MARIO DOMÍNGUEZ PARRA – NIKOS KAZANTZAKIS: ALMAS ROTAS («ΣΠΑΣΜΕΝΕΣ ΨΥΧΕΣ»)

El escritor griego Nikos Kazantzakis (1883-1957) escribió su primera novela, Almas rotas, en París (ciudad a la que se trasladó para realizar estudios de doctorado, tras haber estudiado Derecho en Atenas), durante el primer semestre de 1908. Se publicó en la revista ateniense Νουμάς (Numás) entre 1909 y 1910, en 24 entregas. No se volvió a publicar en vida del autor. Tuvo que esperar hasta 2007[1], año que marcó el cincuentenario de su fallecimiento, para ser publicada en forma de libro, por primera vez, en Ediciones Kazantzaki, que se ocupa de la publicación de toda su obra y de la de Eleni Kazantzaki. El que fuera fundador de esta editorial, el doctor Pátroklos Stavru, desgrana toda esta información en su prólogo y también escribe sobre la influencia de la obra de Friedrich Nietzsche en esta novela del escritor griego. De hecho, Kazantzakis escribió su tesis doctoral sobre el filósofo alemán (cuya tercera edición publicó la mencionada editorial en 2006): Friedrich Nietzsche y la Filosofía del Derecho y del Estado (escrita, como la novela, en 1908, y publicada al año siguiente en Iraklio, Creta). Vaguelis Azanasópulos, en la introducción a la novela (p. 26), afirma que la escritura de la novela ayudó a Kazantzakis a concluir la escritura de su tesis doctoral.

Kazantzakis se erige en renovador de la «dimotikí»[2] desde el comienzo de su obra literaria (poemas, novelas, obras de teatro, ensayos, artículos periodísticos, libros de viaje, una historia de la literatura rusa; traducciones de Dante, Goethe, Homero,…). Uno de sus rasgos estilísticos más característicos, que suponen un desafío apasionante para su traducción, es la creación de compuestos, que dotan a ese neologismo en cada caso de un significado amplio y especial. Este rasgo, que aparece en todo su esplendor en su poema La Odisea (continuación del poema homérico que consta de 33.333 versos), está presente desde el comienzo de su obra literaria. En una época en que proseguían en Grecia los debates sobre la lengua griega, Kazantzakis se decidió a renovarla literariamente, tocando además una serie de temas que le acarrearían en el futuro enormes problemas en su país, al punto que los doce últimos años de su vida los pasaría en el extranjero.

La novela está ambientada en París, pero con el recuerdo geográfico y cultural griego desde la primera analogía: el cementerio de Montparnasse y los iconos bizantinos. Unos estudiantes griegos se reúnen el 25 de marzo[3] en dicho cementerio para depositar coronas de flores en la tumba de Adamandios Koraís (Esmirna, 1748 – París, 1833), filólogo griego, representante de la llamada «Ilustración neogriega», cuya obra contribuye de forma definitiva a sentar las bases lingüísticas del nuevo estado helénico, tras sacudirse el yugo del Imperio Otomano[4]. Fue un gran defensor de la «kazarévusa»[5].

Sobre el estudiante griego Orestis Asteriadis, el protagonista de la novela, recae el honor de dar un discurso ese mismo día en Montparnasse, frente a la tumba de Koraís, ante los estudiantes griegos de París. Está en proceso de escritura de su tesis, intitulada «Nuevo Testamento», que tiene como objetivo crear una nueva religión y una nueva ética («con nuevas bases, totalmente científicas», según escribe Kazantzakis en la página 51). La protagonista de la novela, Jrisula, me hace recordar (mientras Orestis se dirige a sus compatriotas, pp. 54-55) el momento de La última tentación (novela del escritor griego, publicada en 1955), en el que un ángel hace bajar a Cristo de la cruz para que, en lugar de morir en ella, pueda experimentar la vida marital junto a María la Magdalena. En este caso, la vida en común de Jrisula y Orestis estaría en una habitación llena de libros a la que el ruido de la calle apenas llegaría. En ese discurso, Orestis ofrece una arenga revolucionaria y menciona el nombre de Rigas Fereos[6]. La reacción de los asistentes al homenaje es dispar, aunque en su mayoría negativa. Las alusiones a Newton, a Darwin y a Spencer en relación con una posible ciencia de los sentimientos, una nueva religión, no hacen más que provocar la ira y la risa de sus compatriotas, mucho más aficionados a las partidas de cartas en los cafés y los escarceos amorosos sin compromiso. La lluvia viene a interrumpir su discurso. Esa naturaleza, tan presente en el libro desde el comienzo, invierte la nostalgia por la naturaleza griega de las primeras páginas y le muestra toda la hostilidad de la que es capaz, reflejo de la de algunos de sus propios compatriotas, que consiguen clavarle en la espalda un cartel con la leyenda «SE ALQUILA». Es el momento en que Orestis y Jrisula deciden marcharse del cementerio.

Éstos son los acontecimientos que marcan el comienzo de la novela, escrita diecinueve años después de la muerte mental de su maestro Nietzsche, que en 1889 perdió la razón en Turín. La novela no fue escrita en Grecia, sino en París, lo cual implica un elemento autobiográfico que a su vez le permite ejercer una gran objetividad en la observación de la enorme cantidad de cambios políticos, sociales, lingüísticos que experimenta su joven país en esa época, antesala de su entrada en diversas guerras en los Balcanes para recuperar territorios y de una catástrofe, la de Esmirna y Asia Menor (1922), que todavía es una herida abierta en el recuerdo colectivo de Grecia.


[1] Las Ediciones Kazantzaki publicaron la novela Σπασμένες ψυχές, cuya edición incluye un prólogo de Pátroklos Stavru; una lista de las obras de Kazantzakis que él mismo elaboró, para su candidatura al Premio Nobel; una introducción del profesor Vaguelis Azanasópulos; unas enjundiosas notas de Evaguelía Sofianú; y varios fragmentos de la novela publicados en la revista Noymás.

[2] El griego normativo, la lengua popular, viva, la que se habla y se escribe actualmente en Grecia y en Chipre.

[3] Día de fiesta nacional en Grecia, en el que se recuerda el comienzo de la revolución contra los turcos, que tuvo lugar en 1821.

[4] Creta fue parte del Imperio Otomano hasta 1897 (Kazantzakis fue súbdito de tal imperio hasta los catorce años). Hasta 1908, año en que se unió a Grecia (y en el que Kazantzakis escribió esta novela), fue un estado independiente.

[5] La lengua griega libre de influencias turcas, contrapuesta a la «dimotikí», la lengua popular (que asume esas y otras influencias) que, tras fuertes debates que duraron más de un siglo, es la que tiene vigencia hoy en día.

[6] Rigas Fereos (1757-1798), escritor griego, es considerado uno de los precursores de la revolución griega. Junto con otros partidarios de esa misma causa, fue torturado y ejecutado por los turcos en Belgrado. Sus cuerpos fueron arrojados al Danubio. Sobre algunas de las ideas de Rigas Fereos (también llamado de Velestino), vidEl espacio insular griego en la visión y la obra de Rigas de Velestino» de Isabel García Gálvez.

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