ALEXANDER VON HUMBOLDT – ESCRITOS (VOLUMEN I)

 

Año Humboldt

Por José Aníbal Campos

 

Tras las siglas «AvH 2019» aguarda todo un universo. Un legado humanista, literario y científico fascinante, aún por descubrir para el hombre de hoy, cuando el género humano parece —una vez más— empeñado en obrar contra sí mismo, cavando aplicadamente fosas de olvido (en lugar de aplicarse en desenterrar la memoria sepultada) y demoliendo pilares civilizatorios por cuya conquista, en otras épocas, han quedado abiertos grifos de sangre.

«AvH 2019» es un buen ejemplo de cómo aprovechar en un sentido afirmativo y esperanzador las técnicas de un marketing que normalmente busca timarnos. Con esa fórmula se abarca todo el conjunto de publicaciones y actividades que han visto o verán la luz a partir de este año para conmemorar el 250 aniversario del nacimiento de Alexander von Humboldt (Berlín, 1769-1859).

Desde una aclamada exposición interactiva en el Jardín Botánico de Berna, que luego viajará por varios países de América Latina con el título de «Botánica en movimiento» hasta ediciones parciales de la obra gráfica de Humboldt (por primera vez se editan todos sus dibujos, croquis y mapas), un volumen con sus textos y dibujos sobre fauna o una amplia documentación sobre la relación de Humboldt con Suiza. Una idea de las dimensiones del proyecto puede tener el lector en este enlace: http://www.humboldt.unibe.ch/index.html.

Pero lo que corona esta paciente labor investigativa y compilatoria de varios años es la edición comentada, en nueve volúmenes, de todos los escritos dispersos del humanista prusiano (Ed. de Oliver Lubrich y Thomas Nehrlich). Es decir: todos aquellos textos que fueron publicados a lo largo y ancho del planeta en diferentes medios de prensa (Humboldt fue, quizás, el primer intelectual verdaderamente globalizado; sus méritos como creador de una red de contactos a nivel mundial en temas como la ecología, la política, las artes y las ciencias, la sociología, etc., serían motivo de sonrojo para muchos periodistas de hoy con un subutilizado acceso permanente a Internet). La editorial alemana dtv ya anuncia su publicación el día 16. 08.

Thomas Nehrlich

En esta ocasión los lectores de habla española no llegaremos con tanto retraso. Por uno de esos hermosos «azares concurrentes» (Lezama Lima), en la primavera de 2015, durante una estancia en la Casa de Traductores de Looren, quien esto firma fue a Berna a visitar a un viejo amigo y autor al que, unos años antes, le habían concedido la Cátedra de Literatura Alemana Contemporánea en aquella casa de estudios. Fue en esa ocasión que conocí el proyecto de editar todos los escritos dispersos de Humboldt (su «otro Cosmos», como lo denomina el propio profesor Lubrich) y se habló de la posibilidad de hacer una edición paralela en castellano. De regreso a la Casa de Traductores, le lancé la idea a Gabriela Stöckli, directora de esa institución, que de inmediato la acogió con gran entusiasmo y propuestas de apoyo concretas.

Varias cosas estaban claras desde el principio: para tal volumen de textos era necesario conformar un equipo de traductores y ese equipo debía estar integrado por traductores de América Latina.

En el invierno de 2017 llegó el esperado momento. Tres traductores —Laura Cecilia Nicolás (Argentina), Orestes Sandoval López (Cuba) y quien esto escribe— tuvimos la oportunidad de reunirnos durante una semana con los dos editores y su equipo de colaboradores y fijar las pautas de trabajo de traducción y edición de estos textos en español.

También pensamos que lo ideal era presentar el proyecto a una editorial latinoamericana, una casa editora del continente en el que Humboldt dejó esa huella que lo denota aún como el «segundo descubridor de América». (En un momento como el actual, en el que de nuevo cobra fuerza en España un revisionismo histórico que —como quienes en otras partes niegan el Holocausto— se empeña en negar la existencia de la más que documentada «leyenda negra», vale la pena leer algunas de las disquisiciones del barón Humboldt sobre el colonialismo español, las cuales inspiraron tantos movimientos libertarios en América Latina, al punto de que no podría entenderse buena parte del independentismo latinoamericano sin la labor —de palabra y de obra— del naturalista alemán.)

Herder, en México, nos pareció la casa editora ideal. No sólo había publicado ya otros trabajos relacionados con Humboldt, sino que su calidad (y su impecable tratamiento a la labor del traductor) había quedado demostrada en un volumen con los apuntes tomados por Harry Kessler a su paso por México en 1898.

De modo que AvH 2019 no sólo va a limitarse al ámbito de habla alemana. A partir del otoño contaremos, los lectores de habla española, con una primera muestra de la labor periodística y divulgativa del barón alemán. Su otro Cosmos. Un ejemplo de ética, rigor científico para su época, cooperación y visión de futuro. Porque, como bien ha dicho en Viena hace poco el editor Oliver Lubrich, estamos no sólo ante el primer ecologista, sino ante el primer intelectual que pensó en términos globales, en una época en la que todavía estaban formándose los tambaleantes egos nacionales.

Café Zartl (Viena), 22 de julio de 2019

 

 

VICENTE FERNÁNDEZ GONZÁLEZ TRADUCE A NASOS VAYENÁS

 
 

Nasos Vayenás, Odas bárbaras (Βάρβαρες ωδές, 1992)

Traducción de Vicente Fernández González (aquí se puede leer su currículum, que incluye dos Premios Nacionales de Traducción: por sus traducciones Seis noches en la Acrópolis, la única novela de Yorgos Seferis, y Verbos para la rosa: esbozo de poética, de Zanasis Jatsópulos).

 
 
II
 
Al borde de lo real estoy de nuevo
a cuarenta kilómetros de Récimno
con los tobillos en el mar de Libia.
Dando vueltas
 
entre rocas vaporosas
que trituran el sol con inclemencia.
Te toco el pelo que teje
la blanca oscuridad
 
del día. (Las anémonas,
serias objeciones sucesivas
a la eternidad, una y otra vez
son rechazadas).
 
Toco tu pecho, que goza
del mar. Tu cuerpo
oscuro es parte inseparable
de lo cierto.
 
