JOSÉ ANÍBAL CAMPOS – PAUL CELAN: ¿UN SURREALISMO UTILITARIO? DOS DOCUMENTOS

 

Si bien son abundantes, en la poesía de Paul Celan, los elementos que indican una influencia juvenil del surrealismo —muy especialmente en los poemas de su primera etapa—, su irrupción y acogida en Viena como «poeta surrealista» tiene todas las trazas de ser una estrategia práctica de integración, un epíteto aceptado como tarjeta de visita ante la escena literaria y artística vienesa entre finales de 1947 y mediados de 1948.

Esos primeros años de la postguerra estuvieron impregnados por los intentos de Edgar Jené —un pintor franco-alemán establecido en Viena desde 1935—, de crear una sólida célula surrealista en la capital austriaca. Pero esos impulsos vanguardistas llegaban a la ciudad danubiana, al decir de Milo Dor, con retraso, cuando ya estaban «desfasados». Pero no sólo sus planteamientos estaban obsoletos. La estudiosa Christine Ivanović señala otro aspecto muy relevante:

Con la proclamación de un surrealismo vienés se ofrecía la posibilidad de encontrar una reorientación artística en relación con una Modernidad desaprovechada. Pero precisamente el hecho de que en Viena se renunciara explícitamente a las implicaciones políticas y a la fuerza explosiva social del surrealismo, ese movimiento no pasó de ser allí algo episódico, tan epigonal como efímero, cuyos protagonistas habrían abandonado la ciudad, casi todos rumbo a París, a la altura de 1950.

Otro de los motivos para que ese capítulo de la historia cultural vienesa fuera tan breve lo encontramos en la resistencia con que se vieron confrontados los artistas en torno a Edgar Jené no sólo por parte de los sectores más conservadores de la cultura austriaca de la época, sino también por un ambiente colectivo que tenía demasiada prisa en restituir el mito de la Viena de la belle époque, su Modernidad utilitaria y decorativa à la Klimt, la «patria perdida» por la «invasión» nazi. Una estrategia colectiva que buscaba con denuedo reconstruir la nación devastada tras la derrota sin verse esta vez sometida a las humillantes condiciones de los Aliados en la Primera Guerra Mundial. Austria —se decretó— era también víctima, no cómplice.

De ahí que todo impulso cuestionador de esa complicidad colectiva fuera visto con recelo. El pasado más reciente quedó entonces envuelto, como ha dicho Evelyne Polt-Heinzl, en el manto del «sufrimiento colectivo»: todos habían padecido la guerra, todos. Cualquier intento de diferenciación sobre el tipo de sufrimiento —si padecido en las trincheras de la Wehrmacht o en los campos de exterminio— era automáticamente rechazado.

En medio de todo ello está Paul Celan, el judío sobreviviente del Holocausto llegado a Viena tras huir de una sociedad rumana cada vez más permeada de estalinismo. El epíteto de «surrealista» aparece por todas partes asociado a su obra y a su persona. Ingeborg Bachmann escribe a sus padres, desbordante de entusiasmo, diciéndoles que el poeta (surrealista) Paul Celan se ha enamorado gloriosamente de ella. Poco antes les había dicho que, en una reunión en casa de Edgar Jené, había podido «ver al poeta surrealista Celan». Su nombre aparece en la prensa en tres ocasiones, siempre asociado a ese movimiento de vanguardia (y, curiosamente, puesto en relación con tres artes distintas: la poesía, la música y las artes plásticas: la primera crítica a una selección de sus poemas; una breve mención a una Lied o chanson «de estilo surrealista» compuesta por un músico de Graz y basada en un poema suyo; y una nota sarcástica en relación con el antifaz que expuso en la muestra surrealista organizada por Jené y Arnulf Neuwirth a finales de marzo de 1948).

La efímera integración en ese grupo de artistas y escritores le proporcionó a Celan una notoriedad inusitada en los pocos meses que pasó en la capital austriaca, pero también lo convirtió en blanco de los ataques de que eran objeto los demás miembros del grupo en torno a Jené, que, en protesta por un supuesto control cada vez marcado de agentes conservadores en el llamado Art-Club, decidió separarse de esa institución en una asonada que llenó las páginas de la prensa durante la primavera de 1948.

Los dos documentos que damos a conocer por primera vez en español en este magnífico blog de Mario Domínguez Parra dan fe de esa resistencia de los círculos culturales vieneses a los intentos por consolidar una rama austriaca del surrealismo siguiendo el modelo bretoniano.

El primero es la nota de prensa sobre la ruptura del grupo de artistas vinculados a Jené con el Art-Club. El segundo, una reseña sarcástica a la llamada «Primera Exposición Surrealista», en la que Celan participó con una lectura de poemas y una obra propia.

Como verá el lector, el sarcasmo con que el segundo artículo comenta la exposición surrealista, es bien sintomático de la época y de algo muy típico vienés: el Wiener Schmäh (que podría traducirse como «retranca» o como «choteo cubano»), una disposición colectiva burlarse de todo lo serio, pero, sobre todo, una estrategia vital para eludir toda responsabilidad individual y diluirla en jolgorio de la masa. 

 

Escisión en el Art-Club vienés

 

Como hemos conocido por medio de una fuente bien informada, en el transcurso de una reunión de la sección vienesa del Art-Club, institución concebida originalmente como asociación internacional —una reunión que tuvo lugar hace poco bajo signos de tormenta—, se ha producido un intento de poner a todo el grupo austriaco bajo la dirección de algunos conocidos profesores academicistas. A continuación, los pintores Edgar Jené, Arnulf Neuwirth y Rudolf Pointer, y también el escritor y editor de PLAN, Otto Basil, han declarado su retirada del Art-Club austriaco, arguyendo que éste, según lo planteó un profesor de la Academia, representaba ahora, más bien, una empresa en competencia con la Sezession y con la Künstlerhaus [Casa de los Artistas], con lo cual había perdido notoriamente su carácter cosmopolita. Los artistas cercanos al grupo de la revista PLAN organizarán muy pronto una exposición propia en una prestigiosa galería vienesa bajo la divisa de: «El color del hombre es la libertad».

