, venirse abajo. «La van a pisotear», pensé con indiferencia. La multitud llenaba las calles, fluía despacio hacia el cementerio, en silencio. Consignas dispersas (¡Libertad!) estallaban como sollozos. La poesía de Yorgos Seferis, su vida, su muerte, todo lo había recogido aquella multitud innumerable que se movía por medio de oleadas anchas, agitadas, que todo lo enterraban. Nos esparcimos entre las tumbas arrogantes. Como desde dentro de la tierra llegaba el salmo del sacerdote. De repente, un hombre de baja estatura, de mediana edad, pegó un brinco y gritó con fuerza: «¡Democracia! ¡Democracia!». Su rostro, ajado, hinchado, se tambaleaba y gritaba. Sin embargo, nadie recogió su voz, se perdió. La sentí ridícula, me enfadé, me enfurecí. Qué voz, qué detonación, qué murmullo puede alguna vez cubrir, cómo interrumpirá, el incesante murmullo de los muertos, para competir con su interminable silencio).

4
(Υπήρξε και μία τέταρτη [συνάντηση], που δεν μπορείς να την πεις συνάντηση. Πήγα στην κηδεία τέσσερις ώρες νωρίτερα για να βρω θέση μέσα στην εκκλησία. Ηρθε όλος ο κόσμος. Η λειτουργία τελείωσε κι ένας βίαιος συνωστισμός τάραξε το πλήθος. Σε μια πλαϊνή θύρα του ναού είδα την Ζωή Νάσιουτζικ να γέρνει, να καταποντίζεται. «Θα την ποδοπατήσουν» σκέφθηκα αδιάφορα. Το πλήθος γέμισε τους δρόμους, αργά έρρεε προς το νεκροταφείο, με σιωπή. Αραιά συνθήματα Ελευθερία! ξεσπούσαν σαν λυγμοί. Η ποίηση του Γιώργου Σεφέρη, η ζωή του, ο θάνατός του, όλα τα είχε παραλάβει εκείνο το αναρίθμητο πλήθος και πήγαινε με πλατειούς ταραγμένους κυματισμούς όλα να τα παραχώσει. Στο νεκροταφείο φθάσαμε λίγοι, επειδή οι χωροφύλακες έκοψαν την πορεία. Σκορπίσαμε ανάμεσα στους αλαζονικούς τάφους. Σαν μέσα από τη γη ερχόταν ο ψαλμός του ιερέα. Ξαφνικά πετάχθηκε ένας κοντός άνθρωπος, μεσόκοπος, και φώναξε δυνατά Δημοκρατία! Δημοκρατία! Το πρόσωπό του αλλοιωμένο, πρησμένο, παραπατούσε και φώναζε. Ομως κανείς δεν πήρε τη φωνή του, πήγε χαμένη. Την αισθάνθηκα γελοία, θύμωσα, αγρίεψα. Ποια φωνή, ποιος κρότος, ποια βοή μπορεί ποτέ να σκεπάσει, πώς να διακόψει τον ακατάπαυστο ψίθυρο των νεκρών, να παραβγεί με την ατέλειωτη σιωπή τους.)

Nota
(1) Escritora griega. También, traductora del ruso.

Artículo original: http://www.tovima.gr/books-ideas/article/?aid=1017431

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JOSÉ ANÍBAL CAMPOS – LA CASA DE ESCRITORES Y TRADUCTORES DE VENTSPILS

