KONSTANTINOS P. KAVAFIS – LOS TRAGALUCES

Traducción: Mario Domínguez Parra

En estas oscuras habitaciones, do

días paso arduos, voy de un lado

a otro a por tragaluces. Cuando un tragaluz

se abra, un consuelo supondrá.

Pero los tragaluces no se hallan o no puedo

hallarlos. Y mejor que no los haya hallado.

Quizá una nueva tiranía sea la luz.

Quién sabe qué nuevas cosas mostrará.

[1897, 1903*]

Τα παράθυρα

Σ’ αυτές τες σκοτεινές κάμαρες, που περνώ
μέρες βαριές, επάνω κάτω τριγυρνώ
για νά βρω τα παράθυρα. — Όταν ανοίξει
ένα παράθυρο θα ’ναι παρηγορία.
—Μα τα παράθυρα δεν βρίσκονται, ή δεν μπορώ
να τά βρω. Και καλύτερα ίσως να μην τα βρω.
Ίσως το φως θα ’ναι μια νέα τυραννία.
Ποιός ξέρει τί καινούρια πράγματα θα δείξει.

[1897, 1903*]

DIMITRIS V. TRIANDAFILIDIS – LA EJECUCIÓN DE UN GENIO SENCILLO

Texto original:

https://www.liberal.gr/apopsi/i-ektelesi-mias-aplis-megalofu%CE%90as/331881

Traducción: Mario Domínguez Parra

Sus contemporáneos lo respetaban y consideraban que era un físico, un científico al nivel de Lev Landau, pero lo ejecutaron a los treinta y dos años solo por haber cometido el pecado de escribir un libro infantil sobre el descubrimiento del radiotelégrafo.

El físico Matvéi Bronstéin se negó, simplemente, a escribir que el italiano Marconi había robado al ruso Popov su invención. Con justicia, los historiadores de las ciencias –y no solo– consideran que su pérdida fue catastrófica para la ciencia mundial.

Matvéi Petrovich Bronstéin (1906-1938) nació en Vinitza, Ucrania. Era hijo de una familia judía de provincias, que vivía en las regiones especiales para los judíos. Su padre era médico; a pesar de sus orígenes humildes, consiguió estudiar Medicina en Kiev. Su madre era ama de casa, dedicada a los cuidados de una familia con tres niños.

Con el estallido de la I Guerra Mundial, en 1914, su padre fue llamado a filas y regresó después de 4 años, durante los cuales su familia sufrió mucho, en vistas de lo cual, en 1915, la madre llevó a sus tres hijos a Kiev, a casa de su padre, que era administrador en la casa de un comerciante rico.

Matvéi, amante del conocimiento y de los libros desde pequeño, no fue al colegio. En Vinitsa era demasiado pequeño para ir al instituto, en Kiev no consiguió que lo aceptasen porque había una cuota en el número de judíos que podían estudiar, su familia era pobre y él mismo no tenía la edad adecuada. Continuó con su educación obligatoria y solo hizo los exámenes del instituto. Pero Kiev, después de la revolución, era el epicentro de los disturbios, donde los jefes cambiaban continuamente: primero la ocuparon los alemanes y, a continuación, sucesivamente, cayó en manos de las tropas de Skoporanski, del Directorio, del general Denikin y de los polacos blancos. Al final, Kiev pasó a manos de los bolcheviques, durante el verano de 1920. Hasta entonces, sin embargo, Matvéi y sus hermanos habían aprendido a adquirir ellos solos los conocimientos, leyendo a diario, durante horas, en la biblioteca.

Durante el verano de 1924 Matvéi se enteró de que en la universidad había un círculo de amantes de la física y se convirtió en miembro. Este ciclo se denominaba «Departamento de física del círculo estudiantil universitario de investigadores de la naturaleza». Su director y fundador era el joven físico Piotr Sávits Tartakofski. Si quisiéramos establecer una analogía con la situación actual, diríamos que este círculo era como los «Seminarios para alumnos adelantados» que preparaban a los alumnos para su actividad científica, aunque la elección de los miembros se llevaba a cabo teniendo en consideración criterios especialmente exigentes.

Bronstéin, sin estar en posesión del típico título de educación media, aunque con un potente reservorio de conocimientos, entró a formar parte de este círculo junto con los estudiantes de la universidad.

