NOTA SOBRE MI TRADUCCIÓN RECITATIVO O LA EDUCACIÓN DEL POETA, DE JAMES MERRILL

Este texto se leerá en la presentación del libro en la FIL de Guadalajara 2017

Me gustaría dar las gracias, en primer lugar, a Vaso Roto Ediciones (a Jeannette L. Clariond y a todas las personas que trabajan en la editorial) por darme la oportunidad de traducir para ellos por segunda vez; y a Luis Armenta Malpica y a Antonio Rivero Taravillo por presentar mi traducción Recitativo o la educación del poeta, una deliciosa miscelánea de textos de James Merrill de diversa factura.

Hace siete años compré un ejemplar de Recitative, libro que Merrill publicó en 1986. Yo había leído bastantes poemas incluidos en sus Collected Poems, publicados por Knopf, y traducido algunos de ellos.

Traduje, tras la lectura de Recitative, uno de los textos, «Sobre “El país de los mil años de paz”». Se trata de un poema, el que aparece entrecomillado dentro del título del texto, y una glosa del mismo, en el que Merrill escribe sobre un amigo suyo, un poeta holandés llamado Hans Lodeizen, que murió en 1950 a la edad de 26 años. Merrill habla de «la primera muerte que sentí profundamente». Pude profundizar en la relación con Lodeizen al traducir un fragmento de la autobiografía de Merrill, A Different Person, en la que escribe sobre el poeta holandés y donde cita fragmentos de sus poemas. La compenetración entre poema y glosa me pareció tan bella, tan certera, que no me quedó más remedio que traducirlo.

En 2012, un año antes de hallarme inmerso en el trabajo de traducción de The Shadow of Sirius, de W.S. Merwin (La sombra de Sirio, Vaso Roto Ediciones, 2013), propuse a Jeannette L. Clariond la traducción de Recitative. Hay libros que es esencial ofrecer a los lectores que no pueden leer el original, por egoísmo (el del traductor que lo deja sin traducir, privando a dichos lectores de la dicha de poder leerlo y el del traductor, de nuevo, que al traducirlo da cuenta de su egoísmo, de su deseo ególatra, de ser ese «yo» y no otro el que lo traduzca y que alabe o cause regocijo a su propio ser mientras lo hace). Creo firmemente que este es uno de ellos.

No estamos ante una obra poética como El libro de Efraín, uno de sus títulos esenciales, que ha sido traducido para Vaso Roto Ediciones por Antonio Rivero Taravillo (traductor, poeta, ensayista, novelista), elección acertadísima para verterlo a nuestro idioma común. Recitativo o la educación del poeta es una miscelánea: entrevistas, ensayos, poemas, relatos, reseñas. Podrán encontrar textos como la entrevista que le hizo J.D. McClatchy, publicada en Paris Review, su ensayo sobre Kavafis (especialmente placentera su traducción, por cuanto que me dio la oportunidad de llevar a cabo mis propias versiones de poemas del alejandrino, alentando así una vieja aspiración que tengo: traducir sus 154 poemas canónicos; también fue un gran placer leer las traducciones al inglés de Keeley y Sherrard, de John Kavafis, uno de sus hermanos, de Mavrogordato y del propio Merrill, que también era un magnífico traductor del griego), sus ensayos sobre otros poetas: Francis Ponge, Dante, Elizabeth Bishop (sobre cuya obra Merrill escribió varios textos, en los que deja constancia de la gran admiración que sentía por ella), Wallace Stevens.

Sus penetrantes reseñas de libros de otros poetas poco conocidos en nuestra lengua también son muy de agradecer, porque me permitió conocerlos y traducir algunos de sus poemas.

Aparte de la entrevista mencionada anteriormente, el lector de este libro podrá deleitarse con otras entrevistas en la que se entremezclan con enorme brillantez la vida y la obra de Merrill, tan bien introducidas en el libro por medio del primer texto, «Cámaras anecoicas», en el que escribe, entre otras muchas cosas, sobre el traductor estadounidense de origen griego Kimon Friar, otra de sus grandes influencias, sobre el que Merrill también escribió en su autobiografía (fragmento que aparece también traducido por mí en una nota).

El breve prólogo en el que Merrill explica la elección del título de su libro es de una sutileza y elegancia que ustedes podrán constatar mejor al permitir que su lectura les conduzca, como a mí, maravillados ante la apabullante brillantez y belleza de su prosa.

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