KOSTAS E. TSIRÓPULOS – DOS SINFONÍAS DEL LIBRO “MÚSICA (NOTAS PERSONALES A PROPÓSITO DE LAS SINFONÍAS DE ANTON BRUCKNER)”

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Estas dos sinfonías fueron publicadas en el libro Kostas Tsirópulos (ed. Isabel García Gálvez, Santa Cruz de Tenerife, Intramar Ediciones, Serie Analecta, 2009).

Traducción de Mario Domínguez Parra

 

CUARTA SINFONÍA

El Sonámbulo

Bewegt, nicht zu schnell

Sonidos y Palabras combaten el Silencio, pero la materia del Mundo y de Dios es este Silencio, antes de que los Seres sean heridos por la Muerte y retuerzan los Sonidos y las Palabras.

Entonces, cuando todo era Luz, el Mundo brillaba con Carne incorruptible. Cuerpo y Alma refulgían, deglutiendo lo Negro de la Vida. Hombres, aves y plantas, todos tenían su Palabra.

Ahora que se desgarró la Creación de arriba abajo, desde la despiadada Hendidura de la Luz se derramó tanta Oscuridad que las Criaturas perdieron su Nombre. Sólo Tranquilidad ahora, Tranquilidad y Perseverancia.

En campos y playas encontró la arena de la isla, amarga aceptación. Cuerpo del sol, conchas y estrellas, miembros de la Muerte. Hermosos cadáveres que el Tiempo mudo pesca con la dura retina de la Noche, mientras, engañados, los Cuerpos sueñan su Resurrección en el mar.

Quizás también sus cadáveres aparezcan en otra Luz, para adornar otro Universo. Este Mundo siente animadversión hacia nuestros cadáveres y los aniquila con el ácido candente del Tiempo.

Música, combates la falla del Mundo para cicatrizar, nutriendo sus heridas abiertas con los Sonidos – la Falla abisal de nuestra Alma. Silencios, interrupciones, ausencias de los Sonidos, cuánto declaráis la perplejidad del Universo frente a la Pregunta- Espada. Soledad melancólica la tarde en el mar, cuando se llenan los pechos escarlata de la Noche.

Andante quasi Allegretto

Si la Falla de la Luz cicatriza y el ya derrumbado Mundo vuelve a erigirse, si de nuevo brilla con Sonidos engañosos y la Carne condenada abre los piróforos labios de la Vida, de nuevo el Tiempo lanzará fuego, para imponer su Silencio.

El universo se llenó de niños que causan la Muerte refulgiendo. Gritan asustando a la Oscuridad y en el sueño deliran llevando un Ángel del ala – traperos de la Belleza, no lo saben. No les preguntéis dónde estáis. Ciegos frente a la Cuchilla levantada, inundados de Sonidos y Colores, aceptan que la Noche los cubra y de sus pestañas cerradas fluye un río de Luz.

Scherzo – Trio

¿Quién pidió ver este Mundo, escucharlo, palparlo? Subyugados en la Pasión, emergen sin respuesta para adentrarse desnudos en el lejano Enigma. En verano acuden a la ceremonia del Mar, olvidando la horrorosa Equivalencia – Mar/Muerte – empañados por su supuesta Inmortalidad. No sienten la Noche temblar con todas sus Plantas, las Estrellas estremecerse, mientras escuchan con atención los misteriosos consejos del Universo.

Sólo la Conciencia tiembla cuando mide profundamente la inexpresada Pregunta del Fin, hasta que vuelve a sellar el abierto Enigma con luz de verano. ¡Qué sueño lleno de Sonidos y Palabras, la Vida! Hasta que Música y Lengua son amordazadas y todo sucumbe al Silencio primigenio.

Cuerpos, con vosotros refulge y se glorifica el Universo, existís para que exista Dios, bogando en el Misterio de su Tranquilidad, mientras el Nadador prehistórico pesca los Peces del Tiempo.

Finale

Preguntamos, y así existimos – Seres extáticos moldeando el dolor con nuestra Carne, la Luz. El Cuerpo se estira mientras en la Lejana Noche caen sobre él las redes del Silencio y el Rostro marmóreo de su Destino se distingue. ¡Música, mantente en el labio de la Vida, para que no tengamos sed mientras anochece!

Pájaros invisibles elevan desde profundas fuentes los Sonidos. Se humedecen los corazones asustados que ya sienten en la garganta las cerdas de su Condena pasada. La Creación se conoce bajo el negro Sol de la soledad. Los Cuerpos oscurecen la Noche y si amas, en un Fuego negro caerás, para romper todas las Voces de la Vida.

Estrellas desconcertadas alumbran la Carne del Hombre en la Orilla del Mar. Para que se le otorguen alas en la desnuda Naturaleza, para olvidar con cuánta leche la envenenó la vehemente Higuera de la Traición, para descifrar el Tiempo que la pone del revés en la lejana Zanja – cuando el ciprés carnívoro desprende fragancias y danza en los vientos de la Noche.

Palabras quemadas. Palabras pesadas como material inútil, Sonidos que fluyen hacia sus misteriosas Fuentes. El Mundo nos viene estrecho y su Belleza nos corta la respiración.

SEXTA SINFONÍA

El Enriquecido

Majestoso – Adagio

Error, que toda tu vida arruinó. No tenías que aprender Palabras, no las necesitabas para apoyarte en las Palabras. Algunos Suspiros, alguna vez un Grito, bastan para que el Hombre surque su amargo Ponto. En el Silencio, sólo en él tenías que apoyarte, como Edipo en su hija, también para enseñártelo en las escuelas del Mundo. Puede que los ojos se derritan en lágrimas, que los Cuerpos se retuerzan en la Pasión, pero es siempre el Silencio, el profundo Silencio Matriz, el que todo lo siembra y todo de nuevo lo cosecha.