Entre otros objetos de interés del círculo de estudiantes estaban las cuestiones contemporáneas, las de aquella época, de la física. Pocos meses después, en enero de 1925, en la revista de la Compañía Físico-Química Rusa, se publicó el primer artículo de Bronstéin, intitulado «Sobre uno de los efectos de la hipótesis de los cuantos de los fotones». En aquella época, casi todos los físicos rechazaban esta hipótesis, Niels Bohr entre ellos.

El mismo año, la revista alemana «Zeitschrift für Physik» publicó otros dos artículos del joven Bronstéin y al año siguiente, en 1926, otros tres. Obtiene una enorme fama, el reconocimiento en los círculos de físicos y astrónomos de Kiev y se convierte en miembro del departamento de investigadores en la Unión de Trabajadores de la Educación de Kiev. Entre los que lo apreciaban especialmente estaban el director del Observatorio de Kiev, S. D. Tsiorni, el responsable de los seminarios de Física, L.I. Kordís, y G. G. De Mets, cuyas cartas de recomendación resultaron especialmente útiles para su ingreso en la universidad.

En 1926, Bronstéin se trasladó a Leningrado, que en aquella época era la capital científica de la U.R.S.S., ciudad a la que se había trasladado la Academia de Ciencias y sus institutos más importantes. Comenzó sus estudios en la facultad de Física de la universidad local y pronto adquirió fama de estudiante excelente, con el que incluso los profesores contaban, a causa de sus publicaciones en revistas científicas europeas.

Matvéi Bronstéin compartía su tiempo entre sus dos grandes amores: la física y la astronomía, asistiendo a clase simultáneamente en las dos facultades. Víctor Abartsumián (que más adelante se convertiría en miembro de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S. y que sería el primero en poner los cimientos de la astrofísica teórica en su país) fue, durante aquella época, un amigo íntimo.

En 1929, Bronstéin publicó ciertos trabajos científicos sobre astrofísica, uno de los cuales tenía relación con la temperatura en la superficie de las estrellas y que hoy en día se conoce como «Relación Hopf-Bronstéin».

En 1930, Bronstéin se licenció en la facultad de Física de la universidad de Leningrado e inmediatamente comenzó a trabajar en el Departamento de Teoría del Instituto de Física Teórica de dicha ciudad. A la vez, participó activamente en los seminarios de G. I. Frankel, miembro de la Academia de Ciencias, que apreciaba especialmente las capacidades analíticas del joven científico.

En 1931, Bronstéin conoció a Lidía Chukóvskaia, la mujer a la que Rusia, pero también la humanidad, debe tanto, porque ella fue la que salvó de la catástrofe (por medio de la memorización) muchas obras de literatos rusos.

Lidia estaba casada con el historiador de la literatura César Volpé y tenían una hija. En 1934 se separó de él y tras un tiempo se casó con Bronstéin. En 1935, el joven físico defendió su tesis doctoral, con el tema de la cuantificación de las ondas gravitatorias, que era la primera en este ámbito científico.

A finales de junio de 1938, Bronstéin fue al Cáucaso para recibir un tratamiento y al regresar pasó por Kiev para visitar a sus padres. La noche del 5 al 6 de agosto lo detuvieron en casa de sus padres.

Fragmento de su primer interrogatorio:

  • Ha sido detenido como miembro de una organización antisoviética. Haga una declaración honesta sobre la esencia de la acusación que pesa sobre usted.
  • No soy miembro de organización antisoviética alguna.
  • No está diciendo la verdad. La instrucción dispone de numerosos datos que le involucran a usted como miembro de una organización antisoviética. ¿Dirá usted la verdad?
  • Una vez más, le digo que no soy miembro de una organización antisoviética. No tengo nada más que decir, el sumario registró correctamente mis palabras y se leyó en mi presencia.

M. Bronstéin.

Una semana más tardes, al no soportar las inhumanas torturas, declaró cosas totalmente distintas.