En una casa del siglo XVIII construida en el sobrio y elegante estilo de estas latitudes, en el número 13 de la calle Anna (Annas iela), se encuentra la Casa de Escritores y Traductores de Ventspils, que en 2016 celebró sus diez años de existencia.
Aunque su prioridad, obviamente, es la divulgación de la emergente y –por lo visto— pujante literatura letona, la casa está abierta a colegas de otras latitudes y con otras combinaciones de lenguas, y, en ese sentido, sus organizadoras se esfuerzan por hallar un equilibrio entre los residentes que acuden a Ventspils cada mes para estancias máximas de cuatro semanas.
Resulta, a primera vista, bastante extraño estar en un país cuyo idioma no entiendes ni a retazos. La experiencia de viajar desde el aeropuerto de Riga hasta Ventspils, a unos 185 kilómetros de la capital, es casi el retorno a un estado de ignorancia (o quizá de inocencia, que suena más bonito) que es difícil percibir cuando pasas años moviéndote cómodamente en entornos lingüísticos conocidos. Cada día me convenzo más, sin embargo, de que el encuentro con la verdadera vitalidad de las palabras, la búsqueda de ese sentido más hondo que nos hermana, ha de empezar por el balbuceo, por las formas difusas, y ello requiere un esfuerzo de des-aprendizaje, o si se quiere, un empeño por olvidar y volver a aprender.
En ese sentido, no se puede venir a Ventspils con los conceptos prefabricados que hemos ido adhiriendo a nuestro discurso cotidiano como si fuesen parte integrante de un repertorio de ideas propias y que, en el fondo, son solo las hilachas de un inevitable depósito de idées reçues (para decirlo al modo de Flaubert). No es posible iniciar el trato con un nuevo entorno a partir de «flosqueladas» retóricas que hemos picoteado en la sucia escudilla de pienso con el que nos ceban a diario los criadores de aves de corral de una political correctness inventada para hacernos piar a coro y, de inmediato, enmudecer.
«Nacionalismo», por ejemplo, no es aquí un término peyorativo, como bien pude notar el día 4 de julio, día de mi llegada, en el que todos los edificios públicos y las casas privadas mostraban en sus portales la enseña nacional a media asta. (Ese día Letonia rememora uno de sus tantos holocaustos.) Y es que quien, como escritor, ha de contribuir con su literatura a afianzar una lengua tantas veces vapuleada, reprimida, relegada y hasta prohibida, no ve en una postura nacional una amenaza o un acto ignominioso.
Dos de las cuatro escritoras letonas que comparten esta estancia con nosotros están involucradas en un proyecto literario de eminente carácter «nacional» y por el que cada una muestra un gran entusiasmo: junto a otros de sus colegas, abordarán en novelas individuales una década concreta de la historia de Letonia en sus intermitentes periodos como país independiente. Y yo aprovecho ahora este foro para animar a los colegas que conozcan la lengua letona a interesarse por los resultados de esta colectiva (pero personalísima) work in progress sobre un país del que poco conocemos en España.
Valga decir, además, que, según nos relata Andra Konste (la amable directora de la Casa), existe un pequeño programa del ministerio de Cultura (también principal financista de esta magnífica residencia) destinado a promover el aprendizaje del letón entre traductores y escritores extranjeros.
La Casa cuenta con capacidad para que convivan simultáneamente siete escritores y/o traductores, y la composición multicolor de esa convivencia la garantiza una cuidada planificación por parte de la dirección. Esta estancia la hemos compartido tres colegas de Letonia (todas mujeres), una joven traductora y escritora polaca, una compañera belga, una traductora y periodista italiana, un escritor letón de lengua rusa y un poeta ruso que tiene una vasta obra como traductor de poesía alemana. El centro tiene una particularidad que la distingue de otras casas: el colega invitado puede traer a un acompañante, el cual ha de pagar tarifas de estadía muy moderadas, variables según los días de estancia. (Para planificar bien una estancia compartida, lo mejor será siempre consultarlo antes con la dirección del centro a través del correo indicado en la página web: ventspilshouse@ventspilshouse.lv).
Una pequeña biblioteca en permanente construcción garantiza en cierto modo el acceso a la bibliografía de consulta necesaria. En mi caso, he encontrado un Duden Universalwörterbuch, el diccionario monolingüe de la lengua alemana, que me basta por ahora en la fase de trabajo en la que me encuentro con los dos libros que estoy traduciendo. Abundan los diccionarios del ruso y el letón en diferentes combinaciones idiomáticas, así como los libros de autores y traductores que han pasado por la Casa en estos diez años. La biblioteca en español es exigua, pero eso podría cambiar si, tras la lectura de este artículo, algunos de mis colegas se animan a solicitar una estancia en Ventspils. Buscando en la algo más amplia sección «alemana», encuentro dos joyas bibliográficas sobre traducción: una compilación de las conferencias dictadas en la Gastprofessur für Poetik der Übersetzung de la FU de Berlín hasta el año 2013 y un magnífico libro sobre la evolución de la lengua alemana desde una perspectiva traductoral.
Por razones de espacio, la Casa ha de limitar el número de libros que recibe en donación, pero una de sus actuales prioridades infraestructurales es incorporar al centro el «verticalísimo» edificio neoclasicista colindante con el jardín de la residencia. Según me dicen, fue antes una torre de vigilancia contra incendios (la actual casa de escritores, en su larga historia, ha sido en otras épocas consistorio, biblioteca municipal y cuartel de bomberos), pero su estructura de tres pisos es perfecta para albergar una amplísima biblioteca. De conseguirse tal propósito, la de Ventspils podría empezar a competir con la biblioteca del Colegio de Traductores en Straelen (Alemania), quizá la biblioteca para traductores más completa que haya existido jamás.
Pero aparte de las magníficas condiciones de trabajo, lo más importante de estas residencias sigue siendo el tipo de vínculos que se van estableciendo entre colegas de varias latitudes. Redes que –como bien me dice Andra, la directora—, se tejen en direcciones diversas, con hilos que van enlazándose para formar una red circulatoria que mantiene vivo el organismo de la cultura universal.
En ese sentido, lo mejor de estas casas llega cuando personas de varios credos, naciones, lenguas y posturas vitales se sientan a charlar en torno a una mesa. A veces la timidez de los traductores genera al principio cierta viscosidad en esos fluidos intercambios. Cuando esto ocurre, Andra le conceden un par de días a la timidez de cada cual. Eso sí: pasados dos o tres días se arremanga la blusa, prepara una deliciosa especialidad letona en la cocina común e invita a todos a degustarla. Y es entonces cuando un espíritu de entendimiento pre-babélico supera cualquier barrera de tara personal.

