PETROS GOLITSIS – POR QUÉ LOS ALEMANES QUIEREN QUE VOTEMOS «NO» (O ENSAYO GENERAL DEL M.E.E.)

Μἐγαρο Μαξίμου – Residencia del primer ministro griego, Alexis Tsipras

 

Artículo de opinión de Golitsis publicado ayer, 3 de julio de 2015, en el periódico griego Το Βήμα.

Traducción: Mario Domínguez Parra

Como Paul Krugman (el famoso economista y Premio Nobel) señala en un artículo reciente, se sabe que el procedimiento del M.E.E. (Mecanismo Europeo de Estabilidad) todavía no se había probado. Desgraciadamente esto ya no es cierto, puesto que con el anuncio, el lunes, del referéndum (29/6), le dimos la excusa perfecta al ministro de economía alemán para que pasase a ejecutar el primer ensayo general y para que mostrase la potencia y la inmediatez del mecanismo.

La movilidad y las fugas relacionadas con los mencionados desacuerdos con el esquema gubernamental alemán podrían hacernos volver a suponer que los números, es decir, los mercados de los homólogos italianos, españoles y portugueses, principalmente, eran tan fuertes que provocaron algunas dudas sobre el tiempo que se necesitaría para que se asimilasen las convulsiones del Grexit que ocurrirían más tarde.

Sin embargo, esta oleada varufakiana, con la que el ministro de economía de nuestro país intentará pasar a la historia, será amortiguada, puesto que el mecanismo tiene el poder ilimitado del mercado de los bonos (los cuales desde que el ESM los compra, los intercambia con el Banco Central Europeo con movimiento de efectivo recién impreso, y así sucesivamente) y así cumplirá los deseos y la estrategia alemana orquestada del uso del supuesto pánico, del vacío y de la conmoción, hasta forzar la integración económica de Europa, la cual requiere el traspaso de la soberanía fiscal (algo a lo que los franceses se resisten, por tanto también la exhortación del «Sí» del señor Hollande) y la emisión de los eurobonos.

Una emisión que además conducirá a una eficiencia de la deuda pública de entre el 2 y el 3% (a medio plazo) y que permitirá a los alemanes liberarse de los anómalos intereses del préstamo del 0%, que también exponen a un verdadero peligro, a largo plazo, sus pensiones y otros fondos y programas de inversión. Así, con las condiciones de la game theory, el ámbito científico favorito del señor Varufakis, el señor Schäuble ha llevado la situación hasta un punto de win-win, en el que pase lo que pase Alemania tendrá siempre las de ganar, prefiriendo por supuesto el «no» de los griegos, porque le otorga más en un período de tiempo más breve.

Por supuesto, el «Sí» también conduce a un refuerzo de la integración germano-céntrica europea, pero en un grado menor, al dejar alguna fuerza ostensible también a Bruselas. En todo lo referido a nuestro ministro de economía, el win-win se encuentra en sus fantasías y en su necesidad de gloria póstuma, puesto que el «No» y la gran salida (Grexit) conducen, supuestamente, a la primera gran probatura de la Eurozona y del mecanismo de apoyo (insistimos: la oleada varufakiana) o hacia un mejor acuerdo, que sin embargo en condiciones de moral hazard es por definición absurdo, porque las autoridades europeas no pueden, en todo lo referido a su futura credibilidad y efectividad, someterse a un chantaje.

Por supuesto, el pueblo griego también se ha visto encerrado en una situación de lose-lose porque, más allá de la división e ignorando el riesgo geopolítico, con el «No» disminuirían los ingresos del país a medio-corto plazo de manera importante (y la posibilidad de éxito a largo plazo de una política monetaria dominante será por descontado bloqueada por los alemanes, por no hablar del derecho anglosajón y de las exigencias de los avales hipotecarios y su materialización práctica), mientras que con el «Sí» de nuevo nos encontraremos con una mezcla de políticas pro-austerity (de recesión) que se acompañará de reducciones importantes de los sueldos y de las pensiones, que no se verán adecuadamente compensadas por programas de desarrollo (MARCO DE REFERENCIA ESTRATÉGICO NACIONAL) y la reestructuración de la deuda (con datos como nunca hasta ahora hemos visto), legalizando a la vez las políticas locales del pasado y la austeridad política en la Eurozona.

El objetivo, por supuesto, es la flexibilización del daño local/nacional, algo que lógicamente se da por sabido en la elección de la segunda estrategia, puesto que la recesión sería menor y la «salida» sería posible y fuerte con las rebajas que la acompañarían, obviamente, asimilando las consecuencias de todos los que a nivel nacional nos auto-inmolamos con nuestras elecciones políticas e históricas.

Para terminar, quiero señalar que quien escribe no cuestiona las intenciones del primer ministro, el señor Tsipras, y que este absurdo referéndum que nos atrapó en esta difícil posición indicó que la salida digna y la preservación de parte de su capital político empeoró con la división, causando daños que se cuestionarán, en el mejor de los casos, durante años.

 

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