  • Durante el primer interrogatorio, usted negó su participación en una organización antirrevolucionaria. ¿Dirá ahora usted la verdad?
  • En el anterior interrogatorio, negué falsamente la acusación que pesaba sobre mí. Yo, Matvéi Bronstéin, en realidad soy miembro de una organización antirrevolucionaria de la intelectualidad, activa en Leningrado.
  • ¿Qué organización es esa? ¿Quiénes eran sus objetivos?
  • La organización a la que pertenecí hasta mi detención tenía como objetivo la unión de la intelectualidad antirrevolucionaria, así como también la organización de la lucha para derrocar el poder soviético y el establecimiento de un sistema político en el que la intelectualidad participaría en la gestión del estado, junto con otros estratos de la población, como ocurre en los países de Occidente.
  • Tenían ustedes como objetivo el establecimiento de un régimen fascista en la U.R.S.S.
  • Esencialmente, de eso se trata…

Según la sentencia condenatoria del 24 de enero de 1938, como parte de «su trabajo antisoviético diario», el científico «preparó acciones terroristas» y organizó «nidos de espías».

El juicio tuvo lugar el 13 de febrero de 1938 y solo duró 20 minutos, desde las 8:40 hasta las 9:00. Los jueces condenaron a Bronstéin «por su activa participación en una organización antirrevolucionaria, en base a los artículos 58-8 y 58-11 del código penal, a la pena capital». La pena se ejecutó el mismo día.

Lidia Chukóvskaia había conseguido vivir con él un total de dos años y medio. Pero dedicó toda su vida, primero, a su liberación y, después, a saber todo lo posible sobre su suerte y su tumba. Mucho más tarde, consiguió limpiar su nombre. Lo único que quedó como recuerdo en sus manos fue un trozo de papel que rezaba: «La decisión del tribunal militar, perteneciente al Alto Tribunal de la U.R.S.S., del 18 de febrero de 1938, en relación con Mijaíl Petrovich Bronstéin, en base a los nuevos datos que salieron a la luz, se deroga y su detención deja de estar vigente».

Esto ocurrió 29 años después de la ejecución de su marido.

Hasta hoy en día, lo único que sabemos es que el cuerpo sin vida del talentoso físico fue arrojado, junto con los de otras víctimas inocentes, a una fosa común, anónima.

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – VOCES

Traducción de Mario Domínguez Parra

ΦΩΝΕΣ

Ιδανικές φωνές κι αγαπημένες

εκείνων που πεθάναν, ή εκείνων που είναι

για μας χαμένοι σαν τους πεθαμένους.

Κάποτε μες στα όνειρά μας ομιλούνε•
κάποτε μες στην σκέψι τες ακούει το μυαλό.

Και με τον ήχο των για μια στιγμή επιστρέφουν
ήχοι από την πρώτη ποίησι της ζωής μας —
σα μουσική, την νύχτα, μακρυνή, που σβύνει.

[1904]

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – EN EL PUERTO

«La isla de Tinos honra a Kavafis».

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

EN EL PUERTO

 

Joven, veintiocho años, de Tinos su barco,

llegó a este puerto siríaco

Emis, con vistas a llegar a ser perfumista.

Pero enfermó en el barco.  Y tras

desembarcar, murió. Su entierro, paupérrimo,

tuvo aquí lugar. Algo, pocas horas antes del óbito,

murmuró sobre «parientes», «padres muy ancianos».

Pero nadie sabía quiénes eran ellos,

ni cuál su patria en el gran panhelenismo.

Mejor. Porque así, mientras muerto

yace en este puerto,

sus padres siempre anhelarán que esté vivo.

 

[1918]

 

ΕΙΣ ΤΟ ΕΠΙΝΕΙΟΝ

 

Νέος, είκοσι οκτώ ετών, με πλοίον τήνιον
έφθασε εις τούτο το συριακόν επίνειον
ο Εμης, με την πρόθεσι να μάθει μυροπώλης.
Ομως αρρώστησε εις τον πλούν. Και μόλις
απεβιβάσθη, πέθανε. Η ταφή του, πτωχοτάτη,
έγιν’ εδώ. Ολίγες ώρες πριν πεθάνει κάτι
ψιθύρισε για «οικίαν», για «πολύ γέροντας γονείς».
Μα ποιοί ήσαν τούτοι δεν εγνώριζε κανείς,
μήτε ποιά η πατρίς του μες στο μέγα πανελλήνιον.
Καλλίτερα. Γιατί έτσι ενώ
κείται νεκρός σ’ αυτό το επίνειον,
θα τον ελπίζουν πάντα οι γονείς του ζωντανό.

 

[1918]

EFTIJÍA PANAYOTU – LA ESPINA DORSAL DE LA LUZ

Cubierta de su libro Bailarines.

Traducción: Mario Domínguez Parra

 

Tensamos la memoria del cielo

con nuestros albos, albos huesos.

Este trabajo duele.