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IRINI ANAGNOSTAKI – OH, VIRGEN DE ANOYIA


Ajileas Dramuntanis, cantante cretense, y otros músicos de la isla interpretan la canción.

Traducción y nota: Mario Domínguez Parra

Un domingo por la mañana
cuando misa celebraban
los alemanes entraron en Anoyia,
guerrilleros buscaban.

Guerrilleros no hallaron
y disolvieron el partido.
A todos se los llevaron:
ancianos, mujeres y niños.

Flores, no brotéis.
Aves, no gorjeéis.
Los alemanes queman Anoyia.
Compadeceos de ella.

Del desierto aves vinieron
para pasar el estío.
En Anoyia no hallaron
paredes para sus nidos.

Oh, Virgen de Anoyia,
¿do estabas cuando
fuego pegaron
a la famosa Anoyia?

Ω, Παναγιά μου Ανωγειανή

Μια Κυριακή, ένα μ-πρωΐ
ώρα που λειτουργούσαν
μπήκαν στ’ Ανώγεια Γερμανοί
κι αντάρτες εζητούσαν

Αντάρτες δεν εβρήκανε
και εκάμανε το κόμμα
γέρους και γυναικόπαιδα
τότες τα πήραν όλα

Λουλούδια μην αθίσετε
πουλιά μη γ-κελαηδείτε
τ’ Ανώγεια καίνε οι Γερμανοί
και να τα λυπηθείτε

Ήρθαν πουλιά απ’την έρημο
για να παραθερίσουν
στ’ Ανώγεια δεν ευρήκανε
τοίχους φωλιές να χτίσουν

Ω! Παναγιά μου Ανωγειανή
που’ σουν αυτή την ώρα
όντε εβάνα ν-τη φωθιά
στα ξακουσμένα Ανώγεια

*

Apenas he encontrado datos sobre la autora de la canción, Irini Anagnostaki.

Traduzco de Wikipedia: «En 1944, los nazis entraron en el pueblo de Anoyia (Creta), detuvieron a 80 ancianos (a los que enviaron a Heraclion), ejecutaron a 9 hombres, pusieron dinamita, incendiaron el pueblo (800 casas quedaron reducidas a escombros) y 6 mujeres se quemaron vivas. Los hombres que pudieron escapar se adentraron en el monte Ida. Entre 1941 y 1944, 104 hombres del pueblo murieron mientras luchaban contra los nazis».