II Νά με πάλι στήν ἄκρη τῆς πραγματικότητας / σαράντα χιλιόμετρα ἔξω ἀπό τό Ρέθυμνο / μέ τούς ἀστράγαλους στό Λιβυκό. / Στριφογυρίζω // ἀνάμεσα σέ βράχια πού ἀχνίζουν / ἀλέθοντας ἀλύπητα τόν ἥλιο. / Ἀγγίζω τά μαλλιά σου πού ὑφαίνουν / τό λευκό σκοτάδι // τῆς μέρας. (Οἱ ἀνεμῶνες / βαθειές ἐνστάσεις ἀλλεπάληλλες / τῆς αἰωνιότητας ἀπορρίπτονται / κάθετόσο). // Ἀγγίζω τό στῆθος σου πού νέμεται / τή θάλασσα. Τό σκοτεινό / σῶμα σου ἀποτελεῖ ἀναπόσπαστο / τμῆμα τῆς ἀλήθειας.
 
 
V
 
Invierno. Nieva amaneceres gélidos.
Sin afeitar, sombrío, profundizo en el blanco.
Por lo demás, la primavera tiende
de noche sus trampas en secreto.
 
Significados a la deriva sin palabras
deambulan por el aire sin cesar.
Menguan mis manos. Menguan más y más.
Vuelven al cuerpo del niño
 
que fui. Mientras, tu cálido cuerpo se desplaza
lentamente hacia un tiempo más allá de la memoria,
blanquísimo. Imposible retenerlo
en mi pasado.
 
V Χειμώνας. Χιονίζει παγωμένες αὐγές. / Ἀξύριστος, σκοτεινός ἐμβαθύνω στό ἄσπρο. / Κατά τά ἄλλα τή νύχτα ἡ ἄνοιξη κρυφά / στήνει τίς παγίδες της. // Ἀδέσποτα νοήματα δίχως λέξεις / περιφέρονται ἀδιάκοπα στόν ἀέρα. / Τά χέρια μου μικραίνουν. Μικραίνουν ὁλοένα. / Ἐπιστρέφουν στό παιδικό μου // σῶμα. Καθώς τό σῶμα σου ζεστό μετακινεῖται / ἀργά πρός ἕνα χρόνο ἔξω ἀπό τή μνήμη / ὁλόλευκο. Ἀδυνατῶ νά τό συγκρατήσω / στό παρελθόν μου.
 
 
XIV
 
Pensar significa pensar la muerte
cuando los árboles silabean la palabra abril.
¿Hay algo que amar que no haya amado?
Busco las frases
 
que combinen con este atardecer
de frívolos colores que no mueren.
Todo acaba en un insulso naranja
que cubre el negro.
 
Que cubre la nada. Pensar
a cada rato las palabras humo,
averno, estalactita, catapulta,
fatalidad, helada.
 
XIV Σκέφτομαι σημαίνει σκέφτομαι τόν θάνατο / ὅταν τά δέντρα συλλαβίζουν τή λέξη Ἀπρίλης. / ῾Υπάρχει κάτι ν᾽ἀγαπήσω πού δέν ἀγάπησα; / Ψάχνω γιά τίς φράσεις // πού ταιριάζουν σέ τοῦτο τό ἀπόγευμα / μέ τά ἐπιπόλαια χρώματα πού δέν ξεψυχοῦνε. / Τελειώνουν ὅλα σ᾽ ἕνα ἀνόητο πορτοκαλί / πού σκεπάζει τό μαῦρo. // Πού σκεπάζει τό τίποτα. Σκέφτομαι / κάθε τόσο τίς λέξεις αἰθάλη / ἔρεβος, σταλακτίτης, καταπακτή / παγετός, εἱμαρμένη.
 
 

Nasos Vayenás nació en Drama en 1945. En los años de estudiante de bachillerato en Atenas muestra aptitudes para el fútbol; llega a jugar en primera división con el Eznicós de El Pireo, y es convocado a la selección nacional juvenil. Prevalece finalmente su vocación literaria. Estudió Filología en la Universidad de Atenas, amplió estudios en las universidades de Roma La Sapienza, Essex y Birmingham, y se doctoró en 1979 en la Universidad de Cambridge con una tesis sobre la poética y la poesía de Yorgos Seferis. De vuelta en Grecia, enseña en la Universidad de Creta durante más de una década. Desde 1992 es catedrático de Teoría de la Literatura y Crítica Literaria en la Universidad de Atenas. Es autor de  varios volúmenes de estudios y ensayos; en 1995 ganó el Premio Nacional de Ensayo por Ειρωνική γλώσσα [Lengua irónica]. Publica su primer libro de poesía —Πεδίον Ἄρεως [Campo de Marte]— en 1974, el año de la caída de la dictadura de los coroneles. Con su décimo poemario —Στέφανος [Corona]— gana en 2005 el Premio Nacional de Poesía de Grecia. Odas bárbaras (Málaga, Miguel Gómez Ediciones, en prensa) es el primer libro de Nasos Vayenás traducido al castellano.

 

JOSÉ ANÍBAL CAMPOS TRADUCE A ANDREAS NEESER (II)

 Andreas Neeser

Dos poemas de Andreas Neeser

Andreas Neeser (1964) es poeta, narrador, dramaturgo y ensayista. Ha publicado, entre otros, los poemarios Lichtwuchs (2013), Schichtungen (2006) y Gras wächst nach innen (2004), así como las novelas Fliegen, bis es schneit (2012) y Schattensprünge (1995). Es también el autor de los libros de cuentos Unsicherer Grund (2010) y Tote Winkel (2003). 

Los poemas aquí presentados han sido tomados de su nuevo poemario, Lichtwuchs (2013), escrito íntegramente durante una estancia del autor en la Casa de los Escritores de Blumenhalde, a orillas del lago de Zúrich. 

 

Ensayos sobre el lenguaje

I

Las palabras genuinas

echan raíces

en el pecho.

 

II

La madera

en el invierno

es crepitar de una frase.

 

III

Hablamos con las manos, con las branquias

el ojo del pez

habla por su silencio.

 

IV

La sintaxis del aliento

se lee mejor

sobre la nieve.

 

Versuche zur Sprache

I

Die wahreren Wörter

schlagen Wurzeln

ins Herz.

 

II

Holz

ist im Winter

ein knisternder Satz.

 

III

Wir reden mit Händen und Kiemen

das Fischaug

spricht Bände am Grund.

 

IV

Die Syntax des Atems

ist leichter zu lesen

auf Schnee.      

 

Dos deseos

 

Despertar alguna vez

con una membrana, para nadar,

y otra vez estar arriba

siendo un ala

en la tormenta

 

 

Zwei Wünsche

 

Einmal erwachen

mit Schwimmhaut, und

einmal da oben

so stehen, ganz Flügel

im Sturm.