Asimos con firmeza la talla de los mitos.

Ilotas o niños, pese a todo con algo de ser

—en posesión de carne, mas aun de cruz—,

nos consumimos en la fiebre de un avance

que quizá tiempo ha nos atañese.

 

Η ΡΑΧΟΚΟΚΑΛΙΑ ΤΟΥ ΦΩΤΟΣ

 

Τεντώνουμε τη μνήμη τ’ ουρανού

με τα λευκά μας, τα λευκά μας κόκαλα.

Η δουλειά αυτή πονάει.

Κρατάμε όρθιο τ’ ανάστημα των μύθων.

Είλωτες ή παιδιά, με κάποιον πάντως εαυτό

—και σάρκα έχοντας, μα και σταυρό—

στεγνώνουμε στον πυρετό μιας προόδου

που ίσως κάποτε μας αφορούσε. 

 

 

DIMOS JLOPTSIUDIS – DOS POEMAS

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

(para Roberto García de Mesa, que quería leer a este poeta)

TUMBA HÚMEDA

 

Llueven clavos

que crucifican sueños

ruido que ahoga chapas

en un roto bote hinchable.

 

Un menor refugiado

sin chubasquero

ni justicia.

 

 

PAN

 

El pan del olvido

el regreso a lo mismo

y la muerta consigna

vacía orden

conmemorativa.

Pan amasan las ideas

en la roja

alfombra húmeda

féretro

en las trincheras del olvido.

 

Extranjero, no olvides

llevar pan

cuando regreses.

No lo desprecies

y cuando te repatríen

rompe las cadenas.

 

 

NASOS VAYENÁS – YORGOS SEFERIS ENTRE LAS ESTATUAS

 

Traducción: Mario Domínguez Parra

(poema incluido en su libro En la isla de los bienaventurados)

 

Medías tu vida con la cucharilla del café

mirando los ríos turbios de las ciudades

tras los cristales de grises consulados,

mientras la noche caía cual ave sobre la hierba

con un ala rota.

 

Hablabas de los húmedos agapantos,

pero el ruido del tiempo te despertaba

en oscuros prados, do personas desnudas,

de hinojos, temblando en la densa niebla

palpaban asfódelos.

 

En tu época nada ocultaba

la nada. El negro goteaba luz.

Pero las noches ahora están llenas de agujeros

que traen un olor a basura.

Fría ceniza

cae invisible del tejado.

Cubre los muebles. Las puertas crujen

abiertas, mientras estuosos, saciados, de pelo

brillante, en los balcones,

 

los constantes de bellos bucles te ven conservador,

confundiendo la Historia con el sentido de la Historia.

Sudando luchan por curvar tu verso

cual arco de Odiseo.

 

Ahora recorres tu muerte bajo una palmera

aspirando la negra calma de los muertos.

Piensas en aquellos que llegan bogando

con los remos reventados.

 

Ο ΓΙΩΡΓΟΣ ΣΕΦΕΡΗΣ ΑΝΑΜΕΣΑ ΣΤΑ ΑΓΑΛΜΑΤΑ

 

Μέτρησες τη ζωή σου με το κουταλάκι του καφέ

κοιτάζοντας τα θολά ποτάμια των πόλεων

πίσω από τζάμια γκρίζων προξενείων,

καθώς το βράδυ έπεφτε στο χορτάρι σαν πουλί

με σπασμένη φτερούγα.

 

Μιλούσες για τους δροσερούς αγάπανθους,

μα ο θόρυβος του χρόνου σε ξυπνούσε

σε σκοτεινά λιβάδια, όπου άνθρωποι γυμνοί,

γονατισμένοι, τρέμοντας στην πυκνή ομίχλη

ψηλαφούσαν ασφοδίλια.

 

Στις μέρες σου τίποτε δεν έκρυβε

το τίποτε. Το μαύρο έσταζε φως.

Όμως οι νύχτες τώρα είναι γεμάτες τρύπες

που φέρνουν μυρωδιά από σκουπίδια.

Κρύα στάχτη

πέφτει αόρατη απ’ την οροφή.

Σκεπάζει τα έπιπλα. Οι πόρτες τρίζουν

ξεκλείδωτες, ενώ ζεστοί, χορτάτοι, με γυαλιστερά

μαλλιά στα μπαλκόνια

 

οι ευπλόκαμοι νυχθήμεροι σε βρίσκουν συντηρητικό

μπερδεύοντας την Ιστορία με το νόημα της Ιστορίας.