 

[Aunque el nombre de Paul Celan no se menciona en esta nota, publicada por el diario Welt am Abend el día 28 de febrero de 1948, el poeta rumano se hallaba estrechamente vinculado a todo este asunto. De hecho, la tarjeta mimeografiada que sirvió a la exposición aquí anunciada e inaugurada un mes después, el 24 de marzo de ese año, no sólo llevaba como titular la divisa aquí presentada, sino también, en su reverso, un texto programático de Celan, escrito al alimón con Edgar Jené, titulado Eine Lanze (Una lanza), un anagrama a partir de los apellidos de los dos artistas: «Ejné Lance». La mencionada Künstlerhaus es un edificio destinado a grandes exposiciones, construido entre 1865 y 1868, perteneciente a la Sociedad de Artistas Plásticos de Austria, fundada en 1861. A lo largo del tiempo, ha sido la protagonista de varios escándalos similares, como la del 3 de abril de 1897, cuando varios artistas, entre los cuales se hallaban Gustav Klimt, Koloman Moser, Josef Hoffmann, Joseph Maria Olbrich, Max Kurzweil, Josef Engelhart, Ernst Stöhr, Wilhelm List y Adolf Hölzel, declararon su salida de la Künstlerhaus y de su asociación para fundar la Wiener Secession, cuya suntuosa sede de cúpula dorada se halla situada a escasos metros de la institución academicista. Por su parte, el Art-Club, fundado en 1946, fue concebido en un inicio como una plataforma para artistas, escritores y músicos de vanguardia y, en cierto modo, significó también una escisión de las asociaciones anteriores, aunque mantuvo cierta buena convivencia con la Secesión. Tras la separación del Art-Club, la incipiente célula surrealista en torno a Jené firmó también su sentencia de muerte. Se supone que el Art-Club, con un despliegue mayor de actividades y con una presencia más asidua en la prensa de la época, recibía fondos secretos de la CIA.]        

 

Cuadros de una exposición

 

Y de una exposición surrealista. Sí, sí, ya sé: ¡usted no asiste a esas cosas! Pero yo estuve allí. Y lo digo de antemano: ¡no tengo absolutamente nada en contra del surrealismo! Pero oiga usted esto:

[I]

—Mira eso, Jorgi: «Desplazamiento espacial de montañas de color no macizas». Muy interesante. ¡Mira, es muy interesante!

—Venga ya… Déjame en paz con esa…

—¡Bueno, no van a estar pintando chicas desnudas sólo para ti, que eres un crápula! Es muy interesante… Oye, Jorgi, ¿qué es eso de «abstracción»?

—Abst… Abstrac… Venga, vámonos.

[II]

—Papá, ¿por qué se ve ahí a un macho cabrío sentado junto a una cama y tocando el violín? Debajo dice: «Los enamorados». ¿Por qué, papá?

—¡Esas cosas no las entiendes todavía! Eso es… Espera, ahí dice que se trata del grito de la época clamando por su expresión.

—Ahhh, papá…

[III]

—A ver, vamos a adivinar qué es esto. Yo digo que se trata de una mesa lista para la merienda, con una mancha de café.

—Y yo digo que son los ojos de una tortuga.

—¡Vamos, no te burles! Esto es un estanque con algas cuando arrojas una piedra dentro. ¡Mira bien, fíjate que coincide!

—Un momento…. Página 14, número…  ¡Ajá! En fin, aquí dice: «Melancolía de un bárbaro en otoño».

[IV]

—Mira, Carli. ¡Tampoco te serviría de mucho! ¡Aunque colgaras un cuadro al revés, éste no parecería que lo está!

 

Y así sucesivamente.

 

Sólo en la escalera, a la entrada, había un jovencito de ojos fervientes y rizada melena de artista. Lo había oído todo y se había llevado las dos manos a la frente.

—Viena es y seguirá siendo reaccionaria.

Entonces me marché. Al otro lado de la calle había uno que, al parecer, ya tenía su buena cogorza a esa hora de la tarde. No paraba de lanzar su cantinela, en tono desafiante, hacia el portal del edificio de enfrente:

—Bueno, lo que nos tocó, nos tocó. Pero tal vez: estúpidos no seamos. ¡Tal vez estúpidos no seamos!

Entonces sí que me marché definitivamente.

C.W.

 

[Esta «crítica de arte con retranca vienesa» (como he decidido titularla) fue publicada el día 5 de mayo de 1948 en el periódico Welt am Abend y es bien sintomática del ambiente que generó la escisión de los surrealistas en torno a Jené del Art-Club. La prensa de esos días está repleta de artículos críticos más serios, pero también de lo que hoy llamaríamos shitstorming. Una de esas notas burlonas afectaba directamente a Paul Celan, que en la exposición organizada en la galería Agathon presentó una obra plástica propia: «un antifaz fijado a un pliego de papel con unas chinchetas», de la que, según el periodista anónimo, era mejor ni hablar, al tiempo que se preguntaba si era posible calificarla como «obra de arte».]

 

 

© José Aníbal Campos.

 

 

 

ALEXANDER VON HUMBOLDT – ESCRITOS (VOLUMEN I)

 

Año Humboldt

Por José Aníbal Campos

 

Tras las siglas «AvH 2019» aguarda todo un universo. Un legado humanista, literario y científico fascinante, aún por descubrir para el hombre de hoy, cuando el género humano parece —una vez más— empeñado en obrar contra sí mismo, cavando aplicadamente fosas de olvido (en lugar de aplicarse en desenterrar la memoria sepultada) y demoliendo pilares civilizatorios por cuya conquista, en otras épocas, han quedado abiertos grifos de sangre.

«AvH 2019» es un buen ejemplo de cómo aprovechar en un sentido afirmativo y esperanzador las técnicas de un marketing que normalmente busca timarnos. Con esa fórmula se abarca todo el conjunto de publicaciones y actividades que han visto o verán la luz a partir de este año para conmemorar el 250 aniversario del nacimiento de Alexander von Humboldt (Berlín, 1769-1859).

Desde una aclamada exposición interactiva en el Jardín Botánico de Berna, que luego viajará por varios países de América Latina con el título de «Botánica en movimiento» hasta ediciones parciales de la obra gráfica de Humboldt (por primera vez se editan todos sus dibujos, croquis y mapas), un volumen con sus textos y dibujos sobre fauna o una amplia documentación sobre la relación de Humboldt con Suiza. Una idea de las dimensiones del proyecto puede tener el lector en este enlace: http://www.humboldt.unibe.ch/index.html.