 

JOSÉ ANÍBAL CAMPOS TRADUCE A ANDREAS NEESER (I)

Dos poemas de Andreas Neeser

Andreas Neeser (1964), es poeta, narrador, dramaturgo y ensayista. Ha publicado, entre otros, los poemarios Lichtwuchs (2013), Schichtungen (2006) y Gras wächst nach innen (2004), así como las novelas Fliegen, bis es schneit (2012) y Schattensprünge (1995). Es también el autor de los libros de cuentos Unsicherer Grund (2010) y Tote Winkel (2003). 

Los dos poemas aquí presentados han sido tomados del libro Gras wächst nach innen (Título provisional en español: Hierba que se adentra), del que ya fue traducida al castellano una selección de veinte poemas para la participación del autor en el Festival de Poesía de Medellín en el año 2012.

Hay en los poemas de este libro una búsqueda de comunión de la palabra con la realidad material que ronda al poeta. La mirada, la piel, las manos, los ojos y las vísceras del poeta degluten y registran lo que lo circunda para que esa realidad sea devuelta en el poema, revestida de una nueva dimensión, fundida ahora con esa realidad, como gotas incandescentes de soldadura aferradas a las muescas del tablero de una mesa, a la superficie agrietada de una roca, a los ebrios latidos de un corazón.   

José Aníbal Campos (noviembre de 2013)

 

Estribillo
 
La soledad se posa peligrosamente en mis latidos
el Oporto obra milagros hasta bien entrada la noche
el marco para mis figuraciones se ha pagado a un alto precio. 
 
 
Refrain
 
Die Einsamkeit liegt mir gefährlich am Herzen
Portwein wirkt Wunder bis weit in die Nacht
Der Rahmen für meine Bilder ist teuer erkauft.
 
 
Metro
 
Cadencia metálica en los rieles
cuerpos sin sostén que se calientan en el roce
convertidos ya en olor
ante el rostro de una ceñida y fortuita lejanía
 
saliendo de la ciudad
me estremece la noción
de un silencio deslizándose a hurtadillas.
 
 
Metro
 
Metallener Takt auf den Schienen
die haltlosen Körper reiben sich wärmer
und sind schon Geruch
am Gesicht einer nächstbesten Ferne
 
stadtauswärts
durchtfährt mich die Ahnung
von schleichender Stille 
 
 
  
 

MIGUEL VEYRAT TRADUCE A JACQUES DARRAS (I)

El poeta y traductor Miguel Veyrat tradujo, introdujo y anotó poemas de Jacques Darras, publicados con el título de Antología fluvial (Palma de Mallorca, Calima Ediciones, 2006). Publico hoy una primera entrega, junto con la nota introductoria, que incluyo al final.

Le pays au bout de mon jardin

Un pays est toujours plus que la somme de ses habitants

Un pays est toujours la somme de ses rêves.

Des ses habitants plus leurs rêves.

Au-delà de lui-même en permanence, derrière l’horizon

Il n’existe pas d’arithmétique nationale, il existe l’arithmétique approximative.

Déjà inventée, qui se nomme « littérature ».

Les hymnes nationaux sont la littérature en peau de chagrin.

Vous prenez un drapeau vous vous essuyez une larme au coin de l’oeil.

En Belgique, tout le monde prend le même mouchoir, noir, jaune, rouge.

Cela tombe bien.

Je déteste les hymnes nationaux mais je pleure quand je les entends.

Je me déteste de pleurer quand je les entends.

Je me déteste d’être Belge quand je rêve debout à la Belgique.

Heureusement, je ne suis pas Belge.

C’est pourquoi je me mouche dans mon mouchoir individuel à grands carreaux

Un mouchoir qu’on agite, plus ou moins sale parce qu’il a servi, peut suffire à faire un emblème de paix.

Pourquoi m’arrive-t-il donc de tant rêver à la Belgique?

Parce que je suis Français, que mon rêve de la Belgique est l’immédiateté de mon rêve le plus proche.

La Belgique commence, commençait au bout de mon jardin.

J’ai longtemps rêvé du jardin d’en face, d’au-bout, d’au-delà l’horizon.

Enfant, le Nord m’attirait.

Le cadastre de mon village était disposé de telle façon que la partie nord était plus spectaculairement en pente, couverte de bois de bosquets.

Au Nord, il y avait un moulin de pierre à cheval sur deux cadastres.

Au Nord de mon cadastre, la terre faisait de petites vallées valleuses qu’empruntaient les lièvres, oreilles aplaties pour ne pas attirer l’attention des chasseurs à l’automne.

J’aimais un Nord lièvre, Nord perdreaux, Nord couleur d’automne.

La Belgique, mon automne permanent, attitré.

Rien de nostalgique, là.

Non, il y a de l’aubépine dans les champs au printemps, ici comme ailleurs.

L’été se fait sentir sur le sable entre de Panne Knokke-le-Zout comme ailleurs.

Bistre, rayé de baches d’eau reflétant les nuages, mer verte et huileuse au large.

Belge des plages, j’eusse sans doute rêvé aux falaises de Douvres, du Kent.

Nous habitons la géographie, la part de la géographie que nous n’habitons pas effectivement, nous la rêvons.

Créatures d’espace, les enfants surtout, arrière-arrière petits-fils de chasseurs à l’imagination lièvre.

Notre pays, la somme de nos fuites dans l’imagination, la somme de fois où nous avons fui poursuivis par les plombs de la réalité.

Je reprends la course encore une fois, épurée, abstraite, comme rêvant à elle-même à mesure qu’elle se court.

Je parlerai donc rêveusement de la réalité.

L’incompressible gloire nationale est faite du rêve des autres à son sujet.

Il y a des invasions multiples multi-séculaires qui, sans bruit, invisiblement, viennent regonfler les rêves nationaux les uns des autres.

Pour ces invasions-là je ne connais qu’un hymne, le poème.

Le poème marché, le poème parlé, le poème rêvé.

Il y a toutes sortes de nationalités poétiques qui n’ont pas encore été répertoriées.

Ce sont chaque fois des nationalités d’emprunt.

Nous entrons dans un monde de nationalités d’emprunt, provisoires, clandestines.

Les vieux douaniers se crispent, reprennent du service, guettent le passage du lièvre, arme et larme à la bretelle.

Douaniers de l’automne, qui ne voient passer qu’un rêve, qu’une couleur rousse, qui ne voient rien passer, qui tirent au jugé, au hasard.

Quelle gibecière pour le lièvre poétique?

Aucune, toutes sont faites de mailles bien trop larges pour retenir l’automne.

Je croise mon hétéronyme, hétéronome lièvre belge.

Il porte un drapeau français dans le regard qui est l’envers du mien.

Un drapeau de printemps, l’herbe française est tellement plus tricolore!

Nous nous ignorons superbement.

J’ai vu au passage sa carte d’identité, son passeport, le lièvre en question se nomme Henri Michaux.