Traduzco algunos datos de esta página: http://www.triklopodia.gr/2014-08-13-125937/. Kazantzakis visitó la isla en 1945, como responsable de la Comisión Central que se dedicó a verificar las brutalidades cometidas por los alemanes y anotó lo siguiente: «Actualmente, de las 940 viviendas de Anoyia no ha quedado ni una sola. Volaron el recién construido colegio. Las tres iglesias, usadas por los alemanes como establos, han sufrido daños a causa de las explosiones de los alrededores». En esta página también se explica el ensañamiento de los alemanes con esta localidad. Era un importante centro de espionaje para los británicos. Los habitantes de Anoyia prestaron su ayuda a aquellos, a los neozelandeses y a los australianos para que pudiesen llegar a la costa del sur de Creta y de ahí pasar a Oriente Medio. Algunos habitantes los acompañaron y tomaron parte en operaciones de sabotaje contra los alemanes.

La profesora Ioanna Vent me explicó la etimología del nombre del pueblo: el gentilicio Ανωγειανή (Άνω + γη) proviene de «tierra» y de «alta», es decir, «tierras altas», porque el nombre del pueblo es plural y neutro: Τα Ανώγεια, localidad próxima a Rézimno (tal cual se translitera del griego; en castellano, Rétino), una de las ciudades más importantes de Creta.

Otra versión de la canción, a cargo de Nikiforos Aerakis, se puede escuchar aquí: https://vardavas.blogspot.com.es/2011/08/19.html. En esta página está la versión de la letra que traduje y que reproduje aquí.

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KONSTANTINOS P. KAVAFIS – DARÍO

Traducción: Mario Domínguez Parra

DARÍO

El poeta Fernasis elabora la parte
importante de su poema épico.
Cómo recibió Darío Ι el Grande
el reino de los persas (De él
proviene nuestro glorioso rey,
Mitrídates, Dionisos y Eupator). Pero aquí
es necesaria la filosofía; tiene que analizar
los sentimientos que tenía Darío:
quizá altanería y ebriedad: no, empero; quizá
como una conciencia de la vanidad de la grandeza.
El poeta considera la cuestión profundamente.

Pero su criado, que entra a la carrera,
le interrumpe y le traslada la importantísima noticia.
Comenzó la guerra contra los romanos.
El grueso de nuestro ejército pasó la frontera.

El poeta se queda atónito. ¡Qué calamidad!
Que ahora nuestro glorioso rey,
Mitrídates, Dionisos y Eupator,
vaya a ocuparse de poemas griegos.
En guerra, imagínate, poemas griegos.

Fernasis se inquieta. Mala suerte.
Ahora que era optimista para con «Darío»
darse prominencia y para al fin tapar
la boca a sus críticos, envidiosos.
Qué demora, qué demora en sus planes.

Y si solo fuera una demora, estaría bien.
Pero veremos si también estamos a salvo
en Amisós. No es una ciudad notablemente fortificada.
Los romanos son un enemigo terrorífico.
¿Podemos los capadocios entendernos
con ellos? ¿Pasará alguna vez?
¿Es tiempo ahora de medirnos con las legiones?
Grandes dioses, protectores de Asia, ayudadnos.

Pero en toda su turbación y dentro de lo malo,
la idea poética con porfía viene y va;
lo más concebible es, claro, altanería y ebriedad;
altanería y ebriedad tendría Darío.

Ο ΔΑΡΕΙΟΣ

Ο ποιητής Φερνάζης το σπουδαίον μέρος
του επικού ποιήματός του κάμνει.
Το πώς την βασιλεία των Περσών
παρέλαβε ο Δαρείος Υστάσπου. (Aπό αυτόν
κατάγεται ο ένδοξός μας βασιλεύς,
ο Μιθριδάτης, Διόνυσος κ’ Ευπάτωρ). Aλλ’ εδώ
χρειάζεται φιλοσοφία· πρέπει ν’ αναλύσει
τα αισθήματα που θα είχεν ο Δαρείος:
ίσως υπεροψίαν και μέθην· όχι όμως — μάλλον
σαν κατανόησι της ματαιότητος των μεγαλείων.
Βαθέως σκέπτεται το πράγμα ο ποιητής.

