NANCY EIMERS – SOBRE “REYEZUELO APARICIÓN”, DE MAUREEN ALSOP

Traducción y notas: Mario Domínguez Parra

Louise Glück escribe en un ensayo: «lo no dicho, para mí, ejerce gran poder. A menudo desearía que un poema entero pudiera elaborarse con este vocabulario». Quizás esto es un poco como desear, sentada en una silla plegable en el patio, que una estrella distante se reconstituya en el parterre. No creo que Glück sugiera que nuestra poesía debería aspirar al silencio perfecto. Sin embargo, ¿y si el lenguaje pudiera llevarse de alguna manera a la conversación por medio del silencio? ¿Y si pudiera yuxtaponerse con él? ¿Y si el lenguaje pudiera ofrecer su versión de lo que Glück admira como elipsis. . .lo no dicho. . . la sugerencia. . .? No puedo evitar recurrir yo misma a las elipsis como manera más conveniente de llegar a Reyezuelo aparición, el impresionante primer libro de Maureen Alsop. Son éstos poemas poseídos ora por una destacable inteligencia ora por la delicada, uniforme oblicuidad del encaje –pueden incluso denominarse meditaciones disyuntivas– que promulga una conversación misteriosa y elíptica entre el lenguaje y lo que permanece no dicho.

Elipsis, de elleipsis, dejar fuera, sí; quedarse corta, fallar, no.

O, ahora poco frecuente: elipse. (Koestler: se mostraba el movimiento de los cometas en elipses muy vermiformes o en parábolas). Sí. Un poema de Alsop recorre una órbita en huso, que nos lleva muy lejos, que nos acerca.

En realidad, mi ejemplar del ensayo de Glück del que acabo de citar («Trastorno, Duda, Silencio») (1) tiene un trozo de papel colocado entre dos de las páginas. El trozo de papel es una fotocopia en color de un collage que Alsop estaba elaborando y que me había enviado, puesto que habíamos entablado correspondencia en relación con el collage. En la página hay un caballo, un remiendo áureo, un matasellos, algunas palabras, un mapa o diagrama, una firma borrosa. Si sostengo el papel para que las palabras queden a la derecha, hacia arriba, el caballo queda de pie sobre el techo. Las palabras, como sea que sostenga el papel, están al revés. Cuando sostengo el papel frente a un espejo, se lee «Londres» y «París» y «Billete de ida» y «Los coches parten del Gran Hotel». Es delicioso, y sirve de elocuente marcador para la poesía de Alsop. En Reyezuelo aparición, los caballos aparecen y reaparecen. No son exactamente símbolos; implican cosas: confrontación, pasión, fuga. En algunos poemas hay olas, distantes costas en otros; ¿pueden encontrarse? Las palomas desaparecen, los pájaros cantan con la garganta o enmudecen. Los paisajes de Alsop son interiores, extraños—pienso en Wordsworth cuando describe «el viaje a través de extraños mares de pensamiento, solo» de Sir Isaac Newton. El personaje de «Espectro George» viaja fuera de su cuerpo—

El alma que se derrama, siendo
de hecho rasgada, como pez en el pico de un cormorán—
 

Una mujer con una máscara de lobo viaja hacia su nonagésimo quinto año de vida «cuando penetré / un sueño que me completaría». Incluso las palabras «galopan hacia fuera» y no pueden asirse. Hay llegada y hay éxodo, y «Quién sabe por qué / a una la abandonan en la otra orilla».

Adoro la voz de viejo mundo de Alsop y su estética de nuevo mundo: incluso su voz, parece, tiene la naturaleza del collage. Hay algo casi arcaico –tan remoto y cortés– en su expresión, y sin embargo la sintaxis es totalmente moderna, incluso posmoderna, como lo son sus saltos a través de la narración, sus fragmentaciones, sus auto-preguntas. Hay un momento delicioso, curioso, en «Hábito de ruiseñor», que me hace sentir como si estuviera mirando dentro de una de las cajas de Joseph Cornell (2)—un artista del que Alsop está, cosa que no sorprende, enamorada:

que hay una pequeña ventana a lo largo de mi pecho,
dentro permanece un león. Una mujer arrima su garganta
a su hirsuta melena. Él le ha mostrado
sus dientes curvos.
 

Siendo un arte tan delicado el que Alsop promulga, hay algo nervudo y poco sentimental en sus percepciones. Si este volumen tuviera una pequeña ventana por la que mirar, su corazón adentro se llenaría de estrellas, algo un tanto terrorífico y terriblemente hermoso.

Notas

La poeta Nancy Eimers (Chicago, 1954) es la autora de los libros Oz (Carnegie Mellon, 2011), A Grammar to Waking (Carnegie Mellon, 2006), No Moon (Purdue University Press, que obtuvo el Verna Emery Prize de 1997), Destroying Angel (Wesleyan University Press of New England, 1991). Stars too Small to Receive Us: Poems (University of Houston, 1988) y Woman with a Mango (Indiana University, 1979). Sus poemas han aparecido en antologías y revistas como The Extraordinary Tide: New Poetry By American Women, Best American Poetry 1996, Poets of the New Century, The New Bread Loaf Anthology of Contemporary American Poetry, Paris Review, TriQuarterly, Field y Poetry Northwest. Imparte cursos de escritura creativa en Western Michigan University.

Maureen Alsop, Reyezuelo aparición (Apparition Wren), traducción y notas de Mario Domínguez Parra, introducción de Nancy Eimers, Santa Cruz de Tenerife, Ediciones Idea, 2011.

(1) El ensayo original de la poeta y ensayista Louise Glück (New York, 1943), «Disruption, Hesitation, Silence», se puede leer aquí.

(2) Artista estadounidense, que nació en 1903 y murió en 1972. Para ver una muestra de sus famosas cajas, vid. http://www.josephcornellbox.com/.

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