C’est un lièvre de Namur que son cadastre ennuyait fortement.

Je connais bien l’église Saint-Jean à Namur.

J’aime Namur comme une curiosité, je ne suis pas sûr que j’y vivrais, Namur est ville parfaite pour l’imagination.

Tous les hôtels s’y nomment Charles Baudelaire, vous entrez, vous devenez aphasique.`

On ne vous demande rien, on vous donne une chambre.

Chambre avec bergerie Louis XVI au chambranle, vous êtes aphasique mais pas sexuellement inerte.

Aphasie du haut simplement, pas du bas, rappelez-vous.

Traverser une frontière c’est immédiatement tomber dans la sexualité.

Voulez-vous une sexualité du Nord avec tapis en laine, douche forestière ou baignoire multipositionnelle?

Charles choisit la Meuse comme baignoire, c’est un esthète, Monsieur Turner a déjà couché avec son cheval dans cette chambre.

Une écurie la Belgique?

Une écurie picturale, basse-cour royale, ferme avec fumier fumure sur position automatiquement drôle.

Nous avons le purin surréaliste courant à tous les étages, j’arrive, j’arrive!

Qu’y a-t-il mais qu’y a-t-il?

J’allais me noyer dans mon rêve, je suis nu dans de l’eau chaude, une femme est nue à côté de moi dans la même eau, je lui caresse la pointe du sein droit avec la paume droite, son téton se lève, elle met son bras autour de mon cou.

Aacchh! ce que j’aime l’automne en Belgique.

El país al final de mi jardín

Un país siempre es más que la suma de sus habitantes.

Un país es siempre la suma de sus sueños.

De sus habitantes mas sus sueños.

Permanentemente más allá de sí mismo, tras el horizonte.

No existe una aritmética nacional, existe la aritmética aproximativa.

Que ya está inventada. Se llama <<literatura>>.

Los himnos nacionales son la literatura en harapos.

Se busca una bandera y se enjuga con ella una lágrima en el ojo.

En Bélgica, todo el mundo usa el mismo pañuelo negro amarillo y rojo.

Combina muy bien.

Yo detesto los himnos nacionales pero lloro al escucharlos.

Me detesto por llorar al escucharlos.

Me detesto por ser belga cuando sueño con Bélgica despierto.

Afortunadamente, no soy belga.

Por eso me sueno con mi pañuelo individual a grandes cuadros.

Un pañuelo que se agita, más o menos sucio porque ya está usado, puede servir como señal de paz.

¿Por qué me sucede soñar tanto con Bélgica?

Porque soy francés, mi sueño de Bélgica resulta ser lo inmediato de mi sueño mas cercano.

Bélgica empieza, empezaba al final de mi jardín.

Soñé mucho tiempo con el jardín de enfrente, el del fondo, el de más allá del horizonte.

Cuando niño, el Norte me atraía.

El catastro de mi pueblo estaba dispuesto de tal modo que la parte norte quedaba mucho más espectacularmente en declive, cubierta de bosques y sotillos.

En el Norte, había un molino de piedra a caballo sobre dos catastros.

Al Norte de mi catastro, la tierra formaba vallejos y hoces que las liebres tomaban con las orejas gachas, para no alertar a los cazadores de otoño.

Yo amaba un Norte liebre, Norte color de otoño, Norte perdigón.

Bélgica, mi otoño permanente, habitual.

Nada hay de nostálgico en todo esto.

No, hay espino blanco en los campos, en primavera, aquí como en cualquier parte.

El verano se nota sobre la arena entre De Panne Knokke-le-Zout como en cualquier otra parte.

Ahumado, surcado por baches de agua reflejando las nubes, un mar verde y aceitoso hacia adentro.

Si yo fuera un belga de las playas, hubiese soñado sin duda con los acantilados de Dover, del Kent.

Habitamos en la geografía, y la parte de la geografía que no habitamos de verdad, la soñamos.

Criaturas de espacios abiertos, sobre todo los niños, tataranietos ellos de cazadores de la imaginación liebre.

Nuestro país, la entera suma de nuestras escapadas por la imaginación, la suma de las veces que hemos huido perseguidos por los plomos de la realidad.

Regreso una vez más a la carrera, depurada y abstracta, como ensoñada en sí misma a medida que avanza.

Hablaré pues como soñador de la realidad.

La incomprensible gloria nacional está hecha del sueño de los demás acerca de ella.

Existen invasiones múltiples multiseculares que sin hacer ruido, de modo invisible, sirven para inflar nuevamente los sueños nacionales de unos sobre otros.

Para ese tipo de invasiones sólo conozco un himno, el poema.

El poema caminado, el poema hablado, el poema soñado.

Hay toda clase de nacionalidades poéticas que no han sido aún repertoriadas.

Casi siempre son nacionalidades prestadas.

Entramos en un mundo de nacionalidades prestadas, provisionales, clandestinas.

Los veteranos aduaneros se crispan y vuelven al servicio activo, acechan el paso de la liebre,

arma y lágrima al hombro.

Aduaneros de otoño, que no ven pasar sino un sueño, sino un color rojizo, que no ven pasar nada, que disparan al azar, a ojo de buen cubero.

¿Qué tipo de zurrón para la liebre poética?

Ninguno, llevan todos unas redes demasiado amplias para retener el otoño.

Me cruzo con mi heterónimo, heterónomo liebre belga.

Lleva una bandera francesa en su mirada, el envés de la mía.

¡Una bandera primaveral, la hierba francesa es mucho más tricolor!

Nos ignoramos orgullosamente.

He podido ver de refilón su carné de identidad, su pasaporte, se llama Henri Michaux la liebre en cuestión.

Es una liebre de Namur a la que su catastro molestaba enormemente.

Conozco muy bien la iglesia de San Juan de Namur.

Me gusta Namur como curiosidad, pero no estoy muy seguro de que pudiera vivir allí, Namur es una ciudad perfecta para abrir la imaginación.

Allí todos los hoteles se llaman Charles Baudelaire, y al entrar se vuelve uno afásico.

Te dan una habitación sin preguntarte nada.

Habitación con escenas pastoriles Luis XVI en la bóveda, pues uno es afásico pero no sexualmente inerte.

Afasia de lo alto solamente, recordad, no de los bajos.

Cruzar una frontera es caer inmediatamente en la sexualidad.

¿Deseáis una buena sexualidad del Norte con alfombra de lana, ducha forestal o bañera multiposicional?

Charles eligió el Mosa por bañera, como buen esteta, y el señor Turner durmió con su caballo en esta misma habitación.

Bélgica ¿Una cuadra?

Una cuadra pictórica, gallinero real, granja con estiércol estercolero en posición automáticamente graciosa.