Aλλά τον διακόπτει ο υπηρέτης του που μπαίνει
τρέχοντας, και την βαρυσήμαντην είδησι αγγέλλει.
Άρχισε ο πόλεμος με τους Pωμαίους.
Το πλείστον του στρατού μας πέρασε τα σύνορα.

Ο ποιητής μένει ενεός. Τι συμφορά!
Πού τώρα ο ένδοξός μας βασιλεύς,
ο Μιθριδάτης, Διόνυσος κ’ Ευπάτωρ,
μ’ ελληνικά ποιήματα ν’ ασχοληθεί.
Μέσα σε πόλεμο — φαντάσου, ελληνικά ποιήματα.

Aδημονεί ο Φερνάζης. Aτυχία!
Εκεί που το είχε θετικό με τον «Δαρείο»
ν’ αναδειχθεί, και τους επικριτάς του,
τους φθονερούς, τελειωτικά ν’ αποστομώσει.
Τι αναβολή, τι αναβολή στα σχέδιά του.

Και νάταν μόνο αναβολή, πάλι καλά.
Aλλά να δούμε αν έχουμε κι ασφάλεια
στην Aμισό. Δεν είναι πολιτεία εκτάκτως οχυρή.
Είναι φρικτότατοι εχθροί οι Pωμαίοι.
Μπορούμε να τα βγάλουμε μ’ αυτούς,
οι Καππαδόκες; Γένεται ποτέ;
Είναι να μετρηθούμε τώρα με τες λεγεώνες;
Θεοί μεγάλοι, της Aσίας προστάται, βοηθήστε μας.—

Όμως μες σ’ όλη του την ταραχή και το κακό,
επίμονα κ’ η ποιητική ιδέα πάει κι έρχεται —
το πιθανότερο είναι, βέβαια, υπεροψίαν και μέθην·
υπεροψίαν και μέθην θα είχεν ο Δαρείος.

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KONSTANTINOS P. KAVAFIS – GRISES

Esmirna

En la página 145 de la novela Τι μένει από την νύχτα, de la escritora griega Έρση Σωτιροπούλου, hay una referencia a unos ojos grises, color de ojos que Kavafis inmortalizó en un breve poema que acabo de traducir. Para los interesados que no lean griego, Sexto Piso acaba de publicar la traducción de esta novela, Qué queda de la noche, de Ersi Sotiropoulos, traducida por Vicente Fernández González y Antonio Vallejo Andújar.

Traducción: Mario Domínguez Parra

Grises

Mientras miraba un ópalo medio gris
recordé dos bellos ojos grises
que vi; sería hace veinte años…

…………………………………………………………….

Durante un mes nos amamos.
Luego se fue, creo que a Esmirna,
a trabajar allí, y ya no volvimos a vernos.

Se habrán afeado, si aún vive, los ojos grises;
Se habrá ajado el bello rostro.

Memoria, consérvalo todo como era.
Y, memoria, todo lo que puedas de esta pasión,
todo lo que puedas tráemelo esta noche.

Γκρίζα

Κυττάζοντας ένα οπάλλιο μισό γκρίζο
θυμήθηκα δυο ωραία γκρίζα μάτια
που είδα· θάναι είκοσι χρόνια πρίν ….

…………………………………………………………….

Για έναν μήνα αγαπηθήκαμε.
Έπειτα έφυγε, θαρρώ στην Σμύρνη,
για να εργασθεί εκεί, και πια δεν ιδωθήκαμε.

Θ’ ασχήμισαν — αν ζει — τα γκρίζα μάτια·
θα χάλασε τ’ ωραίο πρόσωπο.

Μνήμη μου, φύλαξέ τα συ ως ήσαν.
Και, μνήμη, ό,τι μπορείς από τον έρωτά μου αυτόν,
ό,τι μπορείς φέρε με πίσω απόψι.

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