Ιδρωμένοι πασχίζουν να λυγίσουν τον στίχο σου

σαν τόξο του Οδυσσέα.

 

Τώρα περνάς τον θάνατό σου κάτω από μια φοινικιά

ανασαίνοντας τη μαύρη γαλήνη των πεθαμένων.

Συλλογίζεσαι εκείνους που έρχονται λάμνοντας

με κουπιά τσακισμένα.  

 

(Από τη συλλογή «Στη νήσο των Μακάρων», εκδ. Κέδρος, 2010 –συγκεντρωτική έκδοση «Βιογραφία – Ποιήματα 1974-2014», εκδ. Κέδρος, 2015)  

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – LEJOS

Traducción: Mario Domínguez Parra.
Lectura del poema: Eli Lambeti.

Querría contar este recuerdo…

Pero sin más ya se borró… como si en nada quedase –

porque lejos, en mi primera mocedad, yace.

 

Tez como de jazmín hecha…

De aquella noche de agosto -¿era agosto?-

Solo recuerdo ya los ojos; eran malva, supongo…

Ah, sí, malva; un zafirino malva.

 

[1914]

KONSTANTINOS P. KAVAFIS – DE LOS JUDÍOS (50 D.C.)

Sinagoga Eliyahu Hanavi. Alejandría, construida en 1354

Pintor y poeta, corredor y discóbolo,

cual Endimión bello, Iancis Antoníu.

De familia amante de la Sinagoga.

 

«Mis más honrosos días son aquellos

en que dejo a un lado la búsqueda estética,

en que abandono el bello y duro helenismo,

con la soberana entrega

a miembros blancos cabalmente hechos y efímeros.

Y en los que me convierto en lo que querría

siempre ser: hijo de judíos, de sacros judíos».

 

Muy ferviente su declaración: «Siempre

ser de los judíos, de los sacros judíos…».

 

Pero en modo alguno fue siempre así.

El Hedonismo y el Arte de Alejandría

lo poseían, devoto vástago.

 

Των Εβραίων (50 μ.Χ.)

Ζωγράφος και ποιητής, δρομεύς και δισκοβόλος,
σαν Ενδυμίων έμορφος, ο Ιάνθης Αντωνίου.
Από οικογένειαν φίλην της Συναγωγής.

«Η τιμιότερές μου μέρες είν’ εκείνες
που την αισθητική αναζήτησιν αφίνω,
που εγκαταλείπω τον ωραίο και σκληρόν ελληνισμό,
με την κυρίαρχη προσήλωσι
σε τέλεια καμωμένα και φθαρτά άσπρα μέλη.
Και γένομαι αυτός που θα ήθελα
πάντα να μένω· των Εβραίων, των ιερών Εβραίων, ο υιός.»

Ένθερμη λίαν η δήλωσις του. «Πάντα
να μένω των Εβραίων, των ιερών Εβραίων -»

Όμως δεν έμενε τοιούτος διόλου.
Ο Ηδονισμός κ’ η Τέχνη της Αλεξανδρείας
αφοσιωμένο τους παιδί τον είχαν.

MYRTIÓTISA – ELEGÍA

ELEGÍA

Imposible imaginarme a Kavafis
fuera de Alejandría, y de nuevo,
sin Kavafis, ¿qué es Alejandría?
Esto pensé muchos años después,
cuando estuve otra vez en este país.
Aun muerto tiempo ha, empero,
no fui al cementerio en su busca,
sino que partí una tarde sola
hacia su casa tal y como hice entonces.
¿Qué estaba pensando? Que algo quedaría,
algo de él, alguna huella suya,
algo de la mano que abrió la puerta…
Y una tarde partí sola
con rosas escarlata en la mano.
La puerta que antaño fue suya
(¡miradla!), cerrada para mí, él no abrirá,
sellada está con siete sellos
y al lado una placa empotrada
con su nombre: «Aquí moraba
el poeta Kavafis…» ¡Cómo! ¿En esta tumba?
Oh, poeta de enormes ojos
misteriosos, bizantinos, todo fuego,
¿do está tu cálido hogar y tus velas,
que con su débil luz nos fascinaban?
¿Do están las valiosas alfombras paternas
y los muebles antiguos de la Ciudad ?
¿Y do está el tesoro de tus libros
con pergaminos en anaqueles de ébano,
los perfumes del sándalo y Ahmed,
que en silencio y sin cesar nos convidaba
mientras en vela nos mantenías con la palabra
y el licor, con una célica ebriedad
espiritual que no volvió a alzarse?

.. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. ..

Y ahora eres una ausencia, como muestran
esta puerta cerrada y con telarañas,
y la placa glacial con tu nombre.
Ahora solo existe el Poeta.
No obstante, yo he traído mis rosas
para ti, que vives en mi corazón,
y ahora las esparzo una a una
con lágrimas sobre esta piedra desierta,
en otro tiempo umbral de tu casa…

29-04-53

 

*

ΕΛΕΓΕΙΟ

Ἀδύνατο νὰ φανταστῶ Καϐάφη
ἔξω ἀπ’ τὴν Ἀλεξάντρεια, καὶ πάλι,
χωρὶς Καϐάφη τ’ εἶν’ ἡ Ἀλεξάντρεια;
Αὐτὰ σκεφτόμουν ὕστερ’ ἀπὸ χρόνια
σὰν βρέθηκα ξανὰ σ’ αὐτὴ τὴ χώρα.
Ἄν κι’ εἶχε ἀπὸ καιρὸ πεθάνει, ὡστόσο
δὲν πῆγα νὰ τὸν βρῶ στὸ κοιμητῆρι,
μὰ κίνησα ἕνα δεῖλι μοναχήμου
στὸ σπίτι του νὰ πάω ὡσὰν καὶ τότες
τί ἐλόγιαζα πὼς κάτι θ’ἀπομένει
κάτι ἀπ’ αὐτόν, κάποιο δικό του ἀχνάρι,
κάτι ἀπ’ τὸ χέρι ποὺ ἄνοιγε τὴν πόρτα…
Καὶ κίνησα ἕνα δεῖλι μοναχή μου
μ᾿ἄλυκα τριαντάφυλλα στὸ χέρι.
Ἡ θύρα ποὺ ἦταν ἄλλοτε δικιά του
νάτην! κλειστὴ γιὰ μένα, δὲ θ’ ἀνοίξη,
μ’ ἑφτὰ σφραγίδες εἶναι σφραγισμένη,
καὶ δίπλα της μιὰ πλάκα ἐντοιχισμένη
μὲ τ’ ὄνομά του: «Ὁ ποιητὴς Καϐάφης
ἐδῶ καθόταν…» πῶς! σ’ αὐτὸ τὸν τάφο;
Ὤ! ποιητὴ μὲ τὰ πελώρια μάτια
μυστηριακά, Βυζαντινά, ὅλο φλόγα,
ποὖν τὸ ζεστό σου σπιτικό, καὶ τὰ κεριά σου
ποὺ μὲ τὸ φῶς τους τ’ ἀμυδρὸ μᾶς γοητεύαν;
Ποὖν τ ’ἀνεχτίμητα χαλιὰ τὰ πατρικά σου
καὶ τὰ παληὰ τὰ μόμπιλα τῆς Πόλης;
Καὶ τῶν βιϐλίων σου ποὖ ναι ὁ θησαυρὸς
μὲ τὶ ςπεργαμινὲς στὰ ἐϐένινα ράφια;
Τ’ ἀρώματα ἀπ’ τὸ σάνταλο κι’ ὁ Ἄχμετ
ποὺ σιωπηλὰ μᾶς κέρναγε ὁλοένα
κι’ ὁλονυχτὶς μᾶς κράταες μὲ τὸ λόγο
καὶ τὸ πιοτό, σὲ μιὰν οὐράνια μέθη
πνευματική, ποὺ δὲν ἐματαστάθη;

…………………………………………

Καὶ τώρα εἶσαι ἕνα τίποτα ὄπως δείχνει
Τούτη ἡ κλειστὴ κι’ άραχνιασμένη θύρα
κι’ ἡ πλάκα ἡ παγερὴ μὲ τ’ ὄνομάσου.
Μονάχα ὁ Ποιητὴς ὑπάρχει τώρα.
Μὰ ὡσ τόσο ἐγὼ τὰ ρόδα μου ἔχω φέρει
γιὰ σένανε, ποὺ ζῆς μὲς στὴν καρδιά μου,
κι’ ἕνα πρὸς ἕνα τώρα τὰ σκορπίζω
μὲ δάκρυα ἐδῶ στὴν ἔρμη ἐτούτη πέτρα
ποὺ ἄλλοτες τοῦ σπιτιοῦ σου ἦταν κατῶφλι…