Pero lo que corona esta paciente labor investigativa y compilatoria de varios años es la edición comentada, en nueve volúmenes, de todos los escritos dispersos del humanista prusiano (Ed. de Oliver Lubrich y Thomas Nehrlich). Es decir: todos aquellos textos que fueron publicados a lo largo y ancho del planeta en diferentes medios de prensa (Humboldt fue, quizás, el primer intelectual verdaderamente globalizado; sus méritos como creador de una red de contactos a nivel mundial en temas como la ecología, la política, las artes y las ciencias, la sociología, etc., serían motivo de sonrojo para muchos periodistas de hoy con un subutilizado acceso permanente a Internet). La editorial alemana dtv ya anuncia su publicación el día 16. 08.

Thomas Nehrlich

En esta ocasión los lectores de habla española no llegaremos con tanto retraso. Por uno de esos hermosos «azares concurrentes» (Lezama Lima), en la primavera de 2015, durante una estancia en la Casa de Traductores de Looren, quien esto firma fue a Berna a visitar a un viejo amigo y autor al que, unos años antes, le habían concedido la Cátedra de Literatura Alemana Contemporánea en aquella casa de estudios. Fue en esa ocasión que conocí el proyecto de editar todos los escritos dispersos de Humboldt (su «otro Cosmos», como lo denomina el propio profesor Lubrich) y se habló de la posibilidad de hacer una edición paralela en castellano. De regreso a la Casa de Traductores, le lancé la idea a Gabriela Stöckli, directora de esa institución, que de inmediato la acogió con gran entusiasmo y propuestas de apoyo concretas.

Varias cosas estaban claras desde el principio: para tal volumen de textos era necesario conformar un equipo de traductores y ese equipo debía estar integrado por traductores de América Latina.

En el invierno de 2017 llegó el esperado momento. Tres traductores —Laura Cecilia Nicolás (Argentina), Orestes Sandoval López (Cuba) y quien esto escribe— tuvimos la oportunidad de reunirnos durante una semana con los dos editores y su equipo de colaboradores y fijar las pautas de trabajo de traducción y edición de estos textos en español.

También pensamos que lo ideal era presentar el proyecto a una editorial latinoamericana, una casa editora del continente en el que Humboldt dejó esa huella que lo denota aún como el «segundo descubridor de América». (En un momento como el actual, en el que de nuevo cobra fuerza en España un revisionismo histórico que —como quienes en otras partes niegan el Holocausto— se empeña en negar la existencia de la más que documentada «leyenda negra», vale la pena leer algunas de las disquisiciones del barón Humboldt sobre el colonialismo español, las cuales inspiraron tantos movimientos libertarios en América Latina, al punto de que no podría entenderse buena parte del independentismo latinoamericano sin la labor —de palabra y de obra— del naturalista alemán.)

Herder, en México, nos pareció la casa editora ideal. No sólo había publicado ya otros trabajos relacionados con Humboldt, sino que su calidad (y su impecable tratamiento a la labor del traductor) había quedado demostrada en un volumen con los apuntes tomados por Harry Kessler a su paso por México en 1898.

De modo que AvH 2019 no sólo va a limitarse al ámbito de habla alemana. A partir del otoño contaremos, los lectores de habla española, con una primera muestra de la labor periodística y divulgativa del barón alemán. Su otro Cosmos. Un ejemplo de ética, rigor científico para su época, cooperación y visión de futuro. Porque, como bien ha dicho en Viena hace poco el editor Oliver Lubrich, estamos no sólo ante el primer ecologista, sino ante el primer intelectual que pensó en términos globales, en una época en la que todavía estaban formándose los tambaleantes egos nacionales.

Café Zartl (Viena), 22 de julio de 2019

 

 