¡Tenemos purín surrealista corriente en todos los pisos, ya voy, ya voy!

¿Qué pasa aquí, pero qué está sucediendo?

Iba a ahogarme en mi sueño, estoy desnudo en el agua caliente, hay una mujer desnuda a mi lado sumergida en la misma agua, yo le acaricio el extremo del seno derecho con la palma derecha, su pezón se yergue, coloca su brazo en torno a mi cuello.

¡Aajjj! Cuánto me gusta el otoño en Bélgica.

Léon Spilliaert répond à ses critiques

Depuis que j’ai découvert la Mer du Nord je lui fais jouer rôle rétrospectif.

Je l’insinue partout.

Je la fais se glisser sans bruit dans mes souvenirs.

Je la fais rentrer très loin à l’intérieur des terres du continent.

Je me promène en permanence sur une plage.

Vous me voyez dans la rue?

C’est moi, marchant sur un trottoir parisien, lillois ou bruxellois, avançant de face comme font les promeneurs naturels, urbain rêveur donnant l’impression de regarder devant lui, de savoir où il va.

C’est sûr, je sais où je vais.

Ce que vous ne voyez pas cependant, comment le verriez-vous, c’est que, dans le moment même où je m’apprête à vous croiser, je ne vous ferai sans doute pas bonjour, excusez-moi, je ne reconnais personne, je suis distrait j’ai les yeux toujours au loin, à la seconde même de notre croisement je serai suivi par la mer.

La mer me suit, m’accompagne, oui.

Ne faites pas ces yeux-là.

Écoutez-moi, ne me regardez pas.

Écoutez-moi.

En pleine ville pleine foule, à l’heure de midi, je suis suivi par la mer.

Parfois c’est elle qui me devance.

Me dépasse, d’une vague un peu plus forte.

À peine visible, la vague avance, s’aplatit, s’évapore.

Léger grésillement.

Je la sens qui m’entoure, qui m’enveloppe.

En pleine ville.

Vous pourriez, nous pourrions tous nous baigner dans le même élément.

À condition d’avoir fait cet effort le plus difficile, commencer par revenir là d’où nous sommes venus

Nous venons tous de l’eau.

Une vague nous porte nous emporte, à déferlement plus ou moins immédiat.

Plus ou moins concentré sur lui-même.

Notre vie notre marche sont déroulement d’un mouvement sur lui-même.

Laissez-vous porter dans la marche par l’eau qui est derrière vous.

Laissez-la passer devant.

Laissez-la jouer jusqu’au bout son mouvement d’eau.

Laissez-la vous entourer de large.

Ô le paradoxe.

C’est la toute toute petite Belgique qui m’aura donné ce sens du large.

Du voisinage avec le large.

Ce sens du débordement immédiat.

Moi dans le cadre, je marche.

Je me vois qui, vous me voyez qui.

Suis en train de marcher.

Mon regard porte ma décision.

Qu’est-ce qui porte mon regard?

Mon corps

Et mon corps?

Le mouvement, l’onde du mouvement que je génère avec mes pieds.

N’est-ce pas une image tout à coup, n’est-ce pas changement de pied comme en font les sportifs les poètes?

Bien entendu, une feinte l’image poétique!

Bien sûr, un défaussement de l’esprit dans l’espace!

Autant la matérialiser, l’allonger dans le sens de l’étendue, elle.

L’onde de la marche, la voici à mes pieds justement.

Regardez-la qui dépasse d’une bonne pointure la pointe de ma chaussure.

Les images de mer débordent toujours un peu.

S’étalent, ne peuvent pas s’empêcher de progresser.

Il n’y  pas de frein à la mer.

La lune, peut-être.

Moi j’aime mes lunes liquides.

Donc j’avance dans une rue comme en lisière d’une plage.

À Ostende, Knokke ou de Panne.

Quel est le nom de mon chausseur de vagues, demande-t-on ?

Où peut-on se procurer la même marque?

J’ai tout à fait saisi le sel de l’ironie.

Laissez-moi vous donner son nom, il s’appelle Spilliaert.

Léon Spilliaert.

Léon est prénom qui fait un peu rire, je sais.

Pourquoi ne voit-on plus le lion dans Léon, pourquoi les lions ne sont plus à la mode, je ne sais pas.

Crinières de lion crinières de vagues, il y a des modes dans les images.

Il y a des associations qu’on ne peut plus faire.

L’animalité de la nature suit l’artifice.

Il faut s’adapter au pas de la mode dans la manière de marcher.

Voyez comme j’ai pris mes précautions pour sortir de la mer à l’instant!

Pas facile la bonne dégaine, n’est-ce pas.

Pas évident de placer la Mer du Nord, moins encore la Belgique, dans le poème

Osé, non?

Critiques à crinières critères traînant par terre, fait-il moderne ou pas sur vos plages ?

Eux: votre Mer du Nord remonte au plus tard à 1908, nous semble un peu dépassée déchaussée.

Moi: la mer est une ride sans ride, les roches s’érodent, la mer ne vieillit pas.

Eux: c’est glacial un Spilliaert, je m’y baigne, j’attrape ma congestion brrrr!.

Moi: vous vous rappelez le « Retour du Bain », les six sept petits bonshommes nus qui courent se réchauffer sur le sable en faisant de grands gestes avec les bras, celui tout en haut à gauche, c’est moi.

Eux: quel âge aviez-vous?

Moi: je n’étais pas né, il faut me croire sur parole.

Eux: voulez-vous inventer une nouvelle forme d’art?

Moi: oui, comme on marche à la mer la marche à la parole, les éléments ne sont là que pour nous accompagner, nous soutenir, nous mettre à l’épreuve.

Eux: Ostende n’a pas tellement bien tenu le coup depuis le début du siècle.

Moi: de la Maye jusqu’à la Haye une seule unique ligne de partage, la mer le sable. Ceux qui savent d’instinct qu’une plage monte, qu’est ouest sont de chaque côté d’une longue perpendiculaire Nord Sud et que l’horizon est vertical, ceux-là ont la pointure Spilliaert.

Léon Spilliaert [1] contesta a sus críticos

Desde que descubrí el Mar del Norte hago que represente un papel retrospectivo.

Lo insinúo por doquier.

Lo hago deslizarse silencioso por mis recuerdos.

Lo hago penetrar muy lejos dentro de las tierras del continente.

Me paseo permanentemente por la playa.

¿Me ven en la calle?

Soy yo, caminando por una acera parisiense, de Lille o de Bruselas, avanzando de frente como lo hacen los paseantes naturales, urbanista soñador que da la impresión de mirar ante sí mismo, de saber a dónde va.

Es verdad, sé donde voy.