29.4.53

 

*

EPÍLOGO

Myrtiótisa (pseudónimo literario de Ceoni Drakopulu) nació en 1885 en Estambul (en el barrio de Bebek) y falleció en 1968 en Atenas. Su padre era diplomático. Seis años después del nacimiento de la poeta, fue nombrado cónsul general de Grecia en Creta, entonces ocupada por los turcos, adonde se trasladó con su familia. Tras dos años de estancia en la isla, se instalaron en Atenas, donde la poeta fue escolarizada (en el colegio Hill del barrio de Plaka). Desde muy joven tuvo inclinación por la poesía y el teatro. Tomó parte en representaciones de teatro antiguo, en compañías de aficionados, y colaboró con la Nueva Escena de Konstantinos Jristomanos. Después de un breve descanso de su ocupación teatral, a causa de la oposición familiar, continuó sus estudios de teatro en París (Escuela Dramática Estatal), donde se instaló tras contraer matrimonio con Spyros Papás, con el que tuvo un hijo, Yorgos, que hizo carrera en el teatro griego. Regresó a Grecia después de algunos años, tras el fin de su fugaz matrimonio, y trabajó como profesora de dicción en el conservatorio de Atenas. Fue definitivo para su expresión poética conocer y enamorarse del poeta Lorentsos Mavilis. Después de la trágica muerte de este en la batalla de Drisku, en 1912 , Myrtiótisa regresó a su antiguo amor para expresar su dolor. En 1919 se publicó su primer libro, con el título de Canciones. Fue también importante en su vida la profunda amistad que le unió a Kostís Palamás, el cual se convirtió en su guía. Se alzó con varios premios nacionales de poesía (en 1932 por su libro Obsequios de amor y en 1939 por otro de sus libros, Gritos). Después de la prematura pérdida de su hijo, publicó el libro Yorgos Papás: su infancia (1962). La poesía de Myrtiótisa se caracteriza por un intenso lirismo. Algunos de los temas importantes de su poesía son la naturaleza y la dicotomía pasión/muerte .

*

En una entrada de su blog (http://annagelopoulou.blogspot.com/2012/03/blog-post_31.html), Anna Anguelopulu escribió sobre una visita que Myrtiótisa le hizo a Kavafis en 1926. He traducido algunas partes, así como también fragmentos de un texto que ilustra esta visita Fruto de una mirada penetrante y profunda es el texto que Myrtiótisa le dedicó, K.P. Kavafis: una impresión. En él, la poeta narra su encuentro con el autor de «Ítaca» y se dedica a describir y comentar los rasgos característicos que le llamaron la atención. Describe y enjuicia, directa o indirectamente, la ciudad de Alejandría; el modo de vida y el comportamiento de Kavafis; y algunos rasgos característicos propios:

Me encontraba por casualidad en Egipto para pasar en Alejandría unos pocos días. Alejandría es una ciudad que ora te aburre desde el segundo día, ora te acostumbras a ella y ya no quieres abandonarla. Yo no me pude acostumbrar a ella. Así como es, ruidosísima y prosaica, me dio la sensación de que era como una mujer que habla a voces y lleva puestos vestidos lujosos y llamativos.

El tedio ya se había apoderado de mí cuando recordé las palabras de mi amigo Porfyras: «Cuando vayas allá abajo ve a ver al poeta Kavafis. Estoy seguro de que merece la pena que alguien haga ese viaje solo para conocerlo». Pedí que me lo presentasen. Kavafis no acepta con facilidad a los extraños, me habían dicho, y por eso fui con algo de miedo. Sin embargo, me recibió con bastante cordialidad.

Con su amabilísima voz, en la que se distingue claramente un tono extranjero —que Dios te proteja si se lo dices—, me pidió que me sentara en un asiento bajo que se encontraba frente a mí, en el salón en penumbra. Puesto que soy esquiva por naturaleza cuando estoy con personas que acabo de conocer, me senté y hablé poco con él. Esto pareció agradarle, porque comenzó a hablar más él y poco después ordenó a su árabe, Ahmed, que trajera whisky y unos entremeses.