JOSÉ ANÍBAL CAMPOS – LA CASA DE ESCRITORES Y TRADUCTORES DE VENTSPILS

En una casa del siglo XVIII construida en el sobrio y elegante estilo de estas latitudes, en el número 13 de la calle Anna (Annas iela), se encuentra la Casa de Escritores y Traductores de Ventspils, que en 2016 celebró sus diez años de existencia.
Aunque su prioridad, obviamente, es la divulgación de la emergente y –por lo visto— pujante literatura letona, la casa está abierta a colegas de otras latitudes y con otras combinaciones de lenguas, y, en ese sentido, sus organizadoras se esfuerzan por hallar un equilibrio entre los residentes que acuden a Ventspils cada mes para estancias máximas de cuatro semanas.
Resulta, a primera vista, bastante extraño estar en un país cuyo idioma no entiendes ni a retazos. La experiencia de viajar desde el aeropuerto de Riga hasta Ventspils, a unos 185 kilómetros de la capital, es casi el retorno a un estado de ignorancia (o quizá de inocencia, que suena más bonito) que es difícil percibir cuando pasas años moviéndote cómodamente en entornos lingüísticos conocidos. Cada día me convenzo más, sin embargo, de que el encuentro con la verdadera vitalidad de las palabras, la búsqueda de ese sentido más hondo que nos hermana, ha de empezar por el balbuceo, por las formas difusas, y ello requiere un esfuerzo de des-aprendizaje, o si se quiere, un empeño por olvidar y volver a aprender.
En ese sentido, no se puede venir a Ventspils con los conceptos prefabricados que hemos ido adhiriendo a nuestro discurso cotidiano como si fuesen parte integrante de un repertorio de ideas propias y que, en el fondo, son solo las hilachas de un inevitable depósito de idées reçues (para decirlo al modo de Flaubert). No es posible iniciar el trato con un nuevo entorno a partir de «flosqueladas» retóricas que hemos picoteado en la sucia escudilla de pienso con el que nos ceban a diario los criadores de aves de corral de una political correctness inventada para hacernos piar a coro y, de inmediato, enmudecer.
«Nacionalismo», por ejemplo, no es aquí un término peyorativo, como bien pude notar el día 4 de julio, día de mi llegada, en el que todos los edificios públicos y las casas privadas mostraban en sus portales la enseña nacional a media asta. (Ese día Letonia rememora uno de sus tantos holocaustos.) Y es que quien, como escritor, ha de contribuir con su literatura a afianzar una lengua tantas veces vapuleada, reprimida, relegada y hasta prohibida, no ve en una postura nacional una amenaza o un acto ignominioso.
Dos de las cuatro escritoras letonas que comparten esta estancia con nosotros están involucradas en un proyecto literario de eminente carácter «nacional» y por el que cada una muestra un gran entusiasmo: junto a otros de sus colegas, abordarán en novelas individuales una década concreta de la historia de Letonia en sus intermitentes periodos como país independiente. Y yo aprovecho ahora este foro para animar a los colegas que conozcan la lengua letona a interesarse por los resultados de esta colectiva (pero personalísima) work in progress sobre un país del que poco conocemos en España.
Valga decir, además, que, según nos relata Andra Konste (la amable directora de la Casa), existe un pequeño programa del ministerio de Cultura (también principal financista de esta magnífica residencia) destinado a promover el aprendizaje del letón entre traductores y escritores extranjeros.
La Casa cuenta con capacidad para que convivan simultáneamente siete escritores y/o traductores, y la composición multicolor de esa convivencia la garantiza una cuidada planificación por parte de la dirección. Esta estancia la hemos compartido tres colegas de Letonia (todas mujeres), una joven traductora y escritora polaca, una compañera belga, una traductora y periodista italiana, un escritor letón de lengua rusa y un poeta ruso que tiene una vasta obra como traductor de poesía alemana. El centro tiene una particularidad que la distingue de otras casas: el colega invitado puede traer a un acompañante, el cual ha de pagar tarifas de estadía muy moderadas, variables según los días de estancia. (Para planificar bien una estancia compartida, lo mejor será siempre consultarlo antes con la dirección del centro a través del correo indicado en la página web: ventspilshouse@ventspilshouse.lv).
Una pequeña biblioteca en permanente construcción garantiza en cierto modo el acceso a la bibliografía de consulta necesaria. En mi caso, he encontrado un Duden Universalwörterbuch, el diccionario monolingüe de la lengua alemana, que me basta por ahora en la fase de trabajo en la que me encuentro con los dos libros que estoy traduciendo. Abundan los diccionarios del ruso y el letón en diferentes combinaciones idiomáticas, así como los libros de autores y traductores que han pasado por la Casa en estos diez años. La biblioteca en español es exigua, pero eso podría cambiar si, tras la lectura de este artículo, algunos de mis colegas se animan a solicitar una estancia en Ventspils. Buscando en la algo más amplia sección «alemana», encuentro dos joyas bibliográficas sobre traducción: una compilación de las conferencias dictadas en la Gastprofessur für Poetik der Übersetzung de la FU de Berlín hasta el año 2013 y un magnífico libro sobre la evolución de la lengua alemana desde una perspectiva traductoral.
Por razones de espacio, la Casa ha de limitar el número de libros que recibe en donación, pero una de sus actuales prioridades infraestructurales es incorporar al centro el «verticalísimo» edificio neoclasicista colindante con el jardín de la residencia. Según me dicen, fue antes una torre de vigilancia contra incendios (la actual casa de escritores, en su larga historia, ha sido en otras épocas consistorio, biblioteca municipal y cuartel de bomberos), pero su estructura de tres pisos es perfecta para albergar una amplísima biblioteca. De conseguirse tal propósito, la de Ventspils podría empezar a competir con la biblioteca del Colegio de Traductores en Straelen (Alemania), quizá la biblioteca para traductores más completa que haya existido jamás.
Pero aparte de las magníficas condiciones de trabajo, lo más importante de estas residencias sigue siendo el tipo de vínculos que se van estableciendo entre colegas de varias latitudes. Redes que –como bien me dice Andra, la directora—, se tejen en direcciones diversas, con hilos que van enlazándose para formar una red circulatoria que mantiene vivo el organismo de la cultura universal.
En ese sentido, lo mejor de estas casas llega cuando personas de varios credos, naciones, lenguas y posturas vitales se sientan a charlar en torno a una mesa. A veces la timidez de los traductores genera al principio cierta viscosidad en esos fluidos intercambios. Cuando esto ocurre, Andra le conceden un par de días a la timidez de cada cual. Eso sí: pasados dos o tres días se arremanga la blusa, prepara una deliciosa especialidad letona en la cocina común e invita a todos a degustarla. Y es entonces cuando un espíritu de entendimiento pre-babélico supera cualquier barrera de tara personal.

ATI SOLERTI – TEXTO DE PRESENTACIÓN DE SU “ANTOLOGÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA CONTEMPORÁNEA”

De izquierda a derecha, Néstoras Pulakos, Flavia Company, Ati Solerti y Tasos Psarris

De izquierda a derecha, Néstoras Pulakos, Flavia Company, Ati Solerti y Tasos Psarris

¡Buenas tardes a todos!

En primer lugar, quisiera agradecer a todos ustedes que estén aquí para la presentación de la Antología de poesía iberoamericana contemporánea, que empecé a traducir hace dos años. Me gustaría agradecer al público, al editor de Vakxikon, Néstoras Poulakos, al magnífico autor y traductor Tasos Psarris, a la gran escritora y traductora Flavia Company, que me honró con su confianza para que tradujera al griego parte de su obra.

La idea para la creación de este libro, como he mencionado en la introducción del libro, empezó a través de mi contacto con el destacado poeta y traductor Mario Domínguez Parra, que es de las Islas Canarias, cuando él mismo se puso en contacto conmigo para pedirme permiso para traducir algunos de mis poemas al español. Tengo que mencionar que Mario, aparte de la muy importante obra que ha publicado hasta ahora como poeta y traductor del griego, del inglés y del portugués al castellano, está también colaborando con el notable suplemento cultural “El Perseguidor”, de Tenerife. Y a través de sus traducciones para dicho suplemento está presentando poetas griegos al público de las Islas Canarias. Y claro, su amor hacia la cultura griega y las letras griegas no se detiene ahí. Entre sus planes futuros está traducir y publicar una antología bilingüe de poesía griega y chipriota contemporánea. ¡Le deseo todo lo mejor! Puede ser que Mario no esté hoy aquí con nosotros pero creo que su presencia aun así -espiritualmente- acompañará siempre este proyecto.

Por tanto, tras sentir después la necesitad de retribuir a Mario el gran honor que me hizo «traduciéndome», tomé la decisión de traducir yo también algunos de sus poemas al griego. Y naturalmente esto fue el principio de todo lo que siguió después.

Lo que principalmente me causó impresión fue -como me ha informado Mario- que los creadores de las Islas Canarias encontraban dificultades para que se publicasen sus obras fuera de la zona de las islas. Como Mario dice en el apéndice del libro, les rodea una «prisión oceánica». Después, más por curiosidad, empecé a visitar blogs de autores y poetas de las Islas Canarias y empecé a leer sus pensamientos, a asombrarme por el amor que tienen por la cultura griega, por sus inspiraciones y empecé a querer transmitir todo esto a otros lectores. Sería una lástima que «fueran excluidos» otra vez.