Ahora, toda la Vida: fragmentos. ¿Con qué fuerza de la Nostalgia la recompones? Recuerdos que súbitamente reaniman tempranos colores para ciegos, Sonidos dormidos en instrumentos musicales que resucitan y acarician el Corazón intranquilo, fotografías y epístolas que anhelan el fuego inocente, papeles con Nombres, direcciones en Ciudades que oscurecen los Cementerios de los siglos. Sagrado Material de una huida concluida, allí los Cuerpos en espera, aquí Palabras y Recuerdos se entrelazan, trofeos del Tiempo… – ¿cómo a partir de este material volver a crear el Esquema que el Silencio alumbró?

Sale cada mañana desde aguas profundas y en la orilla del mar lo encuentra brillando, el Monstruo del Silencio con un pecho arrancado, para mamar leche amarga. «Me llamo Soledad. Siento animadversión hacia tu Cuerpo, tu Corazón cual ovillo sostengo».

Con cuchillos desnudos se atacan, la Luz ondea sobre ellos y el lejano Grito, el florecimiento del Sufrimiento, rompen la indiferencia del Mundo.

Scherzo

Navegan mudos en la Noche, ahora que aprendieron la paciente Lección de la Tranquilidad. La Luna con Luz labra sus Cuerpos en la Oscuridad. Sin Pasión la Libertad muere esta noche. Alguna vez habían partido, todas las luces en paroxismo, guirnaldas en las barandillas, coronas primaverales en el pelo. Eran ciegos y la Alegría del Mundo los abatía.

Ahora, iluminados por el silencio, vieron y sus Rostros ensangrentados garantizan su final. Navegan y las Aguas suspiran, sobre los pechos palpan las Estatuas – Formas mudas, consolación de la Belleza.

Si no echas de menos las semillas que, separadas de los árboles, se pudren, las flores que se extinguen otorgando la Muerte, los animales que mugen cuando presienten al Matarife, ¿cómo quieres que Te tengan pena, recto sobre el patíbulo del Mundo?

Música-Silencio empapa la Fundación[1]. Su Sollozo es esta Armonía que con la Tiniebla se comunica, palpando las Leyes escondidas.

Finale

Lengua de Dios, Silencio.

Las Palabras son hijas del Pecado, cuando la Fundación reavivó Símbolos y colonizó la vida con Engaños. En la Ceremonia de tu Existencia que el Tiempo furioso devora, se escucha a lo lejos el rumor del Misterio y cuando la Luz te ciega, reconoces el Torso de Dios.

Tranquilidad, que emerges de las Tinieblas de los Seres, rosa enigmática, florecimiento de Dios en el locuaz Universo, ¿acaso podré escucharte la Noche en que el Corazón apaga todos los Sentidos en el aljibe de su Soledad?

Los Mares misteriosos de la Creación rugen de riqueza, sin embargo el Hombre sale a pescar y sus redes se rompen desnudas. Ocurre lo Milagroso, ocurre y se va. No queda más que un Relámpago, para que te mate el Cuchillo de doble filo de la Memoria.

Arcos de los Torsos que cara a cara se estiran desnudos en el piélago, sienten su Tranquilidad romperse y lanzan sus flechas desesperadas, para con Fuego matar a su Muerte.

Inútil la Miel de los Cuerpos, inútil también la Anunciación. Amamantas la Oscuridad con el profundo pecho del Misterio.

[1] El verbo utilizado por Tsirópulos está en singular, «διαποτίζει», lo cuál hace pensar que «Música y Silencio» conforman una unidad que actúa (Nota del traductor).

ANASTASÍA GUITSI – CINCO POEMAS

“Muchacha de bosques oscuros”, libro de poemas de Anastasía Guitsi

Traducción y nota bio-bibliográfica: Mario Domínguez Parra

ROOM 321
 
era una acera olvidada
  sin suelas purulentas
  sin dedos que ignoran el amor
 
era una acera observada
  de pecho superfluo
  de espalda ajada
 
era un lamento de placer
  room 321.
 
(¡con trocitos de cristal ilegal
 en su carne!)
 
enero 2012
 
 
ROOM 321
 
ήταν ξεχασμένο πεζοδρόμιο
  δίχως πέλματα πληγιασμένα
  δίχως δάκτυλα ανέραστα
 
ήταν παρατημένο πεζοδρόμιο
  με στήθος περίσσιο
  με πλάτη μαδημένη
 
ήταν οιμωγή ηδονής
  room 321.
 
(με κομματάκια γυαλιού απαγορευμένου
 στη σάρκα του!)
 
Ιανουάριος 2012
 
 
Sílaba mármol
 
                                                                 Arrojadas lenguas de fuego en sueños ignaros
                                        
                                                                                                          en verdad no demarcan.
 
asimétrica manta floqueada
 
sobria pérdida
 
instante de contacto imprevisible
 
el espacio.
 
                                                                            –rutas lineales de oscuridad alabastrina
 
                                                                                                             en campana de mano–
 
que el rojo venga
 
para abrazarlo sobre el frío del mármol.
 
Lo que se pauta dentro y fuera
 
no enjuaga la culpa.
 
Silueta de violación
 
ataque premeditado a una blanquísima matriz.
 
En la facilidad de la madera nunca
 
te convertiste en querida…
 
                                                                         –Repeticiones cíclicas de un acuario de luz
                                                                                                                                    
                                                                                                                  en un soplo de labios
 
En la rigidez del mármol
 
desnuda fuiste cincelada
 
                                                                                                    –la roja sangre de la matriz
 
                                                                                    se derramó en lo exánime del blanco–
 
te derramaste encarnadamente.
 
 
enero 2012
 
 
Συλλαβή Μάρμαρο
 
                                                              Πεταμένες γλώσσες φωτιάς σε νυχτωμένα όνειρα
 
                                                                                                                    αλήθεια δεν ορίζουν.
 
Φλοκάτη ασύμμετρη
 
απέριττος χαμός
 
στιγμή ανύποπτης επαφής
 
ο χώρος.
 
                                                                    -γραμμικές πορείες αλαβάστρινου σκοταδιού
 
                                                                                                                   σε χεριού καμπύλη-
 
Το κόκκινο να ‘ρθει
 
να το αγκαλιάσω στο κρύο του μαρμάρου.
 
Ό,τι χαράζεται στο μέσα και στο έξω
 
δεν ξεπλένει την ενοχή.
 