Lo que no ven sin embargo, cómo podrían verlo, es que, en el momento exacto en que me dispongo a cruzarme con ustedes, no les saludaré, con perdón, no reconozco a nadie, soy distraído tengo siempre los ojos en la lejanía, en el mismo segundo de nuestro encuentro, seré seguido por el mar.

El mar me sigue, me acompaña, sí.

No pongan esos ojos.

Escúchenme, no me miren.

Escúchenme.

En plena multitud ciudadana, a mediodía, camina el mar detrás de mi.

A veces se me adelanta.

Me supera, con una ola un poco más fuerte.

Apenas visible, la ola avanza, se aplana, se evapora.

Ligero chisporroteo.

Noto que me rodea, que me envuelve,

En plena ciudad.

Podrían ustedes, podríamos bañarnos todos en el mismo elemento.

Con la condición de haber realizado el esfuerzo más difícil, empezar volviendo al lugar de donde venimos.

Todos venimos del agua.

Una ola nos lleva, se nos lleva, en un rompimiento más o menos inmediato.

Más o menos concentrado en sí mismo.

Nuestra vida nuestro caminar son desarrollo de un movimiento sobre uno mismo.

Déjense llevar en su camino por el agua que está detrás de ustedes.

Dejen que los adelante.

Dejen que represente hasta el final su movimiento acuático.

Dejen que los envuelva en alta mar.

Oh paradoja.

Es la pequeñísima Bélgica la que me dio ese sentido del mar adentro.

De vecindad con la alta mar.

Ese sentido de desbordamiento inmediato.

Yo, en el marco, camino.

Me veo que, me ven que.

Estoy caminando.

En mi mirada se nota mi decisión.

¿Qué es lo que lleva mi mirada?

Mi cuerpo.

¿Y mi cuerpo?

El movimiento, la onda de movimiento que se crea con mis pies.

¿No es acaso una imagen súbita, un cambio de pie, como el que hacen los deportistas los poetas?

¡Por supuesto, una fingida imagen poética!

¡Naturalmente, un fallo del espíritu en el espacio!

Mejor materializarla, alargarla en el sentido de su extensión, a ella.

A la ola de la marcha, hela aquí a mis pies, por cierto.

Mírenla cómo sobrepasa al menos en un punto la punta de mi zapato.

La imágenes marinas siempre desbordan un poco.

Se extienden, no pueden abstenerse de progresar.

El mar no tiene frenos.

La luna, quizá.

A mí me gustan las lunas líquidas.

Luego avanzo por la calle como por la orilla de una playa.

En Ostende, Knokke o de Panne.

¿Cómo se llama mi zapatero de olas? me preguntan.

¿Dónde podemos encontrar la misma marca?

Capto muy bien la sal de la ironía.

Déjenme darles su nombre, se llama Spilliaert.

Léon Spilliaert.

Léon es un nombre que da un poco de risa, ya lo sé.

Por qué no vemos ya el león en Léon, porque los leones ya no están de moda, no lo sé.

Melenas de león melenas de olas, en las imágenes también hay modas.

Hay asociaciones que ya no se pueden hacer.

La animalidad de la naturaleza continúa el artificio.

Hay que adaptar al paso de la moda el arte de caminar.

¡Vean cómo tomé precauciones para salir del mar inmediatamente!

Nada fácil tener buena facha ¿verdad?

Nada evidente colocar al Mar del Norte, y menos aún a Bélgica, en el poema.

¿Atrevido, no?

Críticos de crines criterios arrastrándose por tierra ¿resulta o no moderno en vuestras playas?

Ellos: Vuestro Mar del Norte se remonta al menos a 1908, nos parece un poco superado descalzado.

Yo: El mar es una arruga sin arruga, las rocas se erosionan, el mar no envejece.

Ellos: ¡Resulta glacial un Spilliaert, si me baño en él, me pillo un catarro, brrr!

Yo: Recordad el <<Retour du Bain Volver del Baño>>, con sus siete hombrecillos desnudos corriendo a calentarse sobre la arena mientras  gesticulan con los brazos, ese de ahí arriba, a la izquierda, soy yo.

Ellos: ¿Qué edad tenía?

Yo: No había nacido aún, hay que creerme bajo palabra.

Ellos: ¿Quiere usted inventar una nueva forma de arte?

Yo: Sí, como marchamos hacia al mar la marcha de la palabra, los elementos sólo están  ahí para acompañarnos, apoyarnos, ponernos a prueba.

Ellos: Ostende no ha aguantado mucho desde principios de siglo.

Yo: Desde La Maya hasta La Haya, una sola línea de partición, el mar la arena. Aquellos que saben instintivamente que una playa sube, que este y oeste están a cada lado de una larga perpendicular Norte Sur y que el horizonte es vertical, esos calzan el mismo número que Spilliaert.


[1] Pintor belga (1881-1946) que nació y vivió en Ostende como Ensor.  Pintaba visiones nocturnas, playas desiertas, diques, plazas, llenas de soledad y melancolía con una técnica que mezcla el guache, acuarela, tinta de china, lápices de colores, pastel…Adicto a los círculos literarios simbolistas de su país, Hellens, Verhaeren, Maeterlink fueron sus amigos.  Pictóricamente le influyeron Munch, Knopff y Degouve de Nuncques.

 

NOTA DEL TRADUCTOR

Jacques Darras ha fundado una forma de vida poética bautizada en uno de sus versos deslumbrantes como poème parlé marché, que hubiese hecho las delicias de Antonio Machado. Poema hablado que hace camino al andar, que canta poesía hablando. Filólogo enamorado de los ríos, toma de la metáfora de las aguas subterráneas —de donde nacen hontanares que son luego alfaguaras, devienen ríos, cataratas y cauces torrenciales o plácidos y serenos—, la esencia de su poesía. Como las lenguas, cree Darras que los ríos no conocen fronteras y penetran y enriquecen con sus limos los países que cruzan, al igual que los trovadores crearon las lenguas europeas en su ir y venir llevando noticias, poemas y canciones en la bellísima lengua latina, inalterable hasta entonces.

Este poeta francés ha nacido en 1939 en la martirizada tierra picarda, hollada en el pasado por botas militares españolas y que fue nación con rica lengua propia que llegó a tener Colegio en Sorbona. Sus intereses cordiales y culturales se reparten entre la Inglaterra cuyos blancos acantilados divisa y sueña desde niño —amor que le hace estudiar y profesar la lengua inglesa de cuya literatura americana es catedrático—, y la Bélgica escindida en sus culturas (Le pays au bout de mon Jardin), Flandes y la Alemania de la Reforma, que junto con la Francia jacobina y revolucionaria en cuya lengua se expresa, construyen ahora, junto con las Españas, la Europa moderna heredera laica del  antiguo Imperio romano de Occidente.