Entonces, hice las primeras pruebas para traducir obras de algunos poetas, después otros poetas se entusiasmaron con este tipo de «intercambio», se pusieron en contacto con Mario y después conmigo, las traducciones crecieron y tras una conversación que tuvimos Néstoras y yo, decidimos editar el presente libro con más poesía. Es decir, incluir poemas de otros lugares de habla española. Así que en el presente libro encontramos poetas que vienen de las Islas Canarias (que fue nuestro objetivo principal), de otras partes de España, de Latinoamérica (Argentina, Venezuela, Uruguay) y de Méjico.

Otra vez el papel que desempeñó Mario aquí fue de vital importancia. Aparte de «presentarme» a los poetas que aparecen en la antología, se encargó también de la supervisión general de mi trabajo de traducción. Me ha dado consejos valiosos sobre el difícil trabajo de la traducción. Me ha resuelto dudas, me ha explicado frases hechas, me ha expresado su opinión antes que otros sobre los poemas que yo había creado de nuevo. Algo que tuvo mucha importancia para mí, ya que admiro mucho a Mario por sus conocimientos y su capacidad única de interpretar cada texto tan fielmente.

Porque como ha dicho Juan Manuel Macías, otro importante poeta español y traductor de la lengua griega (me hizo también el honor de confiarme sus poemas para que los tradujera al griego): al traducir un poema, el texto traducido debe ser, cueste lo que cueste, otro poema.

Y esta es la apuesta más grande que hace cada traductor consigo mismo. Debe formar un poema nuevo pero antes que nada, tiene que ser los ojos del poema que se está ofreciendo, de ese poema que le presta a él su materia prima para crear.

Debe mantener pura su hermosura, mantener el estilo de sus palabras, sus rimas, sus aliteraciones, todos los recursos literarios que encuentra en el texto, para que permanezca fiel a la grandeza del original. Sin embargo, la trampa de la alienación en la transmisión de los sentidos, como la carcoma, roerá su base de madera, su esqueleto. Y en cierto modo, así se juzga su terminación, su obra. Pero todo esto abre otro capítulo para otra conversación… Me imagino que no es la hora conveniente para analizarlo.

Lo que quiero decir es que Mario estuvo siempre aquí y le agradezco de corazón nuestra colaboración que fue ¡tan armónica y tan esencial!

Además, me gustaría hablar sobre los criterios según los cuales fueron elegidos estos poetas. Nosotros en esta antología no hemos intentado proyectar solamente obras de personas muy valoradas. Ni siquiera obras de un estilo literario específico. Hemos intentado organizar una antología llena de amor por la poesía, una antología que respete sobre todo al lector. Porque es importante tener en cuenta que la calidad no coincide siempre con la popularidad de cada creador o la resonancia que tiene su obra, a veces por casualidad. Así, se presentan aquí también obras de poetas más jóvenes, hemos incluido incluso a poetas que todavía no han publicado un libro. Sin embargo, hemos incluido asimismo a grandes voces de literatura con una obra muy importante, que ha sido premiada y a grandes figuras artísticas que no se limitan solamente a expresarse a través de la literatura. En dicha antología han participado igualmente actores, músicos, performers.

Ahora, en cuanto se refiere al contenido del libro, he considerado que sería justo que participara cada poeta con 3 poemas de su elección, para que exista imparcialidad y conformidad. En el caso en el que observéis que ocurre alguna otra cosa, eso tiene que ver con los deseos de cada creador. Y eso porque no quise desagradar a ninguno de ellos. Entiendo, como creadora yo también, cuán grande es la alegría de cada poeta cuando comunica su obra y especialmente en otro país. No existió por mi parte ninguna intención de ser parcial hacia algunos de estos poetas. He de mencionar también que el orden observado de aparición de los poetas en el libro coincide con el orden en que enviaron sus poemas.

Por lo tanto, como traductora del libro, he afrontado todo el proceso de la traducción con respeto y cuidado a fin de que la versión de los significados se llevase a cabo lo más fielmente posible y espero realmente haber conseguido corresponder dignamente a la presente tarea. ¡Esto constituye para mí el deseo más grande!

En este punto, hay que hacer referencia a algo que digo en el prólogo del libro y que considero muy importante. El contacto con la poesía no se limita solamente al papel y naturalmente no tiene idioma. Su lenguaje es siempre uno, el mismo. Común para todos los que pueden comprenderlo. Puede que vista sus palabras de otro modo, que combine sus letras de manera distinta, que localice sus tonos en otras posiciones, también cambiando de escenario… Pero en cualquier caso el sentimiento que deja es siempre el mismo. Su arcoíris mágicamente seguirá elevándose y cruzándose con esta misma línea recta que une la tierra con el cielo, que es otra vez una. La misma. Idéntica para todos los que pueden soñarla.

A modo de conclusión, quisiera otra vez dar las gracias de corazón a todos los grandes poetas que participan en la presente antología y no dudaron en confiarme sus poemas para que los tradujera al griego.

Deseo que este fértil diálogo literario continúe en el futuro con proyectos similares.

Espero que el libro encuentre resonancia para que se rompa al fin la maldición de cualquier tipo de prisión editorial.

¡Gracias a todos ustedes por su atención!

MIGUEL ÁNGEL GALINDO – POETAS SIN CIELO, VOCES A LA INTEMPERIE: QUINCE LECTURAS AL LIBRO “VOMIT”, ANTOLOGÍA DE POESÍA JOVEN NORTEAMERICANA

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Poetas sin cielo, voces a la intemperie: quince lecturas al libro “VOMIT”, Antología de poesía joven norteamericana[1].