Περίγραμμα βιασμού
 
εκούσια εισβολή σε κάτασπρη μήτρα.
 
Στην ευκολία του ξύλου ερωμένη
 
δεν έγινες ποτέ…
 
                                                                               -Κυκλικές επαναλήψεις υδροχόου φωτός
 
                                                                                                                       σε χειλιών φύσημα-
 
 
Στην ακαμψία του μαρμάρου
 
γυμνή σμιλεύτηκες…
 
                                                                                                        -το κόκκινο της μήτρας αίμα
 
                                                                                                     στου λευκού το άπνοο χύθηκε-
 
χύθηκες ενδόσαρκα.
 
 
Ιανουάριος 2012
 
 
Sílaba hormigón
 
                      Abruptas esquinas en cáusticos giros lingüísticos.
 
Dejaste la última sílaba
 
átona
 
como de hormigón
 
el contacto
 
incoloro.
 
                                                                                        –más abajo borbollan los orificios
 
                                                                                                                            de lo deseable–
 
¡La mirada empero más azul y hecha de azul!
 
 
¿Qué memoria encorará
 
las heridas que te dañan la mano?
 
No recuerdo que me dijeras.
 
 
Nunca sentiste afecto por el silencio del mármol,
 
recuerdo…
 
                                                                                          –más adentro mudo se comprime
 
                                                                                                                       el fruto del ansia–
 
Nunca sintió afecto por ti el silencio del mármol,
 
recuerdo…
 
 
octubre de 2011
 
 
Συλλαβή μπετόν
 
                          Απότομες γωνίες σε αιχμηρά γυρίσματα της γλώσσας.
 
Άφησες την τελευταία συλλαβή
 
ατόνιστη
 
σαν από μπετόν
 
αχρωμάτιστη
 
η επαφή.
 
                                                                                                    -πιο κάτω κοχλάζουν οι οπές
 
                                                                                                                            του επιθυμητού-
 
Το βλέμμα όμως πιο γαλάζιο κι από γαλάζιο!
 
 
Τις πληγές που σου πονούν το χέρι,
 
ποια μνήμη θα επουλώσει;
 
Δεν θυμάμαι να μου είπες.
 
 
Την σιωπή του μαρμάρου ποτέ δεν την συμπάθησες,
 
θυμάμαι…
 
                                                                                                -πιο μέσα συνθλίβεται βουβός
 
                                                                                                                 ο καρπός του πόθου-
 
Η σιωπή του μαρμάρου ποτέ δεν σε συμπάθησε
 
Θυμάμαι…
 
 
Οκτώβριος 2011
 
 
Ven a mí
 
                                                                              Escucha…escucha…escúchame…
 
Ven a mí,
 
Ven a mí a habitarme.
 
Mi deseo agotó la carne vacante.
 
 
Valencia, agosto de 2009
(Del libro Muchachas del bosque oscuro)
 
 
Έλα Μου
 
                                                                                                 Άκου… άκου… άκου με…
 
Έλα μου,
 
Έλα μου να με κατοικήσεις.
 
Αδειανό σαρκίο απόκαμε η επιθυμία μου.
 
Valencia, Άυγουστος 2009
(Από την ποιητική συλλογή «Κορίτσι των σκοτεινών δασών»)
 
 
CUANDO LOS POETAS SE ACUESTAN
 
Quizás contamos las historias más melancólicas
 
solos por las noches,
 
para soportar la muerte de los otros
 
y su soledad.
 
Y cuando nos acostamos siempre tenemos
 
nuestra mano estirada
 
porque…
 
¡imagina que todos los sufrientes vienen
 
por la noche y que no hallen
 
ni una mano a la que agarrarse!
 
 
(Del libro ¡Lo sé! Es algo tarde)
 
 
ΣΑΝ ΠΛΑΓΙΑΖΟΥΝ ΟΙ ΠΟΙΗΤΕΣ
 
Ίσως τις μελαγχολικότερες ιστορίες τις λέμε
 
μόνοι μας τα βράδια,
 
για να βαστάμε τον θάνατο των άλλων
 
και την μοναξιά τους.
 
Και σαν πλαγιάζουμε έχουμε πάντοτε
 
το χέρι μας ξεσκέπαστο
 
γιατί…
 
για φαντάσου να έρθουνε όλοι οι λυπημένοι
 
τη νύχτα και να μην βρουν
 
ούτε ένα χέρι για να κρατηθούν!
 
 
(Από την ποιητική συλλογή «Ξέρω! Είναι κάπως αργά»)
 
 
Nota bio-bibliográfica
 
La poeta, ensayista y traductora griega Anastasía Guitsi nació en Salónica. Es licenciada en Teología por el A.P.TH. Estudió francés, con una beca del Vaticano, en C.L.A., en Besançon (Francia). Completó sus estudios de doctorado con una beca del Patriarcado de Estambul, en el Centre Orthodoxe du Patriarcat Oecuménique (Chambésy, Suiza). Está escribiendo su tesis sobre Dogmática en el A.P.TH. Es profesora de Teología desde 2005. Desde 2008, ejerce como colaboradora científica de la Academia de Estudios Teológicos de la Sagrada Catedral de Dimitriados y Almirós (www.acadimia.gr). Es miembro del art club conACT y de WSCF (World Student Christian Federation), participando activamente en algunos de los congresos que organiza esta asociación: “Family. Expectations and exceptions” (Estrasburgo, Francia, 2006), “Gender Equality. There is such a thing?” (Kismaros, Hungría, 2007), “Religion. Source of violence or peace?” (París, 2007), “Stop Violence” (Nitra, Eslovaquia, 2008), “Living our Faith in a Multicultural Society” (Manchester, 2008), “Gender, society and religion – exploring diversity in an expanding Europe” (Sibiu, Rumanía, 2009).
 