Esos amores y esas ideas le hacen pegar su sombra a los paisajes —de nuevo como Machado, con quien busca también los datos más ocultos del “amor cortés” y la filosofía— que  aprende a amar y a beberse a grandes tragos en sus tormentas, en sus ideas, en sus fuentes, en sus versos, en sus montes, en sus arroyos y en sus viñas. Desde ellos, al caminar practica alternativamente una rica lengua interna, propia de quien fue lactante directo de la tierra madre, que se convierte en diálogo en alta voz con sus lectores y sus compañeros de viaje —amigos, hijos, vagabundos o desconocidos que surgen en el camino— que son también los filósofos, pintores y poetas actuales o pasados que sembraron su mente desde la adolescencia, preñando más tarde su poesía.

Ritmos mentales que se hacen hondos o ligeros, según el cansancio del caminante o la alegría que el vino despierta en su espíritu, pero que nunca afectan al lirismo que impregna esos versos largos, a veces interminables y llenos de meandros con los brazos siempre abiertos a los posibles afluentes que aporten nuevas noticias o sabores, colores u olores de otros predios y otros llanos. Versos que nacen a bocanadas de aire puro desde el padre François Villon al laicismo republicano, las germanías campesinas y  tradiciones populares, para dar en el mejor simbolismo francés o en el romanticismo alemán, desaguando a menudo en un automatismo verbal heredero de aquella tradición surrealista que quería cambiar no el mundo sino la vida.

La tarea de eliminar fronteras de cualquier tipo que la práctica nacida de su filosofía vital ha impuesto a Jacques Darras, le ha convertido en peligroso enemigo literario de los nacionalismos que enloquecen a los hombres y perturban las naciones hasta el punto de sembrar de estratos milenarios de cadáveres las tierras que él atraviesa hoy día en sus viajes. De esa irreductible actitud intelectual encontrará el lector numerosos ejemplos en los poemas que siguen, en su mayor parte inéditos, como ha deseado él que así fuera para entregar sus primicias  a los lectores de esa España que permanece todavía ausente en su poesía, pero cada vez más cercana desde sus recientes visitas a nuestra América —México ha sido el primer país en publicar una Antología suya en castellano[1].

Desde las mesas mexicanas, Jacques Darras sueña ya con el ascenso y descenso del horizonte fluvial del idioma español hasta llegar al regazo de la meseta castellana. Avanza comenzando a enamorarse de los ríos que cruzan nuestras sierras, trochas, campos y quebradas aguardando el día, en que el mismo poeta que ha sacudido a la poesía francesa de su letargo ensimismado, camine al fin hacia las aguas lustrales de la cultura española. Mientras tanto, ya están cruzando el cielo de los Pirineos los largos cirros de sus poemas desde aquella primera persona poética que inauguró Wordsworth, y que él ha asumido en parte de su obra.

Demos por seguro que los acontecimientos europeos que hicieron replegarse al temeroso poeta inglés al final de sus días en la jaula dorada del soneto, estimularán ahora en sus actuales ritmos unitarios a Jacques Darras —tras los inicios en su Preludio personal—, huyendo para siempre de los encierros verbales en los templos métricos para seguir regando con sus irónicos cantos libres, densos y barrocos, graves o risueños, las  nuevas fronteras. Sueña el poeta con que  se evaporen algún día esos muros, a menudo falsificados por la Historia, como la bruma se alza cuando amanece en los estuarios y vuela, para unir en el aire al Mosa con el Duero, al Rin o el Danubio con el Tajo, el Ródano con el Ebro, Escalda con Guadalquivir, Turia con La Maye o el Tíber. El poema que habla caminando, sólo podrá cantarse en verso transparente, tan claro y blanco como las aguas del lenguaje ético que deja fluir el poeta desde las riberas que recorre identificando su sentido.

Los torturados cirros del <<Je est un Autre>> rimbaldiano se transforman ya, en los poemas de esta Antología en cúmulo–nimbos espesos, cultos, vivos y populares que proclaman el <<Je suis l’Autre>>  expresado por Nerval y abrazar así al machadiano, como sujeto generoso que no precisa escindirse para ir al otro y ser nosotros con él, pues le basta con obedecer a la Palabra poética en cuyo ritmo y sentido edifica la Naturaleza al hombre histórico. Darras ha aprendido ya de memoria, en su viaje por las aguas claras de la lengua española, aquel cantar que dedicara don Antonio a don José Ortega y Gasset:

—Con el tú de mi canción

no te aludo, compañero;

ese tú soy yo.


[1] Je me fais l’Horizon Fleuve, “Me hago el Horizonte Fluvial”. Ediciones El Tucán de Virginia, México D. F., 2001. (Traducción y notas de Françoise Morcillo)

MARTHA ASUNCIÓN ALONSO TRADUCE A LÉON G. DAMAS

León-Gontran DAMAS (Cayena, Guayana Francesa, 1912 – Washington DC, 1978) es uno de los fundadores del movimiento cultural de la “negritud”. Mulato hijo de padres con ascendencias europea y americana, además de africana, Damas cursó la secundaria en Martinica y más tarde estudios universitarios en París.

En la capital francesa fundó, junto con el poeta senegalés Léopold Sédar Senghor y el martiniqués Aimé Césaire, la revista reivindicativa L’Étudiant noir. Posteriormente, Damas desempeñó los cargos de diputado de Guayana en la Asamblea Nacional Francesa, consejero de la UNESCO, colaborador en labores editoriales de la vanguardista casa parisina Présence Africaine y profesor universitario en distintos centros de África, América y El Caribe.

Los tres poemas que se siguen pertenecen a su primer poemario, Pigmentos, un canto o, mejor dicho, un grito a la piel y al dolor: a la memoria (las memorias), la infancia, la sangre, la identidad, la justicia, el ritmo y la libertad. Pigmentos, que fue publicado en 1937, sería censurado retroactivamente dos años después, con el estallido de la Guerra Mundial, debido a sus apelaciones al despertar de la conciencia negra y obrera, así como a su lenguaje crudo, noble de puro grosero, irónico, ingenioso, lacerante. Revolucionario.