     Quince autores jóvenes, norteamericanos, llegan a nosotros de la mano de El Gaviero Ediciones en una publicación bilingüe, sorprendente y atractiva. Una antología poética como ésta es una llamada inicial, contra propedéutica, para que nos arranquemos con las uñas, y sólo con éstas, el maquillaje con regusto a melocotón literario. O una potente llamarada que viene de lejos, que procede de lugares desencontrados, más allá de las neveras universitarias y de los clubs de salón de armonioso baile matrimonial, una luminaria que nos alerta y recuerda que los poetas no somos semidioses a pesar del tamaño de nuestro ombligo intelectual, pues acaso olemos a ciervo cuando nos arrancamos la corbata de la lingüística (odiosa rapaz). O una excusa para que los criaderos de letras de quienes vienen a toda velocidad desde el centro de la (barra del bar) de la tormenta de hombres barbudos y bebedores, se expandan y ardan en la orilla del mar verde que inunda sus quince bañeras de hierro incandescente (y sus quince poéticas de andar por casa: las suyas y las nuestras). O un disparo certero a la hora de la mudanza, cuando los Jesucristos sin ojos duermen en su panal caleidoscópico, y los que hacen y deshacen no-poesía con la lengua (más de quince[2] ayunando en cada coordenada del mapamundi del cuerpo y sus llagas), los que eligen para un mismo ritual “palabras como cuchillo y amor[3]”, excavan en el kilométrico sexo de sus caballitos de latón buscando-buscando la otra iluminación en las temperaturas de la sola vida al completo, una vida que es gasolina y en la que tanto espejo lateral y tanto dólar con sabor a malta bastan para bajar a los cielos de los porches congelados por el olor de la hierba flotante: “quiero ser dueña pero no gestora de un almacén que guarde // todas las piscinas de delfines y colillas de cigarrillos del mundo // quiero tener contacto visual con un desconocido y decir, ‘joder’ // para que intuyan // que han hecho algo muy vergonzoso[4].

Este cuidado trabajo editorial reúne en un contundente y acertado disenso estilístico y gráfico mucho más que voces juveniles. Mucho más que juventud inacabada. Mucho más que balanceos y provocaciones de escote o de entrepierna o de jarra–bidón escriturados a beneficio de inventario de estos quince caminantes de medianoche: “Salgo corriendo por la puerta // El hombre dorado me persigue // Corro y corro // Mi padre aparece como una visión // Y se une a mí // Soy dos fantasmas[5].

El Gaviero hace una apuesta por lo perdurable en la extrañeza, por autores de oficio que han preferido la escritura de lo vivido (aun sea invivible) en tiempos difíciles. Tiempos en los que la entraña de los “Jóvenes americanos[6]” bebe de la copa de los lobos conmemorativos del pasado. Tiempos en los que la paz perpetua, tan perseguida por los teóricos de la cultura de unos acariciando con pasión a otros, consiste en jaquear “una página en la que puedes encontrar fotos // de todos los delincuentes sexuales de tu barrio que están fichados[7]. Tiempos cruentos para quienes levantan la voz en el muro social, para vociferar verdades de bandera, verdades de estómagos vacíos y manicuras pagadas a plazos con tarjetas de créditos que cortan venas con somera precisión. Tiempos a bocajarro. Tiempos con banda sonora de disparos en-la-víspera-de-tu-dichoso-cumpleaños-feliz-y-que-cumplas-muchas-muescas-más-y-que-yo-las-vea. Tiempos en los que los bombardeos informativos insonorizan la lógica y sus premisas, principios que perecen amarrados al bozal de los perros que llueven en medio de la talada arboleda urbana. Tiempos de sobrada conexión porno-electrolítica mundial y mundialista y gol en propia puerta de la felicidad. Tiempos en los que se repite una sola oración en las capillas de la nación sin bolsillos para guardar la veleta: vuelta usted mañana a este pan bursátil de cada día. Tiempos en los que los jóvenes son viejos y hastiados creadores. Tiempos en los que la poética es perder el tiempo extremando la poesía. Tiempos en los que la ética apesta cuando se envuelve en expedientes administrativos. Tiempos de vertedero económico e institucional. Tiempos en los que la fruta prohibida ya no es una utopía preñada en los arcenes y en los nudillos de la conectividad literaria. Tiempos nunca soñados. Tiempos para el vómito mientras estos quince nos miran como lubinas y siguen a lo suyo, a lamerse como gatos en una bacanal de poesía que no es poesía. No obstante, en estos tiempos que no son otra cosa que flamante historicidad de portada de periódico, con esta verdad en venta, la dificultad y el hastío programático son un dogma provocador para quienes se entregan al yugo y a la salvaje marca de la escritura que mancha nombres para siempre. Quince poetas manchados y a los que les sobran las explicaciones. Poetas y poetisas que no desean arrancarse a jirones la intensidad, pero no desear equivale a saber que la escritura es nada y todo a destiempo: “no entiendo que tienen que ver los días conmigo // el tiempo que disfruto lo paso escribiendo, o drogado, o escribiendo // drogado en un intento de librarme del día[8].

El Gaviero Ediciones nos avisa: este trabajo es la punta de un iceberg, las “manos de las esquinas de una sábana de polvo[9], la explosión de una nueva ola llamada futuro y que se meterá en nuestras bocas y en nuestras mentes y en nuestras vidas sin contemplaciones porque contemplar es jugar a la higiene personal en un día como éste en el que  “tu hermano // pequeño sostiene a su perro muerto[10] y no está el asunto como para trompetear muchas orgías de verso cursi. El aviso es firme, sugerente, preciso, delator: VOMIT es una lasca de fruta-escritura fresca ofrecida (pero no recién cortada[11]) a quienes leen junto a los estanques del sí quiero que metas todo tu amor en mi carne: “Cuando 1.000 pájaros muertos caen del cielo, // no hay donde guarecerse // no hay enclave // es este que la jodan // en su mentalidad, en esta // conspiración visceral de disidentes[12]”.

VOMIT nos recuerda el interés nacional e internacional que desatan páginas como éstas, de ahí la opción por una edición bilingüe, páginas que las escriben quienes son algo más o algo menos que poetas y poetisas, páginas que se leen y releen mientras nuestros almuerzos, los que yacían vivos (y desnudos) en las vitrinas y en los escaparates de las licorerías con clarinete, se nos queman en la cocina o mientras un rayo cae junto al porche dejando sobre el césped una sombra amenazadora, con ballesta y manzana de permutación, porque hasta el maldito mandamás del cielo artístico ha aprendido a rendir tributo a los huesos bañados en alcoholes de William[13]. Pero VOMIT no es una celebración ni una remasterización de la poética del ayer sino un recital de novedosos baños que inundan el sótano expresivo de una generación, una ceremonia bajo el árbol disecado por los excesos de la realidad, un canto con voz metabólica pero sin escenario único. Un poema que no es poesía pero que sí es poeta con vistas a las sabrosas afueras de la escolástica y del dogma métrico y sentimental: “Si llevases una cinta emplearía mis dientes en desatar el nudo siempre que me corresponda desatar un nudo. Quiero robar un choche y conducirlo hasta ti. Hay miles de kilómetros entre yo y donde pronto estaré. Quiero la construcción de un hotel en la oscuridad para nosotros para que pueda hacerte estragos en cien habitaciones[14].