Ha publicado hasta ahora tres libros de poesía: Palabras de esperanza (Λόγια ελπίδας, Salónica, Ekdosis Barbunakis, 2011), Muchacha de bosques oscuros (Κορίτσι των σκοτεινών δασών, Salónica, Ekdosis Barbunakis, 2010) y ¡Lo sé! Es algo tarde (Ξέρω! Είναι κάπως αργά, Salónica, Ekdosis Paratiritís, 2000). Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés y al francés. Poemas, traducciones y estudios de su autoría han sido publicados en diversas revistas, de teología y de literatura, en Grecia y en otros países. Su obra ha formado parte de diversas antologías. Como ensayista ha fijado su atención en la obra poética de Tasos Livaditis, además de presentar diversos relatos de Aléxandros Papadiamantis.
 
Su página web: http://www.anastasiagkitsi.com/
 
 

ÉLENA LYBEROPULU – SEIS POEMAS

Traducción y nota bio-bibliográfica: Mario Domínguez Parra

La poeta griega Élena Lyberopulu nació en Kalamata (Mesinía). Es profesora de pre-escolar. La editorial Endymión publicó en 2012 su libro Tiempo demolido (Γκρεμισμένος χρόνος, en formato electrónico), al que pertenecen estos poemas.

TIEMPO DEMOLIDO

Muchas veces me veo obligada a demolerlo todo.
Demolí el azul, las distancias, los faroles miradas,
demolí el modo en que me necesitabas, los sentimientos de techos bajos,
la hierba no hollada, las desnudas intenciones,
demolí mantos de invisibilidad, melancólicas moradas,
antenas de insectos, de edificios, de consciencia.
Me demolí además.
Desde el arco de una ceja, desde una mentira indiferente,
desde una verdad con fecha posterior, desde rodillas que se enganchaban a mi cintura,
desde manos que me apuntaban, desde veranos impermeables.

Me pondré los pies, vamos a caminar

ΓΚΡΕΜΙΣΜΕΝΟΣ ΧΡΟΝΟΣ

Πολλές φορές αναγκάζομαι να τα γκρεμίζω όλα.
Γκρέμισα το γαλάζιο, τις αποστάσεις, τους φανοστάτες βλέμματα,
γκρέμισα τον τρόπο που με χρειαζόσουν, τα χαμηλοτάβανα αισθήματα,
την απάτητη χλόη, τις γυμνές προθέσεις,
γκρέμισα μανδύες αορατότητας, μελαγχολικά κατοικίδια,
αντένες εντόμων, κτηρίων, κατανόησης.
Γκρεμίστηκα κιόλας.
Από το τόξο ενός φρυδιού, απ ‘ενα αδιάφορο ψέμα,
απο μια μεταχρονολογημένη αλήθεια, απο γόνατα που αγκίστρωσαν τη μέση μου,
απο χέρια που με στόχευσαν, απο αδιάβροχα καλοκαίρια.

Θα φορέσω τα πόδια μου, πάμε να περπατήσουμε

EL ESPACIO EN NOSOTROS

Despertamos sobre una cama de pámpanos
Del cielo pendían globos polícromos
Hubo un eclipse solar todos aquellos días
Las hormigas siguieron trabajando con intensidad
La columna férrea en nosotros había empezado a oscurecerse
Y soñábamos con uvas rojas.

Ο ΧΩΡΟΣ ΜΕΣΑ ΜΑΣ

Ξυπνούσαμε σ’ ένα κρεβάτι απο κληματόβεργες
Απ’ τον ουρανό κρέμονταν πολύχρωμα μπαλόνια
Είχε έκλειψη ηλίου όλες εκείνες τις μέρες
Τα μυρμήγκια συνέχιζαν να εργάζονται εντατικά
Η σιδερένια στήλη μέσα μας είχε αρχίσει να σκουριάζει
Και εμέις ονειρευόμασταν σταφύλια κόκκινα.

SIN MISTERIO

No sé plañir como los otros
No conservo los billetes de un viaje idílico.
Cuando duermes devengo estatua con sombra en los ojos.

Puedo distinguir un perro de un nido de águilas.
Siempre llevo conmigo un poco de mar.
Sobre todo temo el frío.
Cuando veo árboles sé que me caeré de nuevo

Aborrezco el malva y tengo que saber
que se fabrica con rojo y azul.
Las piedras me recuerdan a pájaros heridos.
Ante quien me arroja abejas, reacciono de forma extraña,
me desgarro las rodillas y luego lo mato.

ΔΙΧΩΣ ΜΥΣΤΗΡΙΟ

Δεν ξέρω να θρηνώ όπως οι άλλοι
Δεν κρατάω τα εισιτήρια ενός ιδανικού ταξιδιού.
Όταν κοιμάσαι γίνομαι άγαλμα μ’ έναν ίσκιο στα μάτια.

Μπορώ να ξεχωρίσω ένα σκύλο από μια αετοφωλιά.
Κουβαλάω μαζί μου πάντα λίγη θάλασσα.
Πιο πολύ απ όλα φοβάμαι το κρύο.
Όταν βλέπω δέντρα ξέρω ότι θα πέσω ξανά

Απεχθάνομαι το μωβ και ας ξέρω
ότι φτιάχνεται από κόκκινο και μπλε.
Οι πέτρες μου θυμίζουν λαβωμένα πουλιά.
Όποιος μου πετάει μέλισσες, αντιδρώ παράδοξα,
σκίζω τα γόνατα μου και μετά τον σκοτώνω.

AQUELLOS TRENES

Me gustaban los trenes, raudos al
atravesar los paisajes y todos sus
sombreados, construyendo así una sinuosa
imagen mágica. Y medio cerrados los ojos
entré en esta imagen mágica y
todo mi mundo, este terreno a distinto
nivel de mis acciones e inercias, maduraba. Me gustaba
escupir agua desde las ventanas y rociar los
campos, las gotas a veces se congelaban en la
imagen mágica y flotaban en la atmósfera intemporal
y con ellas yo flotaba, y cuando sólo me acercaba a
puentes, las alas que tomé en préstamo
me hicieron aterrizar para servir a mi titubeo.
En los túneles otra vez recuerdo: cerraba del todo los ojos y
automáticamente me preguntaba por dónde salir.
Me gustaban los trenes, nunca sabía al final a dónde
me llevarían, no quería saber, no era necesario…
aquellos trenes raudos, aquellos trenes,
los dragones férreos que te llevaban sobre
su lomo y viajabas a los santuarios de
tu paradójica fantasía.
Aquellos trenes he echado de menos…