HOQUET

Et j’ai beau avaler sept gorgées d’eau
trois à quatre fois par vingt-quatre heures
me revient mon enfance
dans un hoquet secouant mon
instinct
tel le flic le voyou
Désastre
parlez- moi du désastre
parlez-m’en
Ma mère voulant un fils très bonnes manières à table
les mains sur la table
le pain ne se coupe pas
le pain se rompt
le pain ne se gaspille pas
le pain de Dieu
le pain de la sueur du front de votre Père
le pain du pain

Un os se mange avec mesure et discrétion
un estomac doit être sociable
et tout estomac sociable se passe de rots
une fourchette n’est pas un cure-dent
défense de se moucher
au su
au vu de tout le monde
et puis tenez-vous droit
un nez bien élevé ne balaye pas l’assiette
et puis et puis
et puis au nom du Père

du Fils
du Saint-Esprit
à la fin de chaque repas
et puis et puis
et puis désastre
parlez-moi du désastre
parlez-m’en

Ma mère voulant d’un fils mémorandum
Si votre leçon d’histoire n’est pas sue
vous n’irez pas à la messe dimanche avec
vos effets du dimanche
cet enfant sera la honte de notre nom
cet enfant sera notre nom de Dieu
Taisez-vous
Vous ai-je dit qu’il vous fallait parler français
le français de France
le français du français
le français français

Désastre
parlez-moi du désastre
parlez-m’en

Ma mère voulant d’un fils fils de sa mère
Vous n’avez pas salué la voisine
encore vos chaussures sales
et que je vous y reprenne dans la rue
sur l’herbe ou la Savane
à l’ombre du Monument aux Morts
à jouer
à vous ébattre avec Untel
avec Untel qui n’a pas reçu le baptême

Ma mère voulant un fils très do
très ré
très mi
très fa
très sol
très la
très si
très do
ré-mi-fa
sol-la-si
do

Il m’est revenu que vous n’étiez encore pas
à votre leçon de violon
un banjo
vous dites un banjo
comment dites-vous
un banjo vous dites bien un banjo

non monsieur
vous saurez qu’on ne souffre chez nous
ni ban
ni jo
ni gui
ni tare
les mulâtres ne font pas ça
laissez donc ça aux nègres

HIPO

Y por mucho que beba siete sorbos de agua
tres o cuatro veces todas las veinticuatro horas
siempre me vuelve el hipo de la infancia y sacude
mis instintos
como el poli al ladrón
Desastre
háblame del desastre
háblame

Mi madre quería un hijo educadísimo en la mesa
las manos en la mesa
el pan nunca se corta
el pan se parte
el pan nunca se tira el pan de Dios
el pan del sudor de la frente de vuestro Padre
el pan del pan

Hay que comer los huesos con mesura y reserva
el estómago debe ser sociable
y un estómago sociable nunca eructa
el tenedor no es un mondadientes
prohibido sonarse la nariz
al oído
la vista de todo el mundo
y no te olvides de andar recto
las narices de bien no han de barrer nunca el plato
y no y no
y no en el nombre del Padre
del Hijo
del Espíritu Santo
tras todas las comidas
y no y no
y no al desastre
háblame del desastre
háblame

Mi madre quería un hijo vademécum
si no te sabes la lección de historia
no irás a misa este domingo con
tu vestido de domingo
este niño será una mancha en nuestro nombre
este niño será nuestro válgame Dios
A callar
ya te tengo dicho que hay que hablar francés
el francés de Francia
el francés de los franceses
el francés francés

Desastre
háblame del desastre
háblame

Mi madre quería un hijo niña de sus ojos
hoy no me has saludado a la vecina
otra vez con los zapatos sucios
y que no te vuelva a ver en la calle
tumbado en la hierba o en la Savane
a la sombra del momento a los muertos
jugando
a las trincheras con fulanito o
menganito que no está bautizado

Desastre
háblame del desastre
háblame

Mi madre quería un hijo muy do
muy re
muy mi
muy fa
muy sol
muy si
muy do
re-mi-fa
sol-la-si
do

Me han dicho que has vuelto a faltar
a clase de violín
el banjo
cómo que el banjo
pero qué dices
un banjo de verdad pides un banjo
pues ni hablar, señorito
ya deberías saber que mi en casa no entran
ni ban
ni jo
ni gui
ni ta
ni rra
no es cosa de mulatos
déjaselo a los negros.

SAVOIR-VIVRE

On ne bâille pas chez moi comme ils bâillent chez eux
avec la main sur la bouche
je veux bâiller sans tralalas
le corps recroquevillé
dans les parfums qui tourmentent la vie
que je me suis faite
de leur museau de chien d’hiver
de leur soleil qui ne pourrait même pas tiédir
l’eau de coco qui faisait glouglou dans mon ventre au réveil

Laissez-moi bâiller la main

sur le cœur
à l’obsession de tout ce à quoi j’ai en un jour
donné le dos.


SAVOIR-VIVRE

No bosteza mi gente igual que ellos bostezan
con la mano en la boca
yo quiero bostezar sin ceremonias
enredándome el cuerpo en los perfumes
malditos de esta vida
que me inventé a mí mismo
con su bozal de perro siberiano
con su sol incapaz de calentar ni un ápice
la leche de coco que me hacía gluglú en las entrañas al despertar

Dejadme bostezar con la mano
aquí
sobre el corazón
en homenaje a todo a lo que en solo un día
di la espalda.

UN CLOCHARD M’A DEMANDÉ DIX SOUS

Moi aussi un beau jour j’ai sorti
mes hardes
de clochard

Moi aussi avec des yeux qui tendent
la main
j’ai soutenu la putain de misère

Moi aussi
j’ai eu faim dans ce sacré pays
et j’ai cru pouvoir
demander dix sous
par pitié pour mon ventre creux

Moi aussi jusqu’au bout de
l’éternité de leurs boulevards
à flics
combien de nuits ai-je dû
m’en aller aussi
les yeux creux

Moi aussi j’ai eu faim les yeux creux
et j’ai cru pouvoir
demander dix sous
jusqu’au jour où j’en ai eu
marre
de les voir se gausser
de mes hardes de clochard
et se régaler
de voir un nègre les yeux le ventre creux.


UN VAGABUNDO ME HA PEDIDO UN PAR DE CÉNTIMOS

También yo me vestí un buen día con
harapos
de vagabundo

También yo con ojillos de cordero
degollado
le sostuve la mano a la puta miseria

También yo
pasé hambre en este maldito país
y creí poder
pedir un par de céntimos por piedad
por traer el estómago vacío

También yo más allá de
la eternidad de sus avenidas
para maderos
cuántas noches hube
de caminar
los ojos también vacíos

También yo sentí el hambre aquí en los ojos
y creí poder
pedir un par de céntimos
hasta que un día
me harté
de cómo se mofaban
de mis harapos de vagabundo
y disfrutaban
viendo un negro de ojos y estómago vacíos.

Léon-Gontran Damas, Pigmentos
(París, Présence Africaine, 1937).

Trad.: Martha Asunción Alonso.