VOMIT no es un libro de poesía. No, no y no. No es un manual. No, no y no. No es un menú. No, nunca. No es una enunciación de lo púdico. Lo tendremos que decir una y mil veces, y más aquí, en las Europas de las virtudes lectoras masturbadas en cabinas de poesía de Todo a Cien. VOMIT es el viento que mueve el estancado río: “Quiero encoger hasta el tamaño de un cacahuete y devorarme // porque soy alérgico a los cacahuetes y odio estar vivo[15]”. Es un libro iniciático, una propuesta de escritores que se han arrancado la piel-las vísceras-las palabras-el visor-la ropa-la desnudez-el silencio-el bullicio-el vello-los amigos del instituto-la arena de los muslos para vivir sin suposiciones ontológicas de fines de semana, para vivir mirándose en el verso y versificando en la vida porque VOMIT es un modo de vida en la literatura y no hacerlo es no vivir: “Me gusta cuando machacas salvia sobre mi puerta // Me gusta la sangre de cordero con que salpicas mi cara // Me gusta colmar de azúcar el cuenco y pronunciar plegarias // Y que luego funcionen[16].

Esta antología es una puesta a punto del acelerador de la creatividad visual, verbal y desigual. Una oportunidad para celebrar posteriores acercamientos a sus obras individuales, las de Dorothea Lasky, Noah Cicero, Matthew Savoca, Tao Lin, Kendra Grant Malone, Megan Boyle, Ana Carrete, Cassandra Troyan, Brittany Wallace, Richard Chiem, Steve Roggenbuck, Jake Fournier, Kat Dixon, David Fishkind y Jordan Castro, obras por separado que ya triunfan porque, como señala su prologuista, Luna Miguel, escriben sin piedad, sin poesía. Diría más, escriben sin eufonías, sin entrapajar las cuentas pendientes con la propia condición humana, sin idealizar al lector, sin rostro y sin pulpa, sin liberación (y viceversa): “Lo que aquí hay es vida, demasiada vida[17]”. A estas anotaciones añadimos que también denotan el sello, siguiendo a Allen Ginsberg, la fuerza del aullido generacional, un ritual de aullidos que comenzó en 1959, año en que éste publicó Howl and other Poemas, y que ahora se renueva, se actualiza con los ritmos y los golpes de arpón que salpican cuando todo, absolutamente todo, se derrumba, incluida la memoria (y las migas de la cíclica deconstrucción personal y grupal): “No sé quién es Rod Stewart // pero dejaré que me salve[18]”.

Quienes apreciamos el contacto con el lector desconocido, con los autores desconcertantes que se saltan (y derriban) las fronteras territoriales, estomacales y escriturales con el deseo voraz de delinquir en el templo del verbo, con ésos digo, aprehendemos y renovamos nuestro propio bautizo cultural, lejos de la palabra tallada en el vacío, amamantada o aplaudida por abstemios militantes de la complacencia: “quiero que me muerdas pero no quiero // que dejes evidencias // no dejes nada // no quiero tener que guardar // todas las cucharas en el frigo // no quiero ponerme un collar // de cucharas frías[19].

VOMIT está lejos, muy lejos, de la poesía quieta-limpia-transparente-dulcificada-momificada-rebanada-caramelizada-condecorada-uperizada-comulgada-virginal-feliz-unilateral-tántrica-suspirable-délfica-académica-pía-fría-eterna-solemnizada-soñada-cauterizada-magna-perfumada. Es un libro no sólo para poetas y especialistas del gremio de las greñas editoriales y las madrugadas persiguiendo un taxi que no existe: es un libro para acercarse a la poesía y dejarse llevar por las aseveraciones de quien escribe (y lee) y miente porque dice que cree en lo que escribe y lo cierto es que no creer es sólo una negación de la mentira, o acaso la saliva misma de la poesía: “vivíamos cinco en una habitación // dejábamos que los psicólogos nos estudiaran por dinero // lo gastábamos en licor de malta y en el tabaco // de liar más barato que encontrábamos // no nos querían en el trabajo y nosotros // sólo nos queríamos en uno al otro[20].

VOMIT está en las antípodas de las reflexiones acerca del Hombre imantado por la Historia de la Belleza pero sí reside cerca, carnal y ceremonialmente cerca, de los hombres y mujeres embadurnados hasta la nuca por la necesaria falta de elegantes instrucciones, empalagados y empalados por pugnas de sobredosis vital: “El problema de la sociedad es que hay demasiadas posibilidades[21]. VOMIT aterriza cerca de los tocamientos discursivos que devuelven la poesía a los paracaidismos de la calle y a las riñoneras y a los depósitos de cajas y a las manchas de sangre y a las sombras de motocicleta en primera persona del singular de las minas de oro y de los moteles de carretera secundaria. Es así como ocurre el magnífico acercamiento al lector. Es así, de ninguna manera y de todas, como las páginas se inundan de poder (quería decir de pensamiento): “me veo a mí mismo riendo mucho // y pastelitos explotando // algo peligroso sucede de repente // a mi cara le entra un ataque de pánico // y sufro unas heridas horribles[22].

Quince voces alejadas del altar (y de la piscifactoría) de Adonis pero cerca de la arista beat y del desenfado neo-callejero, periférico. Los quince nos proponen una escritura acariciada con pólvora y luces de neón con fondo de desierto y gimnasio de alcohol, con reflujos de letra expansiva frente a la escasez, una escritura que “era el bramar // del mundo // contra mi cráneo[23]”, una escritura empapada por creencias individuales e intransferibles como la mismísima comida para llevar envuelta en bolsas plásticas de color imprecisamente púrpura. Los quince vomitan una escritura mordida por creencias susurradas en un garaje en el que se derrite el pan caliente y en el que se fuma con la boca abierta, y sin edad, mientras suena la canción de la lluvia emocional; creencias alcanzables y deseables como las piernas de la empleada a tiempo parcial en la floristería, como el cerebro que escupe sus escrúpulos sobre la moqueta de la divinidad, como las cáscaras de aquel huevo que un día enterramos en el bosque de las lámparas de noche. Lámpara encendida en la profunda intemperie de una joven vida dedicada a escribir “como el tiempo // y así seguir adelante[24]”.