ΤΑ ΤΡΕΝΑ ΕΚΕΙΝΑ

Μου άρεσαν τα τρένα, έτσι γρήγορα που
προσπέρναγαν τα τοπία και όλες τους τις
φωτοσκιάσεις, φτιάχνοντας έτσι μια μαγική
εικόνα τεθλασμένη. Μισόκλεινα τα μάτια και
έμπαινα και γω στη μαγική εικόνα αυτή και
γινόταν ο κόσμος μου όλος , το ανισόπεδο αυτό
πεδίο δράσης μου και αδράνειας. Μου άρεσε να
φτύνω απ τα παράθυρα νερό και να ραίνω τους
κάμπους, οι στάλες καμία φορά πάγωναν στη
μαγική εικόνα και αιωρούνταν στην άχρονη ατμόσφαιρα
και μαζί τους αιωρούμουν και εγώ, και όταν πλησίαζα σε
γέφυρες μόνο, με προσγείωναν τα φτερά που
δανειζόμουν για να εξυπηρετήσω την αμφιταλάντευση μου.
Στα τούνελ πάλι θυμάμαι, έκλεινα εντελώς τα μάτια και
αυτομάτως αναρωτιόμουν που θα βγω.
Μου άρεσαν τα τρένα, ποτέ δεν ήξερα τελικά που
θα με πάνε, δεν ήθελα να ξέρω, δεν χρειαζόταν..
εκείνα τα τρένα τα γρήγορα , εκείνα τα τρένα,
οι δράκοι οι σιδερένιοι που σε έπαιρναν στην
ράχη τους και ταξίδευες στα άδυτα της
παράδοξης φαντασίας σου.
Eκείνα τα τρένα μου έχουν λείψει…

AZUL

Devine mar.
No agitada.
Me mezclé con ríos
como se mezcla un rayo de luz
con un cerezo salvaje.
Muda, jadeante.
Sigo mis batallas con las llamas
desde lo alto.
Aprendí de niña a volar
y desde lo alto sin ansia
ato mis cordones.
De vez en cuando me agarro de los flecos
del cielo, me pego a él
y me murmura.
Otras veces desciendo con
un cuchillo diáfano hacia el abismo
y me esparzo
en la sed del dolor.
Quizás esto no me pasaría
si sólo fuese agua.
Pero, como te dije,
ya devine mar.

ΜΠΛΕ

Έγινα θάλασσα.
Όχι ταραγμένη.
Έσμιξα με ποτάμια
όπως σμίγει μια ακτίνα φωτός
με μια αγριοκερασιά.
Άφωνα, ξέπνοα.
Τις μάχες μου με τις φλόγες
τις παρακολουθώ από ψηλά.
Έμαθα να πετώ από παιδί
και από ψηλά χωρίς ανυπομονησία
δένω τα κορδόνια μου.
Πότε πότε πιάνομαι απ τα κρόσια
του ουρανού, κολλάω πάνω του
και αυτός μου ψιθυρίζει.
Άλλες φορές, κατηφορίζω με
ένα μαχαίρι διάφανο προς την άβυσσο
και σκορπίζομαι
μέσα στη δίψα του πόνου.
Ίσως να μη μου συνέβαιναν αυτά
αν ήμουν μόνο νερό.
Μα σου λέω,
έγινα θάλασσα πια.

OTOÑO

No tengo otra fe.
Mis ojos echan chispas
en conchas de trueno.
No me atrevo a venir
a ninguna asamblea.
Sólo a ensangrentados
paisajes de compañía.
Hablarán los muertos
de todo, ya que vives.
Te engañé,
peyorativa hablaba
del dolor,
pero anochecía y
la luna se abría
como una
escotilla.

ΦΘΙΝΟΠΩΡΟ

Δεν έχω άλλη πίστη.
Τα μάτια μου σπινθηρίζουν
σε κόγχες κεραυνού.
Δεν τολμώ να έρθω
σε καμία συνέλευση.
Μόνο σε ματωμένα
τοπία συναναστροφής.
Οι νεκροί θα μιλήσουν
για όλα, αφού εσύ ζεις.
Σε ξεγέλασα,
μίλησα υποτιμητικά
για τον πόνο,
αλλά νύχτωνε και
το φεγγάρι άνοιγε
σαν πόρτα
καταπακτής.

KOSTAS E. TSIRÓPULOS – CINCO FRAGMENTOS A PARTIR DE UNA LECTURA DE «TORDO»

Traducción y notas de Mario Domínguez Parra

 

Kostas E. Tsirópulos, poeta, narrador, ensayista, traductor e hispanista griego, nació en 1930 en Lárisa. A lo largo de su vida ha desempeñado diversos cargos públicos relacionados con la cultura, aparte del de Secretario del Consejo del Arzobispado de Atenas (hasta 1968). Está muy vinculado a España por sus estudios de Historia del Arte y su relación con el Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de la Universidad de Granada, con el que colaboró en sus clases de literatura neogriega en Rodas y que le otorgó en 2004 el título de Doctor Honoris Causa. En 2007 recibió el Premio Nacional de Literatura en Grecia por el conjunto de su obra. Así lo recuerda el Presidente de la Asociación Hispánica de Estudios Neohelénicos, Morfos Morfakidis, en un interesante texto del que entresaco algunos datos. La fusión, natural y casi indisoluble en muchos escritores griegos modernos, entre la Grecia Clásica y el Cristianismo Ortodoxo es crucial en Tsirópulos. Su relación con España se traduce en la presencia en lengua griega de autores españoles e hispanoamericanos, gracias a su labor en la Editorial Efzyni (Responsabilidad). Diversas obras de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Tirso de Molina, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Federico García Lorca, José Lezama Lima, Camilo José Cela o Carmen Laforet fueron traducidas directamente por él o bajo su patrocinio.

Obra ensayística: En la línea de fuego, La Última Cena, Civilización del cuerpo, El signo de puntuación, Discurso sobre la perplejidad, El ser humano como escritor.