Al poco tiempo, mis ojos se acostumbraron a la escasa luz de la habitación y pude mirarlo con más atención mientras hablaba y bebía. Es delgado, pálido, tiene el pelo gris y espeso, muy espeso. Pero lo que llama la atención al completo es sus ojos, sus dos ojos supremos, extraños, enigmáticos. Nadie, entre nosotros, puede ver en otra persona dos ojos semejantes. Simplemente porque no son los ojos de una persona contemporánea. Son ojos que provienen de muy lejos, de la profundidad de los siglos, y conservan en ellos el misterio de otra vida, ignota para nosotros.

Mientras escuchaba su voz, me parecía que venía de lejos y él mismo, puesto que se había apartado en ese momento en una esquina oscura mientras hablaba de arte —¿con nosotros o consigo mismo?—,parecía una criatura exótica que vivía en una atmósfera distinta a la nuestra, a la que tenías que escuchar y ver de lejos, y no te extrañabas si de repente la veías entera frente a ti mientras enmudecía. Su conversación es encantadora.

Sabe presentar las cosas más conocidas como algo nuevo, así como también investirlas de la belleza de su arte. Pone su sello en todo: las habitaciones, los muebles, las estatuas antiguas, los jarrones raros. Cada cosa que lo rodea está armonizada con la fisionomía de su Arte. Como su arte poética es tan suya, tan kavafiana, es imposible que nadie la imite, aunque sea desde la lejanía, sin hacer el ridículo. Porque para escribir como Kavafis tienes que ser Kavafis. De otra manera, no puede ser. ¿Es esto fácil? Claro que no. Por supuesto, en mi opinión es imposible y todo esfuerzo sería inútil y afectado.

Al saber que vivo en Atenas, el poeta me habló de casi todos nuestros poetas. Mostró respeto ante la obra de Palamás, aprecio por la de Xenópulos (al que conoció en otro tiempo), interés por la de Porfyras. Cuida y pondera muy bien sus palabras, sin saber qué opina el extraño que tiene enfrente, quiénes le resultan simpáticos y quiénes no. Tiene miedo de ofenderte por lo más mínimo. Es el griego más cultivado que conozco. La ironía, la ironía neogriega, a veces sutil, a veces dura y con frecuencia soez y brusca, es para Kavafis totalmente ignota. Kavafis no podría establecerse en la Grecia de hoy en día y, por eso, hace muy bien en permanecer lejos de ella. «Sé que este lugar donde vivo no es bello», me dijo, «por eso vivo encerrado en esta casa, solo con mis libros. Sin embargo, no soy todavía un eremita absoluto. Cuando anochece me gusta escuchar a alguien llamar a la puerta. Es una debilidad que tengo que superar».

Salimos a la calle. El ruido de la ciudad todavía me parecía más insoportable y los gritos de los árabes, abominables. Una vez sola, pensé: «Claro, casi todos lo vemos, sabemos que la vida es fea y, sin embargo, la vivimos y cada día nos alimentamos de su fealdad. Él consiguió huir de su rutina. Oportunamente clavó sus ojos inquisidores alrededor de ella y alrededor de la Pasión y tuvo mucho miedo cuando se dio cuenta de que todo era tan feo. Orgulloso, no aceptó suicidarse. Se armó de una enorme voluntad, se encerró en su casa y, vigía insomne de su propio ser, convirtió su Arte en vida».

Todos estos fragmentos provienen, tal y como escribe Anguelopulu, de esta edición de la obra completa de Myrtiótisa: Μυρτιώτισσας Άπαντα (πρόλογος Τ. Αθανασιάδη-εισαγωγή Ανδρέα Καραντώνη), εκδ. Alvin Redman Hellas, Αθήνα, 1965, σ. 313-315.

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Minos Markakis colgó el día 1 de noviembre de 2017, en su muro de Facebook, tres fotos: la cubierta de un libro, Αλεξανδρινή λογοτεχνία, 1953, y dos páginas que contienen el poema de Myrtiótisa. ¿Qué me hizo traducirlo? Una pregunta que le hice a Markakis, en primer lugar: «¿Queda literatura griega en la Alejandría contemporánea?», cuya respuesta se pueden imaginar: «No». En segundo lugar, el título de la antología en la que se publicó el poema: Literatura alejandrina, 1953. En tercer lugar, mi interés creciente por la obra de Myrtiótisa, apenas traducida al castellano y cuya obra merece mayor difusión. En cuarto lugar, Kavafis, por supuesto, de cuyos 154 canónicos desearía hacer una traducción algún día.