Poetas sin cielo son. Voces a la intemperie, en distintos lugares de Estados Unidos, se han arrancado sus collares genéticos, se han lanzado a la carretera de la escritura y han empezado a lanzar billones de piedras a los ciervos de la razón. Y el ruido de estas piedras cayendo sobre las azoteas de la lectura no nos va a dejar dormir porque el que duerme sueña estupideces paradigmáticas tales como la casa-las herramientas para podar el abeto-los niños y sus pecas y sus secretos-el perro-el jardín-la parroquia y amén, y el que siempre está despierto sabe que en la profundidad del mar las promesas huelen igual desde hace siglos: “con mis amigos // los primeros nombres son // una moneda de cambio // muy valiosa: // el derecho // de usarlos // especialmente en lugares // donde se supone que // no debes[25].

Quince escritores VOMIT nos invitan a que leamos esta obra grupal, cada una de las obras insertas en la Antología, cada uno de los no-poemas seleccionados mientras devoramos hamburguesas de pollo con una de nuestras mil cabezas conscientes, en pleno colapso de la poética como modo de infravivir o supravivir, como modo de morir aferrado a los planos narrativos y, en alguno de los textos propuestos, claramente cinematográficos y prosaicos. Como modo de disfrutar de tu vida, según señala Steve Roggenbuck[26] en sus versos, disfrute que nos distingue de los no-lectores de poesía, disfrute que nos hace comprender que el deseo es una evidencia y que la palabra es la bala más precisa para herir de placer a nuestros idénticos: “Déjame ser el primero en decirlo, // el coito está bien. Única droga solitaria // que el hacedor nos dio antes de abandonarnos[27]. Pero no todo es deseo, también quedan (en la mente creadora y creativa) brillos indeseables, fascinaciones por la filosofía y por sus cuendas epistemológicas, culpas codificadas que nos recuerdan que la letra literaria norteamericana tiene una profunda raíz en ortos que nacieron, se preñaron y vomitaron a priori en otros continentes, en otras sociedades: “A uno le adjudican demasiadas reliquias de familia. // Cuando llegue el compás voy a poner a Emma a trazar // círculos en la habitación amarilla mientras cuento los maridos // amargados para provocar la conspiración[28].

Toca al lector, a usted, elegir y disfrutar de las distintas propuestas literarias que participan en el proyecto VOMIT. Disponer los fondos musicales y descorchar su botella de champán. Cerrar las ventanas para que nadie le vea cómo pasea en cueros por las estancias, por las escalinatas, mientras lee en alto, chupándose los dedos porque así termina el rito del buen almuerzo desnudo. O dejar las ventanas abiertas, bien abiertas, abiertas del todo, y correr las cortinas, y encender todas las luces para que los ojos que se queman en la obscuridad se queden con el título del libro y, por supuesto, con el olor a comida china que desvela una verdad incontestable: olemos a poesía. Y quizás “puede que no sepáis qué tipo de sentimiento es, pero alguno de // vosotros lo sabe// estaremos todos bien // gracias // calmaos y morid o esfumaos[29].


[1] El Gaviero Ediciones. Almería. Primera edición. Julio 2013.

[2] La prologuista nos invita a acercarnos a la obra de otros autores no incluidos en esta antología. Se refiere a escritores como Gabby Bess, Ben Lerner, Heather Christle, Mira González o Jacob Steimberg.

[3] Richard Chiem. Del poema Sabana. Pp. 137. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

[4] Megan Boyle. Fragmento del poema Algún día. Pp. 87. Traducción de Ainhoa Rebolledo.

[5] Dorothea Lasky. Fragmento del poema La habitación. Pp. 21. Traducción de  Anna-Lisa Marí.

[6] Título de uno de los poemas de Jordan Castro. Pp. 199 y ss.

[7] Megan Boyle. Fragmento del poema Noodle Box (Comida china para llevar). Pp. 81

[8] Jordan Castro. Fragmento del poema Actor profesional. Pp. 197. Traducción de David Leo García.

[9] Jake Fournier. Del poema ¿Esto es una esponja o un churro? Pp. 161. Traducción de Mario Amadas.

[10] David Fishkind. Fragmento del poema Iones libres. Pp. 185. Traducción de Unai Velasco.

[11] A pesar de la juventud de los autores que aquí se incorporan, nacidos entre 1978 y 1992, sus bio-bibliografías desvelan una interesante proyección nacional e internacional.

[12] Cassandra Troyan. Fragmento del poema Todos los hombres se fueron a casa / Los hombres son todos barbudos. Pp. 109. Traducción de Luna Miguel.

[13] William Burroughs (1914-1997).

[14]Richard Chiem. Fragmento del texto Somos una mina de oro. Pp. 139.

[15] Jordan Castro. Poema Alérgico a los cacahuetes. Pp. 203.

[16] Dorothea Lasky. Fragmento del poema Me gustan los hippies estrafalarios. Pp. 15. .

[17] El aullido de la nueva ola. Pp. 12

[18] Noah Cicero. Fragmento del poema Rod Stewart. Pp.43. Traducción de Sergio Espinosa.

[19] Ana Carrete. Poema Muérdeme todo por todas partes. Pp. 97.

[20] Brittany Wallace. Fragmento del poema No crees en lo que escribes. Pp. 123. Traducción de Elisabeth Falomir.

[21] David Fishkind. Verso del poema Recetas de Libre Mercado. Pp. 191.

[22] Tao Lin. Poema Veo pastelitos explotar. Pp. 63. Traducción de Julio Fuertes.

[23] Brittany Wallace. Fragmento del poema Miles de hormiguitas negras. Pp. 125

[24] Matthew Savoca. Fragmento del poema Sentado a solas en el porche. Pp. 55. Traducción de Violeta Niebla.

[25] Kendra Grant Malone. Fragmento del poema Cecilia, Samara, Suéltate el pelo. Pp.71-73. Traducción de Emily Roberts.

[26] Pp. 152-157. Traducido por Ernesto Castro.

[27] Jake Fournier. Fragmento del poema Déjame ser el primero. Pp. 163.

[28] Kat Dixon. Fragmento del poema Brillo. Pp. 177. Traducción de Almudena Vega.

[29] Steve Roggenbuck. Fragmento del poema La Calma. Pp. 153.