Escribió los libros de poemas Odeón, Noches, Conocimiento del mar, Encáustica, Verano negro, Los ángeles, Cuaderno de alucinaciones, Semana Santa, Música; Eros, Hypnos, Zánatos; Orquestaciones, Misterio, Pesebre.

Escribió también las novelas El deseo y Escila y Caribdis, además de algunas colecciones de cuentos.

Algunos de sus libros han sido traducidos al español. Es el caso del poemario Los ángeles (por José Ruiz); los libros de ensayos Estudios sobre España (por José Ruiz), Los signos de puntuación (por Vicente Fernández González) y Sobre la ternura (por José Antonio Moreno Jurado); y entre los mencionados libros de cuentos está El reposo de los atletas, cuya traductora, Isabel García Gálvez (profesora de la Universidad de La Laguna, investigadora, ensayista) realizó una gran contribución a la difusión de la literatura neogriega. Esta contribución posibilitó en 2001 la presencia de Tsirópulos en el II Congreso de la Sociedad Hispánica de Estudios Neogriegos, que tuvo lugar en dicha universidad. Prosiguiendo con esta labor, la profesora García Gálvez compiló en el libro Kostas Tsirópulos (Santa Cruz de Tenerife, Intramar Ediciones, Serie Analecta, 2009) una serie de ensayos y textos breves sobre su obra, así como también traducciones de su poesía y prosa, edición en la que participé con una selección de sus libros Misterio (III. «Tinieblas») y Música («Cuarta Sinfonía» y «Sexta Sinfonía»).

Este breve texto se halla al final de uno de los Cuadernos Evzyni, el dedicado a Yorgos Seferis, que llevaba el título «ΠΕΡΙΓΡΑΦΗ ΤΟΥ ΓΙΩΡΓΟΥ ΣΕΦΕΡΗ ΔΕΚΑΠΕΝΤΕ ΧΡΟΝΙΑ ΑΠΟ ΤΟΝ ΘΑΝΑΤΟ ΤΟΥ» (Descripción de Yorgos Seferis a los quince años de su muerte), y que se publicó en 1986. La cronología elaborada por Zanasis Papazanasópulos, al final del cuaderno mencionado, señala el año 1947 como fecha de la publicación del poema «Tordo», de Seferis, en la editorial Íkaros.

 

A

Trata de encontrar y de coordinar tus palabras con las palabras de Seferis. Pero, ya que las palabras no son sólo sonidos sino también significado, ni tan siquiera significado solamente (también son un clima interior del que las pronuncia), debes discernir el «clima» del Poeta cuando escribía las palabras de «Tordo». Es un clima de melancolía – casi el único (si se exceptúa «Razón erótica» y varios claros, aquí y allá, en sus poemas), clima de Seferis. Un clima de desesperación.
Sitúa estas palabras a continuación en la época en que fueron trazadas por el Poeta. Porque las mismas palabras, de una época a otra, toman otro significado. Esto nos lo cuenta el Diccionario Liddell-Scott (1). Las palabras de «Tordo» no tienen –como tienen las palabras de Solomós– ninguna inocencia. Son palabras que brotan cada cierto tiempo desde las vísceras de un mundo putrefacto, como nos lo presenta «La última estación».
El drama de este mundo se consuma en «Tordo». El poeta lo observa y lo expresa con la ataraxia amarga de un estoico. Porque el tono de Seferis es un tono estoico y su dolor se ha enterrado tan profundamente en su interior que, una vez asimilado, lo deja libre para ver el mundo por encima de su ser—que, a pesar de todo, permanece como el cimiento del mundo.

B

Tres son los poemas de «Tordo»: el primero es el poema de las casas; el segundo, el poema de las personas a las que otros sobrepasan, ascienden a la memoria que es la Historia y que otros esconden en la penumbra de una vida personal frágil. El tercero es el poema del mito de la vida, como vida colectiva que «naufraga» en la muerte. Y todo esto, es decir, estos tres largos y grandes poemas a los que se considera un vergel, lo concluye el mar, el destino de los seres humanos, la esencia misteriosa que miramos sin distinguir el naufragio de la vida, ya que todo está sumergido en luz angelical y negra. Es angelical y negro el día de los hombres que viven creados por oscuridad y luz, hasta que «todas las cigarras juntas» de la vida callen.
Con esta concepción, «Tordo» es la obra limítrofe de Seferis, el roce de su frontera interior y el reconocimiento de sus fuerzas poéticas en una visión concluyente. Así, todo lo que escribió después de «Tordo» parece incluso, después de su palabra postrera, un auto-comentario y un añadido.

C

«La casa» es la raíz de la Tribu y la raíz del hombre. Con la casa, a través de la casa, conoce el primer mundo, lo consolida en su interior y se da cuenta del primer grado de la Historia, que es la conciencia de la familia y su camino como generación en el tiempo.
La herida infantil que no parece cerrarse nunca en el pecho de Seferis es la casa perdida, la patria perdida de Asia Menor (2). Esta tristeza abre en su interior la verdad trágica y lo hace darse cuenta de que las casas están condenadas a ser deshabitadas, porque son obras de los hombres a los que la muerte se lleva y que las abandonan. Así, alguien que vive en su casa puede «subir los escalones sin ver / a aquellos que durmieron bajo la escalera», a los antepasados olvidados por completo. No los ve; no obstante, esto no quiere decir que no continúen existiendo. Están dormidos, hasta que los despierte el abrumador toque de trompeta del Segundo Advenimiento de Cristo.

D

«El sensual Élpenor» es el segundo poema de «Tordo». ¿Por qué «sensual»? Porque la vida se enraíza en el placer de la carne de la pareja. ¿Y por qué «Élpenor»? Porque es la humilde sombra homérica que vive sensualmente, que cree en el placer como esperanza y que por su causa se hace pedazos al morir. Un ímpetu vital, inquietante por misterioso, respira en los miembros de este poema para condensar en sus palabras el sabor acerbo de una fatalidad, en la que las vivas visiones femeninas del primer poema se encarnan en la liturgia del placer, en camas encantadas, para concluir y de nuevo petrificarse en sueños –estatuas– y todos los que todavía gritan «no tienen qué decir». La fatalidad extrema, la de la muerte, se manifiesta con la guerra que «recompensa» a las almas, ora representándolas en los museos como estatuas, ora durmiéndolas bajo la escalera. Y entonces, todo el milagro de la vida y de la naturaleza, las semillas vivas, las estrellas, el beso, la belleza desnuda, la pasión, son fragmentos, ruinas…Y, no obstante, parece que las estatuas se sostienen en isostasia con las casas: aquéllas son la raíz, ésta su florecimiento. El hombre nace en una casa pero se inmortaliza moldeando una estatua. No obstante, tampoco las estatuas al final nos salvan del barrido de la muerte: «Las estatuas están en el museo / buenas noches» – «… porque las estatuas ya no son fragmentos, / somos nosotros»…

E

Todo lo que, en el segundo poema, era la posibilidad de la vida personal del hombre que, puesto que nació en la casa, vive la pasión como mundo de esperanza y moldea la estatua, en el tercer poema, «El naufragio del “Tordo”», se conserva como incorruptible mito de la vida de una sociedad de hombres. Vives dentro del mito personal y colectivo, dentro de la casa, en lo abierto en el milagro del mundo como vida, pero al final todo rozará la pausa dura e incorruptible de la muerte, que se conserva dolorosamente, pero con la fatalidad de una palabra poética definitiva, en los últimos versos del tercer poema, donde entonces «se vaciarán tus ojos por la luz del día».
No obstante, esto no significa que te dirijas hacia la oscuridad. Cuanto más te aproximas a la muerte, al silencio súbito («cómo de repente callan todas las cigarras a la vez»), tanto más se amplía y enriquece la luz, como bio-teoría básica, ilusoria y no-lógica (cristiana ortodoxa, diría yo) de Seferis. El mundo se irá dentro de la casa, el mundo se irá alrededor de la casa, todo callará repentinamente, pero la luz permanecerá. La muerte no ennegrece la Creación, sólo la vacía. Esta luz es el mar, el misterio en que los mitos de la vida se balancean: Edipo, Sócrates, Antígona, las «estatuas» que «se doblan ligeramente» pero que no se fragmentan. «Quien nunca amó amará, / en la luz». Y aquí justamente la luz se distingue en un acontecimiento-símbolo funcionalmente religioso que da a luz al Amor. La luz de la Transfiguración como teología, conocimiento de la voluntad divina, apariencia divina del hombre.

Notas

(1) Diccionario Griego Clásico-Inglés, elaborado por Henry George Liddell y Robert Scott, cuya primera edición es de 1843. Incluye, en sus últimas ediciones, léxico proveniente de papiros, inscripciones o lineal B, extendiendo su radio de acción hasta el año 1200 A.C. Editado por Oxford University Press.

(2) La familia del poeta procede de un pueblo cerca de Esmirna (vid. Edmund Keely, «ΣΥΖΗΤΗΖΗ ΜΕ ΤΟΝ ΓΙΩΡΓΟ ΣΕΦΕΡΗ / Conversation with George Seferis», Atenas, Agra, 1986, edición bilingüe inglés-griego, pp. 27, 29), en Turquía, ciudad donde residía una gran población griega que tuvo que huir casi en su totalidad, a causa de las matanzas perpetradas por el ejército turco en 1922 (la llamada «Catástrofe de Asia Menor»), tras la frustrada aplicación de la «Gran Idea», un anhelo que surgió tras la revolución griega que produjo la expulsión de los turcos, a partir de 1821. El resultado de ese anhelo fue la invasión, por parte del ejército griego, de Turquía para recuperar las antiguas colonias griegas en Asia Menor. Ioanna Tsatsu, en su libro Mi hermano Yorgos Seferis (Atenas, «Estía», 1973), cita una carta del poeta (desde París, 2 noviembre, 1922, jueves), en la que expresa su desesperación: «Esmirna, Grecia, las traiciones, las puñaladas, las ignominias y toda la vergüenza y el menosprecio de los países civilizados me despojaron y arrojaron de mi alma su último afeite, y miré mi alma por vez primera…la vi tal y como era, porque medí, medí la fuerza del nervio más insignificante, como si tuviera diabetes en las manos, y dije que no merecía nada, y me precipité en el otoño sin encontrar respuesta alguna, y sentí, a dos dedos de mí, la inexistencia» (p. 182).

GUSTAF SOBIN – SOBRE UN PENDIENTE DE LA EDAD DE BRONCE

Sobin

Traducción y nota bio-bibliográfica: Mario Domínguez Parra

 

Debió de haber ascendido con las otoñales aradas hasta las rodillas y haber sido dejado allí durante el invierno: un minúsculo artefacto en un lance de barro desentrañado. Verde ácido, parecía más bien cristal, en un principio: el labio, digamos, de algún angosto frasquito medieval. Sobre la palma de mi mano, sin embargo, el peso de este azaroso descubrimiento indicaba metal. Indicaba bronce. Fina astilla de no más de dos centímetros de ancho, estaba moldeada en forma de medialuna menguante. Luna, pensé. Sostenía en la palma de mi mano un protohistórico error lunar manufacturado: un trozo de bronce que había sido transformado –durante los primeros siglos, sin duda, de la metalurgia– en un pequeño ornamento colgante.
Se produce un estremecimiento, por supuesto, ante semejantes hallazgos: un instante en que a uno le impresiona el milagro de una casualidad tan pura. ¿Cómo algo tan pequeño, tan poco llamativo, sobrevive no solo a una infinita sucesión de plúmbeas, mecánicas aradas, sino también a tres mil años consecutivos de ignorancia, indiferencia, deriva? Uno no puede más que preguntárselo. Preguntárselo y maravillarse todo lo más ante la complejidad de circunstancias que trajo este diminuto objeto, finalmente, ante la centrada atención de alguien. Tanto océano, seguía yo pensando, por semejante fragmento minúsculo, rescatado.
Mi primera reacción –de simple estupefacción– dio paso, sin embargo, a algo mucho más profundo. Ya que el objeto de mi atención –todavía yacente sobre la palma de mi mano– se volvió, poco a poco, un sujeto. Más que solamente «algo», se reveló como último rasgo distintivo de un «alguien» desaparecido hace ya tiempo, un único vestigio superviviente. Como accesorio, bien podría haber constituido –¿quién sabe?– una parte preciada de la propia imagen de ese «alguien». Bien podría haber sido el adorno por el que ella eligió, en momentos íntimos, reconocerse a sí misma en medio de una existencia ardua. Yo sólo podía especular. ¿Cómo, de hecho, puede cualquiera responder a «alguien» que no es? Voz sin sonido, lenguaje sin palabras, esta gotita lunar, no obstante, rogó ser oída. Yo sólo podía escuchar. Sólo podía asumir, teniendo en cuenta las circunstancias, mi papel de testigo.
¿No somos siempre, en efecto, testigos del artefacto, del sordo discurso de lo inanimado, del asonante mundo del vestigio? ¿No se nos convoca siempre, de hecho, para testificar por aquéllos que no pueden? Porque los muertos, nos damos cuenta, sólo nos tienen a nosotros; por la propensión a la reliquia, sólo el lustre de nuestro homenaje pasajero. En el orden arqueológico de las cosas, ¿no es cierto que los muertos –desde esas pesadas capas, a los que la tierra atraganta– solicitan continuamente nuestra atención? ¿No es en nosotros en quienes continuamente delegan? ¿En quienes invierten verbalmente? ¿En nosotros que vivimos, aunque tan sólo momentáneamente, sobre ese estrato postrero: uno hecho de aire, de viento, de clima intacto?
La imaginé rubia. Imaginé sus rasgos dilatados, sinceros y la longitud más bien sorprendente de su cuerpo, envuelto hasta los tobillos en piel de corzo. Imaginé, también, un cierto peso en su mirada, las pesadas cúpulas de sus párpados. ¿Niños, me preguntaba, fallecidos durante el parto? ¿La prevalencia, en todas partes, de una muerte prematura? ¿El presagio, quizás, de la suya propia? Aquí nadie necesita imaginar lo que ya se ha determinado: la esperanza de vida en la Edad de Bronce era extremadamente baja. La seguí, en ese mismo momento, mientras se volvía. La vi de pie, ahora, de perfil, sus dedos desembrollando su densa mata de melifluo pelo rubio, recogiéndoselo en un moño alto, como solía hacer. Y en ese mismo segundo, lo vi. Lo vi centellear, no de color verde ácido, sino del color del oro. Vi esa pequeña baratija selénica temblar, colgando de su ahora descubierto lóbulo como minúsculo anzuelo en forma de cuchara.
No era más, por supuesto, que imagen, que la imaginaria reconstitución de un objeto extraviado. Sí, tanta imaginería, expresada en los pesos y medidas de un ámbito igualmente evanescente, el del lenguaje mismo. Pero entre ellos, entre las palabras de los vivos y las insinuaciones de los muertos –esto es, entre lo hablado y lo indicado– ¿no se había introducido, de hecho, un centelleo? A presión, incrustado entre dos dominios diferentes, ¿no había escapado un rayo—una emanación pura? ¿No había, sobre la palma de la mano de alguien, llegado a irradiar?

Nota bio-bibliográfica

El poeta, narrador, ensayista y traductor estadounidense Gustaf Sobin (Boston, 1935-Provenza, 2005) escribió los libros de poemas Wind Chrysalid’s Rattle (1980), Caesurae: Midsummer (1981), Celebration of the Sound Through (1982), Ten Sham Haikus (1983), Carnets 1979-1982 (1984), The Earth as Air (1984), Nile (1984), Sicilian Miniatures (1986), Voyaging Portraits (1988), Blown Letters, Driven Alphabets (1994), Breath’s Burials (1995), By the Bias of Sound: Selected Poems (1974-1994) (1995), Towards the Blanched Alphabets (1998), A World of Letters (1998), Articles of Light & Elation (1999), In the Name of the Neither (2002), The Places as Preludes (2005), Collected Poems (que incluye sus «New Poems», 2010).

Escribió además las novelas Venus Blue (1991), Dark Mirrors: A Novel of Provence (1992), The Fly-Truffler (1999) y In Pursuit of a Vanishing Star (2002).

Publicó los libros de ensayo Luminous Debris: Reflecting on Vestige in Provence and Languedoc (al que pertenece este texto, Berkeley, University of California Press, 1999), Aura: Last Essays (2008) y Ladder of Shadows: Reflecting on Medieval Vestige in Provence and Languedoc (2009).

Escribió además un libro infantil, The Tale of the Yellow Triangle (1973).

Tradujo al inglés obras de Henri Michaux (Ideograms in China, New Directions, 2002) y de René Char (The Brittle Age and Returning Upland, Counterpath Press, 2009).

Andrew Joron y Andrew Zawacki, en su introducción a Collected Poems, relatan el descubrimiento que supuso para el joven Sobin la poesía de René Char en 1962, por medio de la traducción que publicó Random House y que editó Jackson Matthews (con una nota publicitaria de William Carlos Williams). Ese descubrimiento animó al poeta de Boston a emigrar a Europa, harto como estaba del utilitarismo comercial y de la Guerra Fría, que también afectaba a las estéticas literarias en los Estados Unidos. Conoció a Char en París por mediación de un amigo común. El poeta francés le animó, como escribió el propio Sobin, a visitar la Provenza y a descubrir de dónde venían esos poemas suyos que tanto admiraba. Sobin volvió por poco tiempo a EE.UU., vendió sus pertenencias y se instaló definitivamente en la Provenza en 1963, donde vivió durante más de cuarenta años. Eligió un pueblo medieval de la región de Vaucluse, Goult. Con ayuda financiera de Char, compró un viejo edificio habilitado como criadero de gusanos de seda y lo restauró para que le sirviera de residencia. Además, construyó una pequeña cabaña que utilizaría como lugar de trabajo. Allí fue donde produjo el grueso de su obra (vid. Gustaf Sobin, Collected Poems, Greenfield-Massachusetts, Talisman House, Publishers, 2010, p. 1).